Misterios y curiosidades del antiguo Egipto

David Roberts, una visión romántica de Egipto

Uno de los viajes más fecundos en cuanto a producción artística de este pintor escocés fue el que realizó al país del Nilo. Su documentación de monumentos, paisajes, mezquitas y gentes que vio a lo largo de su periplo siguen siendo a día de hoy una valiosísima fuente de información sobre el Egipto del siglo XVIII.

Autorretrato del pintor escocés David Roberts.

Autorretrato del pintor escocés David Roberts. Foto: Cordon Press

"Somos un país de enanos en una nación de gigantes". Estas palabras las pronunció el pintor escocés David Roberts, maravillado ante los vestigios del antiguo Egipto que se mostraban ante él. Roberts, nacido en Stockbridge, un suburbio de Edimburgo, el 24 de octubre de 1796, inició su carrera artística como pintor de decorados en el Teatro Real de la capital escocesa. Ello le permitió entrar en contacto con el exotismo oriental, que enseguida le fascinó. En el transcurso de su carrera en el teatro, Roberts conocería a personalidades tan importantes como el pintor William Turner, quien le convenció de la importancia de realizar viajes al extranjero para mejorar su técnica.

Somos un país de enanos en una nación de gigantes, dijo David Roberts extasiado ante la monumentalidad de los vestigios del antiguo Egipto.

De este modo, y sin pensárselo dos veces, Roberts emprendió un largo periplo por Europa, incluida España, donde permaneció entre 1832 y 1833, especialmente en Andalucía, llegando hasta Tánger. El artista escocés realizó numerosos grabados y litografías de monumentos y lugares de interés en la península ibérica, que fueron publicados con gran éxito en Gran Bretaña bajo el título Picturesque Sketches in Spain During the Years 1832 y 1833.

Interior de la mezquita de Córdoba. David Roberts.

Interior de la mezquita de Córdoba. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Llegada a Egipto

Tras entrar en contacto con los monumentos faraónicos a través de la Descripción de Egipto, la magna obra resultado de la expedición científica impulsada por Napoleón Bonaparte, en 1838 David Roberts emprendió un viaje al país del Nilo para ver con sus propios ojos las maravillas descritas en los 37 volúmenes que componían la segunda edición de la obra. Una vez en Egipto, el pintor viajó desde Alejandría hasta El Cairo, donde hizo los preparativos necesarios para su expedición. Desde la capital, Roberts, acompañado de ocho hombres y algunos sirvientes, remontó el Nilo hasta Nubia. Desde allí, regresó siguiendo el curso del Nilo de nuevo hasta El Cairo. Por el camino, Roberts pintó los monumentos faraónicos que fue encontrando, y también documentó fielmente la vida a orillas del río así como el interior de las mezquitas (para lo cual hubo de obtener un permiso especial).

Vista de El Cairo. David Roberts.

Vista de El Cairo. David Roberts.

Foto: Cordon Press
Patio de la mezquita del sultán Hasán, en El Cairo.

Patio de la mezquita del sultán Hasán, en El Cairo.

Foto: Cordon Press
Interior de mezquita. David Roberts.

Interior de mezquita. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Una vez en Egipto, el pintor viajó desde Alejandría hasta El Cairo, donde hizo los preparativos necesarios para su expedición.

Apenas desembarcado en Alejandría, el 24 de septiembre de 1838, Roberts ya empezó a dibujar. El artista escocés plasmó la bulliciosa actividad de esta ciudad portuaria antes de viajar hasta El Cairo, desde donde iniciaría su periplo por el río hasta Nubia. El pintor y su grupo llegaron a Abu Simbel, donde se alzan los templos funerarios erigidos por Ramsés II en honor de sí mismo y de su esposa Nefertari, el 9 de noviembre. A pesar de estar cubiertos por la arena del desierto, Roberts no pudo evitar extasiarse ante su majestuosidad. "El monumento por sí solo hace que merezca la pena el viaje a Nubia", exclamó con entusiasmo. El viaje a través de Nubia llevaría a la expedición hasta el templo de Kalabsha, a unos 50 kilómetros al sur de Asuán, en la primera catarata. Desde aquí, Roberts iniciaría su viaje Nilo arriba, donde irá inmortalizando monumentos tan magníficos como el templo de Isis en la isla de File, los templos de Kom Ombo, Edfú, Esna... hasta llegar a Luxor el 26 de noviembre.

Exterior de Abu Simbel. David Roberts.

Exterior de Abu Simbel. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Vestíbulo de entrada del templo de Ramsés II en Abu Simbel, cubierto por la arena.

Vestíbulo de entrada del templo de Ramsés II en Abu Simbel, cubierto por la arena.

Foto: Cordon Press

Templo de Isis en File. David Roberts.

Templo de Isis en File. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Ruinas del templo de Kom Ombo. David Roberts.

Ruinas del templo de Kom Ombo. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Pórtico del templo de Edfú cubierto de arena. David Roberts.

Pórtico del templo de Edfú cubierto de arena. David Roberts.

Foto: Cordon Press

¿Qué decir de Karnak?

Durante su estancia en Luxor, Roberts realizó numerosos dibujos de la ciudad y del templo homónimo, aunque le impresionó más el gran santuario del dios Amón en Karnak, situado a tres kilómetros, del que dijo: "Si Luxor me ha impresionado por su gigantismo, ¿qué decir de Karnak? Dista tanto de lo que he visto, que no llego a concebir una comparación".

Templo de Luxor. David Roberts.

Templo de Luxor. David Roberts.

Foto: Cordon Press
Vista del templo de Karnak. David Roberts.

Vista del templo de Karnak. David Roberts.

Foto: Cordon Press

El 2 de diciembre, Roberts y su grupo atravesaron el Nilo para pasar a la orilla occidental. Una vez allí visitaron el Valle de los Reyes, los colosos de Memnón, el Rameseum y Deir el-Medina, la ciudad de los constructores de la necrópolis real. Allí se pintaría a sí mismo con indumentaria turca en el interior del templo construido por Ptolomeo IV en honor de las diosas Maat y Hathor.

Valle de los Reyes. David Roberts.

Valle de los Reyes. David Roberts.

Foto: Cordon Press
Colosos de Memnón. David Roberts.

Colosos de Memnón. David Roberts.

Foto: Cordon Press
El Ramesseum, en la orilla occidental de Luxor. David Roberts.

El Ramesseum, en la orilla occidental de Luxor. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Roberts se pintó a sí mismo con indumentaria turca en el interior del templo de Ptolomeo IV en Deir el-Medina.

En el transcurso de su viaje Nilo arriba, el 5 de diciembre Roberts hizo una parada más: en el templo de Hathor en Dendera. De nuevo en El Cairo, el 21 de diciembre, el escocés alquiló una casa y permaneció un mes en la capital egipcia plasmando en sus dibujos la vida de sus habitantes, su arquitectura, sus monumentos... Fue durante esta estancia cuando hizo su segunda visita a las pirámides de Giza y cuando decidió dibujarlas, captándolas con gran detalle (aunque no exento de ciertas dosis de imaginación).

Ruinas del templo de Hathor en Dendera. David Roberts.

Ruinas del templo de Hathor en Dendera. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Pirámides de Giza. David Roberts.

Pirámides de Giza. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Vista de la Esfinge de Giza. David Roberts.

Vista de la Esfinge de Giza. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Una gran fuente de información

Roberts partió de Egipto en febrero de 1839 con destino a Tierra Santa, donde continuó su trabajo de dibujante. A su vuelta a Londres, cargado de un valioso material, Roberts encargaría a Louis Hague que hiciera litografías de sus acuarelas. El resultado fue la publicación de Views in the Holyland, Syria, Idumea, Arabia, Egypt and Nubia, un conjunto de 248 litografías ordenadas en seis volúmenes que tuvo un enorme éxito. Tanto que fue nombrado miembro de la Royal Academy de Londres en 1841.

Vista de la ciudad nabatea de Petra, en Jordania. David Roberts.

Vista de la ciudad nabatea de Petra, en Jordania. David Roberts.

Foto: Cordon Press

Roberts encargaría a Louis Hague que hiciera litografías de sus acuarelas. El resultado fue la publicación de 'Views in the Holyland, Syria, Idumea, Arabia, Egypt and Nubia'.

David Roberts murió de repente el 25 de noviembre de 1864 en Londres, mientras se encontraba pintando una vista de la catedral de San Pablo, posiblemente a causa de una apoplejía. Aunque su obra pareció pasar de moda en algún momento, llegando incluso a ser poco apreciada, hoy en día ha vuelto a recobrar interés y son muchos quienes consideran que el pintor escocés fue uno de los que mejor supo captar la magia de Egipto en sus obras, que a día de hoy siguen siendo una inestimable fuente de información sobre el estado de los monumentos faraónicos, el paisaje y la forma de vida de las gentes que habitaron el país del Nilo hace casi dos siglos.