Ingenieria romana

Descubre algunos de los anfiteatros romanos mejor conservados del mundo

Construidos para entretener a las masas, los anfiteatros romanos se levantan imponentes como símbolo del poder de Roma. Pero también de la crueldad de los espectáculos que allí se celebraban y que en numerosas ocasiones bañaron la arena con la sangre de hombres y animales. Sin embargo, su construcción era tan perfecta que los incluso actuales estadios deportivos de todo el mundo se han basado en ellos.

El anfiteatro de Pula es el sexto anfiteatro más grande del Imperio romano y el monumento romano mejor conservado de Croacia.

El anfiteatro de Pula es el sexto anfiteatro más grande del Imperio romano y el monumento romano mejor conservado de Croacia.

El anfiteatro de Pula es el sexto anfiteatro más grande del Imperio romano y el monumento romano mejor conservado de Croacia. 

iStock

Roma, consciente de que gobernar su vasto imperio no era tarea fácil, ideó un singular modo de que los ciudadanos romanos disfrutaran de la vida y se olvidasen de la pobreza y las penurias con las que tenían que lidiar en su día a día: los espectáculos de gladiadores.

La famosa frase panem et circenses, pan y circo, que tanta fortuna ha hecho y que ha traspasado las fronteras del tiempo (tanto que incluso puede aplicarse a nuestros tiempos) la acuñaron los emperadores romanos para referirse a los dos elementos básicos que eran imprescindibles para tener al pueblo contento y, sobre todo, ajeno a todas sus intrigas.

Para lograrlo, ordenaron construir una increíble megaestructura: el anfiteatro, un recinto colosal donde se libraban sangrientas luchas de gladiadores, cacerías de animales (algunos de los cuales fueron cazados con tanta intensidad que incluso llegaron a extinguirse), espectáculos con agua (las famosas naumaquias) e incluso ejecuciones sumarias.

 

En este articulo se muestran algunos de los anfiteatros del mundo romano cuyo estado de conservación permite todavía apreciar cómo fue aquella construcción, donde el pueblo pasaba días, e incluso meses, entretenido, ideada única y exclusivamente como muestra del poder de Roma. 

1 /9
El anfiteatro de Tarragona, junto al Mediterráneo

El anfiteatro de Tarraco fue erigido en el siglo II a.C. inspirado en el de Pompeya.

iStock

1 / 9

El anfiteatro de Tarragona, junto al Mediterráneo

Como capital de la provincia romana de la Hispania Citerior Tarraconensis, el anfiteatro de Tarragona, la antigua Tarraco, fue una de las construcciones dedicadas al "entretenimiento" más grandes de la península ibérica. Erigido a finales del siglo II a.C. a orillas del Mediterráneo, el anfiteatro está inspirado en el de Pompeya, ya que sus arquitectos lo edificaron aprovechando las pendientes del terreno para apoyar algunas de sus graderías. De este modo se facilitaba el acceso a la cávea, la gradería en la que se sentaban los senadores, las personas más importantes de la ciudad, y los équites, los ciudadanos romanos pertenecientes a la clase intermedia. También era más fácil desembarcar a las fieras que iban a participar en el espectáculo. Construido en la parte baja de la ciudad, cerca de la Vía Augusta, el anfiteatro tenia una planta elíptica y media 130 por 102 metros. Con un aforo para unas 14.000 personas, el anfiteatro de Tarragona disponía asimismo de un sistema que permitía desplegar una enorme carpa para proteger a los espectadores del sol en los días más calurosos y de dos fosas (fossa bestiaria) por donde accedían a la arena tanto animales como gladiadores. Durante el mandato del emperador Heliogábalo, en el siglo III, se llevaron a cabo una serie de reformas en el edificio, y para conmemorar el acontecimiento se dedicó una inscripción en el podium, de la cual aún quedan algunos vestigios. Pero en el anfiteatro no solo tenían lugar juegos lúdicos. El 21 de enero del año 259 fueron quemados vivos en la arena el obispo de la ciudad, Fructuoso, y sus diáconos, Augurio y Eulogio. Finalmente, durante el siglo V, a consecuencia de la política religiosa de los primeros emperadores cristianos, el anfiteatro fue perdiendo su importancia y se abandonó. Sus piedras fueron aprovechadas para levantar en su interior una basílica cristiana.

El anfiteatro de Segóbriga, en Cuenca

El anfiteatro de Segóbriga fue construido durante el mandato de los emperadores Vespasiano y Tito.

Parque Arqueológico de Segóbriga

2 / 9

El anfiteatro de Segóbriga, en Cuenca

El anfiteatro de Segóbriga fue construido en época de los emperadores flavios Vespasiano y Tito, entre los siglos I y II d.C. en la actual población de Saelices, en la provincia de Cuenca. Construido extramuros para liberar espacio en la ciudad y para aprovechar la pendiente de una colina, el anfiteatro se edificó frente al teatro de la ciudad. Destinado a las luchas de gladiadores, de fieras y a las venationes, los combates entre hombres y animales, el anfiteatro de Segóbriga presenta una forma elíptica irregular, de 75 metros de longitud, y en él tenían cabida alrededor de 5.500 espectadores. La cara sur está parcialmente excavada en la roca, mientras que la norte se levantó con grandes muros de cantería de más de 18 metros de altura. La arena, a la que se accedía por dos grandes puertas, estaba separada del graderío por un alto podium que servía para proteger al público asistente de lo que sucedía en la arena. Un pasillo cubierto unía las puertas de las estancias donde se encerraba a los animales. El graderío estaba dividido en doce sectores a los que se llegaba por escaleras transversales que comunicaban con las puertas exteriores y estaba dividido horizontalmente por un muro, denominado balteus, que separaba a los espectadores según su clase social. El anfiteatro estuvo activo hasta el siglo III, momento en el que fue pasto de las llamas (las huellas del incendio son aún visibles en la actualidad). Entre los siglos XVI y XVIII, los mármoles y granitos del abandonado anfiteatro sirvieron como cantera para la construcción del vecino monasterio de Uclés. 

El anfiteatro de Arlés, la antigua Arelate

El anfiteatro romano de Arlés fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981.

iStock

3 / 9

El anfiteatro de Arlés, la antigua Arelate

El anfiteatro romano de Arlés, situado en la región francesa de Provenza-Alpes-Costa Azul, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981, fue construido hacia el año 90 de nuestra era por el emperador Vespasiano poco después de levantarse la joya de la corona del Imperio romano, el Coliseo de Roma, del que toma sus principales características. En el de Arlés, el sistema de evacuación y acceso a las gradas (vomitorios) está formado por numerosos pasillos; la escena central, al igual que en otros anfiteatros, es elíptica y se encuentra rodeada de gradas que podían albergar a 21.000 personas. Además, también contenía soportales construidos sobre dos niveles a lo largo de 136 metros. El anfiteatro de Arlés fue el escenario de diversas celebraciones importantes, como las que organizó el emperador Gallo en el año 285 para conmemorar las victorias de sus ejércitos contra los galos. A principios del siglo IV, Constantino I hizo representar en su arena grandes cacerías de animales y combates de gladiadores. Por su parte, con motivo del nacimiento de su hijo mayor, el emperador Julio Valerio Mayoriano también ofreció diversos espectáculos, y en el siglo VI el rey franco Childeberto I quiso que se renovasen los juegos que se llevaban celebrando en el anfiteatro desde la Antigüedad. A finales del siglo VI, la Arena de Arlés fue transformada en bastida, una especie de fortaleza urbana dotada de cuatro torres y en la cual se integraron más de 200 viviendas y dos capillas. En la actualidad, el bien conservado anfiteatro de Arlés acoge un gran número de espectáculos, en particular corridas de toros, además de representaciones teatrales y conciertos.

El anfiteatro de Itálica, cuna de emperadores

El anfiteatro de Itálica, en Sevilla, del siglo II d.C. fue construido durante el mandato del emperador Adriano.

iStock

4 / 9

El anfiteatro de Itálica, cuna de emperadores

A unos diez kilómetros al norte de la actual ciudad de Sevilla (la romana Hispalis) se encuentra uno de los mejores y más importantes yacimientos romanos de la península ibérica: la antigua ciudad de Itálica, cuna de emperadores como Trajano o Adriano, que alberga un magnífico anfiteatro construido durante el siglo II d.C. bajo el mandato del emperador Adriano. Con una capacidad para 35.000 espectadores, el anfiteatro medía 156 metros de largo por 134 metros de ancho, y tenía tres niveles de graderío: ima, mediasumma cavea. Estos niveles estaban separados por unos pasillos anulares denominados praecinctiones por donde discurría el público que acudía al espectáculo. La ima cavea disponía de seis gradas con ocho puertas de acceso y estaba reservada exclusivamente a la clase dirigente. En la media cavea se sentaba la población más humilde, tenía 12 gradas y 14 puertas de acceso. Finalmente la summa cavea, cubierta por un toldo, estaba reservada solamente a mujeres y niños. Bajo el antiguo suelo de madera del anfiteatro se abría el foso donde se encerraba a las fieras y también esperaban los gladiadores su turno para salir a la arena. El anfiteatro contaba además con una serie de estancias dedicadas al culto a Némesis, diosa de la venganza, y de Dea Caelestis, una divinidad asociada a la diosa púnica Tanit, tal como atestiguan algunas de las lápidas votivas que se han encontrado en las proximidades de la puerta triunfal.

La Arena de Nimes, uno de los mejor conservados

El anfiteatro de Nimes se construyó junto cuando Octavio se convirtió en César Augusto, en el año 27 a.C.

iStock

5 / 9

La Arena de Nimes, uno de los mejor conservados

Construido en el año 27 a.C., justo en el momento en que Octavio se convirtió en el emperador Augusto, el anfiteatro de la ciudad francesa de Nimes, conocido popularmente como la Arena de Nimes, es posiblemente el anfiteatro romano mejor conservado que existe en la actualidad. Desde finales del siglo I a.C. este edificio fue el escenario de venationes (luchas de hombres con animales salvajes) y de combates de gladiadores. Su forma es elíptica, como en casi todos los casos, y mide 133 metros de largo por 101 metros de ancho y 21 metros de alto. La arena central, cuyas dimensiones son de 69 m de longitud por 38 m de ancho, esta rodeada por 34 gradas sustentadas por dos niveles de arcadas. Las 16.300 personas que podía albergar el anfiteatro accedían a su interior a través de multitud de escaleras y cinco galerías. Mucho tiempo después de su construcción y de que dejase de ser utilizado para su propósito original, los visigodos fortificaron el anfiteatro y lo rodearon de una muralla. Tras la invasión musulmana y la posterior toma de la ciudad por los reyes francos (a principios del siglo VIII), los vizcondes de Nimes, por una cuestión de seguridad, decidieron construir su palacio-fortaleza en el interior del anfiteatro. Aunque no fue esta la única construcción que se realizó dentro del edificio. Con el paso de los años albergó unas cien viviendas y en el antiguo anfiteatro llegaron a vivir unas 700 personas. En el siglo XVIII se decidió recuperar el monumento y devolver al anfiteatro su aspecto original. Tras su restauración, el anfiteatro de Nimes es hoy en día escenario de manifestaciones deportivas y de eventos culturales, y desde 1989 cuenta incluso con una cubierta móvil y un eficiente sistema de calefacción. 

La Arena de Verona, una larga historia

La conocida como Arena de Verona fue construida en el año 30 d.C. en un emplazamiento fuera de las murallas de la ciudad.

Arne Müseler (arne mueseler.com) (CC BY SA 3.0)

6 / 9

La Arena de Verona, una larga historia

Conocido actualmente como la Arena de Verona, el anfiteatro que se ubica en esta ciudad del norte de Italia fue construido en el año 30 d.C. en un emplazamiento que por aquel entonces se encontraba fuera de las murallas de la ciudad. Hoy en día se ubica en el centro histórico de Verona y en él tienen lugar espectáculos diversos, como representaciones operísticas o conciertos de artistas nacionales e internacionales. Con una capacidad para 30.000 espectadores, la arena del anfiteatro de Verona, como la de tantos otros, fue el escenario de cruentos combates de gladiadores, cacerías de fieras y otro tipo de espectáculos violentos que fascinaban a los antiguos romanos. Los ludi (espectáculos y juegos) que se representaban en él eran tan famosos que incluso atraían a espectadores de los lugares más lejanos del Imperio. Después de que dejara de utilizarse, durante la Edad Media y hasta mediados del siglo XVIII, la Arena de Verona fue el escenario de famosos torneos y justas medievales. Con una altura de 31 metros, 140 metros de longitud y 100 metros de ancho, el anfiteatro fue construido en época del emperador Tiberio y está formado por 72 arcos y 44 gradas. Pero de la construcción original tan solo queda un muro exterior. Tras un terrible terremoto que asoló la ciudad en el año 1117 y que casi destruye el anillo externo del anfiteatro, la prácticamente derruida Arena fue utilizada como cantera para la construcción de otros edificios. Una historia que se ha repetido en la mayoría de anfiteatros. 

El anfiteatro de Pula, un edificio con cuatro torres

El anfiteatro de Pula, en la actual Croacia, es el sexto más grande del Imperio romano.

iStock

7 / 9

El anfiteatro de Pula, un edificio con cuatro torres

El anfiteatro de la ciudad croata de Pula, que fue bautizada por los romanos como Poetas Julia, está situado en una pequeña colina, junto al mar Adriatico. Es el sexto anfiteatro romano más grande del Imperio y el monumento romano mejor conservado de Croacia. Construido entre los años 27 a.C. y 81 d.C., el anfiteatro de Pula presenta una particularidad: cuenta con cuatro torres, y gracias a su excelente estado de conservación ha permitido a los investigadores estudiar a fondo las técnicas constructivas empleadas en la antigua Roma. Los muros exteriores están formados por sillares regulares de piedra caliza, y la fachada, orientada al mar, tiene tres pisos con una altura que ronda los 30 metros. El resto del perímetro del edificio consta de dos alturas para aprovechar el desnivel del terreno. Los dos primeros niveles presentan 72 arcos de medio punto, mientras que el último cuenta con 64 arcos adintelados. La planta del anfiteatro, que tiene una capacidad para 23.000 espectadores, es, como en la mayoría de los casos, elíptica, y tiene 132,45 metros de longitud por 105,1 metros de ancho. Por su parte, la arena del recinto tiene unas dimensiones de 67,95 metros de largo por 41,65 metros de longitud. Bajo la arena (donde tenían lugar los espectáculos) se abre la fossa bestiaria, recorrida por pasillos y estancias que eran utilizados por los gladiadores y para enjaular a las fieras que deberían saltar a la arena. En cuanto a las cuatro torres, cada una de ellas tiene dos cisternas que se llenaban con agua perfumada y que servía tanto para abastecer a una fuente cercana como para rociar a los sufridos espectadores en los días más calurosos del verano. Finalmente, las gradas del anfiteatro también disponían de un sistema que permitía desplegar un velarii, un gran toldo que servía para proteger a los espectadores del sol o de la lluvia, algo que era bastante habitual en los grandes anfiteatros.

El anfiteatro de El Djem, el mayor del África romana

Conocido como el "Coliseo de Thysdrus", El Djem fue construido en el año 238 por el procónsul Gordiano.

iStock

8 / 9

El anfiteatro de El Djem, el mayor del África romana

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979, el anfiteatro de El Djem, también conocido como el "Coliseo de Thysdrus", fue construido en el año 238 por el procónsul Gordiano, durante el reinado del emperador Maximino el Tracio. Localizado en la población tunecina de El Djem, este anfiteatro es el más grande construido por los romanos en África, con una capacidad para 35.000 espectadores. Este enorme edificio fue escenario de combates de gladiadores, carreras de carros, exhibiciones de fieras y representaciones de cacerías de animales (venationes). Con unas dimensiones de 147,9 metros de largo y 122 metros de ancho, la arena, construida formando una elipse, mide 64,5 metros de largo por 38,8 metros de ancho. El anfiteatro fue tallado aprovechando una colina de travertino (un tipo de roca sedimentaria) y su forma es irregular. Las gradas fueron esculpidas directamente en la piedra y la cávea fue excavada. Pero al parecer, el graderío se erosionó con bastante rapidez y tuvo que ser restaurado con ladrillos de barro sin cocer. A pesar de que tras su abandono las piedra empleadas para la construcción del anfiteatro fueron aprovechadas para la construcción de la moderna ciudad de El Djem, el anfiteatro aún se conserva en un excelente estado. Se cree que se mantuvo intacto hasta el siglo XVII y que en 1695 se comenzó a demoler la fachada exterior. Todavía se conserva la fossa bestiaria así como un sistema muy elaborado de canalizaciones y cisternas para la recogida del agua de lluvia. El Djem también se conoce como "Ksar de la Kahena", en honor a la princesa bereber Kahena, que en el siglo VII unió a las tribus bereberes para frenar el avance de los musulmanes. Tras su derrota, la princesa se refugió en el anfiteatro, donde resistió durante cuatro años. Según cuenta la leyenda, Kahena fue traicionada por su joven amante que la apuñaló, y tras embalsamar su cabeza se la envió como regalo al jefe del ejército musulmán.

El Coliseo, un símbolo del poder Roma

El Coliseo de Roma recibió el nombre de Anfiteatro Flavio por la dinastía imperial que promovió su construcción..

iStock

9 / 9

El Coliseo, un símbolo del poder Roma

En este fascinante recorrido por algunos los anfiteatros mejor conservados y más bellos del mundo romano no podía faltar la joya de la corona e icono de la Ciudad Eterna: El Coliseo. Construido en el siglo I d.C. al este del Foro romano, el también conocido como anfiteatro Flavio tomó su nombre del fundador de la dinastía Flavia, el emperador Vespasiano, el cual ordenó su construcción, financiada en parte con los tesoros saqueados durante la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70. El nombre de Coliseo tiene su origen en una estatua colosal dedicada al emperador Nerón que se levantaba en el lugar donde después se alzó el grandioso anfiteatro. Y es que la capacidad del Coliseo era enorme. En su interior cabían unos 65.000 espectadores distribuidos en ochenta filas de gradas que disfrutaron allí de todo tipo de espectáculos, desde luchas de gladiadores pasando por las características venationes (luchas y caza de animales salvajes), las espectaculares naumaquias (representaciones de batallas navales) o incluso las ejecuciones. El anfiteatro Flavio tiene una planta ovalada de 189 metros de longitud, 156 metros de ancho y 48 metros de altura, mientras que la arena mide 79,4 metros de longitud por 47,2 metros de ancho, y bajo ella discurre una gigantesca red de pasillos subterráneos para gladiadores y fieras. Los materiales que se utilizaron para su construcción fueron bloques de mármol travertino, hormigón, madera, ladrillo, piedra (toba), mármol y estuco. El emperador Tito, hijo de Vespasiano, fue el encargado de terminar el nivel superior del anfiteatro y en los juegos organizados para su impresionante inauguración, en el año 80, participaron nada más y nada menos que 9.000 animales y 10.000 gladiadores. Pero no fueron estas las celebraciones más fastuosas que se llevaron a cabo en el Coliseo. En el año 107 tuvieron lugar 123 días de festejos para celebrar las victorias del emperador Trajano en la Dacia. En los espectáculos participaron 11.000 animales y 10.000 gladiadores. En el siglo VI, los espectáculos de gladiadores dejaron de celebrarse y el Coliseo se abandonó. Como otros edificios del mundo antiguo, sus piedras fueron utilizadas como cantera. Hoy en día, restaurado y recuperado su antiguo esplendor, el Coliseo, junto con todo el centro histórico de Roma, fue incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980, y el 7 de julio de 2007 fue reconocido como una de las siete maravillas del mundo moderno.