Época victoriana

Charles George Gordon, el héroe británico de Jartum

Este legendario general británico, al que sus compatriotas apodaron Pachá Gordon y Gordon el chino, se convirtió en un héroe nacional por sus hazañas en China y Crimea. Pero, por encima de todo, Gordon sería recordado por su trágica defensa de Jartum contra las tropas sudanesas que asediaban la ciudad en 1885.

Retrato de Charles George Gordon realizado entre los años 1878 y 1885 y expuesto en el Museo Fogg.

Foto: PD

El general Charles George Gordon nació el 28 de enero de 1833. Apodado Gordon Pachá y Gordon el Chino, este héroe del Imperio británico es recordado por sus compatriotas por sus expediciones a China y el norte de África. Tras la guerra de Crimea fue condecorado con una medalla al valor, con el broche del Gobierno británico y fue nombrado Caballero de la Legión de Honor por el Gobierno francés por su heroica actuación. Charles George Gordon también ayudó a sofocar la rebelión Taiping, en China, al mando del "ejército siempre victorioso". Pero, sobre todo, Gordon ha pasado a la historia por su lucha contra la esclavitud y por liderar a las fuerzas británicas y egipcias en Jartum, la capital de Sudán, que estaba en poder de los rebeldes sudaneses. Allí, el arrojado general británico sería capturado y finalmente ejecutado.

Excéntrico y místico

Gordon se unió al ejército británico a los dieciséis años y tuvo una meteórica trayectoria. Con treinta ya era capitán de los Ingenieros Reales. Tras participar en la guerra de Crimea y en la rebelión Taiping, Gordon ocuparía una serie de importantes cargos como el de gobernador de Ecuatoria, la provincia más al sur de Sudán, entre 1874 y 1879, y diversos puestos en la India, China, Irlanda, isla Mauricio y Ciudad del Cabo. También pasó un año en Palestina, donde exploró los Santos Lugares. Gordon estaba considerado uno de los grandes héroes victorianos de la época, aunque, asimismo, era un personaje de lo más extravagante (se decía que tiraba textos religiosos por las ventanillas de los trenes y que en una ocasión clavó la mano de un camarero a la mesa con un tenedor). Algunos de sus detractores lo tacharon de megalómano y de poseer un temperamento inestable, e incluso violento.

A pesar de estar considerado como uno de los grandes héroes victorianos de la época y de poseer un gran coraje, Gordon, era, además, un personaje de lo más extravagante.

El general Gordon vestido con el uniforme del ejército egipcio.

Foto: PD

Por contra, Gordon era muy dado a realizar buenas acciones: visitaba barrios marginales, ayudaba a los enfermos y moribundos, y también a los ancianos. Y, al igual que otros grandes héroes del Imperio como Horatio Herbert Kitchener o Cecil Rhodes, Gordon era célibe. Así, diversos historiadores, como Lytton Strachey, sugieren que el héroe de Jartum era homosexual y que reprimió férreamente sus inclinaciones. Strachey fue de los primeros en referirse al interés de Gordon por los muchachos. Bastantes años después, el escritor y explorador británico Michael Asher apuntaría en su obra Jartum que Gordon se aficionó a un chico armenio llamado Iván con el que leía la Biblia y que sería el primero de una larga lista de acompañantes masculinos. Por otra parte, en su obra Victorianos eminentes, Strachey retrata a Gordon como un tipo desquiciado, fatalista, obsesionado con las profecías y con su fe (llegó a decir que el trono de Dios descansaba literalmente sobre la Tierra y que el Jardín del Edén estaba en el lecho del mar, cerca de las islas Seychelles).

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Un gobierno poco colaborativo

La posición de Gran Bretaña en Egipto hizo que los británicos, a su pesar, se vieran involucrados en los graves disturbios que en 1883 estaban teniendo lugar en el vecino Sudán. El líder nubio Muhammad Ahmad ibn as Sayyid abd Allah, conocido como el mahdi, un fanático religioso que iba montado en un dromedario blanco y que era seguido por las tribus sudanesas, decidió imponer en el país una versión estricta del Islam por medio de la fuerza. De este modo, al primer ministro británico, William Ewart Gladstone, no le quedó otro remedio que proceder a la evacuación de las guarniciones de militares egipcios y a la población civil de la zona. Para llevar a cabo la misión tuvo que contar con Gordon, a pesar de la gran antipatía personal que sentía por el militar. Pero Gordon era un gran conocedor de la región y, más importante aún, contaba con el apoyo de la reina Victoria y de su primo, el duque de Cambridge, por lo que el premier tuvo que ceder.

Al primer ministro británico William Ewart Gladstone no le quedó otro remedio que enviar a Gordon a la región para evacuar a las guarniciones de militares egipcios y a la población civil a pesar de la gran antipatía personal que sentía por el militar.

Retrato del mahdi Muhammad Ahmad ibn as Sayyid abd Allah realizado en 1884.

Foto: PD

Por su parte, Evelyn Baring, conde de Cromer, que era el agente general británico en Egipto, ya había recomendado unos días antes a su Gobierno la evacuación de Sudán. Así, el 1 de diciembre de 1883, el primer ministro Gladstone, no muy convencido, preguntó a Baring si Gordon "sería de alguna utilidad para usted o para el Gobierno egipcio y, de ser así, en qué medida". Lo que ambos tenían muy claro es que lo que pudiera aportar Gordon a la misión debía estar estrictamente ligado a la supervisión de la evacuación. Nada más. Pero el 9 de enero de 1884, Gordon ofreció una entrevista a la Pall Mall Gazette. Tras ello, la publicación, viendo que los acontecimientos se estaban precipitando, emitió el siguiente comunicado: "No podemos enviar un regimiento a Jartum, pero podemos enviar a un hombre que en más de una ocasión ha demostrado ser más valioso en circunstancias similares que todo un ejército. ¿Por qué no enviar al "chino Gordon" con plenos poderes a Jartum, para asumir el control absoluto del territorio, tratar con el mahdi, relevar a las guarniciones y hacer lo que pueda para salvar lo que pueda salvarse del naufragio de Sudán?". Así las cosas, el Gobierno británico se vio en la obligación, debido a la creciente presión de la opinión pública, de intentar solucionar la crisis en Sudán lo más pronto posible enviando allí a Gordon.

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Solo ante el peligro

Nada más llegar a Jartum, el 18 de febrero de 1884, Gordon se dio cuenta de la dificultad que suponía evacuar a unos 7.000 militares y a unos 25.000 civiles, con la mayor parte del territorio ocupado por las fuerzas de Muhammad Ahmad ibn as Sayyid abd Allah. Sorprendido por el potencial militar que había logrado desplegar el líder nubio, Gordon era cada vez más reacio a abandonar el país hasta que "todo el que desee ir [Nilo] abajo tenga la oportunidad de hacerlo", y sentía que si se iba de la región sin antes haber expulsado a aquel fanático religioso, aquello sería una mancha en su honor. De este modo, decidido a hacerse fuerte y no abandonar Jartum, Gordon, que tan solo disponía de unos 7.000 hombres frente a los 50.000 del mahdi, veía flaquear su posición a cada hora que pasaba. Así, el general propuso al Gobierno británico dos líneas de acción: una era traer del exilio al antiguo pachá y gobernador de Sudán, un tratante de esclavos llamado Zubayr Pachá, para que se pusiese al frente de una sublevación contra el mahdi y la otra enviar tropas desde Egipto.

Nada más llegar a Jartum, el 18 de febrero de 1884, Gordon se dio cuenta de la dificultad que suponía evacuar a unos 7.000 militares y a unos 25.000 civiles con la mayor parte del territorio ocupado por las fuerzas del mahdi.

Cuadro titulado La última batalla del general Gordon, pintado por el artista George W. Alegria en el año 1893.

Foto: PD

El Gobierno británico era plenamente consciente de la difícil situación por la que estaba pasando Gordon, pero no fue hasta el mes de agosto de 1884 cuando decidió tomar cartas en el asunto y enviar refuerzos. Conocida como la Expedición del Nilo o Expedición de Socorro de Gordon, al mando de un viejo amigo de Gordon, el general Garnet Wolseley, la ayuda no estuvo lista hasta noviembre de ese mismo año. A finales de 1884, tanto la guarnición como la población civil en Jartum se morían de hambre, hasta el punto de que habían llegado a comerse a todos los animales de tiro, e incluso a los perros y los gatos. En su desesperación, Gordon propuso entonces a los civiles que quien quisiera irse podía hacerlo, incluso para unirse al ejército del mahdi. Así, con la mitad de la población abandonado la ciudad, Gordon envió una desconcertante nota a Wolseley en la que decía: "Jartum está bien. Puede resistir durante años. CG Gordon".

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Un terrible final

Sorprendido por aquel mensaje, Charles Wilson, un oficial de inteligencia a cargo de la vanguardia de la expedición, decidió ponerse en contacto con Gordon. Por fin, el 24 de enero de 1885 la expedición se ponía en marcha, pero para cuando llegaron, con tres días de retraso, el mahdi ya había lanzado su último y furibundo ataque, y había logrado llegar hasta la posición de Gordon. Oleadas de derviches sedientos de sangre se abalanzaron sobre las pocas defensas que quedaban provocando una auténtica masacre. Algunas fuentes afirman que el propio Gordon se enfrentó con gran valentía a una muerte segura. Aislado en lo alto de una escalinata, Gordon fue atravesado por una lanza, y su cuerpo despedazado y arrojado a un pozo. Por orden del mahdi, y a modo de morboso trofeo, la cabeza del general británico fue colocada entre las ramas de un árbol.

Algunas fuentes afirman que el propio Gordon se enfrentó con gran valentía a una muerte segura. Aislado en lo alto de una escalinata, Gordon fue atravesado por una lanza, y su cuerpo despedazado y arrojado a un pozo.

Litografía en la que los vencedores muestran la cabeza del general Gordon.

Foto: PD

El 5 de febrero llegó a Europa la notica de la muerte de Gordon y de la caída de Jartum, lo que produjo una gran conmoción en todo el continente. Gladstone fue acusado de ser el culpable de la muerte de Gordon por no haber mandado ayuda a tiempo, e incluso la reina Victoria, que desconsolada, exclamaría "¡Gordon ha muerto!", envió al premier un telegrama de reproche que se filtró a la prensa. La popularidad de Gladstone quedaría seriamente dañada. La historia de la resistencia de Gordon en Jartum ha hecho correr ríos de tinta e incluso fue llevada al cine en 1966. En ella, este singular héroe del Imperio británico fue magistralmente interpretado por el actor Charlton Heston.