Fundación Palarq

La cultura del valle del Indo, una de las más antiguas civilizaciones urbanas del mundo

Un equipo formado por arqueólogos españoles y paquistaníes ha puesto en marcha un proyecto multidisciplinar cuyo objetivo es estudiar a fondo los diversos asentamientos urbanos que se extienden por la región del Indo con la intención de conocer las dinámicas que contribuyeron al surgimiento de esta sofisticada cultura urbana hace más de cuatro mil años.

Imagen de Mohenjo-daro. En primer plano se puede apreciar la parte central de la ciudad y la gran piscina que, con toda probabilidad, jugaba un papel ritual en relación al agua. Al fondo, una estructura circular que es un estupa budista construida siglos después.

Foto: Marco Madella/ModAgrO

Una de lasprimeras sociedades urbanas que surgieron y prosperaron en nuestro planeta ha sido, sin lugar a dudas, la civilización que se desarrolló en el valle del Indo entre los años 2600 y 1900 a.C. Esta cultura, de la que hasta la fecha se han descubierto más de 1.400 aldeas y pequeños núcleos urbanos, se extendió por tierras del actual Pakistán y el noroeste de la India, y se caracterizó por una particular planificación urbanística, en la que destacaba una ciudadela rodeada de murallas que presidía el centro urbano, así como la implantación de sofisticados sistemas de aprovisionamiento de agua y alcantarillado, y una estricta normalización del sistema de pesos y medidas.

Mapa que muestra la extensión de la cultura del valle del Indo.

Foto: CC

En ese período, el valle del Indo se encontraba habitado por un conjunto de diversos grupos culturales que vivían juntos en grandes centros urbanos regionales como Harappa (en el Punjab), Mohenjo-daro (en la región de Sindh) o Dholavira (en Kutch/Gujarat). Se trataba de auténticas metrópolis que podían albergar poblaciones de entre 30.000 y 60.000 personas y que estaban conectadas, a través de una desarrollada red de comunicaciones, con las comunidades agrícolas y las distantes regiones donde se podían obtener los recursos más buscados. La civilización del Indo desarrolló asimismo un complejo sistema de escritura que todavía no ha podido ser descifrado, y que ha dejado su ejemplo más interesante en los sellos grabados que eran, en parte, utilizados para poder identificar a los mercaderes (o a los gremios) durante los diversos intercambios comerciales.

La civilización del Indo desarrolló un complejo sistema de escritura que todavía no ha podido ser descifrado.

ModAgrO, un proyecto multidisciplinar

Con el objetivo de descubrir los secretos de esta antigua civilización se ha desarrollado ModAgrO, un proyecto que pretende estudiar las dinámicas ambientales, sociales y económicas (especialmente agrarias) que llevaron a los antiguos grupos agropastorales y a las pequeñas aldeas agrícolas del IV milenio a.C. del valle del Indo a consolidarse como una importante y sofisticada civilización urbana. ModAgrO es un proyecto internacional dirigido por Marco Madella y Tasleem Abro, y está formado por investigadores de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y de la Universidad Shah Abdul Latif de la provincia del Sindh, en Pakistán.

El proyecto pretende estudiar las dinámicas ambientales, sociales y económicas que les llevaron a consolidarse como una importante civilización urbana.

Bhando Qubo, en Sindh, Pakistán. En una elevación de unos siete metros, que representa la ciudad de la Edad del Bronce, se construyó en el siglo XVII la tumba de un santón musulmán.

Foto: Marco Madella/ModAgrO

El proyecto ModAgrO apuesta por un enfoque multidisciplinar en el que se incluyen el análisis de materiales culturales, de sedimentos y el estudio taxonómico e isotópico de restos de plantas y animales, además del análisis de residuos orgánicos. Los investigadores basan su trabajo en dos ejes de investigación. El primero es el estudio de los cambios ambientales e hidrográficos que caracterizaron la antigua planicie del valle del Indo entre el III y IV milenio a. C. En este caso, el objetivo es entender, por un lado, las posibilidades de transporte "por agua" de los bienes materiales y, por otro, la disponibilidad de tierras para implementar diferentes cultivos. El segundo eje del proyecto es comprender los cambios que se produjeron en la gestión agrícola como, por ejemplo, la diversidad agrícola o la introducción de nuevos cultivos procedentes de Oriente Medio y África que, en un determinado momento, ofrecieron a los antiguos habitantes de la región la posibilidad de ampliar las temporadas de cultivo. Finalmente, el estudio pretende arrojar luz sobre el modo en que la intensificación de las prácticas agrícolas o de la gestión pastoril pudieron influir en la evolución de los centros urbanos de esta cultura.

Pulseras y collares de cornalina y lapislázuli

Hasta la fecha se han llevado a cabo seis campañas de prospección y excavación arqueológica en la zona central del valle del Indo, entre las montañas Rohri y la cordillera de las Kirthar. Los dos asentamientos principales que se han explorado hasta ahora han sido Bhando Qubo y Taloor Je Bhitt. El primero era un pequeño enclave situado en la orilla occidental del río Indo, a unos 60 kilómetros de Mohenjo-daro, una de las principales metrópolis de esta civilización. La excavación se ha circunscrito a una pequeña parte del centro del asentamiento, que ha mostrado una larga secuencia de ocupaciones. Han salido a la luz áreas domésticas donde los habitantes realizaban sus tareas cotidianas, como por ejemplo moler grano en pequeños molinos o cocinar en ollas de terracota.

En Bhando Qubo han salido a la luz áreas domésticas donde los habitantes realizaban sus tareas cotidianas, como por ejemplo moler grano en pequeños molinos o cocinar en ollas de terracota.

Estas personas asimismo hacían uso de elementos de adorno, como pulseras o collares, producidos con materiales más o menos preciosos. Durante la excavación se han encontrado cuentas de collar de terracota, de cornalina (un mineral de sílice de color anaranjado que los artesanos del antiguo valle del Indo producían calentando en hornos el calcedonio) o del muy preciado lapislázuli, que probablemente llegaba desde Afganistán o Asia Central. Estos hallazgos parecen sugerir que Bhando Qubo formaba parte de una muy desarrollada red de intercambio comercial, lo que seguramente proporcionó cierta riqueza a algunos de sus habitantes.

El yacimiento arqueológico de Taloor Je Bhitt, en Sindh, Pakistán, al margen del desierto del Thar. 

Foto: Marco Madella/ModAgrO

Cuentas de esteatita y tortugas de agua

Taloor Je Bhitt era también un asentamiento de pequeño tamaño que se construyó sobre las últimas dunas que recorren la zona occidental del actual desierto del Thar, no muy lejos de un ramal del antiguo río Indo. Se trata de un yacimiento que presenta la típica estructura urbana de esta civilización. Allí se pudo identificar una ciudadela rodeada por una muralla, una zona de talleres y un área residencial. La excavación se ha centrado hasta ahora en la zona de talleres, donde se descubrieron una serie de plataformas construidas con ladrillos de barro que permitían crear amplios espacios abiertos dedicados a la producción de cuentas de esteatita y otras actividades más o menos industriales. Algunas de las cuentas de esteatita (una piedra relativamente suave y fácil de trabajar, pero que una vez calentada adquiere más dureza) descubiertas en el yacimiento son muy pequeñas, con diámetros de menos de un milímetro, por lo que debían de necesitarse cientos o miles para confeccionar un collar.

En Taloor Je Bhitt se descubrieron varias plataformas construidas con ladrillos de barro que permitían crear amplios espacios abiertos dedicados a la producción de cuentas de esteatita.

Diversas cuentas descubiertas en los yacimientos de Bhando Qubo y Taloor Je Bhitt.

Foto: Marco Madella/ModAgrO. Montaje: Marta Cantos-Historia National Geographic

También Taloor Je Bhitt ofrece a los investigadores elementos que proporcionan valiosa información sobre la vida diaria de sus habitantes, como por ejemplo sobre su alimentación. Los hallazgos sugieren que un ingrediente de la cocina local eran las tortugas de agua y diferentes tipos de pescado, que se podían pescar en el río o en los pequeños lagos que todavía se encuentran entre las dunas del desierto. La gente que poblaba Taloor Je Bhitt también cultivaba mijo y cebada, que en parte molían para producir panecillos similares a tortillas que después se cocinaban en platos de terracota calentados al fuego de los hogares.

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Los investigadores del proyecto ModAgrO tienen previsto continuar estudiando algunas de estas pequeñas ciudades que se sitúan en las orillas del río Indo con la intención de ampliar la información obtenida durante la excavación de las áreas domésticas de estos yacimientos. De hecho, el objetivo final es poder profundizar en los cambios económicos que permitieron a la cultura del Valle del Indo llegar a convertirse en una de las más importantes civilizaciones urbanas de la antigüedad.

Para más información sobre proyectos de arqueología y paleontología humana visita la web de la Fundación Palarq.

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