Mitología griega

Cerbero, el perro monstruoso que vigilaba las puertas del inframundo griego

Para los antiguos griegos, tras la muerte, el alma pasaba la eternidad en el oscuro reino gobernado por Hades, el terrible dios infernal. Para llegar hasta aquel espantoso mundo, el espíritu del difunto debía pagar al barquero Caronte para que lo transportase en su barca hasta las puertas del reino de Hades, que estaban custodiadas por un monstruo cuya visión causaba auténtico pavor: Cerbero, el fiero perro con tres cabezas.

Psique llega a las puertas del Hades, custodiadas por el can Cerbero. Ilustración de Edmund Dulac. 1915.

Psique llega a las puertas del Hades, custodiadas por el can Cerbero. Ilustración de Edmund Dulac. 1915.

Psique llega a las puertas del Hades, custodiadas por el can Cerbero. Ilustración de Edmund Dulac. 1915.

Foto: PD

La joven Psique permanecía en pie a orillas del Estigia, uno de los ríos infernales que separaba el mundo de los vivos del reino de los muertos, gobernado por el dios Hades, hermano de Zeus, y por su esposa, la bella e imperturbable Perséfone. Psique debía superar una prueba que le había impuesto la diosa Afrodita y así tal vez podría recuperar el amor de Eros, hijo de la vengativa diosa. Perdida en sus pensamientos, Psique observó la llegada de la barca para cruzar al otro lado, gobernada por Caronte, el temible barquero de ultratumba. La joven pagó un óbolo, como era preceptivo, y Caronte la condujo hasta las puertas del inframundo.

Tras desembarcar, Psique se encontró cara a cara con el guardián, un perro monstruoso con tres cabezas y cola de serpiente, encadenado a la puerta, llamado Cerbero. La misión principal de este ser fantástico era impedir que los vivos entraran en el reino de Hades y que los muertos pudieran salir. En cuanto vio a la joven, el monstruo se volvió loco y empezó a ladrar ferozmente, con una potencia que retumbaba en todo el inframundo. La asustada Psique hizo algo que le habían recomendado: ofreció a Cerbero un pastel de cebada con miel para lograr aplacarlo. Como así fue. El perro tricéfalo devoró ávidamente el manjar y dejó pasar a la joven sin más inconvenientes. 

Heracles amansa al terrorífico Cerbero, en esta imagen representado con dos cabezas. Cerámica ática de figuras rojas. Siglo VI a.C. Museo del Louvre, París.

Heracles amansa al terrorífico Cerbero, en esta imagen representado con dos cabezas. Cerámica ática de figuras rojas. Siglo VI a.C. Museo del Louvre, París.

Heracles amansa al terrorífico Cerbero, en esta imagen representado con dos cabezas. Cerámica ática de figuras rojas. Siglo VI a.C. Museo del Louvre, París.

Foto: PD

heracles domina a cerbero

Pero ¿quién era y de dónde había salido aquel terrorífico can, que finalmente no parecía tan difícil de contentar? El espantoso Cerbero era hijo de Equidna, una ninfa con torso de mujer y cuerpo de serpiente, y de Tifón, un terrible monstruo alado con serpientes en sus muslos. Como hemos visto, Cerbero tenía tres cabezas, llamadas Veltesta (cabeza izquierda), Tretesta (cabeza central) y Drittesta (cabeza derecha). Pero había quien creía que tenía más. Según el poeta Píndaro tenía nada más y nada menos que 100 cabezas, y Hesíodo afirmaba que en realidad tenía ¡150 cabezas! Además, sus ojos resplandecían con un rojo intenso que despertaba un miedo insondable en cualquiera que se atreviese a sostenerle la mirada. A ello se añadía su mordedura, que era letal puesto que sus colmillos destilaban un potente veneno.

Como podemos comprobar, el perro que vigilaba las puertas del inframundo causaba auténtico pánico y cumplía perfectamente su cometido. Aunque no siempre su trabajo era tan fácil y plácido como pueda parecer. De hecho, hubo algunos personajes, como la joven Psique, y también curtidos héroes, que se enfrentaron a su poderío. Tal vez uno de los ejemplos más conocidos sea el del héroe griego Heracles. Para cumplir su doceavo y último trabajo, el rey Euristeo le encargó capturar a Cerbero y traerlo con vida a la corte de Argos. Una tarea prácticamente imposible. Sin embargo, ni corto ni perezoso el héroe, tras iniciarse en los misterios de Eleusis, se dirigió al reino de Hades para cumplir su misión. 

El perro que vigilaba las puertas del inframundo causaba auténtico pánico y cumplía perfectamente su cometido.

Heracles lucha contra Cerbero. Óleo por Pedro Pablo Rubens. 1636. Museo del Prado, Madrid.

Heracles lucha contra Cerbero. Óleo por Pedro Pablo Rubens. 1636. Museo del Prado, Madrid.

Heracles lucha contra Cerbero. Óleo por Pedro Pablo Rubens. 1636. Museo del Prado, Madrid.

Foto: PD

En realidad, existen diversas versiones sobre cómo Heracles logró culminar con éxito su peligrosa misión. Para llevarla a cabo, el héroe contó con la ayuda de dos guías de excepción: la diosa Atenea y Hermes, el dios psicopompo que guía las almas al inframundo. En una de estas versiones se dice que para llevarse al mundo de los vivos al temible can, el héroe pidió permiso al mismísimo Hades, y que, sorprendentemente, este accedió, pero con la condición de que no hiciera daño al animal y lo devolviera sano y salvo después. Incluso otra cuenta que el héroe convenció al propio Cerbero de que le acompañase con muy buenas maneras, y que el monstruo decidió obedecer con docilidad.

Aunque existen algunas versiones que afirman que para capturar a Cerbero Heracles tuvo que hacer uso de la violencia. El héroe incluso disparó una flecha al dios infernal y luego, haciendo uso de su descomunal fuerza, se llevó al animal a rastras hasta la corte de Euristeo, que, aterrado, le pidió que se llevase a aquel monstruo de su presencia.

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amansar a cerbero

Pero no fue Heracles el único capaz de vencer a Cerbero. Orfeo, famoso por la belleza de su música, amansó al "sabueso de Hades" tañendo su lira. Así pudo penetrar en el inframundo y suplicar a los dioses infernales que le dejasen llevarse a su amada Eurídice (aunque la historia no tuvo un final feliz). Asimismo, en otra ocasión el dios Hermes logró dormirlo usando el agua del Lete, el río del olvido, otro de los ríos infernales.

También los romanos tuvieron presente al can Cerbero. En la Eneida, la obra épica escrita por el poeta Virgilio, Eneas viajó al reino de Hades para hablar con el alma de su padre Anquises. Para lograrlo, el héroe adormeció al fiero guardián con su manjar favorito: tortas de cebada y miel con un ingrediente secreto: la adormidera.

En una ocasión, el dios Hermes logró dormir a Cerbero usando el agua del Lete, el río del olvido.

Grabado de Gustave Doré que muestra a Virgilio arrojando barro a las fauces de Cerbero.

Grabado de Gustave Doré que muestra a Virgilio arrojando barro a las fauces de Cerbero.

Grabado de Gustave Doré que muestra a Virgilio arrojando barro a las fauces de Cerbero.

Foto: pD

La fama de Cerbero ha traspasado los siglos, y Dante Alighieri, el gran poeta florentino del siglo XIII, lo menciona en su Divina Comedia, concretamente en el Canto VI del Infierno (en el tercer círculo, donde penan los glotones), y lo define como una "fiera cruel y aviesa". En ese terrible lugar, según el poeta, "Cerbero ladra con tres gargantas. Ni un momento cesan lluvia y aullidos en tormento continuo. Hiede la tierra, vertedero, lodazal, agua sucia, sumidero de dolor, soledad y desaliento". A continuación, Dante muestra la manera de aquietar a tan terrible monstruo: "Mi guía [el poeta Virgilio] tomó tierra y a puñados, se la arrojó a sus fauces. Cual se aquieta el perro ante el festín y solo atiende al mísero quehacer de sus bocados, así la fiera se quedó sujeta a su ansia, lodo que hacia el lodo tiende".

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¿dónde están las puertas del Inframundo?

Antes, como ahora, el ser humano ha temido a la muerte y a los posibles horrores que puedan esperarle en el más allá. Por ello, quienes tenían la valentía de descender al inframundo eran considerados héroes. Bajar al reino de Hades no era fácil. Debían localizarse las puertas que allí conducían y tener el arrojo suficiente para atravesarlas. Así que ¿dónde estaban las famosas puertas del inframundo?

Tanto griegos como romanos situaron la entrada al inframundo en diversos lugares. Uno de los más destacados se situaba en Cumas, en los Campos Flégreos, al sur de Italia. Se trata del lago Averno, que tiene tres kilómetros de circunferencia y ocupa el cráter de un volcán extinto. Otro de los lugares donde se creía que podía abrirse una de estas puertas era la ciudad de Hierápolis, la actual Pamukkale, en Turquía. Una cueva de esta ciudad de Asia Menor recibió el nombre de Plutonio (por Plutón, el nombre romano del dios infernal), un lugar que el geógrafo griego Estrabón definió como la "puerta de acceso al inframundo".

Según Estrabón, una cueva en Hierápolis, llamada Plutonio, era la puerta de acceso al Inframundo.

Panorámica del lago Averno, en Cumas.

Panorámica del lago Averno, en Cumas.

Panorámica del lago Averno, en Cumas.

Foto: iStock

Los arqueólogos han buscado desde hace décadas el Plutonio de Hierápolis. Fue en 2012 cuando un equipo de arqueólogos italianos dirigidos por Francesco d'Adria descubrió una gruta en cuyas inmediaciones yacían cientos de aves que habían muerto a causa de los gases tóxicos que emanaban del lugar. Un año después, el mismo equipo descubrió allí una una estatua de Cerbero de 1,5 metros de altura. La presencia de esta escultura confirma que por lo menos los antiguos habitantes de Hierápolis estaban convencidos de que a través de aquella cavidad podía viajarse al reino de Hades, custodiado por aquel pavoroso perro con tres cabezas.