Un barco funerario

Basil Brown, el descubridor de Sutton Hoo

El británico Basil Brown, arqueólogo autodidacta, es el responsable de haber descubierto en la localidad ingles de Sutton Hoo, en 1939, uno de los barcos funerarios más excepcionales de Gran Bretaña. La historia de este sensacional hallazgo y de su descubridor se cuenta en la novela John Preston, en la que se basa la película "La excavación", estrenada en 2021.

Foto: Cordon Press

Un "excavador" más que un arqueólogo. Así se veía a sí mismo Basil Brown, quien, diecisiete años después de que Howard Carter descubriera la tumba de Tutankamón en el Valle de los reyes, el 4 de noviembre de 1922, hizo un descubrimiento de similar trascendencia bajo unos montículos situados en la localidad inglesa de Sutton Hoo, en Suffolk, en el año 1939: los restos de un barco funerario del siglo VII. Este arqueólogo y astrónomo autodidacta, que siempre viajaba en bicicleta, definió Sutton Hoo como el "descubrimiento de mi vida", una vida que tocó a su fin el 12 de marzo de 1977.

Un estudioso autodidacta

Nacido el 22 de enero de 1888, Basil Brown era hijo de unos agricultores que se mudaron a un pequeño pueblo cerca de Suffolk llamado Rickinghall. Muy pronto Basil tuvo que dejar la escuela para ayudar en la granja familiar. A pesar de esto, el joven continuó asistiendo a clases nocturnas y obtuvo un certificado de dibujo a los catorce años. Gracias a los conocimientos que logró por su cuenta en arqueología y astronomía, fue distinguido con un diploma en 1907. Basil también tenía gran facilidad para los idiomas y pronto aprendió a hablar francés con fluidez. Asimismo adquirió nociones de latín, griego, alemán y español, todo ello mediante la lectura y ayudado por algunas retransmisiones radiofónicas.

Muy pronto Basil tuvo que dejar la escuela para ayudar en la granja familiar. A pesar de esto, el joven continuó asistiendo a clases nocturnas y obtuvo un certificado de dibujo a los catorce años.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Basil Brown fue declarado médicamente incapaz para alistarse, pero sin embargo sirvió como voluntario en el Cuerpo Médico del Royal Army de Suffolk. El 27 de junio de 1923, Basil se casó con Dorothy May Oldfield, una empleada doméstica con la que se fue a vivir a la granja de su padre. No fue aquella una época muy fácil para la pareja, puesto que la granja no daba muchos beneficios, y a pesar de que Dorothy luchaba denodadamente para sacar el negocio adelante, Basil estaba más preocupado por sus estudios de astronomía.

Este casco fue uno de los objetos encontrados junto al barco funerario en la excavación de Sutton Hoo llevada a cabo por Basil Brown.

Este casco fue uno de los objetos encontrados junto al barco funerario en la excavación de Sutton Hoo llevada a cabo por Basil Brown.

Foto: CC

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Sutton Hoo

Gracias a una invitación de los astrónomos W. F. Denning y A. Grace Cook, Basil Brown entró a formar parte de la Asociación Astronómica Británica en 1918. Durante sus observaciones del firmamento pudo observar el tránsito de Mercurio el 7 de mayo de 1924, y publicó artículos sobre cartografía y astronomía en la revista The English Mechanic and World of Science. En abril de 1932, Brown escribió un artículo en el Journal of the BAA(JBAA) sobre el astrónomo Stephen Groombridge, y aquel mismo año publicó el libro Atlas Astronómico, mapas y gráficos. A finales de 1934, su situación financiera era tan precaria que no pudo pagar la suscripción anual de la revista JBAA. De este abrupto modo cesó su carrera como observador en la Asociación. Sus graves problemas económicos le obligaron asimismo a abandonar la granja ya que no podía mantenerla, y tuvo que vivir de los trabajos ocasionales que le daban los granjeros de la zona.

A finales de 1934, su situación financiera era tan precaria que no pudo pagar la suscripción anual de la revista JBAA. Así cesó su carrera como observador en la Asociación y también tuvo que abandonar la granja por no poder mantenerla.

A pesar de dedicar la mayor parte de su tiempo a trabajos temporales y a actuar como policía voluntario, Brown siguió con su afición por la arqueología y finalmente consiguió un trabajo a tiempo parcial en el Museo de Ipswich. En su nuevo puesto, descubrió ocho construcciones medievales y diferentes asentamientos romanos, incluyendo la villa romana de Stanton Chair, excavada entre 1936 y 1938, y unos hornos de alfarería en el área de Wattisfield. Gracias a aquellos hallazgos, Basil Brown conseguiría el encargo de su vida: la excavación de Sutton Hoo, un descubrimiento que cambiaría para siempre la historia de Inglaterra en el período comprendido entre la ocupación romana y la época vikinga.

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Primeros hallazgos

La propietaria de los terrenos era Edith Pretty, la hija de una rica familia de industriales que junto a su marido, Frank Pretty, un rico fabricante textil, se había mudado a Sutton Hoo, una finca situada al sureste de Inglaterra. En la finca se alzaban unos extraños montículos de tierra que habían dado origen a diferentes leyendas sobre fantasmas y aparecidos. En su juventud, Edith viajó con su padre a Egipto y asistió a las excavaciones de un monasterio cisterciense, lo que despertaría su interés por la arqueología. A la muerte de su marido, Edith decidió ponerse en contacto con el museo local de Ipswich para comenzar a excavar esos enigmáticos túmulos, pero el museo no pareció estar muy interesado en el proyecto y se limitó a ponerla en contacto con un arqueólogo aficionado llamado Basil Brown.

Durante más de 15 días, Brown estuvo desenterrando objetos de todo tipo. El arqueólogo afirmaba que brillaban como el mismo día que fueron enterrados, como parece demostrar este reluciente broche de hombro que formaba parte del conjunto.

Durante más de 15 días, Brown estuvo desenterrando objetos de todo tipo. El arqueólogo afirmaba que brillaban como el mismo día que fueron enterrados, como parece demostrar este reluciente broche de hombro que formaba parte del conjunto.

Foto: CC

En su juventud, Edith viajó con su padre a Egipto y asistió a las excavaciones de un monasterio cisterciense, lo que despertaría su interés por la arqueología.

Brown dio inicio a las excavaciones en Sutton Hoo en junio de 1938, empezando por los montículos más pequeños. Durante los trabajos, Brown descubrió pruebas de que estos habían sido saqueados por los ladrones de tumbas, pero a pesar de eso encontró un disco de bronce que le hizo pensar que esos túmulos podían ser anteriores a la época vikinga. Cuando los tambores de la guerra que se avecinaba empezaban a sonar, durante el verano de 1939, Brown decidió por fin trabajar en el túmulo más grande y muy pronto dio con unos fragmentos de hierro que identificó sin dudarlo como los remaches de un barco.

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El gran descubrimiento

Fue entonces cuando Brown hizo su increíble descubrimiento: los restos de un enorme barco de 27,4 metros de eslora. Desgraciadamente la madera se había disuelto en la tierra, junto con los restos humanos que había enterrados en su interior, pero quedaba impresa en el suelo la impresionante huella de un barco de más de un milenio de antigüedad. Por hallazgos anteriores, Brown supuso que un barco de ese tamaño podía contener un extraordinario cargamento de objetos funerarios que habrían sido enterrados en su interior, junto con el difunto. El 14 de junio, Brown halló lo que creyó que podía ser una estructura de madera parecida a una cabaña erigida en el centro del barco a modo de cámara funeraria.

Por hallazgos anteriores, Brown supuso que un barco de ese tamaño podía contener un extraordinario cargamento de objetos funerarios que habrían sido enterrados en su interior, junto con el difunto.

Durante diecisiete días, Brown desenterró una gran cantidad de piezas fabulosas: monedas y broches de oro, un yelmo, armas, un escudo, un cetro, un portaestandarte, calderos, copas de bronce e incluso una lira. "Todos los objetos brillaban a la luz del sol como el día en que fueron enterrados", anotó Basil Brown en su diario. El conjunto arqueológico incluía otros objetos de diversa procedencia europea y del Mediterráneo bizantino. En suma, un riquísimo ajuar funerario. Pero cuando aquel magnífico hallazgo salió a la luz, Basil Brown fue apartado de la excavación por parte de los responsables del Museo Británico y de la Universidad de Cambridge al considerar que él no estaba lo suficientemente cualificado para un trabajo de tal envergadura porque no disponía de la titulación adecuada, y el descubridor del barco de Sutton Hoo fue relegado a labores básicas.

Una réplica del barco funerario muestra el aspecto original que pudo tener el hallazgo que llevó a cabo Basil Brown en 1939.

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Foto: CC

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Sin reconocimiento

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Basil Brown volvió a ser contratado por el Museo de Ipswich y por la Sociedad Astronómica del Distrito. En 1952 realizó excavaciones arqueológicas en Rickinghall, donde hizo importantes descubrimientos en sus dos parroquias. En Rickinghall superior, una capilla de la Virgen, desaparecida hacía tiempo. Y en Rickinghall inferior, una pila bautismal normanda. En el transcurso de unas excavaciones en la localidad de Broom Hills, en 1965, Brown sufrió, según las fuentes, un derrame cerebral o un ataque cardíaco. Apartado de la actividad por sus problemas de salud, Basil Brown moriría el 12 de marzo de 1977 en su casa de Rickinghall, aquejado de neumonía. Aunque Brown nunca publicó sus trabajos, sus cuadernos meticulosamente guardados, incluidas fotografías, planos y dibujos, ahora son propiedad del Servicio Arqueológico del Consejo del Condado de Suffolk y la Oficina de Registros de Ipswich, y dan fe de la minuciosidad y cuidado que Brown puso en su labor como arqueólogo. La contribución de Brown a la arqueología fue reconocida en 2009 con una placa en la iglesia inferior de Rickinghall, localidad donde el excavador vivió casi toda su vida. Sin embargo, su labor en el hallazgo arqueológico de Sutton Hoo sigue, a día de hoy, sin recibir el reconocimiento que se merece.

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