Confidente, escritor y periodista

Daniel Defoe, el creador de Robinson Crusoe

Autor de auténticos clásicos de la literatura, Daniel Defoe fue, antes que escritor, espía, revolucionario, panfletista y comerciante. Su propia vida bien podría haber servido de inspiración para alguna de las grandes aventuras que escribió.

Daniel Defoe

ZUMAPRESS.com / Cordon Press

Cuando hablamos de Daniel Defoe, nos viene a la memoria una isla desierta y habitada por un náufrago, pero el autor inglés escribió las aventuras de Robinson Crusoe cuando estaba ya a punto de cumplir los sesenta años. La propia vida de Defoe estuvo llena de intrigas que bien podrían haber sido el argumento de una obra de ficción. Antes de morir el 24 de abril de 1731, la historia personal de Daniel Defoe, autor de una de las obras más importantes e influyentes de la literatura universal, estuvo repleta de ambiciones y tramas políticas que lo llevaron a prisión.

Cuando hablamos de Daniel Defoe nos viene a la memoria una isla desierta y habitada por un náufrago.

La historia de Daniel Defoe, nacido Foe (aunque de forma caprichosa agregó la partícula "de" a su apellido) arranca en algún momento del año 1660 (no haya unanimidad respecto a la fecha de su nacimiento). El oficio de su padre, un próspero fabricante de velas de sebo, le proporcionó una infancia sin estrecheces económicas. Su familia era presbiteriana, por lo tanto contraria a los postulados de la iglesia católica, y por eso el joven Daniel no pudo estudiar en las universidades de Oxford o de Cambridge, aunque sí en la academia del reverendo Charles Morton, donde recibió una educación atípica y muy liberal para la época.

Su sarcasmo lo llevó a prisión

Al terminar su educación, Defoe dudó entre hacerse clérigo o bien seguir una de sus pasiones: el comercio. Finalmente, su la falta de fe lo llevó a vender medias, artículos de lana y rápidamente pasó a la venta de tabaco y vino. A finales de la década de 1680, Daniel Defoe ya había viajado por todo el país, se había casado con Mary Tuffley, con la que tuvo ocho hijos, y ya había amasado una fortuna considerable. Pero su pasión por un buen negocio lo convirtió en un especulador nato y acabó contrayendo innumerables deudas. En 1692, finalmente, tras asegurar barcos durante la guerra con Francia por grandes sumas de dinero (algo muy arriesgado), adquirió una deuda de 17 mil libras (una fortuna que hoy se estima en casi medio millón de libras esterlinas), por lo que tuvo que declararse en bancarrota y entrar en prisión.

Su pasión por un buen negocio lo convirtió en un especulador nato y acabó contrayendo innumerables deudas.

En 1685, Defoe apoyó al duque de Monmouth en su revuelta contra el rey católico Jacobo II, escribiendo contra el monarca unos incendiarios panfletos. Tras la derrota en la batalla de Sedgemoor, Defoe fue encarcelado y sólo pudo librarse de la condena gracias a su amistad con el magistrado George Jeffreys. En 1702, y de nuevo de la mano de su prodigiosa pluma, Defoe volvió a pisar la cárcel. Esta vez a causa de un panfleto que abrió la caja de pandora titulado The Shortest Way with the Dissenters; or, Proposals for the Establishment of the Church, y que podríamos traducir como El camino más corto con los disidentes; o bien, propuestas para el establecimiento de la Iglesia. En las veintinueve páginas de las que constaba esta sátira, Defoe se burlaba de los tories (los conservadores) imitando el estilo de los sermones que éstos hacían contra la oposición, y los presentaba como unos fanáticos.

Aunque Defoe publicó su libelo de forma anónima, no se tardó mucho en averiguar quien había sido el autor. Rápidamente se dictó una orden de detención acusándolo de haber escrito un texto sedicioso. En mayo de 1703 fue encarcelado y procesado por el juez Salathiel Lovell, que tenía fama de ser tan corrupto como sádico.

Robinson Crusoe

'Robinson Crusoe' (en la imagen, una edición de 1860) fue la obra más famosa de Daniel Defoe.

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¡A la picota!

Defoe fue condenado a pagar una multa desmesurada de doscientos marcos y a permanecer en prisión hasta que abonara tal cantidad, lo que significaba la cadena perpetua ya que no disponía de recursos suficientes para poder cancelar dicha deuda. Además de la multa y de la prisión, el juez Lovell le impuso además pasar tres días en la picota, un castigo humillante. En la picota, el reo, además de tener que soportar las molestias físicas de permanecer inmovilizado de cabeza, pies y manos en un lugar público, solía ser objeto de las burlas de la gente, que le arrojaba barro, fruta podrida, animales muertos o excrementos. En ocasiones, a alguno se le iba la mano y lanzaba piedras, hiriendo al reo o, a veces, incluso matándolo.

Además de la multa y la prisión, el juez Lovell impuso a Defoe pasar tres días en la picota, un castigo humillante.

Durante el tiempo que pasó en la celda antes de que se le aplicase la pena, Defoe plasmó su sentimiento respecto a lo que le esperaba en un poema titulado A Hymn to the Pillory y que se podría traducir como Un himno a la picota. Sus versos más famosos rezaban así: "Aprende la justicia a adaptarse al interés / y lo que ayer fue mérito, hoy delito es:/ las acciones dependen del color de los tiempos, / y son virtud o crimen según les venga el viento ./ Tú, que la trampa eres de la ley y el estado / ni acabas con el malo ni asustas al honrado; / el uno está curtido por la ofensa, / al otro lo protege su inocencia".

El poema fue distribuido por sus amigos y pronto las estrofas corrieron de boca en boca. El efecto fue sorprendente: una vez en la picota, salvaron a Defoe de una más que probable humillación pública, y en lugar de golpes el escritor recibió flores y abrazos, pasando de ser un villano a convertirse en un héroe popular.

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Liberado para ser espía

Tras su paso por la picota, Defoe ingresó en la temible prisión londinense de Newgate, la misma por la que pasaron sir Thomas Mallory (autor de La muerte de Arturo), el pirata William Kidd, el donjuán Giacomo Casanova y Oscar Wilde. Al final, Robert Harley, primer conde de Oxford y líder torie, consiguió la libertad de Defoe y asumió sus deudas, pero a cambio el autor tuvo que aceptar trabajar para él como espía.

Su liberación coincidió con la Gran Tormenta, un ciclón que arrasó el sur de Inglaterra acabando con la vida de miles de personas, un acontecimiento que el escritor plasmaría en su obra The Storm (La tormenta), considerada como un precedente del periodismo moderno, ya que en ella se refleja el testimonio de los supervivientes del mortífero fenómeno atmosférico. De hecho, poco después Defoe fundó el periódico A Review of the Affairs of France, dedicado a hacer panegíricos de su salvador, Robert Harley.

Su liberación coincidió con la Gran Tormenta, un ciclón que arrasó el sur de Inglaterra matando a miles de personas.

Robinson Crusoe, su obra más famosa

El 25 de abril de 1719, Defoe publicó su primera y más famosa novela: Robinson Crusoe. En ella, el autor narra las aventuras de un marino que naufraga en una isla solitaria donde debe encontrar la forma de procurar su supervivencia mientras duda sobre su fe. El éxito arrollador de la obra, considerada por muchos como la primera novela moderna de habla inglesa, inspiró una segunda parte: Nuevas aventuras de Robinson Crusoe (1719), así como toda una serie de obras "autobiográficas" que incluyeron Las aventuras del capitán Singleton, en 1720; Diario del año de la peste, en 1722, o Moll Flanders, en 1722, en la que narra una historia con tintes protofeministas, una utopía en una sociedad patriarcal como la de la Gran Bretaña del siglo XVIII, y en la que se hacían pequeñas demandas que, en década posteriores, darían paso a un feminismo más reivindicativo.

En 1724, el autor escribiría su última novela, Roxana, la amante afortunada. Y aunque, en realidad, Daniel Defoe no escribió ninguna de estas novelas con más intención que la de procurarse unas buenas ganancias, al final todas ellas se han convertido, a día de hoy, en unos clásicos absolutos de la literatura universal.

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