Arqueología de México

Descubren una espectacular ofrenda de estrellas de mar en el Templo Mayor de Tenochtitlán

Arqueólogos del Instituto Nacional de Antopología e Historia de México han excavado en el sitio una ofrenda mexica del siglo XVI que contiene los restos de una hembra de jaguar y 164 estrellas de mar, una de ellas en un excelente estado de conservación.

Excavación de la Ofrenda 178. A la izquierda, la estrella de mar mejor conservada del depósito.

Foto: Melitón Tapia (INAH)

En el año 2019, el arqueólogo Miguel Báez Pérez y el especialista Tomás Cruz Ruiz, del Proyecto Templo Mayor del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), se encontraban excavando cerca de un edificio circular conocido como Cuauhxicalco cuando realizaron un hallazgo sensacional, fruto de una de las más "afortunadas casualidades", según el INAH: nada más y nada menos que una de las ofrendas más elaboradas y complejas descubiertas hasta la fecha en este lugar, ubicada en la sexta etapa constructiva del Templo Mayor y por tanto datada hacia el año 1500 (y que fue catalogada por los especialistas como Ofrenda 178).

Una hembra de jaguar y estrellas de mar

La singular ofrenda estaba formada por una hembra de jaguar que se enterró acompañada de un atlatl (propulsor de dardos), una figurita de copal y multitud de organismos marinos como corales, peces globo, caracoles y, lo más sorprendente de todo, una enorme cantidad de estrellas de mar, hasta 164 según los especialistas, el mayor número de estos elementos descubierto hasta ahora en el recinto sagrado de la antigua Tenochtitlán. "Esta ofrenda es una de las más grandes que hemos encontrado en el Templo Mayor, por lo que, hasta no explorar los 30 o 40 centímetros de profundidad que creemos que nos faltan, es difícil saber su significado", explica Miguel Báez.

La ofrenda estaba formada por una hembra de jaguar acompañada de un atlatl, una figurita de copal y multitud de organismos marinos como corales, peces globo, caracoles y una enorme cantidad de estrellas de mar, hasta 164.

Durante la reciente excavación de este depósito, los arqueólogos han localizado entre las estrellas marinas que componían la ofrenda una que forma parte de una especie conocida como Nidorellia armata, llamada popularmente "chispas de chocolate" por su parecido a una cookie de chocolate, ya que este organismo presenta un color amarillento salpicado de puntos oscuros. Su estado de conservación también es sorprendentemente bueno. "Representa un caso único de conservación de uno de estos equinodermos que, de manera similar a un fósil, preserva su forma casi intacta pese el paso del tiempo", afirman los especialistas del INAH.

En esta imagen de la Ofrenda 178 se aprecian conchas y caracoles marinos además de los huesos de la hembra de jaguar.

Foto: Melitón Tapia (INAH)

Pero ¿por qué se ha conservado tan bien esta estrella en particular? Según los investigadores, posiblemente los antiguos sacerdotes mexicas colocaron primero la estrella de mar y sobre ella el jaguar y el resto de objetos. El peso de todos estos elementos hizo que se hundiera, preservando la marca de su estructura interna y los 22 centímetros de largo entre sus puntas. El caso de esta estrella difiere del de las 163 restantes, cuyos restos se encuentran dispersos a causa de la pérdida natural de su materia orgánica.

Ofrendas a la guerra y la noche

La Ofrenda 178 se enterró seguramente en algún momento entre los reinados de Ahuízotl y Moctezuma Xocoyotzin. Durante el gobierno de Ahuízotl los mexicas establecieron varias rutas comerciales a través de las cuales accedían a la capital recursos procedentes de lugares lejanos, como por ejemplo los diversos elementos que componían esta ofrenda: los organismos marinos procedentes del golfo de México, las estrellas de mar procedentes del Pacífico y la hembra de jaguar, que podría haber sido capturada en algún lugar situado entre los territorios del actual estado de Chiapas y Guatemala.

Uno de los arqueólogos del Proyecto Templo Mayor excava la Ofrenda 178.

Foto: Melitón Tapia (INAH)

Durante el gobierno de Ahuízotl los mexicas establecieron varias rutas comerciales por las cuales accedían a la capital recursos procedentes de lugares lejanos.

Los investigadores también han establecido una hipótesis sobre el significado de la Ofrenda 178. Basándose en fuentes históricas y anteriores descubrimientos, los arqueólogos creen que la ofrenda guarda relación con la guerra, sobre todo teniendo en cuenta su ubicación, el Cuauhxicalco, un edificio que estaba dedicado a Huitzilopochtli, el dios de la guerra. La presencia del jaguar también es muy significativa, puesto que los antiguos mexicas asociaban a este felino con el cielo nocturno y la noche, además de vincularlo a Tezcatlipoca en su acepción de dios de la noche. Asimismo las estrellas de mar también tenían conexión con la noche. Además, según Báez, "buena parte de los pueblos mesoamericanos creían que el origen del mundo se ligaba al mar, por lo tanto, los organismos marinos eran tratados como reliquias. En el caso de los mexicas, su potencia militar les permitió traer miles de objetos marinos y recrear todo un ambiente acuático en la propia Tenochtitlán".

Por otra parte, los arqueólogos piensan que la totalidad de las estrellas de mar que forman parte de la Ofrenda 178 muy probablemente pertenecen a la especie Nidorellia armata, y fueron escogidas por su similitud con el cuerpo moteado del jaguar, aunque el estado de deterioro de la mayoría hace necesario un estudio más detallado de cada individuo para poder confirmarlo. Por ahora, la estrella mejor conservada de todas continúa en el lugar donde se halló mientras los especialistas barajan la mejor manera de extraerla completa, con el sedimento sobre el que se encuentra, para poder conservarla y estudiarla en el laboratorio con todas las garantías.

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