Esclavitud en la Antigüedad

Cuánto costaba un esclavo en la antigua Roma

En la antigua Roma, la esclavitud estaba a la orden del día. No sólo los más ricos poseían esclavos, sino que también la gente corriente podía plantearse comprar uno o una como inversión. Pero, ¿cuánto costaba un esclavo y por qué era visto como una inversión?

"Mercado de esclavos en la antigua Roma", por Jean-Léon Gérôme.

"Mercado de esclavos en la antigua Roma", por Jean-Léon Gérôme.

"Mercado de esclavos en la antigua Roma", por Jean-Léon Gérôme.

Foto: Hermitage Museum

La esclavitud, para los romanos, era tan natural como necesaria. Muchos de los grandes avances de su civilización no hubiesen sido posibles sin la presencia de un gran número de esclavos que se encargaban de numerosas tareas, desde la educación de los hijos hasta los trabajos del campo, pasando por un gran número de tareas cotidianas. Pero más allá de los juicios éticos, resulta interesante preguntarse hasta qué punto estaba extendida la esclavitud entre la sociedad y si se trataba de algo exclusivo de la élite o también los ciudadanos romanos corrientes poseían esclavos, para lo cual hay que saber cuánto costaba un esclavo en la antigua Roma.

Busto funerario del liberto Caius Aurunceius Princeps

Busto funerario del liberto Caius Aurunceius Princeps

Busto funerario del liberto Caius Aurunceius Princeps. Los libertos eran antiguos esclavos que habían sido liberados o habían comprado su libertad.

Foto: Xavier Caré (CC)

Los esclavos como inversión

Para saber hasta qué punto un esclavo o esclava era un “bien” de lujo – puesto que, bajo la ley romana, eran propiedades y no sujetos de derecho – hay que tener en cuenta dos factores principales: el precio de una persona esclava y los ingresos habituales de un ciudadano romano. No solo eso, sino que hay que comparar datos del mismo periodo, puesto que ambos fluctuaban constantemente.

Un tercer factor en juego era la disponibilidad de esclavos: en tiempos de guerra había muchos prisioneros disponibles, lo que abarataba su precio. A partir del siglo II a.C. las conquistas romanas generaron un flujo regular de esclavos, abaratando su precio: lo que hasta entonces había sido una práctica de los patricios empezó a estar al alcance de plebeyos pudientes y, más adelante, incluso de los ciudadanos corrientes, hasta el punto que los esclavos llegaron a constituir hasta un 30% de la población de los territorios romanos.

Los romanos veían a sus esclavos como propiedades, del mismo modo que lo eran los bueyes o los caballos.

Se ha dicho que los romanos consideraban a los esclavos como objetos, y algunos ciertamente los veían así: el escritor Varrón se refería a ellos como “instrumentos agrícolas parlantes”. Pero sería más preciso decir que en general eran vistos como propiedades, del mismo modo que lo eran los bueyes o caballos: ciertamente seres vivos, pero carentes de libertad y comprados para satisfacer las necesidades de su amo.

Por lo tanto, para los romanos un esclavo era una inversión y, aunque su precio fuese caro, había que sopesar los beneficios y costes que suponía. Para un patricio, un esclavo era mano de obra doméstica o agrícola, pero también un plebeyo podía encontrarle utilidad: lo liberaba de muchas tareas cotidianas que requerían tiempo y esfuerzo y, si era propietario de un negocio, una vez hecha la inversión inicial de la compra, disponía de un trabajador barato (aunque no gratuito, puesto que tenía que alimentarlo).

El precio de un esclavo

Una buena época para establecer esta comparación es el principado de Augusto (27 a.C.-14 d.C.), ya que tenemos referencias al precio de un esclavo, así como de numerosos bienes y salarios que nos permiten saber qué esfuerzo económico suponía la compra. El precio estándar de un esclavo oscilaba entonces entre los 800 y 2.000 sestercios, dependiendo de su edad y forma física.

A partir de ahí, el precio subía en función de las aptitudes que poseía: un hombre instruido que pudiera ejercer como tutor, una esclava de aspecto “exótico”, un luchador especialmente fornido para convertirlo en gladiador, etc. Algunos alcanzaban precios exorbitantes: Quintus Lutatius Dafnis, un lingüista nacido en esclavitud en el siglo II a.C. y que fue vendido por 700.000 sestercios, es el esclavo más caro del que se tiene noticia en una fuente romana.

 

Una romana concede la libertad a su esclava mediante un documento firmado

Una romana concede la libertad a su esclava mediante un documento firmado

La manumisión (liberación de un esclavo) podía realizarse de diversas maneras, pero de un modo u otro al final siempre había que hacerlo constar en el censo para que el estatus de liberto fuese efectivo.

Foto: CC

 

Pero, ¿qué significaba este precio para un ciudadano romano? El clasicista Jerry Toner calculó que la alimentación básica de una familia corriente de cuatro miembros podía costar unos 1.000 sestercios al año. Por lo tanto, un esclavo “básico” equivalía al coste de la alimentación de una familia romana entre uno y dos años.

En cuanto a qué esfuerzo económico suponía esto, dependía de la profesión que ejerciese: por poner algunos ejemplos, un legionario en aquella época cobraba 900 sestercios al año, un trabajo manual oscilaba entre los 700 y 1.500 sestercios; y los profesionales cualificados como abogados, arquitectos o médicos podían ganar mucho más. Es decir, para la gente corriente comprar un esclavo equivalía a ahorrar el sueldo anual de entre uno y tres años, mientras que para la clase alta era un pequeño lujo.

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Un bien de lujo… pero no tanto

Por supuesto, para la mayoría de ciudadanos corrientes era difícil llegar a ahorrar el dinero necesario para comprar un esclavo, puesto que ya les era bastante difícil sobrevivir. Sin embargo, tenían la opción de pedir un préstamo a sus patronos patricios para afrontar la inversión inicial e ir devolviéndolo con el tiempo (y con sus debidos intereses). Si se quería iniciar un negocio en el que hiciese falta una cierta mano de obra, podía ser una inversión razonable.

Comprar un esclavo era una inversión cara, pero todavía asequible incluso para un ciudadano corriente.

En base a estos datos se puede considerar que un esclavo, a finales de la República y los primeros dos siglos del Imperio – es decir, el tiempo que Roma libró más guerras de conquista – era una inversión cara pero todavía asequible para un ciudadano corriente, del mismo modo que lo sería hoy en día comprar un coche. Los esclavos especialistas, como los tutores, sí que podrían ser considerados bienes de lujo desde la perspectiva romana; y para los ricos patricios, el hecho de poseer muchos esclavos era otro modo de ostentación.

Aunque la esclavitud pueda parecer criticable desde el punto de vista de la ética moderna, para los romanos era una parte incuestionable e incluso necesaria de su modo de vida; hasta el punto de que los esclavos liberados, si llegaban a ascender en la escala social, no tenían problema en procurarse los suyos propios para exhibir su nuevo estatus. Es raro encontrar críticas a la esclavitud en las fuentes romanas; la excepción más destacada es seguramente el filósofo Séneca, que muestra hacia los esclavos una humanidad rara en sus tiempos.

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