Una vida en África

Delia Akeley, la aventurera solitaria

Tras estar casada veintiún años con un explorador y recorrer África con él, Delia Akeley emprendió la aventura de su vida a los cincuenta años. Decidió que sería la primera mujer en cruzar África a pie y en solitario. Tras sortear todo tipo de peligros y convivir con los pigmeos, Delia se ha convertido en un mito de la exploración.

Foto: CC

Delia Julia Dening, más conocida como Delia Akeley, fue una de esas personas que sólo se sienten a gusto en medio de paisajes remotos y lejos de convencionalismos. Sus largos viajes por África, la llevaron a recorrer el desierto que se extiende entre Kenia y Etiopía y a desplazarse por el río Tana en canoa desde el océano Índico. Delia pasó tres semanas en el Zaire conviviendo con una tribu de pigmeos, muy posiblemente caníbales, y fue la primera en publicar un libro en el que narraba la vida de un simio: JT Jr., la biografía de un mono africano.

Joven y decidida

Considerada una pequeña rebelde, Delia, apodada por su familia Mickie, escapó de su casa cuando tenía trece años, cansada de la monotonía de su vida. Deseosa de vivir una vida aventurera, nunca regresó, aunque uno de sus libros, Jungle Portraits, lo dedicó a su madre. A los 14 años, Delia conoció a un tal Arthur Reiss, barbero y cazador aficionado, del que se enamoró perdidamente y con el que decidió casarse.

Delia escapó de su casa cuando tenía trece años, y a los 14 conoció a un tal Arthur Reiss, barbero y cazador aficionado, del que se enamoró perdidamente y con el que decidió casarse.

En el año 1902, durante una cacería que la pareja estaba realizando por África, Delia coincidió con un hombre de exquisitos modales que vestía gafas de montura de plomo y poseía una asombrosa puntería con el rifle. Aparte de estas virtudes, que atrajeron a Delia, era taxidermista, escultor, biólogo y fotógrafo de naturaleza. Era un tipo interesante y de carácter ensimismado. Se llamaba Carl Akeley. Los relatos que Carl le contaba sobre las distintas técnicas que se utilizaban para disecar animales apasionaron a la joven Delia. Decidida a dar un nuevo giro a su vida, resolvió separarse del barbero y deslumbrada por aquel hombre impecable, cuyo centro de gravedad era la aventura, decidió embarcarse durante cuatro años en una cacería por África que serviría para llenar las vitrinas del Museo de Ciencias Naturales de Nueva York.

Delia Akeley posa junto a su presa tras una jornada de cacería en 1906.

Delia Akeley posa junto a su presa tras una jornada de cacería en 1906.

Foto: CC

¡Heroína!

Con su nuevo apellido, Akeley, la vida de Delia se convirtió en la aventura que tanto había soñado: aprendió a disparar con fusil y a disecar con una rigurosa delicadeza. También ayudó a su marido a montar algunos de los mejores ejemplares para las vitrinas de los museos más importantes. Posteriormente, el matrimonio emprendió dos misiones de caza en África durante los años 1905 y 1909, organizadas por el Museo de Arte Natural de Nueva York, cuyo objetivo era cazar elefantes. Durante una mañana, un macho enorme con dos colmillos que llegaban al suelo embistió con gran violencia el puesto de observación donde se encontraba Carl. Un disparo certero de Delia en el centro exacto del cráneo del animal pudo detener la embestida y abatir al coloso. Aquel episodio convirtió a Delia en una heroína. De regreso a Estados Unidos, la pareja se trajo de África un mono, al que llamaron JT Junior, un animal de lo más "travieso", que después de varios ataques tuvo que ser entregado al zoo de Nueva York.

El matrimonio Akeley emprendió dos misiones de caza en África durante los años 1905 y 1909, organizadas por el Museo de Arte Natural de Nueva York, cuyo objetivo era cazar elefantes.

Tras 21 años de matrimonio, en 1918 Delia partió a Francia como voluntaria de las Fuerzas Expedicionarias Americanas, una decisión que puso fin a su relación. Con los papeles del divorcio firmados, en 1923 comenzó la gran aventura de Delia: volver a África, pero esta vez sola. Aquel viaje tenía un solo y gran propósito: cruzar el continente africano desde la costa oriental africana hasta la costa atlántica. Su misión era la de enviar algunos especímenes de animales para su exhibición en las salas del Museo de Historia Natural de Brooklyn, en Nueva York. Cuando Delia completó el encargo, puso rumbo al Congo, donde vivió junto a una tribu de pigmeos. Sus experiencias quedaron plasmadas en el libro Jungle Portraits.

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Nadie confiaba en que la expedición de una mujer de 50 años tuviera éxito, pero a pesar de ello, emprendió el viaje, financiada por el Museo de Artes y Ciencias de Brooklyn, sin la compañía de guías blancos ni de profesionales que se dedicaban al negocio del turismo de safaris. Delia escribió: "Desde mi primera experiencia con las tribus primitivas del África central, hace ya 22 años, he tenido la firme convicción de que si una mujer se aventura sola, sin escolta armada y vive en los poblados, podría hacer amistad con las mujeres y conseguir información más valiosa y auténtica sobre sus costumbres tribales".

Tengo la firme convicción de que si una mujer se aventura sola, sin escolta armada y vive en los poblados, podría hacer amistad con las mujeres, dijo Akeley.

Durante su estancia con los pigmeos, Delia cautivó a los niños, e incluso les enseñó a saltar la comba. También habló largo y tendido con las mujeres sobre la comida, la ropa y la educación de los niños. Según las costumbres de la tribu, Delia tuvo que "formar" una familia ("adoptó" a varios niños) porque los pigmeos no podían concebir que una mujer no tuviera hijos. Delia comenta con sentido del humor: "Algún día, sin duda, escucharemos que algún viajero ha visitado los pigmeos del bosque de Itari y descubrió que las pequeñas personas fueron las creadoras del pasatiempo infantil de saltar la cuerda".

Aventuras en solitario

Durante su viaje, que duró once meses más, Delia tuvo que sortear peligros de todo tipo y, lo peor de todo, el hambre. Cruzó las orillas del río Zambeze, infestadas de cocodrilos y tuvo que soportar el acoso de los nativos y las enfermedades.

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Aquel era un mundo extremo, en el que ni el paisaje ni las emociones daban opción a detenerse ni un instante. Al final, Delia Akeley se hizo tan famosa que su llegada era anunciada por los nativos de poblado en poblado. Y no solamente eso, sino que fue la primera mujer que atravesó el continente africano sin más equipo que su voluntad inquebrantable y un afán extraordinario por intentar entender a las decenas de tribus que aún eran desconocidas por aquel entonces. Al igual que la escritora y exploradora Mary Kingsley, Delia criticó a todos aquellos misioneros y colonos que con su "moral" querían "hacer mejores" a los nativos y "elevar su estatus mediante la educación, la higiene, los trajes de algodón y entrenarlos para que estén al servicio de los deseos del hombre blanco". Delia argumentó que los intentos de cristianizarlos les robarían su libertad, ya que estas personas eran diferentes y por mucho que ella intentara explicarles ciertas cosas, ellos nunca lo entenderían.

Fue la primera mujer que atravesó el continente africano sin más equipo que su voluntad inquebrantable y su afán por intentar entender a las decenas de tribus aún desconocidas por aquel entonces.

A su regreso de lo que sería su última expedición africana, en 1939, se casó con el hombre de negocios y expedicionario retirado Warren D. Howe, y trabajó en sus memorias. Delia vivió retirada de la vida pública hasta su fallecimiento, el 22 de mayo de 1970. Aunque el obituario reflejaba que en el día su muerte Delia tenía noventa y cinco años, la realidad es que Delia Akeley había alcanzado los cien.

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