Conflicto fraticida

La Batalla del Jarama, la gran lucha por Madrid de la Guerra Civil española

A principios del mes de febrero de 1937 daba inicio el asedio del ejército sublevado en el curso del río Jarama para cortar el paso a las tropas republicanas. El objetivo era muy claro: aislar Madrid. Aunque el enfrentamiento terminó en tablas el 27 de febrero, aquella batalla pasaría a la historia como una de las más cruentas de toda la Guerra Civil.

Avance de la Infantería Republicana durante la batalla del Jarama.

Foto: Morata Turismo (Ayuntamiento de Morata de Tajuña)

A principios de 1937, Madrid era una ciudad leal a la República. La capital se encontraba prácticamente rodeada por el ejército nacional, que estaba ansioso por cortar la carretera que unía la capital con Valencia. El Alto Mando sublevado creía que la situación requería de acciones rápidas y contundentes, por lo que planeó una maniobra envolvente sobre la ciudad con la intención de llegar hasta Alcalá de Henares para así poder aislar definitivamente Madrid y forzar su rendición. Así, cuando llegó el mes de febrero, se desató la batalla que se preveía definitiva en las riberas del río Jarama.

Un conflicto internacionalizado

Muchos historiadores consideran la batalla del Jarama como una de las primeras batallas "modernas" de la Guerra Civil española por diversos motivos. Fue un enfrentamiento especial porque se llevó a cabo en campo abierto, por la enorme concentración de armamento (algo nunca visto hasta entonces) y por el continuo ir y venir de grandes contingentes militares tanto de aviación como de artillería pesada y de tanques, los soviéticos T-26. De hecho, se ha llegado a decir que esta fue la batalla que internacionalizó el conflicto, porque hasta España llegaron combatientes de todos los rincones del mundo: voluntarios de las Brigadas Internacionales, asesores soviéticos, e incluso la famosa Legión Cóndor alemana.

Se ha llegado a decir que la batalla del Jarama fue la que internacionalizó el conflicto, porque hasta España llegaron combatientes de todos los rincones del mundo: voluntarios de las Brigadas Internacionales, asesores soviéticos y la famosa Legión Cóndor alemana.

A finales del mes de enero, cuando el bando nacional pretendía iniciar la ofensiva y tras un primer intento desde el río Manzanares y la Casa de Campo y una segunda tentativa desde la línea de Majadahonda a Aravaca, el mal tiempo obligó a retrasar de nuevo las operaciones. El buen tiempo llegó finalmente el día 5 de febrero, y el día 6 se iniciaron las operaciones. Los movimientos de tropas dieron comienzo desde diversos puntos de las localidades de Pinto, Valdemoro, Gózquez de Abajo y La Marañosa, pero las persistentes lluvias volvieron a hacer acto de presencia y las operaciones se paralizaron de nuevo.

Mapa donde pueden observarse los movimientos de tropas durante la batalla del Jarama, en 1937.

Foto: PD

Al final, el 10 de febrero de 1937, el bando franquista empezó a preparar la toma de los puentes del río Jarama, y en la madrugada del día 11 se iniciaron nuevamente las hostilidades cuando el I Tabor (un tabor es una unidad militar del ejército colonial español equivalente a un pequeño batallón) de Tiradores de Ifni se hizo con el control del puente de Pindoque. Así, tomados por sorpresa, los combatientes republicanos no pudieron hacer estallar las cargas que estaban instaladas a lo largo del puente puesto que la mayoría habían sido desactivadas por los zapadores enemigos.

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El siguiente objetivo del ejército sublevado era el puente de Arganda, que estaba defendido por el Batallón Garibaldi, compuesto básicamente por voluntarios italianos. Ante la firme resistencia de los transalpinos, las unidades rebeldes intentaron entonces ocupar la meseta de Morata y poner rumbo a Arganda, pero en una operación dirigida por el general ruso Paulov, tres brigadas republicanas, junto con las Brigadas Internacionales XI y XV, lograron frenar en seco el avance nacional. Los enfrentamientos fueron tan intensos que los republicanos sufrieron una gran cantidad de bajas en sus filas, aunque aguantaron con firmeza la posición. Durante los días siguientes, los ataques y contraataques se sucedieron a través de los laberintos en que se habían convertido los olivares de la zona.

En una operación dirigida por el general ruso Paulov, tres brigadas republicanas, junto con las Brigadas Internacionales XI y XV, frenaron en seco el avance nacional.

Soldados republicanos en el frente durante la batalla del Jarama. 

Foto: Morata Turismo (Ayuntamiento de Morata de Tajuña)

Los intentos de cruzar la zona por parte de las tropas franquistas se prolongaron hasta el día 15, pero no sería hasta el 16 cuando se produjeron los avances más significativos. De este modo, tras el corte de la carretera que conducía al puente de Arganda (una operación que se saldó con un elevado coste de vidas), los sublevados vieron interrumpido su avance. De hecho, el bando republicano, reorganizado y con el relevo en el mando operativo, logró frenar al enemigo, que, agotado, se acabó atrincherando para poder mantener bajo su control el territorio conquistado hasta el momento. Por su parte, los republicanos lanzaron una contraofensiva con la clara intención de expulsar al ejército sublevado hasta la otra orilla del Jarama. Al mando de Enrique Líster, las tropas republicanas lanzarían ataques una y otra vez sobre las posiciones nacionales para retomar el cerro Pingarrón, que se hallaba en ese momento en poder de los sublevados.

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De hecho, el cerro Pingarrón está considerado por los historiadores como el escenario de uno de los episodios más cruentos de la Guerra Civil. El 23 de febrero, los republicanos estuvieron a punto hasta en tres ocasiones de hacerse con aquella valiosa posición, pero sus esfuerzos fueron en vano. Finalmente, el 27 de febrero, en un desesperado intento por recuperar el cerro, los componentes del Batallón Lincoln (una sección de la XV Brigada Internacional formada mayoritariamente por estadounidenses afiliados al Partido Comunista de EE. UU.), al mando Robert Hale Merriman, se lanzaron contra las posiciones que el ejercito franquista tenía junto a la carrera que conducía a San Martín de la Vega, pero fueron rechazados y sufrieron tantas bajas que los voluntarios supervivientes recordarían aquel lugar como "La Matanza". Entre los integrantes de esta unidad se encontraba Oliver Law, el primer afroamericano en actuar como comandante de una compañía de ametralladoras.

El 27 de febrero, en un desesperado intento por recuperar el cerro Pingarrón, los componentes del Batallón Lincoln se lanzaron contra las posiciones que el ejercito franquista tenía junto a la carrera que conducía a San Martín de la Vega, pero fueron rechazados.

Componentes del Batallón Lincoln, los combatientes voluntarios norteamericanos que participaron en la batalla del Jarama en el año 1937.

Foto: PD

Escena de lucha en las trincheras durante la batalla del Jarama.

Foto: Morata Turismo (Ayuntamiento de Morata de Tajuña)

Aquel sería uno de los muchos episodios sangrientos de una guerra que estaba lejos de terminar. De hecho, el saldo resultante de bajas de la batalla del Jarama fue elevado: entre 6.000 y 7.000 hombres por parte del bando rebelde y entre 9.000 y 10.000 por parte del bando republicano. Aquello dejaría una huella indeleble en el paisaje de la región. Al final, el frente se estabilizó sin que los contendientes consiguieran aparentemente sus objetivos. Algunos estudios recientes apuntan a que los republicanos retrocedieron varios kilómetros de los veinticinco que habían logrado conquistar, aunque pudieron conservar la tan deseada carretera de Valencia.

Un museo para el recuerdo

Tras la batalla del Jarama, ambos bandos se dedicaron a efectuar obras de fortificación y de atrincheramiento para consolidar sus posiciones. Los republicanos aumentaron sus posiciones defensivas tras el río Tajuña (un afluente del Jarama) en previsión a futuras ofensivas rebeldes (algo que acabaría ocurriendo en el mes de marzo de ese mismo año). Por su parte, el bando sublevado conservó todo el terreno conquistado y siguió fortificando sus posiciones, en las que permanecieron durante el resto de la contienda.

Los republicanos aumentaron sus posiciones defensivas tras el río Tajuña en previsión a futuras ofensivas rebeldes. Por su parte, el bando sublevado conservó todo el terreno conquistado y siguió fortificando sus posiciones.

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Hoy en día, en la localidad de Morata de Tajuña se encuentra el Museo de la Batalla del Jarama, uno de los pocos museos de España dedicado a la Guerra Civil española. Durante la visita se pueden contemplar todo tipo de materiales procedentes del campo de batalla, desde salvoconductos a cartillas de racionamiento, e incluso cascos atravesados por las balas. Una serie de objetos que Gregorio Salcedo, un vecino de la localidad, se dedicó a rescatar del olvido en los campos de labranza y en los olivares cercanos a Morata para que pudieran servir de testimonio de lo que aquí ocurrió para las generaciones futuras.