Mujeres en guerra

Las "brujas de la noche", las hábiles pilotos rusas de la Segunda Guerra Mundial

Los nazis las llamaban "brujas de la noche", los franceses les pusieron el nombre de "hechiceras de la noche" y sus compatriotas las llamaron "hermanitas". Integrado únicamente por mujeres, el escuadrón 588 impuso el terror entre los alemanes, que llegaron a pensar que tomaban algún medicamento que les hacía tener una visión nocturna perfecta.

La tripulación del Ródina, de izquierda a derecha: Osipenko, Grizodubova y Raskova.

Foto: CC

Conocida en su país por ser la primera mujer en recorrer la distancia entre Moscú y el Lejano Oriente sin escalas, Marina Raskova abordó el avión ANT-37 "Ródina" y se convirtió en heroína nacional. Asimismo aprovechó su amistad con Stalin para proponerle la idea de formar un regimiento especial de aviación compuesto sólo por mujeres. Stalin escuchó a Marina y tanto él como su estado mayor le prometieron estudiar la idea y darle un respuesta lo antes posible. Pero en círculos militares, formados básicamente por hombres, muchos se opusieron a esta "singular" idea. Sin embargo, las solicitudes para alistarse en el nuevo cuerpo ideado por Marina no cesarían de llegar.

Respuesta a las armas

En junio de 1941, los alemanes sorprendieron a los rusos al lanzar la Operación Barbarroja, la invasión alemana de la Unión Soviética. La situación era desesperada y ante la abrumadora superioridad de los alemanes por tierra y aire, el 8 de octubre de 1941 Stalin decretó una orden para que las mujeres se incorporaran a la guerra. Más de un millón de féminas respondieron a la llamada y se alistaron como francotiradoras, zapadoras y conductoras de tanques. Marina Raskova pensó que si había mujeres que podían ocupar aquellos puestos en el ejército, ¿porque no podía haber mujeres aviadoras? Finalmente Stalin accedió y se crearon tres regimientos femeninos de combate aéreo: la división 586, la división 587 y, la más famosa de todas, el regimiento 588 de Bombardeo Nocturno.

Marina Raskova retratada en 1938.

Marina Raskova retratada en 1938.

Foto: CC

Ante una superioridad abrumadora de los alemanes en tierra y aire, el 8 de octubre de 1941 Stalin decretó una orden para que las mujeres se incorporaran a la guerra.

Para formar parte de ese batallón se reclutaron 115 mujeres voluntarias de entre 17 y 22 años, y lo primero que se les ordenó fue que se cortaran sus largas y rubias trenzas para que su cabello se asemejase más al de sus compañeros masculinos. En un tiempo récord de seis meses, aquel grupo de inexpertas mujeres recibió un entrenamiento intensivo en técnicas de combate, pilotaje y supervivencia que normalmente duraba año y medio. Una vez finalizado, todo lo que el ejército rojo les pudo entregar fueron unos anticuados aviones Polikarpov 2, biplanos de los años veinte dedicados a tareas de fumigación y entrenamiento. Vestidas con uniformes masculinos y con botas que debían rellenar con ropa de cama para evitar de que se deslizaran de sus pies, aquellas mujeres deberían combatir con unos aeroplanos hechos de madera contrachapada y lona que no ofrecían protección alguna contra los elementos; por la noche las pilotos tenían que soportar temperaturas bajo cero con el consiguiente riesgo de congelación (durante los duros inviernos soviéticos, tocar un avión helado conllevaba el riesgo de que la piel se quedara adherida de inmediato al fuselaje). Además, los aviones eran tan pequeños que no tenían ni bodega para almacenar las bombas, y como sólo podían transportar dos artefactos explosivos a la vez éstos iban apoyadas en su regazo. Aquellas valientes mujeres realizaron su primer vuelo de combate contra la Luftwaffe el 12 de junio de 1942.

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Lencería de seda

Apodados kukurúznik, mazorca de maíz, aquellos biplanos de marcha lenta llevaban la cabina abierta y contaban con una protección de vidrio que no protegía a su ocupante de las balas enemigas ni del fuerte viento. Sin mapas, ni radios, podían perderse con facilidad (una de estas aeronaves fue descubierta en Groenlandia al finalizar la guerra). Hubo que esperar a 1944 para que aquellos biplanos fueran equipados con ametralladoras. Volando a una altura de tres mil metros y a 120 kilómetros por hora, estos aviones eran difíciles de detectar. Todas sus misiones las realizaban de noche, llegando a efectuar entre diez y quince salidas en un solo día. Siempre volaban en grupos de tres: dos de los aviones actuaban como señuelos y el tercero, después de apagar el motor y planear más lentamente que un paracaidista, es el que lanzaba las bombas sobre el objetivo, y así hasta que las tres aeronaves culminaban la misión. El ruido de las alas de los Polikarpov al rozar el aire era comparado por los alemanes con el de una "escoba" y de ahí el apodo que se ganaron por parte del enemigo: Nachthexen, Las brujas de la noche.

El ruido de las alas de los Polikarpov al rozar el aire era comparado por los alemanes con el de una "escoba" y de ahí el apodo de Nachthexen, Las brujas de la noche.

En su obra Las brujas de la noche (Pasado y Presente), la investigadora rusa Lyuba Vinogradova aporta los testimonios directos de las aviadoras soviéticas de la Segunda Guerra Mundial, y lo hace contando detalles íntimos que normalmente se suelen pasar por alto: la separación de sus familias, la dificultad de contar con la ropa adecuada, las lágrimas cuando les cortaban el largo cabello, el acoso y las bromas que tuvieron que soportar por parte de sus compañeros pilotos masculinos (que muchas veces iban pasados de vodka), el problema con los anticonceptivos o incluso la confección de lencería con la seda de los paracaídas de los aviadores alemanes derribados (lo que no dejaba de ser una gran humillación para los pilotos del Reich). Hitler llegó a conceder una cruz de hierro (la condecoración más alta del ejército alemán) por "bruja" abatida, y también se creó un regimiento alemán de combate nocturno para contrarrestar las ofensivas de esta división de élite femenina. Los alemanes estaban tan asombrados de la considerable habilidad de las brujas nocturnas, que difundieron el rumor de que el gobierno soviético mejoraba la visión de las mujeres con una medicina experimental para darles una especie de visión nocturna felina.

Los Polikarpov-2, biplanos de los años veinte como el que aparece sobre estas líneas, fueron los aviones con los que las Brujas de la noche empezaron sus misiones. Las pilotos iban a cuerpo descubierto, soportando temperaturas bajo cero y llevando los explosivos en su regazo.

Los Polikarpov-2, biplanos de los años veinte como el que aparece sobre estas líneas, fueron los aviones con los que las Brujas de la noche empezaron sus misiones. Las pilotos iban a cuerpo descubierto, soportando temperaturas bajo cero y llevando los explosivos en su regazo.

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Falta de reconocimiento

Comparadas con la mayoría de mujeres que servían a las órdenes del ejército soviético, y que constantemente sufrían acoso y a veces incluso violencia sexual, las aviadoras eran un grupo privilegiado a pesar de que había mucha discriminación. Los hombres acostumbraban a ningunear constantemente a las aviadoras llamándolas "muñecas". Un ejemplo clásico son las exclamaciones que los pilotos lanzaron en el campo de batalla cerca de Stalingrado cuando se enteraron de que un regimiento de bombardeo femenino llegaba en su apoyo: "¡A cubierto, hay chicas tratando de aterrizar!". La gran aviadora Raisa Belyaeva tenía que escuchar al comandante del regimiento de cazas en el que combatía decirle: "No quiero enviarte de misión, eres demasiado guapa". Esas mujeres, que muchas veces poseían más experiencia de vuelo que sus propios camaradas, tenían que probar constantemente sus habilidades y coraje para granjearse su respeto.

Las mujeres, que muchas veces poseían más experiencia de vuelo que sus propios camaradas, tenían que probar constantemente sus habilidades y coraje para granjearse su respeto.

Pero no todas salieron con vida. El escuadrón de brujas nocturnas perdió a 32 pilotos, incluida la coronel Marina Raskova cuando fue enviada a la línea del frente. A su muerte se celebró el primer funeral de estado de la Segunda Guerra Mundial y sus cenizas fueron enterradas en el Kremlin. Mientras tanto, otras 23 pilotos, entre ellas la legendaria Nadezhda Popova, obtuvieron el prestigioso título de Héroe de la Unión Soviética. La emoción tras la victoria era la misma que la de los hombres, pero expresada en muchos casos de un modo un tanto distinto. "¡Has derribado un Heinkel, querida!", le espetó su mecánica a Lera Khomyakova al aterrizar tras un combate contra una formación de bombarderos alemanes. Inmediatamente el resto de mujeres del personal de tierra la rodearon y la besaron. La aviadora sería derribada poco después y encontraron su cuerpo en un campo de girasoles. Sin embargo, las brujas nocturnas fueron excluidas del desfile del día de la victoria en Moscú y algunas de ellas, como Polina Guelman, Irina Rakobolskaia, Raísa Arónova o Lilya Litvyak, nunca fueron homenajeadas.

Nadezhda Popova llegó a cumplir 852 misiones y recibió las más altas condecoraciones por parte de su país, entre ellas la de Heroína de la Unión Soviética, la Estrella de Oro o la Orden de la Estrella Roja. Sin embargo, muchas otras nunca recibieron el debido homenaje.

Nadezhda Popova llegó a cumplir 852 misiones y recibió las más altas condecoraciones por parte de su país, entre ellas la de Heroína de la Unión Soviética, la Estrella de Oro o la Orden de la Estrella Roja. Sin embargo, muchas otras nunca recibieron el debido homenaje.

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Mujeres piloto

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¿Se recuerdan hoy en Rusia las aventuras de estas aviadoras? En general, los rusos están muy orgullosos de sus héroes y heroínas de la Gran Guerra Patriótica, como se conoce allí la Segunda Guerra Mundial, pero las mujeres piloto no son demasiado conocidas, excepto las más famosas de entre ellas como las que conformaron el escuadrón de las "brujas de la noche". Los tres regimientos de mujeres pilotos sin duda resultaron de mucha utilidad al ejército rojo, además de jugar un papel importantísimo a la hora de levantar el ánimo durante lo más duro de la contienda tanto a las mujeres soldado como a las civiles que actuaban detrás de la líneas.

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