conflicto anglo-irlandés

Bloody Sunday, la matanza de Croke Park en 1920

El domingo 21 de noviembre de 1920 un grupo de nacionalistas irlandeses asesinó a un grupo de militares del servicio de inteligencia británico. Ese día, que recibiría el nombre de Bloody Sunday, es aún es recordado por la represalia que tuvo lugar poco después en el estadio de Croke Park, donde varios civiles murieron a causa de los disparos indiscriminados de las fuerzas británicas.

Soldados británicos y familiares de las víctimas esperan en el Hospital Jervis Street durante la investigación militar llevada a cabo tras el Bloody Sunday en Croke Park.

Foto: PD

El 21 de noviembre de 1920 tuvo lugar el que ha pasado a la historia como Bloody Sunday o Domingo Sangriento, uno de los tres que han recibido este nombre a lo largo del siglo XX. El de 1920 tiene sus orígenes en la Guerra Irlandesa de Independencia acaecida entre los años 1919 y 1921, tras la declaración de independencia de la República de Irlanda y la fundación de su parlamento, el Dáil Éireann. Con la firme intención de acabar con el separatismo irlandés, la policía británica, sus organizaciones auxiliares y el ejército se vieron abocados a una guerra de guerrillas contra el Ejército Republicano Irlandés que acabaría desembocando en una matanza.

Un amanecer sangriento

El domingo 21 de noviembre de 1920 marcaría un antes y un después en la guerra que estaban librando las fuerzas británicas y el Ejército Republicano Irlandés desde enero de 1919. El conflicto sufrió una creciente escalada tras la muerte en la prisión de Brixton del alcalde de Cork y simpatizante del Sinn Féin (un partido político de ideología izquierdista fundado en 1905), Terence MacSwiney, acusado de sedición. Como respuesta a las numerosas protestas violentas que se estaban sucediendo en el país, el gobierno británico respondió creando sus propias fuerzas paramilitares, que estaban compuestas por los Black and Tans (nombre que surgió por la mezcla del color negro y caqui de los uniformes que llevaban sus miembros) y por la Auxiliary División (División Auxiliar), cuyos integrantes eran conocidos como auxies.

El conflicto sufrió una creciente escalada tras la muerte en la prisión de Brixton del alcalde de Cork y simpatizante del Sinn Féin, Terence MacSwiney, acusado de de sedición.

Retrato de Michael Collins tomado en 1919.

Foto: PD

Fotografía de The Cairo Gang, tomada alrededor del año 1920.

Foto: PD

El día en cuestión comenzó con la orden del ministro irlandés de Finanzas y líder del Ejército Republicano Irlandés, Michael Collins, de asesinar a todos los miembros de la conocida como Pandilla de El Cairo (The Cairo Gang). Este era el nombre de un grupo de agentes de inteligencia británicos cuyos orígenes se halla en el pasado de sus integrantes como espías durante la Primera Guerra Mundial en Egipto y Palestina, y también por su lugar de reunión, el Cairo Café, un establecimiento situado en la calle Grafton, en pleno centro de Dublín. Los encargados de llevar a cabo el atentado fueron una unidad clandestina del IRA conocida como Los Doce Apóstoles. Tras una exhaustiva tarea para descubrir la identidad de los espías británicos, el 21 de noviembre de 1920 Los Doce Apóstoles asesinaron a once de los dieciséis miembros de The Cairo Gang, en algún caso en presencia de sus familiares.

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Una terrible venganza

La noticia de los asesinatos enfureció a las fuerzas británicas, que aquel mismo día dispusieron un operativo de represalia para castigar aquel acto. Desde ese mismo momento, los rumores sobre una más que posible venganza por parte de los británicos empezaron a circular por toda la ciudad. Aquel día iba a celebrarse un partido de futbol que debía enfrentar a los equipos del Dublín y del Tipperary en el estadio de Croke Park, cuyo inicio estaba previsto a las 14:45 h., pero debido a algunos problemas de tráfico el choque tuvo que retrasarse. La recaudación del partido estaba destinada a una caja de solidaridad destinada a los presos republicanos encarcelados.

La recaudación del partido estaba destinada a una caja de solidaridad destinada a los presos republicanos encarcelados.

Soldados británicos patrullan por las calles de Dublin.

Foto: National Museum of Ireland

Brigadas del IRA patrullan Grafton Street (Dublín) durante el año 1921.

Foto: National Museum of Ireland

Uno de los involucrados en la matanza que se desató a continuación recordaría más tarde que los encargados de orquestarla lanzaron una moneda al aire para decidir si acudían la estadio de Croke Park y masacraban a los asistentes al partido o bien se dirigían a la calle Sackville, una de las principales vías comerciales de Dublin (en la actualidad la calle O’Connell) para provocar allí diversos altercados. Había alrededor de 10.000 personas congregadas en el estadio, y, según cuentan algunos testigos, minutos antes de que se diese el pitido inicial del encuentro una avioneta sobrevoló varias veces el terreno de juego, y una bengala salió disparada desde su interior. Aquella era la señal para que un oficial británico disparara desde la grada y se desatara el horror. Un grupo de militares británicos invadió entonces el terreno de juego, desde donde tirotearon al público, mientras otros apostados en la entrada empezaron a disparar con una ametralladora. Eran las 15:25 h. de la tarde.

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La excusa

Durante un minuto y medio, el ejército británico estuvo disparando indiscriminadamente a los asistentes. La gente empezó a correr en todas direcciones presa del pánico mientras las balas silbaban a su alrededor. Durante la huida fallecieron catorce personas desarmadas y hubo decenas de heridos. Entre los muertos se encontraba el jugador del Tipperary, Michael Hogan, un militante nacionalista y miembro de los Irish Volunteers que cayó abatido cuando trataba de escapar. Aunque la actuación policial tenía todos los visos de ser un acto de castigo indiscriminado, las fuerzas británicas posteriormente se excusaron argumentando que en realidad solo pretendían anunciar por megafonía el desalojo del campo, ya que tenían argumentos sólidos para pensar que entre el público se habían infiltrado algunos miembros del IRA que eran los culpables del atentado contra The Cairo Gang.

Entre los muertos se encontraba el jugador del Tipperary, Michael Hogan, un militante nacionalista y miembro de los Irish Volunteers que cayó abatido cuando trataba de huir.

La última página firmada del Tratado Anglo-Irlandés.

Foto: PD

Pero aquello no acabaría allí. Horas más tarde, dos miembros del IRA, Dick McKee y Peadar Clancy, también fueron abatidos junto con un amigo suyo, Conor Clune, que había sido detenido acusado de haber participado en el atentado de la mañana contra los miembros de The Cairo Gang. La trágica jornada se saldaría con 33 víctimas mortales, convirtiendo aquel día en el más sangriento de todo el conflicto. Bautizado como Bloody Sunday, ese domingo comparte nombre con otros dos trágicos domingos del siglo XX: Belfast, en 1921; y Derry, en 1972 (este último inmortalizado, entre otros, por el grupo musical U2).

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El Bloody Sunday supuso la escalada de un conflicto que una semana más tarde culminaría en una emboscada perpetrada por miembros del IRA de Cork Oeste, liderada por Tom Barry, contra una patrulla británica que acabó con la vida de dieciocho de sus miembros. Al final, el tratado anglo-irlandés que puso fin al conflicto acabaría desatando una nueva guerra, pero esta vez civil entre los partidarios del tratado y sus detractores. En la actualidad, el estadio de Croke Park cuenta con una gradería en honor del futbolista Michael Hogan, y en una de sus puertas puede contemplarse un memorial que recuerda a las catorce víctimas de aquel aciago día.