El control del Pacífico

La batalla de Midway, japoneses contra norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial

Seis meses después del ataque japonés a la base naval estadounidense de Pearl Harbor, Midway fue el escenario de una confrontación entre norteamericanos y japoneses para el control del océano Pacífico que acabó con la derrota del Imperio del Sol Naciente.

USS Yorktown midway

Torpedos japoneses impactan en el portaaviones USS Yorktown durante la batalla de Midway. 

El 4 de junio de 1942, dos poderosas flotas, la estadounidense y la imperial japonesa, se enfrentaron en el Pacífico en una batalla decisiva por el control del atolón de las Midway, donde los norteamericanos tenían una base naval, a medio camino entre Asía y América. El Imperio del Sol Naciente escogió este lugar para asestar el que creían sería el golpe definitivo a los Estados Unidos. El coloso norteamericano ya había sufrido un duro golpe hacía seis meses, cuando la aviación japonesa atacó la base naval de Pearl Harbor, en las islas Hawái. Pero en las Midway, a pesar de que los nipones contaban con más efectivos, la defensa "numantina" de los norteamericanos (también en parte ayudados por el azar) fue suficiente para dar la vuelta a una batalla que parecían tener perdida.

Supremacía y confianza

Tras las rotundas victorias de la Armada japonesa en el transcurso de la batalla del mar del Coral, bautizada como Operación MO por los japoneses, la Marina del Sol Naciente obtuvo el primer revés. Pero a pesar de ello la Flota Combinada de la Armada Imperial japonesa, comandada por el almirante y comandante en jefe Isoroku Yamamoto, puso rumbo al atolón de las Midway con 185 buques, entre ellos cuatro portaaviones pesados que transportaban más de 250 aviones cada uno, dos portaaviones ligeros, siete buques de línea, catorce cruceros, y varios submarinos, destructores y buques de abastecimiento. La supremacía naval de Japón permitió poner fin a la presencia militar británica en el archipiélago malayo y conquistar la inexpugnable Singapur, las islas Filipinas, Indonesia, y lo más importante: lograr la ansiada obtención de recursos naturales.

La Flota Combinada de la Armada Imperial japonesa, comandada por Isoroku Yamamoto, puso rumbo al atolón de Midway con 185 buques.

El plan de batalla del almirante japonés partía del supuesto de que los portaaviones USS Enterprise y USS Hornet eran los únicos de los que disponía la flota norteamericana del Pacífico y de que el USS Lexington había sido hundido y el USS Yorktown había sufrido graves daños (y se consideraba hundido) en la batalla que había tenido lugar en el mar del Coral tan sólo un mes antes. Por encima de esto, estaba la creencia japonesa de que los norteamericanos se hallaban terriblemente desmoralizados por las derrotas sufridas en los últimos seis meses y que esto sería fundamental para llevarlos hacia la trampa que el almirante Yamamoto estaba tejiendo para ellos.

Pilotos y tripulación preparan los aviones de combate a bordo del USS Enterprise momentos antes de despegar para participar en la batalla de Midway. Solo cuatro de ellos volverían.

Pilotos y tripulación preparan los aviones de combate a bordo del USS Enterprise momentos antes de despegar para participar en la batalla de Midway. Solo cuatro de ellos volverían.

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Contratiempo japonés

El 3 de junio de 1942, un hidroavión PYB Catalina avistó una formación de buques de la Marina Imperial Japonesa a unas de 700 millas náuticas, y aunque en aquel momento los norteamericanos creyeron que se trataba del grueso principal de la flota nipona, aquella no era más que una pequeña escuadra que se había adelantado. Ante aquella inquietante presencia, el almirante Chester Nimitz envió un escuadrón de nueve bombarderos cuatrimotores B-17 para enfrentarse al enemigo, pero estos fallaron en todos sus objetivos.

Ante aquella inquietante presencia, el almirante Chester Nimitz envió a un escuadrón de nueve bombarderos cuatrimotores B-17 para enfrentarse al enemigo.

Por su parte, el almirante Chuichi Nagumo, temiendo la posibilidad de que pudiera haber portaaviones enemigos en las inmediaciones, ordenó, como medida de seguridad, enviar siete hidroaviones para que reconocieran la zona. Sin embargo el séptimo aparato se retrasó treinta minutos debido a un fallo mecánico en la catapulta que lo debía impulsar. Sin saberlo, aquella tardanza tendría nefastas consecuencias para los japoneses, ya que en la ruta del séptimo hidroavión se encontraba el portaaviones USS Yorktown, lo que dejaba completamente desprotegida a la escuadra japonesa.

Decisión arriesgada

El 4 de junio de 1942, la aviación japonesa apareció en los cielos de Midway. Los raids aéreos provocaron un desastre en las defensas norteamericanas gracias a la superioridad de los Zero, los cazas japoneses, que no perdieron ningún aparato, mientras que los norteamericanos perdieron diecisiete aviones. A partir de ese momento los japoneses bombardearon el atolón y ametrallaron a ras de suelo durante veinte minutos destruyendo edificios, depósitos de gasolina, hangares de hidroaviones, torretas de vigilancia, vehículos y posiciones de artillería antiaérea, además de acabar con numerosos marines y empleados de la base. El director de cine John Ford, que estaba rodando imágenes de la batalla para un documental, resultó herido en la espalda por un trozo de metralla.

El director de cine John Ford, que estaba rodando imágenes de la batalla para un documental, fue herido en la espalda por un trozo de metralla en Midway.

En palabras del oficial japonés Joichi Tomonaga: "Es preciso un segundo ataque", ya que los daños causados por los bombardeos no eran tan graves como se había esperado en un primer momento. Por su parte, el almirante Chuichi Nagumo aún desconocía el informe de los hidroaviones enviados, porque recordemos que uno de ellos había salido con treinta minutos de retraso. A pesar de esto, ordenó que bajaran los aviones a los hangares para sustituir los torpedos por bombas para lanzar otro raid sobre Midway. Aquella decisión era muy arriesgada porque el rearme de los aviones era una operación con un coste de tiempo muy elevado. Finalmente, el último hidroavión japonés procedente del crucero Tone, que había partido con treinta minutos de retraso, llegó con el siguiente informe: "Avistados diez buques, aparentemente enemigos, a 10 grados de elevación y 240 millas de Midway. Ruta 150 grados; velocidad superior a los 20 nudos". Presa del pánico, el almirante Nagumo ordenó suspender el rearme de los aviones y que la tripulación se mantuviera a la espera de nuevas ordenes.

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Finalmente, los portaaviones estadounidenses fueron detectados y Nagumo ordenó volver a subir todos los aviones a cubierta y volver a cambiar las bombas por torpedos, perdiendo así un tiempo precioso. Cuando las escuadrillas de 30 aviones comandadas por el contraalmirante Clarence McClusky regresaban a la base con el combustible necesario, detectaron a los portaaviones japoneses justo en el momento en que los aviones cargados con torpedos hacían más vulnerables a los buques, ya que si eran destruidos estando aún en cubierta, las deflagraciones podían ser devastadoras y hundirlos.

Así como asumió el éxito del ataque japonés a Pearl Harbour en 1941, el almirante Yamamoto también asumió la derrota de la Marina Imperial en la batalla de Midway.

Así como asumió el éxito del ataque japonés a Pearl Harbour en 1941, el almirante Yamamoto también asumió la derrota de la Marina Imperial en la batalla de Midway.

Foto: CC

Las escuadrillas detectaron a los portaaviones japoneses justo en el momento en que los aviones cargados con torpedos hacían más vulnerables a los buques.

Por su parte los japoneses consiguieron detectar al USS Yorktown y hundirlo, pero en la siguiente oleada de ataques los estadounidenses hundieron asimismo al Hiryu y cuatro portaaviones pesados, un crucero pesado y 250 aviones, con un total de 2.500 tripulantes. Al ser informado de la debacle en el Pacífico, el almirante Yamamoto decidió aceptar la derrota y retirarse. Al ser convocado por el Estado Mayor japonés, Yamamoto asumió la responsabilidad de lo ocurrido argumentando: "Yo soy el único que debe excusarse ante el emperador". El 6 de junio de 1942, durante la retirada de la Marina Imperial Japonesa, un grupo de bombarderos procedentes del portaaviones USS Enterprise acertaron al crucero Mikuma que se incendió y se hundió con 650 marineros a bordo.

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La derrota de Japón en la batalla de Midway fue de tal magnitud que, con el hundimiento de sus cuatro mejores portaaviones, fruto de una serie de circunstancias adversas, la Marina Imperial Japonesa quedó incapacitada para llevar a cabo nuevas ofensivas tanto en Asia como en el océano Pacífico. Esta colosal catástrofe condenó a los japoneses a interrumpir su expansión por Oceanía y, por tanto, modificó el curso de la historia, tanto de la Segunda Guerra Mundial como del siglo XX.

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