La reunión de "Los tres grandes"

La Conferencia de Teherán, el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial

Los tres grandes líderes mundiales, Roosevelt, Churchill y Stalin, aparcaron sus diferencias para debatir en Teherán el curso del conflicto. En la capital iraní sentaron las bases de la llamada Operación Overlord, la invasión de Europa, que sería decisiva en la derrota del nazismo.

De izquierda a derecha: Stalin, Roosevelt y Churchill en la imagen oficial de la Conferencia de Teherán.

Foto: CC

A pesar de que les separaba un abismo ideológico, Roosevelt, Churchill y Stalin decidieron aparcar sus diferencias y aunar esfuerzos para lograr ganar la Segunda Guerra Mundial, algo que Adolf Hitler les puso en bandeja cuando decidió invadir la Unión Soviética. La Conferencia de Teherán, celebrada entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1943, fue el momento en que estos tres líderes mundiales, conocidos como "Los tres grandes", firmaron el acuerdo que iba a poner fin al sangriento conflicto que asolaba Europa desde hacía años.

Un viaje en tren

Mientras en el verano de 1941, el ejército soviético perdía más de tres millones de soldados, entre prisioneros y muertos, y tenía al ejército alemán a tan solo 400 kilómetros de Moscú, Estados Unidos aún no había sido atacado por los japoneses en Pearl Harbor. Por tanto, los norteamericanos se mantenían neutrales y apoyaban a los soviéticos, tal como hacía con los británicos, ofreciéndoles créditos blandos y material bélico para combatir a los nazis. Stalin necesitaba aviones, tanques, armamento y toda la ayuda que Estados Unidos le pudiera proporcionar. Pero el líder soviético aún tuvo que esperar a diciembre de 1941 para que los norteamericanos entraran en guerra.

Stalin necesitaba aviones, tanques, armamento y toda la ayuda que los Estados Unidos le pudiera proporcionar. Pero tuvo que esperar a diciembre de 1941 para que los norteamericanos entraran en guerra.

Aunque Stalin y Roosevelt mantuvieron una relación epistolar, el presidente norteamericano estaba ansioso por conocer al soviético en persona. Pero las negociaciones para hallar una fecha y un lugar para el encuentro entre ambos mandatarios encallaron. La versión de Stalin es que no podía alejarse de su país y dejar en manos de otros la dirección de la guerra. La realidad es que a Stalin le daba miedo a volar. Al final, como solución de compromiso y ante la insistencia de Roosevelt (que ya se había reunido con Churchill en El Cairo días antes) acordaron que su primer encuentro sería el 28 de noviembre de 1943 en Teherán, la capital de Irán, un país fronterizo con la Unión Soviética (y a 10.000 kilómetros de Washington), donde el líder soviético podría llegar cómodamente en su tren privado.

En noviembre de 1943, tan solo tres días antes de que tuviera lugar la Conferencia de Teherán, se reunieron en El Cairo Churchill, Roosevelt y el general Chang Kai-shek, este último en representación de la República de China.

En noviembre de 1943, tan solo tres días antes de que tuviera lugar la Conferencia de Teherán, se reunieron en El Cairo Churchill, Roosevelt y el general Chang Kai-shek, este último en representación de la República de China.

Foto: Cordon Press

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Concesiones y desembarco

Tanto soviéticos como estadounidenses consideraban que el uso más efectivo de las fuerzas norteamericanas sería un gran desembarco en Francia que abriera un "segundo frente" y obligara a los alemanes a dividir sus fuerzas. Pero el premier birtánico, Winston Churchill, que antes que político había sido militar, sabía que si una operación de esta envergadura no se planeaba minuciosamente estaba condenada al fracaso y seguramente no tendrían una segunda oportunidad. Gran Bretaña no podía permitirse un nuevo Dunkerque y propuso atacar a Alemania por su punto más débil, el norte de África o Italia. Las reticencias ante la idea de un desembarco inminente en Francia provocaron un alejamiento de Roosevelt y Stalin, que a partir de entonces se reunieron a espaldas del premier británico. Churchill sabía que los estadounidenses iban a insistir en su idea del desembarco a gran escala en Europa, y sabiendo que Inglaterra debería jugar un papel fundamental en la operación, propuso posponer hasta 1944 la operación, conocida más tarde como Operación Overlord.

Inglaterra no podía permitirse un nuevo Dunkerque y propuso atacar a Alemania por su punto más débil, el norte de África o Italia.

Tras la victoria soviética en la batalla de Kursk, Stalin se encontraba en una posición inmejorable de cara a una negociación con las otras dos potencias. Por su parte, Roosevelt trató por todos los medios de que no fueran aceptadas todas las demandas que el líder soviético puso encima de la mesa, pero apenas pudo conseguirlo. Una de las peticiones más importantes que Churchill y Roosevelt concedieron a Stalin estaba la anexión de la parte oriental de Polonia, a pesar de las airadas quejas del gobierno polaco en el exilio, que cayeron en saco roto. La otra petición con la que Stalin llegó bajo el brazo al final la conferencia fue la promesa de que tendría libertad absoluta para crear su propia área de influencia en la Europa oriental.

Dos aviones IL-2 lanzan un ataque durante la batalla de Kursk. Este conflicto que tuvo lugar entre julio y agosto de 1943 terminó con una victoria soviética frente a Alemania que reforzó la posición estratégica y política de la URSS en la Conferencia de Teherán.

Dos aviones IL-2 lanzan un ataque durante la batalla de Kursk. Este conflicto que tuvo lugar entre julio y agosto de 1943 terminó con una victoria soviética frente a Alemania que reforzó la posición estratégica y política de la URSS en la Conferencia de Teherán.

Foto: CC

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Operación Overlord

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¡Alarma de atentado!

Durante la conferencia se produjeron algunas anécdotas interesantes. Una de las más conocidas tuvo lugar el 29 de noviembre, cuando antes de que los tres dirigentes se reunieran para cenar, Churchill entregó a Stalin una espada ceremonial conocida como la "Espada de Stalingrando", un regalo del rey Jorge VI a la población de la ciudad. Tras cogerla entre sus manos, Stalin besó la vaina y después la entregó a uno de sus oficiales con tan mala suerte que se le cayó al suelo. En esa misma cena, Stalin propuso ejecutar entre 50.000 y 100.000 oficiales alemanes para que ese país no pudiera empezar de nuevo una guerra, a lo que Roosevelt contestó: "Tal vez con 49.000 sería suficiente". Indignado, Churchill se mostró en contra y rebatió "la ejecución a sangre fría de los soldados que lucharon por su país", y refiriéndose al Documento de Moscú (acuerdo al que Churchill y Stalin habían llegado en la conferencia de Moscú de 1942) dejó claro que los criminales de guerra debían ser sometidos a juicio por sus crímenes.

Churchill rebatió la ejecución a sangre fría de los soldados que lucharon por su país, y refiriéndose al Documento de Moscú dejó claro que los criminales de guerra debían ser sometidos a juicio por sus crímenes.

La reunión entre los tres máximos dirigentes aliados no pasó desapercibida para los alemanes. Conocida como Operación Weitsprung, los servicios de espionaje alemán planearon asesinar a los "Tres Grandes" para de esta manera poner en grave peligro los acuerdos alcanzados e inclinar a su favor el desenlace final de la guerra. Pero el servicio de inteligencia soviético pudo descubrir a tiempo las intenciones alemanas de sabotear la conferencia, y de la mano del agente Nikolái Kuznetsov logró impedir que el plan se llevara a cabo.

El Primer ministro del Reino Unido Winston Churchill presenta la Espada de Stalingrado a Stalin en nombre del rey Jorge VI de Gran Bretaña.

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Foto: CordonPress

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El acuerdo final

Tras finalizar la Conferencia de Teherán, los acuerdos a los que llegaron Churchill, Stalin y Roosevelt se hicieron públicos: los partisanos yugoslavos que luchaban contra los nazis debían recibir apoyo aliado. También se aceptó la conveniencia de que Turquía entrara en la contienda por cuestiones estratégicas, y en el caso de que el país otomano se viera atacado por Bulgaria, la Unión Soviética podría declarar la guerra al país balcánico. La Operación Overlord se iba a desarrollar en mayo de 1944 en el sur de Francia, y los participantes también estuvieron de acuerdo en que, tras la guerra, Alemania debería ser dividida. La Conferencia de Teherán asimismo sirvió de trampolín para que se celebrasen las primeras conversaciones en torno a la conveniencia de crear una organización como las Naciones Unidas y también se habló sobre una posible entrada de la Unión Soviética en la guerra del Pacífico.

La Operación Overlord se iba a desarrollar en mayo de 1944 en el sur de Francia, y los participantes también estuvieron de acuerdo en que, tras la guerra, Alemania debería ser dividida.

De regreso a Washington, Roosevelt dijo de Stalin: "Es como yo, realista", mientras que el líder soviético dijo del presidente norteamericano: "El presidente es mi amigo y siempre nos comprenderemos". Con la llegada de Truman a la Casa Blanca tras la muerte de Roosevelt, las relaciones entre ambos países sufrieron un cambio tan radical que sólo cinco años después del último encuentro entre Roosevelt y Stalin, Estados Unidos y la Unión Soviética libraban su primer enfrentamiento en la guerra de Corea. La guerra Fría no había hecho más que empezar.

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