Supervivientes natos

Camellos, 3.000 años de participación en guerras

A lo largo de los siglos el camello ha sido utilizado como animal de guerra. Este animal ofrecía algunas ventajas importantes respecto al caballo y complementaba la caballería tradicional.

Dromedario

Foto: iStock/Ondrej Prosicky

Durante el primer siglo desde la fundación del Islam, los árabes protagonizaron una expansión territorial increíblemente rápida. Junto a unas tácticas distintas a las que los grandes imperios de su tiempo estaban acostumbrados, contaban con un arma particular: el dromedario o camello arábigo (Camelus dromedarius), un animal especialmente apto para la guerra en territorios desérticos y semiáridos, y que ha sido empleado en batalla durante casi tres mil años.

Velocidad contra resistencia

Como animales de guerra, el caballo y el camello cuentan con ventajas biológicas muy distintas. El caballo gana en velocidad por una diferencia media de más de 20 Km/h respecto al dromedario; también es más maniobrable, fácil de entrenar y menos asustadizo. Para ejecutar planes de batalla complejos y tácticas que requieran de una gran rapidez de acción, es un animal mucho más versátil. A pesar de que la mayor altura del dromedario aparentemente proporcione una cierta ventaja al jinete, se tambalea mucho más al moverse, haciendo muy difícil apuntar con un arma de tiro.

Un caballo es más veloz, maniobrable, fácil de entrenar y menos asustadizo que un camello. Pero este es más resistente y adaptable.

En contrapartida, el camello es mucho más resistente: puede aguantar sin problemas varios días sin comer ni beber, soporta cambios de temperatura de casi 100 ºC debido a los ecosistemas en los que vive, sus patas pueden adaptarse a terrenos muy diversos sin riesgo para su salud y su piel es más resistente a los efectos del clima. Además, cargando peso o un jinete aguanta mucho más tiempo que un caballo sin notar la fatiga.

Por último, el camello cuenta con una gran ventaja estratégica que resultaría decisiva a lo largo de la historia: es mucho más fácil de alimentar en entornos áridos, en los cuales mantener una caballería típica requiere un suministro continuo de forraje. Eso permitía a los ejércitos que lo empleaban disponer de más animales para la batalla, mientras que durante muchos siglos el caballo fue un lujo solo al alcance de una élite guerrera que podía permitirse su mantenimiento.

Dromedario con su cría

Dromedario con su cría

El dromedario o camello arábigo ha sido el más utilizado como animal de guerra. Está mejor adaptado al calor, aunque también soporta temperaturas muy por debajo de los 0 ºC en las glaciales noches del desierto.

Foto: iStock/Michael Wallis
Camello bactriano

Camello bactriano

El camello bactriano, con su grueso pelaje, está especialmente adaptado a los climas fríos de las estepas asiáticas. Fue empleado por los ejércitos mongoles y timúridas, principalmente como animal de tiro.

Foto: iStock/Oskanov

La caballería de camellos a lo largo de la historia

La historia de los camellos de batalla no empieza con el Islam: su uso en la guerra está documentado al menos desde el año 853 a.C., cuando un rey árabe los empleó para frenar el avance del imperio asirio. Varios reinos antiguos como Palmira, los nabateos o los sucesivos imperios persas los usaron también, y los romanos crearon unidades de caballería formadas por jinetes a camello -dromedarii- en las provincias orientales del imperio.

Su uso por parte de los árabes al principio de la expansión islámica coincidió con periodos de dificultad de sus primeros rivales y, especialmente, con una reducción generalizada en el uso de la caballería. Las sucesivas crisis del final del imperio persa sasánida y los problemas económicos de los bizantinos hacían difícil para ambos imperios mantener un ejército fuerte y especialmente unidades que resultaban tan costosas. Además, descubrieron que el fuerte olor de los dromedarios asustaba a los caballos, de manera que su mera presencia en el campo de batalla podía bastar para neutralizar la caballería tradicional.

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Tras la conquista de Persia en el 651 d.C., los caballos empezaron a tener un papel más importante en los ejércitos musulmanes, desplazando al dromedario al papel de animal de carga. Aun así, su resistencia a las largas travesías jugó decisivamente a favor de los conquistadores, permitiéndoles cubrir distancias mayores con más rapidez especialmente en entornos como el norte de África, donde resultaba difícil mantener las rutas de comunicación. La combinación de ambos animales era un combo vencedor: si el principal problema del caballo en campañas largas era la dificultad de su abastecimiento, esta podía solventarse cargando forraje y agua en abundancia; así, el ejército viajaba acompañado por largas caravanas de camellos.

A medida que la tecnología armamentística avanzaba, se entontraron nuevas maneras de utilizar el potencial de los camellos como animal de guerra. Con la aparición de la artillería, el camello arábigo y en menor medida el bactriano (Camelus bactrianus) se emplearon como animales de tiro para cañones y carga de munición. El imperio persa safávida dio un paso más al incorporar artillería ligera a la silla de montar, una evolución de los jinetes ballesteros egipcios de la Edad Media: esta unidad era conocida como zamburak y fue adoptada también por los otomanos.

Zamburak otomano. Grabado de 1820 ca.

Zamburak otomano. Grabado de 1820 ca.

Foto: Alexander Orlovsky
Unidad de jinetes otomanos en Beersheba (actualmente en territorio de Israel) durante la Primera Guerra Mundial

Unidad de jinetes otomanos en Beersheba (actualmente en territorio de Israel) durante la Primera Guerra Mundial

Foto: Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

Los ejércitos europeos, asimismo, se dieron cuenta de las ventajas del dromedario como animal de guerra. Napoleón creó un cuerpo de dromedarios para el ejército, pero principalmente como transporte tanto para los soldados como para los suministros: la dificultad para manejar a estos animales en batalla le disuadió de emplearlos como caballería o artillería móvil como hacían los otomanos, por lo que en el momento del combate los hombres desmontaban. Españoles, franceses e italianos emplearon también camellos en su colonización del norte de África.

Fueron los árabes, quienes lo habían usado por primera vez en batalla, los que protagonizarían también las últimas grandes proezas de la caballería de camellos. Durante la Primera Guerra Mundial, una fuerza árabe rebelde dirigida por Lawrence de Arabia atravesó el desierto a lomos de dromedarios y cayó por sorpresa sobre la guarnición otomana que defendía la estratégica ciudad de Áqaba, en la actual Jordania. La extraordinaria resistencia de estos animales fue determinante para realizar una travesía infernal por el desierto que ningún otro animal habría soportado.

Por suerte, hoy en día los camellos ya no han de sufrir experiencias como esa ni pisar el campo de batalla, aunque algunos países mantienen unidades destinadas a desfiles militares o patrullas en zonas desérticas.