Más allá del impresionismo

Cézanne, el pintor de las manzanas

Reconocido como un pionero de la pintura moderna, el trabajo de Paul Cézanne fue poco valorado durante la mayor parte su vida. Su personalidad introvertida y su esfuerzo por obtener una forma única de expresión, en la que la naturaleza jugó un papel fundamental, lo alejaron paulatinamente de las personas y de la sociedad.

Foto: Cordon Press

Mientras muchos de sus colegas artistas murieron habiendo alcanzado cierto reconocimiento por parte de la crítica, Paul Cézanne, el genial pintor francés nacido el 19 de enero de 1839, no lo consiguió hasta el día de su muerte. Sin la figura de Cézanne sería imposible entender el arte del siglo XX. Sus obras y sus ideas influenciaron a muchos pintores y movimientos artísticos posteriores, en especial el cubismo. Cézanne desafió los valores convencionales de la pintura de su tiempo, lo que le acarreó más de un conflicto con los demás pintores impresionistas. Su arte no pretendía ser una mera copia de lo que veía, sino que su intención era dar voz a las emociones que la naturaleza era capaz de provocar en el ser humano.

Rechazo a la novedad

Durante la estancia de Cézanne en la Académie Suisse, una escuela de arte fundada por Charles Suisse en París en 1815, los aspirantes a artistas podían trabajar con modelos vivos por una cuota mensual muy asequible, y fue allí donde donde el joven Cézanne conoció a Camille Pissarro, Claude Monet y Auguste Renoir. Las primeras obras de Cézanne irradiaban un romanticismo desenfrenado, algo de erotismo y cierta violencia. Durante sus visitas al Museo del Louvre, Cézanne se sintió inspirado por las obras de grandes artistas como Diego Velázquez y el italiano Caravaggio, aunque a los cinco meses de su estancia en París su vocación sufrió un vuelco al considerar que su técnica distaba mucho de ser tan buena como la del resto de aprendices. Si no regresó antes a Aix en Provence, su ciudad natal, fue por la gran amistad que le unía al escritor Émile Zola, pero finalmente volvió con su padre para retomar el negocio familiar.

A los cinco meses de estancia en París, la vocación de Cézanne sufrió un vuelco al considerar que su técnica distaba mucho de ser tan buena como la del resto de aprendices.

En 1860 estalló un conflicto entre los pintores realistas, liderados por Gustave Courbet, y la Académie des Beaux-Arts, que rechazaba todo aquello que no perteneciera al estilo neoclásico o romántico académico. El conflicto llegó a tal punto que la Academia prohibió a los realistas exponer sus obras. No sería hasta 1863 cuando el emperador Napoleón III decretó la apertura del llamado Salon des Refusés (salón de los rechazados), un espacio donde los artistas rechazados por el jurado del Salón de París podían exponer libremente sus obras.

Esta caricatura muestra el escándalo provocado por los impresionistas: un jurado rechaza la obra de un pintor al que acusa de formar parte de la «banda de Edouard Manet», en referencia al revuelo causado por el cuadro "Le déjeneur sur l'herbe" (1863) que provocaría la apertura del "Salon des refusés".

Esta caricatura muestra el escándalo provocado por los impresionistas: un jurado rechaza la obra de un pintor al que acusa de formar parte de la «banda de Edouard Manet», en referencia al revuelo causado por el cuadro "Le déjeneur sur l'herbe" (1863) que provocaría la apertura del "Salon des refusés".

Foto: Cordon Press

Las manzanas

Las obras expuestas en el Salon des Refusés fueron rápidamente denunciadas por la crítica, hecho que consolidó el espíritu revolucionario de los pintores que exponían en aquel espacio artístico. Cézanne, cuyos gustos ya se habían alejado de los convencionalismos académicos, se unió a los miembros de este grupo, del que también formaban parte los impresionistas Manet, Pissarro, Monet, Renoir y Degas. Gracias a las lecciones aprendidas de Pisarro, Cézanne empezó a pintar al aire libre, y eso se notará en el cambio de colorido que experimentarán sus obras. Monet dijo sobre Cézanne: "Qué mala fortuna que este hombre no haya contado con mejor apoyo en su experiencia. Es un artista auténtico, pero ha llegado tan lejos, que duda demasiado de sí mismo". En aquel punto, la necesidad de Cézanne de encontrar algo nuevo lo apartará de los impresionistas, e incluso del mundo: "El mundo no me entiende y yo no entiendo el mundo, por eso me he retirado de él", llegó a decir.

Cézanne, cuyos gustos ya se habían alejado de los convencionalismos académicos, se unió a los miembros del Salón des Refusés, del que también formaban parte Manet, Pissarro, Monet, Renoir y Degas.

Cézanne no fue sólo en busca de la luz, como hacían sus colegas impresionistas, sino también de la geometría. Quizá ninguna de sus obras nos resultan tan familiares como sus naturalezas muertas, especialmente sus manzanas. Fue el propio Cézanne quien reconoció su preferencia hacia esta fruta: "Asombraré a París con una manzana", y de acuerdo con expertos en arte, Cézanne tuvo más reconocimiento en vida por sus lienzos de naturalezas muertas que por sus retratos o paisajes, que fueron considerados distorsionados y primitivos por la crítica contemporánea. La escritora británica Virginia Woolf describió la sensación que le provocó contemplar uno de los bodegones pintados por Cézanne: "¿Qué pueden ser seis manzanas? Está la relación entre cada una de ellas, el color y el volumen. Su pigmento parece desafiarnos, tocar nuestro nervio, estimularnos". Para Cézanne la pintura era una cuestión de volúmenes que se distribuían por el lienzo, y las manzanas, protagonistas absolutas de sus naturalezas muertas, eran como esferas inestables en su particular universo geométrico.

Incluso con los supuestamente inofensivos bodegones, Cézanne fue capaz de crear impresión sobre el público y la crítica. Para el pintor, las manzanas fueron las grandes protagonistas de este género. Con el título "Naturaleza muerta", la obra sobre estas líneas fue pintada en la década de 1890.

Incluso con los supuestamente inofensivos bodegones, Cézanne fue capaz de crear impresión sobre el público y la crítica. Para el pintor, las manzanas fueron las grandes protagonistas de este género. Con el título "Naturaleza muerta", la obra sobre estas líneas fue pintada en la década de 1890.

Foto: Cordon Press

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Esquivo e inseguro

En sus bodegones, Cézanne pintaba los objetos como si éstos pudieran rozarse y mezclarse, disolverse en una armonía de color y representar situaciones, de alguna manera como sustitución de la vida a la que el pintor no se veía capaz de enfrentarse. Cézanne era un hombre huraño, hermético, taciturno y muy terco. Incluso podía llegar a ser maleducado cuando se desenvolvía en círculos sociales. Su inseguridad le hizo irónico, y consideraba que se reían de él cuando, al contrario, era alabado por su arte. Era tal su inseguridad que sus obras de representaciones humanas sufrían constantes retoques y hacía posar a sus modelos incontables veces, siendo por este motivo muy escasos quienes se prestaron a ello.

Cézanne era huraño, hermético, taciturno y muy terco. Incluso podía llegar a ser maleducado cuando se desenvolvía en círculos sociales. Inseguro de sí mismo, consideraba que se reían de él cuando era alabado por su arte.

En una ocasión, Cézanne le dijo al poeta Joachim Gasquet: "He renunciado a las flores. Se marchitan rápidamente. Las frutas son más fieles. Es como si quisieran pedirte perdón por perder color. Su idea se exhala con su perfume. Llegan a ti en todos sus aromas, te cuentan de los campos que abandonaron, de la lluvia que las nutrió, de la aurora que las contempló. Cuando con toques pulposos de pincel se reproduce la piel de un hermoso melocotón, la melancolía de una manzana vieja, se puede entrever en los reflejos que ellos intercambian la misma sombra tenue de renunciación, el mismo amor del sol, el mismo recuerdo del rocío". Cézanne no dibujaba previamente sus figuras, sino que pintaba directamente sobre la tela. El artista modelaba con el color y, a diferencia de los demás pintores impresionistas, intentó mostrar el color real de lo que pintaba. Hasta aquel momento la representación del espacio en la pintura se había logrado mediante la perspectiva y los claroscuros, en cambio Cézanne trató la luz como una forma de interpretar el espacio, utilizó el color para iluminar y sugerir volumen.

Entre 1890 y 1895, Cézanne pintó una serie llamada "Los jugadores de cartas", que refleja, entre otras cosas, el interés del pintor por la representación de las figuras geométricas que él apreciaba en la realidad.

Entre 1890 y 1895, Cézanne pintó una serie llamada "Los jugadores de cartas", que refleja, entre otras cosas, el interés del pintor por la representación de las figuras geométricas que él apreciaba en la realidad.

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Un pintor incansable

En 1886, su amigo de la infancia, el escritor Émile Zola, publicó la obra L’Opera, una novela inspirada en la relación del autor con los impresionistas. Cézanne creyó verse retratado en uno de los personajes, el "genio abortado", algo que lo ofendió profundamente y provocó el fin de su larga amistad. La evolución de su arte acabó llevando a Cézanne, a lo largo de las décadas, casi a la abstracción. En 1895, consiguió montar su primera exposición individual gracias a la ayuda del marchante de arte Ambroise Vollard. Fue un rotundo fracaso. Aun así, con el tiempo el arte de Cézanne creció en profundidad, en color y en composición. Entre 1890 y 1905, el artista francés produjo obras maestras, una tras otra: diez variaciones del Mont Sainte-Victoire, tres versiones del Chico con un chaleco rojo, innumerables imágenes de naturalezas muertas y la serie Bañistas, en la que intentó volver a la tradición clásica del desnudo y explorar su efecto escultórico en relación con el paisaje.

Con la serie de cuadros "Bañistas", Cézanne se convirtió en uno de los artistas más influyentes para los jóvenes pintores cuyo revolucionario arte florecería poco después, en las primeras décadas del siglo XX.

Con la serie de cuadros "Bañistas", Cézanne se convirtió en uno de los artistas más influyentes para los jóvenes pintores cuyo revolucionario arte florecería poco después, en las primeras décadas del siglo XX.

Foto: CC

Rompió su amistad con su amigo de la infancia, el escritor Émile Zola, cuando creyó verse reflejado en uno de los personajes de la novela L’Opera, el genio abortado.

Obsesionado con su trabajo, Cézanne quería pintar el campo, captar todos sus colores y su belleza. Mientras pintaba perdía la noción del tiempo de tal forma que un día de otoño de 1906, en que se encontraba pintando frente al monte Santa Victoria, estalló una tormenta y, más tarde, dos hombres lo encontraron tirado en el suelo, inconsciente. Seguramente debía de llevar varias horas bajo la lluvia. Cuando despertó preguntó si ya había salido el sol para volver al campo a seguir pintando. Aquel día contrajo una pulmonía que acabó con su vida el 22 de octubre de 1906.

Con su obra, Cézanne ofreció una nueva forma de entender el mundo a través del arte. Según sus propias palabras: "Para un impresionista pintar desde la naturaleza no debe ser pintar el tema, sino realizar sensaciones". Bajo su influencia, Picasso pronto llevaría a la pintura hacia una dirección completamente nueva y sin precedentes. De hecho, fue Cézanne quien enseñó a una nueva generación de artistas a liberar la forma del color en su arte, creando, de esta manera, una nueva realidad pictórica cargada de subjetividad.