Reservadas a soldados y funcionarios

Caminos incas: las arterias de los Andes

Estas rutas conectaban entre sí las ciudades y los templos del imperio, asegurando la llegada de tributos y el movimiento de las tropas.

Camino Inca, Machu Picchu - panoramio

Camino Inca, Machu Picchu - panoramio

Aunque la mayor parte de las carreteras incas han desaparecido o se han sustituido por moderna infraestructura de asfalto, algunas todavía sobreviven como el Camino Inca que llega hasta el Machu Picchu

Foto: Wikimedia Commons

El Imperio inca estaba vertebrado por 40.000 kilómetros de carreteras y vías. Las principales eran la vía real, que desde Quito descendía hacia el sur hasta llegar a Argentina y Chile, y la vía de la costa, desde Tumbes hasta Talca; ambas confluían en Cuzco. Esta red fue ampliada por Pachacuti, aunque muchos de los caminos ya existían antes. Cada 20 kilómetros había construcciones llamadas tambos que servían para que descansaran los viajantes –funcionarios, mensajeros o soldados, ya que no estaba permitida la libre circulación–, y para almacenar grano, armas y otros bienes. Algunas eran sencillas, pero otras constituían verdaderos complejos militares que daban cobijo a las tropas durante sus continuas campañas militares. Del mantenimiento de los tambos, como de los caminos, se encargaban los hatunruna.

Escaleras de piedra como esta permitían a los incas cruzar los valles y pasos montañosos de los Andes.

Foto: Wikimedia Commons

Los caminos se adaptaban al terreno. Los de la sierra salvaban acantilados con escaleras excavadas en la roca o túneles que horadaban la montaña. En cambio, los que discurrían por la costa estaban protegidos de la erosión de la arena con tapiales, y los transeúntes gozaban de sombra con los árboles que se plantaban a ambos lados y bebían agua de los caños que salpicaban el camino.

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