Exploradores de la Edad Media

Benjamín de Tudela, el gran viajero judío

Cuando hablamos de viajeros de la Edad Media resulta inevitable pensar en el archiconocido Marco Polo, pero no fue ni mucho menos el único que decidió recorrer el mundo. En el siglo XII Benjamín de Tudela, un judío navarro, viajó por todo el Mediterráneo hasta Oriente Medio. Su crónica, compilada por un autor anónimo, nos ha legado una detallada descripción de los países y gentes de su época.

Benjamin de Tudela

Imagen: Domouza

Cien años antes de que Marco Polo emprendiera uno de los viajes más famosos de la historia, seguido medio siglo después por el tangerino Ibn Battuta, otro personaje no tan conocido recorrió toda la cuenca mediterránea, un periplo del que quedaría constancia en un libro menos famoso que Il Milione pero probablemente más preciso: Sefer Masa'ot, en hebreo, Libro de Viajes.

Se trataba de Benjamín ben Jonah, un judío que había nacido en el reino de Navarra en el año 1130. Hijo de un rabino de la ciudad de Tudela (de ahí el nombre por el que se le conoce), es probable que él también hubiera sido educado como tal. Se sabe que tenía una formación excelente con amplias nociones de historia, geografía y política, entre otras disciplinas; y que hablaba seis lenguas: navarro, hebreo, latín, griego, árabe y arameo. Lo que no se sabe es su profesión, pero fuera la que fuere, a los treinta y tantos años dejó sus ocupaciones y su tierra para emprender una gran aventura.

Alrededor de 1165, Benjamín de Tudela partió en un viaje que originalmente tenía como destino Jerusalén. Volvió en 1172 o 1173, tras recorrer un camino mucho más amplio del previsto.

El gran viaje

Alrededor de 1165 (se desconoce la fecha exacta), Benjamín partió en un viaje que originalmente tenía como destino Jerusalén. Volvió en 1172 o 1173, después de haber recorrido un camino mucho más amplio del previsto: desde Tarragona recorrió la costa hasta Marsella, se embarcó hacia Génova y cruzó toda la península Itálica, cruzó a Grecia y llegó a Constantinopla, para luego navegar el mar Egeo hasta Asia Menor y llegar finalmente a su destino. Pero ni siquiera allí se detuvo, pues continuó hasta las costas del golfo Pérsico atravesando Mesopotamia y Arabia. Su siguiente paradero conocido es Alejandría, aunque se desconoce si circunnavegó la península Arábiga o la atravesó por tierra: desde allí emprendió el camino de regreso, deteniéndose de nuevo en Italia y en Sicilia antes de volver a pisar suelo hispánico.

Itinerario de Benjamín de Tudela

Reconstrucción del itinerario de Benjamín de Tudela.

Foto: CC / Romanwindwistler : https://bit.ly/345FRzF

Había visitado casi 200 ciudades, en algunas de las cuales permaneció durante un periodo largo, como Roma, Constantinopla, Jerusalén y Alejandría. Esta fue probablemente la última gran experiencia de su vida, ya que moriría en 1173, pero no quedaría olvidada: un escritor anónimo compiló su aventura en un minucioso relato, el Sefer Masa'ot o Libro de Viajes. Sabemos que no es obra del propio Benjamín, ya que este enigmático cronista deja constancia de ello en el prólogo de la obra.

No se sabe el motivo de este largo y tortuoso periplo, aunque es improbable que sus motivos fueran puramente religiosos: por el detalle de los apuntes que tomó, el número de etapas que hizo y el tiempo que se detuvo en algunas ciudades sin otro motivo aparente que el de conocerlas, podría haber sido un viaje de formación personal. Sin embargo, por la atención que presta a los temas relacionados con el comercio, se ha especulado que podría haber sido enviado en una misión para recabar información sobre las rutas y bienes que circulaban por la cuenca mediterránea y por Oriente Medio.

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Un atlas medieval

Lo más destacable del Libro de Viajes es la variedad y minuciosidad de las informaciones que contiene. Cada ciudad es descrita con gran detalle: sus monumentos, su historia y los eventos que tienen lugar en aquel momento, la política y los gobernantes, las comunidades que la habitan y sus cultos y costumbres, los mercados y los productos con los que se comercia… un auténtico atlas del siglo XII.

Benjamín dedica una atención especial a las comunidades judías de los lugares que visita, por lo que el Libro de Viajes constituye una preciosa fuente de información sobre la vida de estos en los diferentes lugares del Mediterráneo y Oriente Próximo. Las descripciones de Roma, Constantinopla, Jerusalén -que en esa época se encontraba en manos de los cruzados, en lucha contra los ejércitos de Saladino- y Palermo muestran un mundo muy dinámico y multicultural, alejado del tópico gris de la Edad Media y predecesor directo del esplendor del Renacimiento.

Benjamin de Tudela Libro de Viajes

Edición de 1633 del Libro de Viajes de Benjamín de Tudela, en hebreo y latín.

Imagen: CC

También entra en mucho detalle en los entresijos del comercio y en particular de los bienes de lujo -de dónde se extraen, por qué rutas circulan, cuáles son los mercados intermedios, a cuánto se compran y se venden en cada lugar…-, lo que apoya la hipótesis de que su odisea tenga un propósito más práctico que el simple afán de conocimiento y que fuese algún tipo de encargo comercial; ya que, por otro lado, un viaje tan largo debió por fuerza ser muy costoso. El hecho de que se detenga por más tiempo en las ciudades que eran grandes nodos de comercio, como Constantinopla, refuerza esta hipótesis que, por otro lado, nunca se ha podido demostrar.

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Las maravillas de la Edad Media

El desconocido autor del texto afirma que todo lo que relata es aquello que Benjamín de Tudela “vio y oyó de boca de hombres veraces”, lo que resulta verosímil por sus detalladas descripciones, que permiten compararlo con otras fuentes. Algunos pasajes sí que se basan claramente en informaciones de segunda mano sobre tierras en las que no estuvo, como Arabia oriental, la India e incluso China y Sri Lanka. Sin embargo, incluso en estos casos las informaciones que recoge son en su mayoría verosímiles y no caen en la fantasía que caracteriza algunos pasajes de la obra de Marco Polo, que incluye también leyendas y descripciones claramente fantasiosas.

Pero un tesoro tal quedará durante mucho tiempo oculto al gran público: al estar escrito en hebreo, circulará solo dentro de esa comunidad, al contrario que los textos de Marco Polo y de Ibn Battuta, que alcanzarán una fama mundial. No es hasta finales del siglo XVI cuando aparece la primera traducción en latín del Libro de Viajes, cuando el interés del comercio mundial ya se ha dirigido hacia el Nuevo Mundo y el humanismo mira a la Edad Media como una época superada, ignorando a menudo las maravillas que encontraron los exploradores de aquel tiempo.

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