Arqueología ibera

La Dama de Elche: la joya del arte ibero

En 1897, unos labradores que trabajaban en una finca próxima a Elche hicieron un descubrimiento espectacular: una escultura ibera que sería conocida como la Dama de Elche, tal vez la escultura más famosa de la España antigua y, sin duda, la pieza estrella del Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Imagen frontal de la Dama de Elche, en la que pueden verse los complejos collares de su cuello. Museo Arqueológico Nacional, Madrid.

Foto: AP

El 4 de agosto de 1897, los obreros agrícolas que trabajaban en la finca del doctor Manuel Campello, en La Alcudia de Elche (donde estuvo la antigua ciudad de Ilici, y que hoy es un importante yacimiento arqueológico ibero), descansaban de su labor diaria. Todos menos Manolico, un zagal que seguía cavando en un terraplén. Al dar un golpe de azadón, Manolico se dio cuenta de que había topado con algo duro y corrió a avisar a sus compañeros.

Los hombres empezaron inmediatamente a escarbar la tierra, y ante sus asombrados ojos apareció el busto de una mujer profusamente engalanada, la escultura que sería más tarde conocida como la Dama de Elche. El doctor Campello, propietario de las tierras, era un humanista y un arqueólogo aficionado, poseedor de una considerable colección de piezas iberas que habían ido apareciendo en sus tierras de labor a lo largo de los años. Enseguida se dio cuenta de que se trataba de una escultura ibera excepcional. La noticia del descubrimiento de la Dama corrió como la pólvora por Elche y la gente acudió en peregrinación a la finca para tratar de verla de cerca.

El interés de Francia

El hallazgo despertó tal interés que el doctor Campello expuso la pieza en un balcón de su casa para que pudiera ser contemplada y admirada por el pueblo, que, atribuyéndole un origen morisco, la bautizó como la Reina Mora. Todo este revuelo llamó muy pronto la atención de los cazatesoros extranjeros, que se hicieron eco del increíble descubrimiento.

Dibujo de la Dama de Elche. Enciclopedia Ilustrada Segui. 1900.

Foto: Cordon Press

El Museo del Louvre, en su búsqueda de piezas arqueológicas de todo el mundo, envió a Elche al arqueólogo Pierre Paris con la excusa de su interés por el Misterio de Elche (un drama religioso del siglo XV que se escenifica el 14 y 15 de agosto). En esos años, España ofrecía grandes facilidades para la adquisición de antigüedades, ya que no había ninguna ley que regulase su venta. A este vacío legal se sumaba la indolencia de las autoridades.

España ofrecía grandes facilidades para la adquisición de antigüedades, ya que no había ninguna ley que regulase su venta.

Cuando Pierre Paris vio la Dama se dio cuenta de que era una pieza única de la arqueología mediterránea y ofreció al doctor Campello 4.000 francos de la época por ella (unos 1.700 euros al cambio actual). Campello aceptó, tras muchas dudas, a pesar de la oposición de su esposa y del tío de ésta, Pedro Ibarra, fundador de la Sociedad Arqueológica Ilicitana.

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Peripecias de la Dama

De hecho, Pedro Ibarra fue el primero en medir y dibujar la pieza, y elaboró la primera descripción de la misma. Tanto él como su sobrina habían estado en tratos con el director del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, Juan de Dios de la Rada, pero la lentitud de la institución en reaccionar permitió que los franceses se hicieran con el premio. Ante la pasividad de las autoridades culturales españolas, la Dama emprendió su camino al Museo del Louvre, que a principios del siglo XX inauguró su colección ibera con la Dama como pieza estelar. Allí, en París, recibió el nombre con el que se la conoce: Dama de Elche.

Ante la pasividad de las autoridades culturales españolas, la Dama emprendió su camino al Museo del Louvre.

La Dama de Elche en su vitrina en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Foto: AP

Durante cuatro décadas, la Dama estuvo expuesta en una vitrina del Louvre, hasta que en 1941, con la caída de París en manos de los nazis, el Gobierno colaboracionista de Vichy decidió devolverla a España como gesto amistoso hacia el Gobierno de Franco. Se escogió el Museo del Prado como emplazamiento para el famoso busto y la Dama fue recibida en España con grandes honores.

El hecho se anunció a bombo y platillo en el No-Do, el noticiario cinematográfico oficial, e incluso se imprimió su imagen en los billetes de una peseta, pasando a convertirse en icono del franquismo. En 1971, en el ocaso del régimen, la Dama volvió a ser trasladada, esta vez al Museo Arqueológico Nacional. Desde entonces ha presidido la sala ibera del Museo y es su principal reclamo.

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¿Quién era?

Desde su descubrimiento, la Dama fue considerada la obra cumbre de la escultura ibera, en un momento en el que la arqueología ibera en España estaba en sus inicios. En aquellos años, en España dominaba la teoría de que el arte ibero era una mala imitación del arte clásico. Pero el hallazgo de la Dama de Elche desmintió esta creencia y empezó a admitirse la existencia de una cultura original ibera que reclamaba un protagonismo en la historia que hasta entonces se le había negado. Fueron precisamente los franceses los primeros en reconocer la existencia de un arte y una cultura iberos, y pusieron las bases sobre las que se asentó la investigación posterior llevada a cabo por estudiosos como José Ramón Mélida, Antonio García Bellido y el arqueólogo ilicitano Alejandro Ramos Folqués.

Fueron precisamente los franceses los primeros en reconocer la existencia de un arte y una cultura iberos, y pusieron las bases sobre las que se asentó la investigación posterior.

Vista lateral de la Dama de Elche en la que se aprecia el elaborado tocado.

Foto: AP

La pieza suscitaba muchas dudas: ¿Era una diosa o una mujer mortal?, ¿fue realizada por un artista ibero, púnico o griego?, ¿era del siglo V o IV a.C.? También se ha especulado sobre si se trataba de parte de una estatua de cuerpo completo, de una estatua sedente o un busto. Sabemos, eso sí, que la Dama estuvo en su día profusamente pintada, tal como dejan entrever los restos de pigmentos que conserva.

Su indumentaria y sus joyas son características de los iberos tal como puede colegirse de la descripción que Artemidoro de Éfeso, que viajó por las costas de Iberia hacia el año 100 a.C., hizo de la mujer ibera: "Llevaban collares de hierro y grandes armazones en la cabeza, sobre la que se ponían un velo a manera de sombrilla… Otras mujeres se colocaban un pequeño tympanon [un pequeño tambor] alrededor del cuello que cerraban fuertemente en la nuca y la cabeza hasta las orejas y se doblaba hacia arriba, al lado y detrás".

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Dudas sobre la Dama

A pesar de que hoy se conocen muchas otras esculturas de damas iberas relacionadas estilísticamente con la Dama de Elche, como las de Baza, Porcuna, Pozo Moro o Cabezo Lucero, diversos autores han puesto en duda su autenticidad. En 1995, el historiador del arte norteamericano John F. Moffitt afirmó que la Dama de Elche era una falsificación de finales del siglo XIX y señaló al presunto autor de la misma: Francisco Pallás Puig, un habilidoso falsario. Efectivamente, en esos años existía un próspero negocio de falsificaciones en el Levante español.

Veinte años antes del hallazgo de la Dama, el Museo Arqueológico Nacional adquirió varias esculturas supuestamente procedentes del santuario ibérico del Cerro de los Santos, en Albacete, que resultaron ser falsas. Para sustentar su teoría, Moffitt se basó en la poca información sobre el lugar del hallazgo y en la, según él, atípica perfección de los rasgos faciales de la escultura.

Para sustentar su teoría, Moffitt se basó en la poca información sobre el lugar del hallazgo y en la, según él, atípica perfección de los rasgos faciales de la escultura.

La Dama de Elche es en la actualidad la pieza estrella de la sala de cultura ibera del Museo Arqueológico Nacional.

Foto: AP

Solamente un análisis por Carbono 14 podría disipar definitivamente las dudas que aún se ciernen sobre la Dama, pero los expertos consideran que los restos orgánicos conservados en la pieza han resultado demasiado contaminados a lo largo del tiempo para proporcionar un resultado fiable.

Sin embargo, en 2005, el equipo de María Pilar Luxán, del CSIC, realizó un análisis de los restos de policromía que conserva la escultura y comprobó la antigüedad del pigmento. Los resultados del trabajo afirman que no existe ninguna evidencia que pueda hacer pensar que la Dama de Elche es una falsificación. Así, pues, los paralelos estilísticos con otras esculturas iberas y estos recientes análisis parecen disipar las sombras que se han cernido sobre ella desde su descubrimiento.