Más que una leyenda

Un cementerio de niños perdido en el bosque polaco

Muchos de los esqueletos encontrados tenían una moneda en la boca, un rito relacionado con el óbolo de Caronte, el pago que según la tradición griega y romana debía realizarse al barquero que transportaba las almas del mundo de los vivos al de los muertos.

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Crédito: Arkadia Firma Archeologiczna Facebook

Los responsables de planificar las obras de la carretera S19 a su paso por Jeżowe no parecieron tener en cuenta la leyenda, bien conocida por los habitantes de la zona, de la existencia de un cementerio de niños perdido en los bosques que rodean esta localidad al sur de Polonia. Pues bien, parece que su existencia era algo más que una creencia popular y ahora los movimientos de tierra de esta vía pueden haber rescatado esta necrópolis, que se dejó de utilizar hace más de dos siglos y que había permanecido oculta hasta ahora.

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Los arqueólogos de Arkadia Firma Archeologiczna han localizado hasta ahora más de un centenar de esqueletos de los que casi el 80 por ciento pertenecen a niños. Los cuerpos, dispuestos de este a oeste, estaban enterrados en sepulturas individuales (excepto una tumba que contenía cuatro esqueletos, posiblemente hermanos, con los pies juntos). Ninguna tumba se superpone a otra, lo que refuerza la idea los entierros no se realizaron de forma espontánea.

Los arqueólogos han localizado hasta ahora más de un centenar de esqueletos de los que casi el 80 por ciento pertenecen a niños.

"La disposición de los esqueletos y su estado de conservación son la evidencia de que el lugar formaba parte de un cementerio asociado a una parroquia católica", ha declarado la arqueóloga Katarzyna Oleszek al medio polaco First News.

El óbolo de Caronte

Muchos de los menores habían sido enterrados con una moneda en la boca, lo que se interpreta como parte del rito del óbolo de Caronte, que tiene sus raíces en la tradición funeraria de Grecia y Roma. Según esta creencia, las almas de los difuntos debían llevar un pago para Caronte, el barquero que las transportaba al otro lado del río Aqueronte, que separaba el mundo de los vivos del Más Allá.

Un cráneo con una moneda depositada dentro de la boca.

Un cráneo con una moneda depositada dentro de la boca.

Crédito: Arkadia Firma Archeologiczna Facebook

Sin embargo, los óbolos encontrados en Jeżowe no son, ni mucho menos, tan antiguos. Las propias monedas han permitido conocer que los enterramientos se realizaron entre los siglos XVI y XVII. Muchas de ellas fueron acuñadas durante el reinado de Segismundo III de Polonia (1587-1632) y otras datan del reinado de Juan II Casimiro (1648-1668). Y es que si bien el ritual tiene su origen en la tradición clásica, siguió practicándose a lo largo de los siglos, e incluso el papa Pío IX fue enterrado con un óbolo en 1878.

La costumbre de incluir el óbolo de Caronte se mantuvo durante siglos e incluso en papa Pío IX fue sepultado con una moneda en 1878.

Aparte de las monedas, no se encontraron otros artículos en las tumbas. No había botones, clavos ni mangos de ataúd, lo que según Oleszek sugiere que la comunidad a la que pertenecían era muy pobre.

La parroquia perdida

Los documentos del siglo XVII confirman la creencia popular y verifican que la región conocida como las Montañas de la Iglesia una vez albergó una gran iglesia parroquial con un jardín, una rectoría, una escuela y un cementerio. Los arqueólogos creen que el yacimiento ahora descubierto podría haber formado parte de un un cementerio mayor. Todavía falta por encontrar la zona que alberga las sepulturas de los miembros adultos de la comunidad.

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