Enterradas hace 8.000 años en Portugal

Descubren las evidencias más antiguas de momificación en Europa

A partir del análisis de material fotográfico inédito, un equipo de investigadores ha llegado a la conclusión que varios esqueletos neolíticos hallados en una excavación de la década de 1960 en Portugal son en realidad momias de hace unos 8.000 años. El hallazgo representaría la evidencia más temprana de momificaciones en la zona y probaría que se trataba de una práctica extendida entre las poblaciones europeas del Mesolítico

esqueletos 3a 2a

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Foto: The European Journal of Archaeology

A principios de la década de 1960, los arqueólogos del Museo Nacional de Arqueología de Lisboahallaron restos humanos de 8.000 años de antigüedad en varios depósitos de conchas del valle de Sado, en el suroeste de Portugal. Durante décadas se ha subestimado la importancia de estos hallazgos, hasta que recientemente se han descubierto varios rollos de negativos olvidados de esa excavación. Tras revelar esos negativos y analizar las fotografías resultantes a través de una metodología multidisciplinar, un grupo de investigadores coordinado por Rita Peyroteo-Stjerna, bioarqueóloga de la Universidad de Uppsala, ha llegado a la conclusión de que los restos son en realidad la evidencia de momificación más antigua en Europa y quizás en el mundo, anteriores a las momias de Atacama, en Chile, o a las de Egipto. Esta evidencia confirmaría lo que los arqueólogos y antropólogos han creído durante mucho tiempo, que la momificación era una práctica bastante común en tiempos prehistóricos.

Con más de 8.000 años de antigüedad, los esqueletos encontrados en el Valle del río Sado serían la evidencia más antigua de prácticas de momificación.

Arqueología de las momias

Las películas se encontraban en el estudio del arqueólogo Manuel Farinha dos Santos –que había colaborado con el Museo Nacional de Lisboa en la década de 1960– y pertenecían a fotografías tomadas durante las excavaciones de los depósitos de conchas mesolíticos de Poças de Sao Bento y Arapouco, llevados a cabo entre 1960 y 1962. Las imágenes mostraban los restos de trece individuos hallados en esos yacimientos y su análisis permitió a los especialistas observar que tanto los huesos de los brazos como los de las piernas de algunos esqueletos estaban "hiperflexionados", es decir, estaban dispuestos de una manera antinatural, lo que sugiere que dichas partes pueden haber sido inicialmente separadas y luego reensambladas.

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No solo eso, las articulaciones de las manos y de los pies, que generalmente son las primeras en fragmentarse en el proceso natural de descomposición del cuerpo, estaban intactas y aún en la posición en la que fueron enterradas. Finalmente, no había señales de que la tierra se hubiera infiltrado dentro del cuerpo, comprimiéndolo. Esto llevó al equipo de Peyroteo-Stjerna a formular la hipótesis de que el proceso de descomposición fue detenido por la práctica de la momificación. Al realizar más investigaciones in situ, finalmente observaron que algunos esqueletos eran más compactos que otros y tenían señales que sugerían un tipo diferente de tratamiento previo al entierro. También parecían provenir de otros lugares, lo que es compatible con la práctica de la momificación, que habría facilitado el transporte de los cadáveres, ya que habrían sido más ligeros, al carecer de órganos.

El esqueleto tres, hallado en el yacimiento de Arapouco, fue colocado en una posición hiperflexionada que sugiere que el cuerpo fue momificado antes del entierro.

Foto: The European Journal of Archaeology

Estas hipótesis se basan en experimentos realizados recientemente en otras disciplinas. "Nuestro estudio combina análisis arqueológicos y anatómicos con el conocimiento derivado de la investigación tafonómica [el estudio de la formación de los fósiles] para ampliar nuestro conocimiento de las prácticas mortuorias en el Mesolítico", explican los responsables del estudio en un artículo publicado en el European Journal of Archaeology de marzo. Según los resultados de estos experimentos, los difuntos probablemente habrían sido tensados ​​con cuerdas y atados a una estructura elevada, para permitir el drenaje de sus fluidos y mantener la integridad del cuerpo.

Los difuntos probablemente habrían sido tensados con cuerdas para que mantuvieran una postura hiperflexionada y atados a una estructura elevada.

Nuevas perspectivas

Esta nueva investigación abre pistas importantes dentro del estudio de las sociedades humanas en la prehistoria, según sus responsables. No sólo porque completa una serie de técnicas de análisis ya desarrolladas en los últimos años, sino porque ofrece herramientas para investigar la presencia de prácticas mortuorias incluso en ausencia de algunos elementos característicos. En el caso de las momificaciones, la descomposición de los tejidos utilizados para envolver el cuerpo hace muy difícil rastrear el tipo de técnica utilizada. Además, no todos los climas parecen adecuados para la conservación de un cuerpo momificado. Tal como explica Rita Peyroteo-Stjerna: "Si bien la momificación es relativamente simple de descubrir y lograr en condiciones climáticas secas, como las del desierto de Atacama, en Europa, donde el clima es mucho más húmedo, es mucho más difícil, porque los tejidos rara vez permanecen intactos".

Recreación de la reducción del volumen de los tejidos blandos durante un experimento de momificación de un cuerpo atado lo más flexionado posible para mantener la posición al inicio del experimento, a las tres semanas y al cabo de siete meses.

Foto: The European Journal of Archaeology

Por tanto, estos nuevos métodos de investigación podrían permitirnos fechar hallazgos más antiguos. El arqueólogo Michael Parker Pearson del University College de Londres afirma que hay signos de momificaciones realizadas hace 10.000 años en El Wad y Ain Mallaha, en Israel, y otras que datan incluso de 30.000 años en la región de Kosteni, en Bielorrusia. "Estos hallazgos están esperando el tipo de análisis realizado en este nuevo estudio", sostiene Parker.

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