Misterios y curiosidades del antiguo Egipto

Los Buchis, los otros toros sagrados de Egipto

En el antiguo Egipto algunos animales recibieron un culto especial como encarnaciones de una divinidad. Es el caso de los toros Apis, que eran adorados en Saqqara. Pero en Egipto hubo otros toros, como el Buchis, que recibían culto en la ciudad de Hermontis, en el Alto Egipto. Cuando morían, estos bóvidos eran enterrados en el Bucheum, un complejo de galerías subterráneas muy parecidas al Serapeum de Saqqara.

La procesión del sagrado toro Apis. Frederick Arthur Bridgman. 1870.

La procesión del sagrado toro Apis. Frederick Arthur Bridgman. 1870. Foto: Cordon Press

Cuando oímos hablar de cultos a animales en el antiguo Egipto, y más concretamente de toros, nos viene a la mente el más famoso de todos ellos, el culto a Apis, el toro sagrado de Menfis, cuyo lugar de enterramiento en la necrópolis de Saqqara, el Serapeum, fue descubierto en 1850 por el egiptólogo francés Auguste Mariette. Pero los egipcios no adoraron solo a los toros Apis. Hubo otros dos cultos importantes protagonizados por estos bóvidos: el culto en Heliópolis a los toros Mnevis, de los que solo se han encontrado un par de enterramientos, y el culto a los toros Buchis, adorados en Hermontis (la actual Armant), una localidad próxima a Tebas que prosperó sobre todo en época ptolemaica y donde se alzaba un templo dedicado a Montu, un dios guerrero. El lugar de enterramiento de los toros Buchis en Hermontis se conoce como Bucheum.

Ruinas of Hermontis. Litografía coloreada por Louis Haghe a partir de una obra de David Roberts. 1848.

Foto: CC

Enterrados en vastos laberintos

Los toros Buchis eran seleccionados, como los Apis y los Mnevis, por algunas marcas concretas que los definían. Al parecer, el Buchis, que al principio fue una encarnación de Montu (más tarde sería considerado una forma de Apis y, por tanto, una encarnación del dios del Inframundo Osiris), debía ser blanco y con la cara negra. Pero eso al parecer no era todo. Según Macrobio, un escritor romano del siglo IV, el toro Buchis cambiaba de color cada hora y su pelo crecía hacia atrás. Cuando un toro Buchis era localizado, su madre también recibía honores como encarnación de la diosa vaca Hathor, y el toro era llevado en barca hasta Hermontis, donde viviría a partir de entonces, con todas las comodidades, hasta su muerte. La primera referencia al entierro de un Buchis data del reinado del faraón Nectanebo II, en el siglo IV a.C., y su culto tuvo continuidad hasta época romana.

Al parecer, el Buchis, debía ser blanco y con la cara negra. Pero eso al parecer no era todo. Según Macrobio, un escritor romano del siglo IV, el toro Buchis cambiaba de color cada hora y su pelo crecía hacia atrás.

Tras su muerte, el toro Buchis, como hemos dicho, era enterrado en el Bucheum. Este lugar fue descubierto en 1927 por Robert Mond y Oliver Myers, miembros de la Sociedad de Exploración de Egipto. El lugar era similar al Serapeum donde yacían los Apis, con largas galerías excavadas en la roca y numerosas cámaras funerarias. Pero las tapas de los sarcófagos de los Buchis son un tanto distintas a las de los Apis: están formadas por varias piezas que llevaban inscritas las instrucciones para que los operarios las colocasen correctamente y al unirlas formasen una sola tapa.

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Sarcófago de un toro Apis en el Serapeum de Saqqara.

Foto: iStock

Mond y Myers hallaron las momias de los Buchis en muy malas condiciones. De hecho, el nivel freático había subido mucho desde la antigüedad y muchas de las galerías se hallaban bajo el agua. Y las que no lo estaban habían sido saqueadas hacía tiempo. Asimismo la piedra se desmenuzaba con facilidad y había caído sobre las momias de los toros, contribuyendo a su deterioro. A pesar de todo, se logró extraer cierta información de interés de estas momias. Los arqueólogos constataron que los toros fueron momificados en posición reclinada y, para conseguirlo, los embalsamadores tenían que cortar los tendones de las patas de los animales. Después, la momia se fijaba a una tabla con grapas de bronce.

Una momificación pormenorizada

Se ha conservado un papiro que detalla la momificación de los toros Apis, el Papiro Apis, que describe unas técnicas que al parecer se corresponden con el tipo de momificación a que fueron sometidos los toros hallados en el Bucheum. A los animales no se les extraían las vísceras, sino que los órganos internos se eliminaban inyectando fluidos disolventes por el ano. Tal como explica el Papiro Apis: "Un sacerdote lector se coloca delante del ano. Debe extender un paño sobre sí mismo y el dios (el toro). Debe coger con el palo todo lo que encuentre hasta donde llegue su mano. Debe lavarlo con agua y rellenarlo bien con paños y aplicarle los elementos y los vendajes que los cinco sacerdotes que están en las embarcaciones han traído, y que contienen las sustancias del ano. Debe untarlo bien con ungüento y vendarlo con paño".

A los toros Buchis, al igual que a los Apis, no se les extraían las vísceras, sino que los órganos internos se eliminaban inyectando fluidos disolventes por el ano.

Después de ser embalsamado, el animal debía ser vendado. Este procedimiento también se describe en el Papiro Apis: "Deben untar al dios con ungüento y dejarlo reposar en una tabla, pero interponiendo cuatro piedras para que las vendas puedan ser pasadas por debajo del dios. Deben cubrir el centro con vendajes nbti y con la manta mtr. Deben enlazarlas con un vendaje sbn desde el frente hacia atrás y viceversa. Deben anudar de nuevo las vendas skr bajo el dios hacia la parte exterior. Deben hacer todo esto mientras que el padre y los profetas están presentes, antes de que se corte el paño. Cuando el paño se corta deben elevar un lamento. Deben llevar el féretro ante el dios y hacerlo reposar en él".

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Alejandro Magno y el toro Buchis. Museo Británico.

Foto: CC

Tras un vendado minucioso, la momia del toro Buchis era adornada con ojos postizos, muchas veces tallados en piedra o vidrio, y su cabeza se recubría con una máscara de yeso y una lámina de oro. Sobre la máscara se disponía la corona que el Buchis había portado en vida, formada por un disco solar con plumas avestruz flanqueado por dos cobras. Cuando todo ello había concluido, se podía proceder al entierro del toro y a iniciar la búsqueda de su sucesor por todo el país.

Los servidores del dios

Otra importante fuente de información sobre el culto a los toros Buchis la hallamos en numerosos ostraca (fragmentos de piedra o cerámica) descubiertos en el interior de las tumbas del Bucheum. En muchos de ellos se da cuenta de los materiales usados en la momificación y también procuran detalles sobre la vida cotidiana en el lugar. Por ejemplo, al parecer, como en el Serapeum de Saqqara, en el Bucheum de Hermontis se permitía la entrada de la gente para rendir homenaje a los toros allí enterrados. También se han hallado ostraca que detallan los pagos que se daban a los músicos y bailarines que acudían allí los días en que había festival; asimismo también conocemos el pago que recibían los tejedores que preparaban los paños para las momias de los toros.

Relieve que muestra al emperador Trajano haciendo una ofrenda ante el sagrado toro Buchis. Templo de Medamud.

Foto: PD

Se han hallado ostraca que detallan los pagos que se daban a los músicos y bailarines que acudían allí los días en que había un festival; asimismo también conocemos el pago que recibían los tejedores que preparaban los paños para las momias de los toros.

Al parecer el último entierro de un Buchis en el Bucheum tuvo lugar bajo el gobierno del emperador Diocleciano, o como muy tarde hacia 340 d.C. La estela del animal reza así: "Bajo su majestad el rey del Alto y Bajo Egipto, señor de las Dos Tierras Diocleciano, hijo de Re, señor de coronas, César. El señor de los dioses, que creó a las diosas, llegó a la tierra en Tebas, Tai-Ist era su madre. Fue llevado a Hermontis, que se alegró de verlo. En el año 39 se le instaló una morada con gran festividad en la comarca de [...] de Re, su hermoso pueblo. En el año 57, mes 3 de la temporada de Akhet, el día 8 a las 7 en punto del día, su ba (uno de los elementos que componían el alma del difunto) entró [al cielo]. Su reinado duró 24 años, (?) meses, 20 días y 7 horas. ¡Que os dé la vida eterna, toda permanencia, todo poder, toda fuerza y ​​toda alegría como Re, por la eternidad!".