Higiene en la antigua Roma

¿Cómo era el lavabo de los romanos?

Las letrinas públicas en la antigua Roma eran un espacio con nula intimidad donde se compartía todo, desde opiniones y anécdotas hasta la escobilla para limpiarse.

Letrinas públicas romanas en Éfeso

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Roma era el ombligo de la Europa antigua, pero sus habitantes no eran diferentes de cualquier otro en sus necesidades íntimas. Cuando la necesidad apretaba y había que ir a un baño público no se gozaba de mucha intimidad, ya que no había ningún espacio que separase las letrinas: era una buena ocasión para socializar y compartir opiniones sobre las proezas del gladiador o el auriga de moda, las últimas extravagancias de Nerón -en voz baja, por si acaso-, la necesidad más o menos imperiosa de lanzar una campaña contra los partos… y compartir también, al final, la escobilla para limpiarse. Por que, como era de esperar, no existía el papel higiénico.

A falta de papel, los romanos se limpiaban con un utensilio llamado tersorium o xylospongium -literalmente, “esponja en un palo”-, muy parecido a las escobillas que hoy usamos para eliminar evidencias de la escena del crimen. Este era de uso compartido, aunque se limpiara en una solución de agua con vinagre, lo que hacía muy fácil la transmisión de enfermedades en los baños públicos. Fuera de la ciudad uno se podía limpiar con hojas o musgo, que tampoco era muy higiénico, pero que al menos era de usar y tirar.

Xylospongium

El xylospongium era literalmente lo que indicaba su nombre: una esponja de mar clavada en un palo. Simple pero efectivo.

D. Herdemerten / CC

A propósito del tersorium, el filósofo Séneca cuenta una escabrosa anécdota en una de sus cartas: un gladiador del siglo I, en medio de una exhibición en el anfiteatro, utilizó este utensilio para poner fin a su vida antes del combate, metiéndoselo en la boca hasta morir ahogado.

Por suerte, con el paso de los años hemos mejorado los sistemas de limpieza e higiene personal.

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