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Vista del Cerro de El Trigal, con el río Aja al fondo, visto desde el Sur. Se puede observar el Edificio de los Patios en la cima, y las murallas defensivas en la ladera.

Foto: proyecto La Puntilla
Vista del Cerro de El Trigal, con el río Aja al fondo, visto desde el Sur. Se puede observar el Edificio de los Patios en la cima, y las murallas defensivas en la ladera.

Vista del Cerro de El Trigal, con el río Aja al fondo, visto desde el Sur. Foto: proyecto La Puntilla

Desenterrando el pasado: Episodio 2

Cahuachi, la gran ciudad milenaria del sur de Perú

El objetivo de los investigadores es entender cómo era la vida cotidiana de las poblaciones andinas que habitaban en la zona de Nasca ante el surgimiento de los primeros estados.

El objetivo de los investigadores es entender cómo era la vida cotidiana de las poblaciones andinas que habitaban en la zona de Nasca ante el surgimiento de los primeros estados.

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¿Cómo era la vida cotidiana de las poblaciones andinas cuando surgieron los primeros estados? Esta es la pregunta que buscan responder los investigadores e investigadoras del proyecto “La Puntilla” quienes están analizando las prácticas sociales y de producción en la Sierra de la Puntilla, en Perú.

Esta sierra se sitúa al sur del país, en una región que, históricamente, ha suscitado un gran interés entre la comunidad arqueológica internacional, ya que alberga enormes y destacados yacimientos. Además, es aquí donde se encuentran las famosas "líneas de Nasca" o "Líneas de Nazca", como se conocen habitualmente, de las que hablaremos más adelante. La Puntilla está a unos 60 kilómetros del mar Pacífico, entre los ríos Aja y el Tierras Blancas, los dos afluentes del Río Nasca. La zona montañosa, se ubica a pocos kilómetros de la ciudad que da nombre al río.

“Toda esta cuenca, la cuenca del río Nasca, junto con la cuenca del Rio Grande a la que va para el río Nasca, constituye una gran cuenca fluvial en donde la evidencia geográfica y ecológica corresponde a las condiciones típica medioambientales de los desiertos costeros andinos. Es decir, una zona en la que prácticamente no llueve, pero dónde hay agua porque estos ríos, al menos anualmente, proporcionan un caudal procedente de las lluvias que qué tienen lugar en la sierra, en los andes. De tal manera que estos ríos se convierten en oasis, en los cuales es posible el desarrollo de actividades agrícolas”.

Pedro Vicente Castro Martínez es doctor en arqueología prehistórica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Licenciado en arqueología por la Pontificia Universidad Católica de Perú, en Lima; y, profesor del departamento de prehistoria de la UAB. Él es el coordinador del equipo de “La Puntilla”, un proyecto que cuenta con la financiación de la Fundación Palarq, financiado por el Ministerio de Cultura de España a través del programa de "Proyectos Arqueológicos en el Exterior" desde 2005 y que está realizando fantásticos descubrimientos.

El marco cronológico que abarca el estudio va desde aproximadamente el año 1.400 Antes de Nuestra Era, hasta alrededor del año 400 Dentro de Nuestra Era. Durante este período, en la cosa Sur del Perú, se vivieron enormes cambios entre las distintas comunidades que afrontaron la aparición de lo que hoy denominaríamos "Estado".

El Estado, el poder, el control sobre los habitantes, etcétera se concentró, en esa época, en la ciudad de Cahuachi, situada a poco más de 40 kilómetros del mar y a 18 de la ciudad de Nasca.

Cahuachi es el gran centro económico, político, ideológico, de todo lo que es la cuenca de Nasca… y las excavaciones que se han ido haciendo a lo largo de décadas, han ido demostrando la existencia de una serie de grandes edificaciones. Comprendiendo sitios de reunión, plazas, donde se realizaban prácticas políticas o ideológicas… contaba con zonas donde hay almacenes, talleres. Cahuachi parece que es el centro político económico de ese estado emergente y que probablemente mediante algún tipo de política de expansión militar fue incorporando territorios a su dominio”.

Es decir, Cahuachi fue expandiéndose y ocupando las comunidades que se situaban en la sierra según pasaba el tiempo. De hecho, esta ciudad fue una de las más importantes de la conocida como “cultura Nasca”, porque es donde se concentraba la riqueza del territorio. Sin embargo, a pesar de su gran importancia y tamaño, Cahuachi desapareció a partir del año 400 de Nuestra Era… pero no adelantemos acontecimientos, luego hablaremos de su extinción…

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Es inevitable que, al hablar de Nasca no se nos vengan a la cabeza los famosos dibujos gigantes realizados sobre esta desértica zona.

Nazca, como se le conoce en la mayoría de los países hispanohablantes, es mundialmente conocida por los gigantescos geoglifos que cubren parte de la pampa del sur de Perú y que pueden ser apreciado en su conjunto a vista de pájaro. Fue una obra del pueblo de Nasca, que vivió en la región aproximadamente entre el siglo I antes de Cristo y VIII después de Cristo. Estos geoglifos, también conocidos como “líneas de Nasca” se realizaron quitando las piedras negras de la superficie y dejando a la vista la arena blanca que había debajo. A parte de imponentes líneas geométricas, también se puede apreciar figuras de animales y de humanos. De hecho, todavía en la actualidad se siguen descubriendo figuras gracias a las nuevas tecnologías.

Bien, nos contaba el doctor Castro que desde Cahuachi, se realizó una política de extensión a zonas cercanas. Todavía no se sabe exactamente hasta donde quedaba delimitado el territorio, aunque los investigadores creen que no fue un estado que ocupó una región demasiado extensa.

Lo que sí se sabe, es que el desarrollo de esta formación política, como en tantas otras ocasiones en el pasado, se hizo imponiendo la fuerza.

“Evidencias de armamento por una parte, pero también en los estudios bioantropologicos en personas en las que se constatan heridas causadas por acciones violentas. Por ejemplo, en las excavaciones realizadas en El Trigal hemos encontrado tumbas con individuos decapitados. O en un caso por ejemplo incluso un individuo decapitado con una punta de obsidiana clavada en la espalda que podría haber ocasionado su muerte. * Esto nos indica que el control territorial estaba muy vinculado también a la emergencia de alguna organización de tipo militar, de gente especializada en acciones violentas”.

* La obsidiana es un cristal volcánico extremadamente cortante, que se utilizaba como arma

Gracias a estos descubrimientos se confirmaría la práctica cotidiana de la violencia., el ejercicio del terror de estado para consolidar el dominio político del territorio.

El proyecto de La Puntilla es un trabajo de arqueología social aplicada en el contexto en el que surge el estado en los Andes. La investigación se ha focalizado en dos yacimientos, conocidos como el “Cerro de El Trigal” y “El Trigal III”.

La arqueología es lenta, la arqueología expeditiva y que obtiene resultados de hoy para mañana es imposible. No solamente hace falta hacer excavaciones y tranquila, lenta y serenamente, sino también se requiere el estudio de los materiales, el análisis, las comparaciones… y todo esto tiene un recorrido muy largo”.

Los investigadores e investigadoras del proyecto comenzaron a trabajar en la zona hace 16 años. Un trabajo de colaboración entre la Universidad Autónoma de Barcelona y la de Almería, que cuenta con investigadores españoles, pero también de Chile y de Perú. Un tarea que apuesta por la excavación en extensión.

“Pensamos que la aportación fundamental de la arqueología, es el de proporcionar contextos sólidos, contextos en los que científicamente podemos aportar evidencia de las asociaciones materiales que nos informan de las relaciones sociales. Y excavaciones restringidas, que tengan poco recorrido, no permiten conocer más que un pequeño edificio o espacio, no permiten conocer cómo era la estructura de organización de los distintos tipos de edificios… y realmente las políticas con las que en cada caso la sociedad se organizaba”.

El objetivo, cuenta el coordinador del proyecto, es el de excavar el máximo de superficie posible para poder saber qué acontecía en la vida cotidiana de las comunidades andinas que residieron en esa época en la zona de Nasca.

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Todavía quedan muchos misterios por descubrir sobre estas sociedades milenarias, pero también es verdad que, gracias a los trabajos arqueológicos se han descubierto otras muchas. Hasta ahora… ¿Qué sabemos? ¿Cómo eran esas sociedades andinas?

Las comunidades que se asentaron en el Valle de Nasca alrededor del año 800 antes de nuestra era y que permanecieron allí durante 600 años, se ha descubierto que mantenían una autonomía política y económica. Contaban con edificios centralizados, que eran espacios de trabajo, como talleres, dónde se hacían actividades en comunidad.

“Sabemos por ejemplo que en el Cerro del Trigal, en un primer momento, esa centralidad comunitaria correspondía a un edificio, un gran edificio, donde hemos constatado la existencia de almacenes donde parece que se guardaban las reservas de la comunidad. Alrededor del año 450 antes de nuestra era, ese edificio de almacenamiento comunitario es reemplazado por un edificio, denominado “de los patios”, en el que tenemos constancia de la existencia de actividades artesanales, dónde se fabrican varios tipos de objetos que después se distribuyen al exterior”.

Estos talleres son inéditos en la arqueología de Suramérica. También se han encontrado talleres de fabricación de ornamentos de Spondylus, una concha que ha sido siempre considerada muy valiosa, y que sería equiparable al oro en la actualidad.

En un taller encontrado en El Trigal III se trabajaba la obsidiana. ¿Para que servía este curioso material volcánico?

La obsidiana se utilizó fundamentalmente para la fabricación de algunas herramientas de corte, pero sobre todo para la fabricación de puntas de dardos, que son los que en las tecnologías de armamiento que se disponían en el valle de Nasca en todo este periodo, se utilizaron básicamente con propulsores, que se conoce como estólicas que permitían proporcionar una fuerza en el lanzamiento de estos dardos que le daba más trayectoria y parecía llegar más lejos. Se podían utilizar como armas de guerra, pero también como armas de caza.

De hecho uno de los hallazgos del proyecto en relación a la defensa del territorio, es el descubrimiento de los primeros sistemas de arquitectura defensiva en la zona. Nos lo cuenta el doctor Castro Martínez coordinador del equipo de investigación del proyecto “La Puntilla”.

“Hemos documentado lo que llamamos el Bastión Sudeste de Cerro de El Trigal, donde hasta ahora hemos registrado 4 líneas de muralla. Que ofrecen una imagen de un asentamiento con unas características de arquitectura defensiva que pensamos que está pensado para mantener la autonomía de estas comunidades, que finalmente fracasaron porque el estado de Cahuachi se impuso en la región”.

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Volvamos a Cahuachi, a esa poderosa ciudad desde donde se controlaba el territorio del valle del río Nasca. Uno de los grandes enigmas que pretenden descubrir los investigadores es Cómo y porqué desapareció…

“El abandono de Cahuachi no se produjo de una manera inmediata… de un día para otro… sino que parece que es un abandono por la pérdida de los fundamentos de los poderes económicos y políticos de ese estado que había estado allá”.

En relación con este abandono el doctor Castro señala algunos factores… como el medioambiental…

“Se ha apuntado a partir de estudios de paleo vegetación… que es posible que el acondicionamiento de campos de cultivo en las cuencas del río Nasca, comportara la desaparición del arbolado… y que el hecho de convertir estos espacios en campos de cultivo podría haber comportado la desaparición de los árboles más comunes en esta zona, que son los “huarangos”. Pudo comportar dinámicas que son frecuentes y es que cuando hay lluvia en la Sierra eso comporta bajadas también masivas de agua con inundaciones y con fenómenos de arrastres aluviales con muchísimos materiales, tierra, piedras… que son muy destructivos”

Pero no todo fue un problema vinculado con la meteorología. Otro de los factores que habrían llevado a la desaparición de Cahuachi pudieron ser las tensiones políticas

“Coinciden también con cambios en las relaciones políticas a nivel de la clase dominante, a nivel de la oligarquía con probables tensiones que probablemente comportaron la independización de ciertas zonas, que restaran de alguna manera peso al control territorial y problemas en la manera de gestionar la riqueza por parte de esa oligarquía”.

En los próximos años los investigadores e investigadoras del proyecto esperan seguir realizando excavaciones de extensión en los yacimientos de El Trigal. Esto les permitirá conocer mejor las comunidades que residieron en la sierra de La Puntilla y que vivieron durante siglos bajo la influencia de la gran Cahuachi.

Aún queda mucho trabajo arqueológico para entender mejor la primera civilización de la Costa Sur del Perú. A fin de cuentas, conocer nuestro pasado es conocernos mejor en el presente.

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