Una prueba de alcoholemia para las mujeres

El derecho de beso en la antigua Roma

En la antigua Roma, las mujeres consideradas respetables debían dejarse besar no solo por su marido, sino por sus parientes masculinos más cercanos. Esta práctica, llamada Ius osculi (derecho de beso) servía para comprobar que no hubieran bebido vino.

Cupido y Psique Antonio Canova

Foto: iStock / irisphoto2

Roma, siglo I a.C. Tras una mañana de trabajo en los tribunales, el magistrado Marco Quincio Flaminino (personaje ficticio) vuelve a su casa. Su esposa lo recibe con un beso en la boca, al que él responde con un gesto de aprobación, no tanto por el afecto de su mujer, sino porque gracias a eso ha podido comprobar que ella no ha bebido vino en su ausencia, algo imperdonable para una buena matrona romana.

El Ius osculi o derecho de beso permitía al marido y familiares cercanos de una mujer "honesta" besarla en la boca para asegurarse que no había bebido vino.

Flaminino ha hecho uso de un derecho establecido por ley: el Ius osculi o derecho de beso. Este establecía que no solo el marido, sino el padre, hermanos y primos de una mujer "honesta" tenían derecho a besarla en la boca para asegurarse que su aliento no olía a vino. El consumo de esta bebida estuvo prohibido a las mujeres durante gran parte de la historia de Roma: se consideraba que podía inducirlas al adulterio e incluso que tenía propiedades abortivas.

Para saber más

¿Cómo era el lavabo de los romanos?

¿Cómo era el lavabo de los romanos?

Leer artículo

Prohibido beber vino

La prohibición era severa: una mujer que diera “positivo” en esa dudosa prueba de alcoholemia podía ser repudiada o castigada por su marido –o en ausencia de este, por sus familiares directos– sin necesidad de un juicio público: la desdichada podía ser encerrada en una habitación, apaleada o incluso asesinada impunemente, ya que la palabra de su tutor legal bastaba como prueba. Sin embargo, raramente se llegaba a tales extremos y el encierro en casa se consideraba castigo suficiente.

El solo hecho de encontrarla en posesión de las llaves de la bodega o de haber estado ausente sin compañía de un miembro masculino de la familia bastaba para despertar las sospechas. La ley establecía que el derecho al beso podía y debía observarse cada día. Eso no significa que lo ejercieran siempre, aunque los maridos más conservadores querrían comprobar la honestidad de su mujer cuando volvían de trabajar.

Para saber más

Los restaurantes y tabernas en la antigua Roma

Los restaurantes y tabernas en la antigua Roma

Leer artículo

Varios historiadores de finales de la República y principios del Imperio hacen mención a este derecho, que según la tradición habría sido establecido por Rómulo, el fundador de Roma. Estuvo vigente como mínimo hasta el reinado del emperador Tiberio (14-37 d.C.), el cual intentó prohibirlo o como mínimo limitarlo a los casos en los que existiera la sospecha fundada de que la mujer había estado bebiendo. El motivo fue más práctico que moral, pues la costumbre de besarse cada día con diversos parientes favorecía la transmisión de enfermedades, especialmente el herpes.

La costumbre de besarse cada día con diversos parientes favorecía la transmisión de enfermedades, por lo que el emperador Tiberio intentó prohibirla.

La prohibición solo valía para las mujeres consideradas honestae, es decir respetables. Un mundo aparte eran las llamadas probrosae, las “desgraciadas”, un término que engloba todas las ocupaciones que los romanos no consideraban respetables en una buena mujer: prostitutas, bailarinas, actrices, cantantes o camareras, entre otras.

Compártelo