El fin del sueño austriacista

La batalla de Almansa, la mayor victoria borbónica de la Guerra de Sucesión Española

El 25 de abril de 1707 el ejército de Felipe V logró derrotar de forma decisiva a las fuerzas del archiduque Carlos en el pequeño pueblo manchego de Almansa. Esta victoria cambió el curso de la guerra, permitiendo a los borbones pasar a la ofensiva mediante la conquista del reino de Valencia y la toma de la ciudad de Lérida.

Este cuadro sobre la batalla fue pintado por Ricardo Balaca y Orejas Canseco en 1844, a la izquierda se puede ver al duque de Berwick y al fondo el castillo de Almansa. Museo del Prado, Madrid.  

Foto: Wikimedia Commons

En 1707 la situación era crítica en la península ibérica, tras cinco años de guerra para decidir si Borbones o Austrias se quedarían con la corona de España, los aliados del archiduque Carlos de Habsburgo habían conseguido entrar brevemente en Madrid y levantar en armas a toda la corona de Aragón contra Felipe V, quien necesitaba desesperadamente una victoria si quería mantenerse en el trono.

Afortunadamente para él su abuelo Luís XIV había enviado refuerzos desde Francia a lo largo del invierno, y también le había cedido uno de sus mejores generales, el duque de Berwick, para dar la vuelta a la guerra tras la continua serie de derrotas sufridas por sus ejércitos.

Ofensiva frustrada

El nuevo comandante borbónico decidió enfrentarse a los austriacistas en Levante para impedir que pudieran conquistar más provincias españolas, así que se desplegó en la frontera del reino Valencia, donde se concentraba la mayor parte del ejército enemigo.

Pretendiente a la corona británica como hijo del depuesto rey inglés Jacobo II, el duque de Berwick era uno de los mejores comandantes del ejército francés. Francisco Jover y Casanova 1877, Museo del Prado.

Foto: Wikimedia Commons

Efectivamente, el plan aliado para 1707 consistía en continuar con la ofensiva para derrotar a los borbones en campo abierto y luego marchar hacia Madrid. Su cabecilla, el conde de Galway, puso sus ojos en Murcia como objetivo de la campaña, pues allí encontraría numerosos depósitos de suministros que permitirían una marcha más holgada hacia el interior de la península.

En 1704 el conde de Galway tomó el mando de las fuerzas aliadas de Portugal, participando en la breve toma de Madrid de 1706 que llevó a la proclamación del archiduque Carlos como rey de España. Retrato por Michael Dahl, principios de siglo XVIII. 

Foto: Wikimedia Commons

La campaña empezó el 6 de abril, Galway se dirigió hacia la Mancha dado que el grueso del ejército enemigo se encontraba desplegado allí y debía derrotarlo antes de emprender la conquista de Murcia, pues de otro modo le podrían cortar sus rutas de suministro con Valencia dejándolo aislado en un territorio hostil.

Afortunadamente para los aliados Berwick todavía no había concentrado a sus fuerzas, por lo que el avance continuó sin contratiempos hasta alcanzar Villena el 17 de abril. Atrincherada en el castillo la guarnición felipista de esta plaza se negó a rendirse, y para no dejar un peligro potencial en su retaguardia el general inglés decidió asediarlo.

La minúscula guarnición de Villena resistió a todo el ejército austriacista durante siete días desde el castillo que domina todavía hoy el pueblo.

Foto: Wikimedia Commons

Esto dio a Berwick el tiempo que necesitaba para agrupar sus fuerzas en Almansa, reuniendo una fuerza de 25.000 hombres que casi duplicaba en número a los 15.000 soldados con los que contaba Galway. Sin saber que el enemigo les superaba en número, los aliados levantaron el asedio el 24 y se dirigieron hacia Almansa para presentar batalla, llegando a la ciudad manchega al día siguiente.

Galway ataca

Siguiendo las convenciones de la época ambos ejércitos se desplegaron en dos líneas con la caballería en los flancos en la amplia llanura que se abría frente Almansa. En sus filas había regimientos franceses, españoles, ingleses, portugueses y holandeses en una variada representación de las grandes potencias que se enfrentaban para dirimir el destino de la Europa Occidental.

Tras dedicar toda la mañana a desplegarse, la batalla empezó a las tres de la tarde con un ataque escalonado de los aliados encabezado por la caballería de su flanco derecho seguida por la infantería del centro y los portugueses del flanco derecho.


Sin esperar a que los austriacistas se le echaran encima, Berwick envió a sus jinetes contra el enemigo, en una brillante carga encabezada por la Guardia de Corps española que desbarató la primera línea de la izquierda aliada, solo para ser rechazada por el fuego de algunos batallones ingleses intercalados entre los jinetes enemigos.

Mientras en el centro la infantería intercambiaba andanadas de mosquetería, Galway rehizo su flanco y lanzó un segundo ataque que logró desbandar el flanco de Berwick. Este respondió con rapidez haciendo girar 90º a la derecha a parte de los batallones de su centro, los cuales formaron un nuevo frente y pusieron en fuga a la victoriosa caballería aliada e hirieron al mismo Galway, que abandonó el campo de batalla.

La batalla de Almansa en un grabado de 1870.

Foto: Cordon Press

Con la batalla todavía en el filo de la navaja, la infantería aliada consiguió superar la línea enemiga, cargando luego contra la debilitada reserva que también fue destrozada partiendo al ejército borbónico en dos. Durante este combate se destacaron especialmente los guardias británicos, que tras derrotar dos batallones persiguieron al enemigo en fuga hasta los muros de Almansa.

El punto de inflexión

Sin embargo la batalla aún no estaba ganada. Pese a que el centro aliado progresaba, el contingente portugués de su derecha no se había movido en todo el día, abriéndose una gran brecha entre ellos que ponía a holandeses e ingleses en peligro.

El comandante borbónico supo aprovechar esta afortunada circunstancia cargando con parte de su caballería contra la retaguardia de la victoriosa infantería aliada, mientras que enviaba el resto a ocuparse de los lusos. Simultáneamente, los jinetes de su derecha se reagruparon y volvieron al combate, desbaratando los maltrechos restos de la caballería inglesa.

Tras la derrota de sus flancos los aliados se rindieron o huyeron perseguidos por la caballería borbónica.

Foto: Cordon Press

Fue este ataque el que decidió la suerte del día, poniendo en fuga a la derecha aliada y rodeando su centro, que tras alguna horas de combate por romper el cerco terminó por rendirse. Al fin Berwick había logrado la victoria que tan ansiaba Felipe V, y aunque había sufrido 6.000 bajas los austriacistas perdieron a 4.000 soldados entre muertos y heridos a los que se añadían 5.000 prisioneros, entre ellos el batallón de guardias ingleses que tan fieramente había combatido.

Una dura represión

Con el principal contingente austriacista de la península aniquilado los borbones pudieron pasar a la ofensiva, ocupando el reino de Valencia a lo largo del verano y cruzando la frontera catalana para asediar Lérida, que caería el 13 de octubre.

Los muros medievales del castillo de Xátiva no pudieron detener a los felipistas, que tomaron la plaza tras un asedio de menos de un mes.

Foto: Wikimedia Commons

Un episodio que destaca tristemente de esta conquista es el asedio de Jávea, que pese a contar con solo 2.000 defensores decidió resistirse a los felipistas. Estos la saquearon en incendiaron sin piedad, masacrando a la mayoría de la guarnición y desterrando a sus habitantes (salvo 55 partidarios borbónicos) a Castilla para dar un castigo ejemplar que disuadiera al resto de ciudades valencianas.

Junto a la caza de guerrilleros y partidarios austriacistas Felipe V decidió castigar a sus rebeldes súbditos con la derogación de sus leyes y privilegios, que fueron abolidos tanto en Valencia como en Aragón por dos decretos de nueva planta que acababan con su estatuto político especial.

Decreto de nueva planta con la firma de Felipe V

Foto: Wikimedia Commons

Pese a que los aliados lograrían recuperarse en los años venideros, y volver a ocupar Madrid no podrían liberar a Valencia o Aragón del dominio borbónico, dejando a Cataluña sola ante el peligro. El principado claudicaría en 1714 tras el sitio de Barcelona, y aunque la Guerra de Sucesión es considerada un derrota para Francia, Almansa sin duda fue la gran victoria que permitió a Felipe V conservar su corona.

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