La exploración de los mares del sur

La búsqueda de Australia, el continente misterioso del hemisferio sur

Durante siglos los navegantes europeos soñaron con encontrar la Terra Australis, un enorme continente cuya existencia se basaba en teorías erróneas pero que resultó ser real.

La llegada a Australia

Foto: The Library of Congress

Tradicionalmente se ha considerado a James Cook como el “descubridor” de Australia. Al margen de las connotaciones etnocéntricas del término descubrimiento, lo cierto es que Cook no fue el primero en llegar a las costas australianas ni mucho menos en recorrerlas a conciencia.

Mucho antes de que los primeros barcos europeos avistaran la isla más grande del mundo, la existencia de una gran masa de tierra en el hemisferio sur era algo que se daba por hecho. El geógrafo Claudio Ptolomeo ya lo había hipotetizado en el siglo II d.C. y los mapamundis del siglo XVI empezaron a incluir en su extremo inferior una imaginaria costa que correspondería a esa tierra de la que no se conocían las dimensiones ni la forma. El geógrafo Abraham Ortelius, en su Theatrum Orbis Terrarum -considerado el primer atlas moderno- la llamó Terra Australis Nondum Cognita, “tierra del sur todavía desconocida”, un nombre que se aplicó sucesivamente a Australia y a la Antártida.

La teoría que sustentaba esta afirmación era, sin embargo, errónea: se creía que los cuerpos de tierra de ambos hemisferios debían estar equilibrados y que, por lo tanto, debía haber un enorme continente en algún lugar al sur de Asia que compensara la masa de Europa y Asia juntas. Que realmente existiera Australia fue una coincidencia ya que, en caso contrario, los exploradores podrían haber estado recorriendo los mares en balde durante siglos.

Mapamundi de Gerardus Mercator

Mapamundi de Gerardus Mercator

El cartógrafo Gerardus Mercator elaboró a lo largo de su vida diversos mapas del mundo conocido. Este de 1569 era el mamapundi más exacto elaborado hasta la fecha; en el extremo sur se puede observar ya una costa indefinida que hipotetiza un gran continente aún por descubrir.

Foto: CC

Las costas del sur

Los primeros europeos en acercarse a esa tierra del sur desconocida fueron los españoles y portugueses en el siglo XVI. El explorador portugués Cristóvão de Mendonça describió a principios del siglo XVI las islas del océano Índico, entre ellas una de gran tamaño, aunque resulta imposible saber si se trataba de Australia. Por otra parte, cartas náuticas portuguesas de la época mostraban la costa de una isla al sur de Sumatra llamada “la Gran Java”, aunque no existe la certeza de si la avistaron o se basaron en relatos recogidos por Marco Polo.

Mapa de las exploraciones costeras de Australia

Mapa de las exploraciones costeras de Australia

Este mapa muestra las diversas expediciones que entre 1606 y 1803 exploraron el litoral de Australia.

Foto: Lencer (CC)

A finales de ese mismo siglo, el navegante español Álvaro de Mendaña partió desde Lima en dos viajes de exploración del Pacífico sur, alcanzando diversos archipiélagos como las islas Salomón y las Marquesas. Pero fueron los navegantes holandeses los primeros en anunciar con certeza que habían llegado a un continente desconocido para los europeos. En 1606, el navegante Willem Janszoon exploró las costas de Nueva Guinea y prosiguió hasta el Golfo de Carpentaria, en la costa norte de Australia; ese mismo año, Luis Váez de Torres tocó también las playas de la península del Cabo York.

En las décadas siguientes, diversas expediciones -holandesas en su mayoría- fueron componiendo a trozos un mapa de la costa norte y oeste de Australia, mientras que la oriental no sería explorada hasta la llegada de James Cook en 1770 y la meridional aún más tarde, hasta 1801: fue el capitán inglés Matthew Flinders quien navegó por primera vez por el sur de la isla y realizó la primera circumnavegación completa de Australia.

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Arrecifes peligrosos y tierras baldías

A pesar de la progresiva exploración de las costas australianas, durante casi dos siglos ninguna nación mostró interés en adentrarse en el nuevo continente y mucho menos en colonizarlo, puesto que no había en él nada que pudiera interesarles. Los informes de los exploradores holandeses lo definían como “un territorio desértico y maldito, de un calor sofocante, sin árboles ni hierba”. Peores todavía eran las impresiones sobre los nativos, descritos como gentes salvajes, primitivas y en ocasiones caníbales.

Hasta finales del siglo XVIII, el interés principal de los navegantes se centró en cartografiar las aguas que rodeaban Australia para identificar los arrecifes y bajíos que suponían un peligro para la navegación, especialmente en el Mar del Coral, situado en la costa del noreste. Muchos barcos pasaban por aquella zona en su ruta hacia las islas del Índico y no eran pocos los que habían encallado o naufragado, obligando a las tripulaciones a sobrevivir durante meses hasta el paso de otro barco.

El primer intento serio de adentrarse en el continente lo llevó a cabo el inglés Gregory Blaxland. En 1813 este granjero dirigió una expedición a las Montañas Azules, en el sureste de Australia, para descubrir si había tierras adecuadas para la agricultura. Hallaron grandes extensiones cultivables y fueron recompensados por el gobernador de Nueva Gales del Sur con cuatrocientas hectáreas cada uno. La exploración del interior de Australia duró todavía un siglo y se realizó de forma fragmentaria, evitando las grandes extensiones baldías que suponían una muerte segura al no tener ninguna pista sobre las distancias que deberían recorrer ni la geografía que encontrarían. Para facilitar las travesías trajeron camellos, los únicos animales adecuados para adentrarse en el tórrido interior.

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Colonos, guerras y oro

Desde que los primeros navegantes pisaron la isla se encontraron con un recibimiento hostil por parte de los nativos, que se convirtió en una resistencia feroz cuando los británicos empezaron a asentarse de forma permanente y a levantar ciudades y granjas. Los australianos eran cazadores-recolectores que no tenían la noción de la propiedad privada sobre la tierra o los animales, por lo que el conflicto con los granjeros estaba asegurado.

Al principio se trataba de una guerra personal de colonos contra indígenas, de la cual los militares británicos a menudo se mantenían al margen salvo petición expresa de ayuda. Pero a medida que los asentamientos crecían y con ellos también los conflictos, se creó una policía, que paradójicamente incluía también a soldados nativos por su conocimiento del terreno. Al contrario que en otras islas cercanas, donde existía una estructura política con grandes jefes que gobernaban sobre un territorio amplio, en Australia los nativos se encontraban dispersos en innumerables grupos que no solo no tenían un sentido de unidad sino que frecuentemente estaban en guerra permanente entre ellos.

Los conflictos se intensificaron durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando Australia vivió sucesivas fiebres del oro que duraron hasta 1906. Eso atrajo un gran número de inmigrantes y aventureros, especialmente desde Estados Unidos, intensificó la penetración colonial y la hizo más agresiva. Todo ello condujo a la eliminación sistemática de los nativos, ya fuera mediante las armas o por la depredación de las tierras que habitaban.

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