Los orígenes de Roma

Descubren una misteriosa piscina romana de hace 2.300 años

El gran estanque artificial de piedra caliza está asociado a un complejo de edificios y sirvió para diferentes propósitos a los largo de ocho siglos. Los especialistas creen que fue un importante centro ritual y económico de la entonces joven República.

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Soprintendenza Speciale di Roma

Hace 2.300 años, Roma era una más de las ciudades-estado de la península itálica. Apenas controlaba la franja costera alrededor de la ciudad y aún no había rastro de los monumentos y las grandes obras de ingeniería que vertebrarían su imperio siglos más tarde. En ese limitado territorio, dominado por la entonces joven República, se han hallado los restos de un complejo de edificaciones que se superpusieron unas a otras, presidido por un extraordinario estanque artificial de piedra caliza del siglo IV a.C., de paredes hechas de toba (piedra caliza muy porosa y, por ello, ligera), con una rampa de acceso inclinada semejante a un tobogán en uno de sus extremos.

Aunque el descubrimiento ha sido hecho público ahora por las autoridades italianas, el yacimiento, de más de dos hectáreas de superficie, salió a la luz hace más de un año, en junio de 2019,

durante los trabajos de arqueología preventiva llevados a cabo por la Superintendencia Especial de Roma antes de construir un complejo residencial y comercial en Malafede, una localidad situada al suroeste de Roma.

Detalle de la rampa de aceso al depósito.

Detalle de la rampa de aceso al depósito.

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El yacimiento se halla muy próximo a la carretera y a la vía férrea que une la capital italiana con la localidad costera, y su proximidad al río ha provocado que tanto la piscina como gran parte de los restos encontrados estén inundados, lo que ha dificultado las tareas de excavación.

En el conjunto compuesto por el gran estanque y diversos edificios asociados se desarrollaron diferentes actividades económicas y rituales durante ocho siglos.

El lugar era en la Antigüedad una importante intersección de vías a medio camino entre Roma y Ostia, una localidad situada en la desembocadura del Tíber, y la ocupación del yacimiento se prolongó, al menos, a lo largo de ocho siglos en tres fases diferentes de explotación.

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¿Un antiguo recinto religioso?

El período más antiguo coincidiría, según los responsables de las excavaciones, con la construcción de la inmensa piscina, de 48 metros de largo, 12 de ancho y 1,8 metros de profundidad. La función de esta construcción es todavía un misterio. Al parecer, su primer uso estuvo relacionado con algún tipo de actividad religiosa. Así parecen indicarlo los vestigios de un edificio monumental de los siglos V-IV a.C., vinculado al depósito de agua y levantado, como este, con bloques de toba. Entre los materiales recuperados se encuentran varias figuras de terracota, incluida una que representa una victoria alada con una corona, lo que indicaría la existencia de un recinto sagrado.

Figura de terracota que representa una victoria alada encontrada en el yacimiento.

Figura de terracota que representa una victoria alada encontrada en el yacimiento.

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Todo el conjunto habría sufrido una profunda transformación a finales del siglo III a.C.: el edificio más antiguo fue desmantelado y sobre el lugar de culto se construyó un complejo destinado a labores productivas o comerciales. La función de la piscina en este nuevo contexto es todavía un interrogante, aunque los arqueólogos creen que el análisis de los materiales encontrados en el fondo de la balsa (todavía en excavación) pueden ofrecer valiosa información para determinar las funciones de esta infraestructura y los edificios conectados a ella durante este período de ocupación. Entre estos materiales destaca una tablilla de madera con una inscripción en alfabeto etrusco, usado en ese momento por diferentes pueblos latinos, incluidos los romanos.

Una madera grabada con una inscripción en alfabeto etrusco.

Una madera grabada con una inscripción en alfabeto etrusco.

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El complejo, según los arqueólogos fue abandonado en el siglo I a.C. por motivos desconocidos, pero la ocupación de la zona continuó durante varios siglos como parece apuntar el hallazgo de una capilla en la que se han encontrado materiales del siglo IV d.C., fecha en la que se habría producido el abandono definitivo del lugar.

Una zona rica en agua

La zona de Malafede fue habitada de manera continuada desde la Prehistoria y en ella se han encontrado desde abundantes objetos de piedra del Neolítico hasta una necrópolis datada entre los siglos VIII y VII a.C. La ocupación de época romana se conoce sobre todo a través de las fuentes escritas, que hablan de un lugar apto para villas y pastos gracias a la presencia de agua canalizada a través de una importante red de acueductos de la que se han descubierto numerosos tramos.

Este nuevo yacimiento podría complementar la información de los textos latinos. Según Barbara Rossi, directora científica de las investigaciones arqueológicas de la Superintendencia Especial de Roma, "la cantidad, pero, sobre todo, la calidad de las edificaciones redescubiertas nos habla de un lugar importante", y, según Daniela Porro, responsable de la Superintendencia Especial, "renueva el asombro hacia Roma y las infinitas historias que aún quedan por contar".

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