Uno de los grandes divulgadores científicos

Carl Sagan, el astrónomo que nos hizo amar el universo

Astrónomo, gran comunicador científico y escritor polifacético, Carl Sagan se hizo famoso mundialmente gracias a la serie de televisión "Cosmos", con la que mostró los misterios del universo a una audiencia a la que hasta entonces les eran totalmente desconocidos.

Carl Sagan en una foto tomada en 1980

Foto: CordonPress

"Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. Ahí ha vivido todo aquel de quien hayas oído hablar alguna vez, todos los seres humanos que han existido". Éste es el párrafo inicial del libro Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio, obra del astrónomo estadounidense Carl Sagan, que se hizo famoso gracias a la serie divulgativa Cosmos, un hombre considerado por muchos una fuente de inspiración. Sagan murió el 20 de diciembre de 1996 tras haber dado los primeros pasos en el estudio del calentamiento global.

Cosmos, el origen del mito de Carl Sagan

La influencia que tuvo Carl Sagan en nuestra cultura quedó reflejada en una anécdota que se ha hecho famosa. A la llegada de Carl Sagan a la estación de trenes de Washington, un mozo le ayudó con las maletas y cuando el astrónomo se disponía a darle una propina, el mozo la rechazó con estas palabras: "Guarde su dinero, señor Sagan. Usted ya me ha dado el universo". Este acontecimiento es un ejemplo perfecto de la capacidad de Sagan para activar los resortes de la imaginación y compartir con todo el mundo la magnitud y la complejidad del universo. Su entusiasmo, al que él llamó "sentido de lo maravilloso", resultó contagioso, y más aún cuando el público lo pudo experimentar junto a él en la ya mítica serie de televisión Cosmos. En ella, Carl Sagan se convertía en un mago que abría el baúl de los grandes secretos y ante los maravillados ojos de la audiencia desvelaba unos prodigios que parecían imposibles. Pero estos prodigios no pertenecían ni al ámbito de lo novelesco ni al de la ciencia ficción, sino que existían de verdad.

Carl Sagan nació el 9 de noviembre de 1934 en Nueva York. Cuando aún era muy pequeño, sus padres, atendiendo a sus crecientes necesidades intelectuales, lo apuntaron a una biblioteca pública: fue un momento que cambiaría su vida para siempre. "Le pedí al bibliotecario algún libro sobre las estrellas. Y la respuesta a mis preguntas era impresionante. Resultó que el Sol era una estrella que estaba muy cerca de nosotros. Que las estrellas eran soles, aunque estaban tan lejos que las veíamos como meros puntitos de luz. De repente, la verdadera escala del universo se reveló ante mí. Fue una especie de experiencia religiosa. Había una magnificencia en ello, una grandeza, una sensación de magnitud que nunca después me ha abandonado. Nunca me ha abandonado".

De pequeño, los padres de Sagan, viendo las necesidades intelectuales de su hijo, lo apuntaron a una biblioteca pública. Allí obtuvo sus primeras respuestas sobre el universo.

Els cosmos hecho poesía

Esta es la idea central del mensaje de Sagan: el ser humano es una especie que vive sobre la superficie de un planeta cualquiera y es insignificante en términos cósmicos. Bajo estos términos, la humanidad es apenas un soplo fugaz del que no quedará ni rastro cuando se extinga, y ahí afuera, si es que hay alguien, a nadie le va a importar. La inmensidad del cosmos es inabarcable, nos hace humildes y nos empequeñece, pero cuando Sagan describe ese panorama, aparentemente desolador, brilla en él una intensa luz cargada de poesía que cautiva a quienes le escuchan. "El ser humano, decía el astrónomo, no es importante para el universo. Pero sí es inmensamente afortunado porque puede contemplar la inmensa grandeza de ese universo y maravillarse a causa de ella. Cuando miras las estrellas, lo importante no eres tú: son ellas. Y siéntete feliz de poder mirarlas".

La inmensidad del cosmos es inabarcable, nos hace humildes y nos empequeñece, pero cuando Sagan describe ese panorama, aparentemente desolador, brilla en él una intensa luz cargada de poesía que cautiva a quienes le escuchan​.

En 1978, Sagan logró el Premio Pulitzer por su obra Los dragones del Edén, en la que especulaba, tomándose bastantes libertades –algunos de sus detractores afirmaron que no ofrecía una imagen equilibrada de los hallazgos neurocientíficos–, sobre el origen de la inteligencia humana. El libro certificó y elevó su estatus de intelectual divulgador, siendo este el último paso que daría antes del salto a la fama que supondría la serie Cosmos.

Carl Sagan es considerado uno de los mejores divulgadores científicos de la historia.

Carl Sagan es considerado uno de los mejores divulgadores científicos de la historia.

Foto: CordonPress

Un mensaje al espacio y la búsqueda de vida extraterrestre

En la década de 1950, Sagan trabajó como asesor de la NASA, donde uno de sus cometidos fue instruir a los tripulantes del Programa Apolo antes de partir hacia la Luna. También participó en la preparación de experimentos en muchas de las misiones que enviaron naves robóticas a explorar el sistema solar. Concibió la idea de añadir un mensaje universal y perdurable a las naves destinadas a abandonar el sistema solar, un mensaje que pudiera ser comprensible para cualquier inteligencia extraterrestre que lo encontrara. Sagan fue el autor del primer mensaje físico enviado al espacio exterior: una placa anodizada, unida a la sonda espacial Pioneer 10, lanzada en 1972. Sagan siguió perfeccionando sus diseños y ayudó a desarrollar y preparar un disco de oro que sería lanzado con las ya míticas sondas Voyager en 1977.

Sagan creía en la existencia de vida extraterrestre, incluso en la existencia de civilizaciones alienígenas, mucho antes de que fuesen descubiertos los primeros planetas más allá del sistema solar (hoy conocidos como planteas extrasolares). Para él era una cuestión de pura lógica: si la raza humana era producto de procesos naturales, y siendo el universo tan grande, por la lógica de las matemáticas, debían de existir otras civilizaciones avanzadas en planetas con unas condiciones igual de favorables que en el nuestro para el desarrollo de la vida compleja. Sagan ayudó a impulsar el programa SETI, del acrónimo inglés Search for Extra Terrestrial Intelligence (búsqueda de inteligencia extraterrestre), y esperaba que tarde o temprano pudiera hallarse algún tipo de señal que fuera indicativa de la existencia de civilizaciones alienígenas. Sagan incluso llegó a afirmar que le fastidiaba la idea de morirse sin haber vivido ese momento en el que escuchásemos por primera vez el sonido de una voz procedente del espacio exterior.

La creencia que tenía Sagan en la existencia de vida inteligente en el Universo le llevó a afirmar que le fastidiaría mucho morir sin haber podido escuchar la primera emisión de un mensaje procedente del espacio exterior.

¿Somos la única especie inteligente en el Universo?

A pesar de que la posible existencia de vida extraterrestre es una creencia bastante extendida entre muchos científicos, a día de hoy no se ha recibido ninguna señal que lo corrobore. Tal como dijo una vez el físico italiano Enrico Fermi: "¿Dónde están?". A pesar de que existe una corriente científica que se hace la siguiente pregunta: "¿Si es verdad que el universo produce civilizaciones con relativa frecuencia, cómo es que aun no las hemos detectado?", Sagan defendió hasta el final la teoría de que no tiene sentido pensar que la nuestra es la única especie inteligente en nuestra propia galaxia, y mucho menos en el universo.

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Sagan escribió a menudo sobre religión y sobre la relación entre ésta y la ciencia. Sus palabras destilan su escepticismo en la visión tradicional que las religiones tienen de un dios creador: "La idea de que Dios es un hombre blanco de grandes dimensiones y de larga barba blanca, sentado en el cielo y que lleva la cuenta de la muerte de cada gorrión es ridícula. Pero si por Dios uno entiende el conjunto de leyes físicas que gobiernan el universo, entonces está claro que dicho Dios existe. Este Dios es emocionalmente insatisfactorio... no tiene mucho sentido rezarle a la ley de la gravedad".

Sagan defendió hasta el final la teoría de que no tiene sentido pensar que la nuestra es la única especie inteligente en nuestra propia galaxia, y mucho menos en el universo.

Los primeros pasos sobre el calentamiento global

En sus estudios sobre nuestro sistema solar, Sagan descartó la idea de que el planeta Venus fuera un planeta húmedo cubierto eternamente de nubes de vapor de agua que lo protegían de la radiación solar. Planteó que el planeta estaba sufriendo un caso extremo de efecto invernadero que impedía que el calor saliera de planeta y, en consecuencia, éste se hubiera convertido en un infierno. Poco tiempo después, una sonda fue enviada a nuesto planeta gemelo y la teoría de Sagan se vio confirmada. El ejemplo de Venus, según Sagan, es el de un proceso atmosférico que ha llegado a un momento crítico y que cuando alcanza un punto sin retorno, irreversible, se retroalimenta y convierte al planeta en un auténtico infierno.

Preocupado por el calentamiento global, Sagan consideraba que los gobiernos y la sociedad no se lo estaban tomando en serio. Sagan nos recordó que el efecto invernadero no es algo que se corrija por sí mismo, ya que si fuera así, a estas horas Venus sería el vergel húmedo que habíamos imaginado en el pasado y no el infierno que sabemos que es. Sagan veía las cosas a escala planetaria, e intentó que los poderes públicos lo vieran de la misma manera. Sagan afirmaba que los procesos atmosféricos de un planeta no entienden de intereses económicos ni políticos, funcionan por sí mismos, y la actividad humana puede contribuir a empeorar sus efectos. La sola posibilidad de que así fuese le pareció un motivo más que suficiente para prestar toda su atención al asunto.

Sagan fue un defensor de la existencia del calentamiento global y dio los primeros pasos para que los gobiernos del mundo se involucraran en un problema que hoy en día nos sigue preocupando mucho.

Un científico para la eternidad

Carl Sagan fue mundialmente reconocido por su faceta de sólido divulgador científico con un punto filosófico. Escribió más de veinte libros y publicó cientos de artículos. A pesar de todo ello, Sagan nunca recibió el Premio Nobel. El 20 de diciembre de 1996, y como consecuencia de una extraña forma de cáncer (síndrome mielodisplásico), por el que tuvo que someterse a tres trasplantes de médula ósea, Carl Sagan murió a los 62 años a causa de una neumonía. Para las generaciones futuras quedará la visión que este gran pensador nos dejó del universo: "El cosmos es todo lo que es, todo lo que fue y todo lo que será. Nuestras más ligeras contemplaciones del cosmos nos hacen estremecer: sentimos como un cosquilleo nos llena los nervios, una voz muda, una ligera sensación como de un recuerdo lejano o como si cayéramos desde gran altura. Sabemos que nos aproximamos al más grande de los misterios".

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