La batalla por la verdad

El caso Dreyfus: el complot antisemita que dividió Francia

El capitán judío fue acusado falsamente de alta traición. El caso hizo aflorar el antisemitismo de la III República y dividió profundamente al país durante décadas.

La degradación del traidor

El 5 de enero de 1895, Alfred Dreyfus fue degradado en una humillante ceremonia pública en la que fue desprovisto de todas sus insignias militares y se rompió su sable de oficial. Acusado de espiar para Alemania, el alto mando francés no dudó en manipular las pruebas para que fuera condenado.

FOTO: Leemage / Prisma Archivo

El caso Dreyfus fue el proceso de acusación y condena con pruebas falsificadas del capitán del ejército francés Alfred Dreyfus por espiar para Alemania. Una vez se fueron conociendo los entresijos de la conspiración, que implicaba a altos mandos del ejército y el contraespionaje franceses, la justicia militar se negó a rectificar y a declarar la inocencia del acusado. La sociedad y la política se polarizaron en un debate entre defensores y acusadores del capitán con tintes antisemitas y antialemanes, que equiparaban la exoneración de Dreyfus a una humillación para Francia.

Alfred Dreyfus fotografiado en 1894. Foto: Bridgeman / Aci

Alfred Dreyfus fotografiado en 1894. Foto: Bridgeman / Aci

La pesadilla de este capitán de artillería comenzó el 15 de octubre de 1894, cuando acudió con normalidad a la reunión a la que fue convocado en el Ministerio de la Guerra de Francia. El general Du Paty de Clam, con la mano derecha vendada, le pidió que redactara una nota y, tras leerla, acusó a Dreyfus de traicionar a Francia y lo arrestó. Atónito, el capitán negó rotundamente su culpabilidad y rechazó el revólver con una sola bala que Du Paty pretendía entregarle para empujarlo al suicidio.

Una débil prueba de cargo

Alfred Dreyfus no sabía que la única prueba en su contra era la vaga similitud de su letra con la de un bordereau –una breve anotación en una hoja– anónimo recuperado de una papelera de la embajada de Alemania en París. El autor del documento se ofrecía a enviar informes sobre la artillería francesa a la embajada germana, lo que confirmó al servicio de contraespionaje francés sus viejas sospechas de la existencia de un traidor dentro de su ejército.

El bordereau. La prueba de cargo contra Dreyfus. Foto: Bnf / RMN-Grand Palais

El bordereau. La prueba de cargo contra Dreyfus. Foto: Bnf / RMN-Grand Palais

Dreyfus encajaba como un guante en el perfil que se elaboró: un oficial de artillería de origen alsaciano, provincia francesa de habla alemana, que los dos países se disputaban durante siglos. El origen judío del capitán fue también un factor determinante, puesto que el antisemitismo estaba muy arraigado en el país.

Juicio y degradación

Dreyfus permaneció encerrado e incomunicado mientras se registraba su casa. El interrogatorio lo llevó a cabo personalmente Du Paty pero el capitán, seguro de su inocencia, se negó a confesar. A pesar del secretismo, la noticia se filtró al diario antisemita La Libre Parole, que hizo especial hincapié en el origen judío de Dreyfus. Durante el juicio, que comenzó el 22 de diciembre, el alto mando militar apuntaló la débil prueba del bordereau presentando documentos manipulados o directamente falsificados y falsos testimonios que aseguraran el caso de quien habían elegido como culpable. El resultado fue una condena unánime del tribunal por alta traición.

Su condición de judío hizo que Dreyfus fuera acusado sin pruebas de transmitir secretos militares al espionaje alemán

Alfred Dreyfus fue degradado en una ceremonia pública y humillante: tras arrebatarle sus insignias militares y quebrar su sable, fue conducido a la cárcel en medio de los insultos de miles de asistentes. Después partió a su destierro perpetuo en la isla del Diablo, un islote de la Guyana francesa. En ese momento todo el país estaba en su contra. Sólo la familia de Dreyfus mantenía la inocencia del condenado.

Pero un año más tarde, la Sección de Estadística interceptó un manuscrito del embajador alemán dirigido al comandante de infantería francés Ferdinand Esterházy. El jefe del contraespionaje francés, Georges Picquart, lo puso bajo vigilancia y descubrió que mantenía frecuentes contactos con la embajada alemana en París. Picquart pensó en un principio que había localizado a un segundo espía, pero cuando cotejó varias notas del comandante con el bordereau que había condenado a Dreyfus se dio cuenta de que el autor de todos los documentos era el mismo, Esterházy.

El coronel Georges Picquart. Foto: Photoshot / Aurimages

El coronel Georges Picquart. Foto: Photoshot / Aurimages

Picquart comenzó a hacer indagaciones sobre el caso contra Dreyfus, pero el ejército no podía permitir que la verdad saliera a la luz. Entonces salió a la luz una carta falsificada una carta del agregado militar italiano a la embajada francesa que incriminaba a Dreyfus y se destinó a Picquart a Túnez para detener la investigación.

Picquart, jefe de los servicios secretos, puso bajo vigilancia a Esterházy y descubrió que tenía frecuentes contactos con los alemanes

Pero antes de partir a su nuevo destino, Picquart comentó sus averiguaciones con un abogado que acudió al vicepresidente del Senado, Auguste Scheurer-Kestner. A su vez, el hermano de Alfred Dreyfus, Mathieu, halló nuevas pruebas de la culpabilidad de Esterházy. En diciembre de 1897, Scheurer-Kestner pidió la revisión del caso.

Las pruebas contra Esterházy eran cada vez más evidentes pero el Ejército continuó su huida hacia delante. Esterházy fue absuelto en el consejo de guerra contra él que se celebró al mes siguiente, Picquart fe arrestado por revelación de secretos y Scheurer-Kestner perdió las elecciones para renovar su vicepresidencia. La situación no era, por tanto, favorable a los apoyos de Dreyfus.

Ferdinand Esterhazy en un momento del juicio en el que fue absuelto. Foto: Dagli Orti / Aurimages

Ferdinand Esterhazy en un momento del juicio en el que fue absuelto. Foto: Dagli Orti / Aurimages

Zola acusa

Pero entonces tuvo lugar un hecho que cambió el rumbo de los acontecimientos. El 13 de enero de 1898 apareció en la primera página del periódico L’Aurore el célebre artículo "Yo acuso". Estaba firmado por el escritor Émile Zola, entonces en la cumbre de su carrera, y en el que, en forma de una carta abierta al presidente de la República exponía todas las irregularidades del caso. Francia se dividió entre dreyfusards, convencidos de la necesidad de reabrir el caso, y antidreyfusards, determinados a defender la honorabilidad del Ejército por encima de los derechos individuales.

Yo Acuso, la primera página de L'Aurore con el artículo de Zola. Foto: Agence Bulloz / RMN-Grand Palais

Yo Acuso, la primera página de L'Aurore con el artículo de Zola. Foto: Agence Bulloz / RMN-Grand Palais

En los meses siguientes se produjeron decenas de disturbios antisemitas, Zola fue condenado a un año de cárcel por difamación, pena que evitó huyendo a Gran Bretaña, y Picquart fue expulsado del ejército.

Las mentiras y falsificaciones acumuladas sobre el caso Dreyfus eran insostenibles. El ministro de la Guerra, Cavaignac, un convencido de su culpabilidad, descubrió que la carta al agregado italiano era una falsificación y se llegó a la conclusión que tanto ésta como otros documentos falsificados eran obra de un alto mando del contraespionaje francés, Hubert-Joseph Henry, que fue detenido y se suicidó al cabo de una semana. Un intento de golpe de Estado por parte del derechista Paul Deroulède y una agresión al nuevo presidente de la República, Émile Loubet, convencieron al gobierno de la necesidad de acabar con el caso para cerrar la brecha que éste había generado. En junio de 1899, el Tribunal de Casación anuló el veredicto de 1894 y decidió que Dreyfus compareciese ante un nuevo consejo de guerra.

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El nuevo juicio tuvo lugar entre agosto y septiembre de 1899 y tan sólo sirvió para cerrar en falso el caso: el veredicto, que no fue unánime, mantenía la condena a Dreyfus pero rebajaba la pena a diez años, de los cuales ya había cumplido cinco. El gobierno ofreció el indulto al oficial alsaciano a cambio de no presentar apelación al veredicto. A pesar de que aceptar el indulto suponía aceptar su culpabilidad, Alfred decidió acogerse a la gracia gubernamental para acabar con su pesadilla. Poco después, el ejecutivo promulgó una amnistía que incluía todos los delitos relacionados con el caso.

Alfred Dreyfus (de pie a la derecha) en el juicio e revisión de su caso. Foto: Roger Violet / Aurimages

Alfred Dreyfus (de pie a la derecha) en el juicio e revisión de su caso. Foto: Roger Violet / Aurimages

Este desenlace no disminuyó la división entre los dreyfusards y los antydreyfusards, aunque los primeros pudieron celebrar, en 1906, la exoneración del capitán en una revisión del juicio que declaró culpable de traición a Esterházy, huido a Gran Bretaña. Como había pronosticado Zola en uno de sus primeros artículos a favor de Dreyfus, la verdad en marcha no podía ser detenida.

Para su desgracia, el autor de Germinal no pudo ver el desenlace, ya que había muerto de una intoxicación de monóxido de carbono mientras dormía en su casa de París en 1902. Oficialmente fue un accidente, pero todavía hoy hay quien quiere ver la mano de un antidreyfusard detrás de la mala combustión de su chimenea.

Los Dreyfusards tuvieron que esperar hasta 1906 para celebrar la absolución del capitán

El triste epílogo del caso tuvo lugar durante el traslado de las cenizas de Zola al Panteón de París en 1908, al que acudió en un lugar destacado Alfred Dreyfus. En el curso de la ceremonia, el periodista antisemita Louis-Anthelme Grégori trató de asesinar a Dreyfus de un disparo, evidenciando que un sector de la población seguía albergando profundos sentimientos de odio hacia él y nunca creyó en su inocencia.

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