Los restos del naufragio fueron destruidos por los nazis

El Ayuntamiento de Nemi pide compensación a Alemania por la destrucción de los barcos de Calígula

En la noche entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1944, las tropas alemanas atrincheradas en Nemi, en la provincia de Roma, prendieron fuego a dos barcos del siglo I d. C., que habían sido construidos para el emperador romano Calígula. El municipio de Nemi afirma que Alemania debe pagar por ese "gesto consciente de vandalismo".

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Archivio fotografico storico del Museo della scienza e della tecnologia L. da Vinci / CC

Hace 76 años, en la noche entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1944, las tropas nazis en retirada de Italia incendiaron y destruyeron dos barcos romanos que habían pertenecido al emperador Calígula y que en ese momento se encontraban en el Museo Nacional de Barcos Romanos.

El Ayuntamiento de Nemi (Roma), donde se descubrieron los barcos, ha decidido en los últimos días pedir una compensación a Alemania. El alcalde Alberto Bertucci ha firmado una resolución que dice: “Ese daño irreparable a un bien arqueológico no fue el resultado de una acción de guerra impredecible, sino un gesto consciente de vandalismo. Por eso pedimos una indemnización”. Sin embargo, la compensación económica no es el único objetivo: con esta acción se pide principalmente a la República Federal de Alemania que colabore para reconstruir los restos que se recuperaron de los dos barcos, utilizando las últimas tecnologías y haciendo uso de la increíble cantidad de datos recopilados durante los pocos años en que los barcos fueron exhibidos en el museo.

Los barcos de Nemi

El lago de Nemi, en los montes Albanos (provincia de Roma), es un cuerpo de agua de origen volcánico de solo 1,67 kilómetros cuadrados. En su fondo se encontraron dos barcos colosales, un hecho que ha despertado, a lo largo de los años, infinidad de hipótesis sobre el propósito de las naves. Ni siquiera se sabía con seguridad quién los había hecho construir, aunque a lo largo de los siglos se puede seguir la pista de las asombrosas “naves de Tiberio” en varios documentos y fuentes antiguas.

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En el siglo I d.C. el lago era conocido como speculum Dianae, el espejo de Diana, y en sus orillas se hallaba un templo dedicado a la diosa, uno de los lugares de culto más importantes de la época. El emperador Cayo Julio César Germánico, más conocido como Calígula, tenía un vínculo particular con este santuario, tanto como para ordenar la construcción de dos naves colosales, que según algunos historiadores incluían otro templo dedicado a la diosa. Según otros, Calígula ordenó construir los barcos para demostrar la supremacía de Roma o incluso para simular batallas navales.

Esta última hipótesis no resulta nada convincente, aunque está muy en línea con el carácter del emperador Calígula que nos ha transmitido la historia. Despótico, caprichoso y cruel, era odiado profundamente por todos y fue asesinado con solo 29 años, en el año 41 d.C. Después de su muerte, los senadores, a menudo humillados por el emperador, ordenaron destruir todas las obras que construyó para borrar su recuerdo. Probablemente fue entonces cuando las naves de Nemi fueron hundidas, y con el paso del tiempo su existencia se convirtió en leyenda.

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Vista aérea del casco de la segunda nave de Nemi fuera del agua. 1932

Archivo fotográfico histórico del Museo de la Ciencia y la Tecnología Leonardo da Vinci / CC

Siglos de intentos

Siglos después, los habitantes del área de Nemi continuaban hablando de un tesoro escondido en el fondo del lago. Las historias eran secundadas por extraños objetos o trozos de madera que los pescadores encontraban enredados en sus redes de pesca. Había quien hablaba de un maravilloso tesoro sumergido. Así fue como en el siglo XV el señor de Nemi y Genziano, el cardenal Prospero Colonna, quiso determinar cuánta verdad había en esos rumores. Llamó al arquitecto, humanista e ingeniero hidráulico Leon Battista Alberti, quien, utilizando barriles vacíos y un equipo de buceadores especialistas en trabajos submarinos llamados marangoni, encontró en el fondo del lago un naufragio de proporciones sin precedentes. Incluso intentaron devolverlo a flote usando ganchos, con el único resultado de arrancar parte de él.

Las historias de un tesoro escondido en el fondo del lago de Nemi eran secundadas por extraños objetos o trozos de madera que los pescadores encontraban enredados en sus redes de pesca.

Casi un siglo después, el 15 de julio de 1535, Francesco de Marchi, arquitecto y experto en arte militar, se sumergió en el lago de Nemi para observar personalmente el naufragio. Dejó constancia de su aventura en su obra Sobre arquitectura militar (1599), y logró determinar las medidas del casco más cercano. “Até una parte del flanco del barco; y con un cabrestante que teníamos arriba, en un puente de barriles, sacamos tanta madera que podríamos haber cargado perfectamente dos mulas... y todavía sacamos un pedazo de esmalte de un pavimento que era rojo y de hermoso color”, escribió.

Pasaron trescientos años hasta que, en 1827, el caballero Annesio Fusconi intentó sacar a la luz los restos del naufragio, pero fue interrumpido por el mal tiempo. Poco tiempo después, en 1895, la familia Orsini -propietaria del lago- y el gobierno del Reino de Italia llegaron a un acuerdo para explorar el fondo del lago mediante buzos. Después de casi 2000 años, salieron a la luz una serie de hallazgos extraordinarios, como una virola en forma de cabeza de león y otra en forma de Medusa. Esta vez, aunque hasta entonces se había pensado que las naves pertenecían a Tiberio o Trajano, se encontraron fístulas de plomo con el nombre de Calígula grabado en ellas.

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Elemento decorativo de bronce para la cabeza de una viga, que representa la cabeza de un león con un anillo entre los dientes. 1928-1930

Archivo fotográfico histórico del Museo de la Ciencia y la Tecnología Leonardo da Vinci / CC

Y a pesar de estos resultados extraordinarios, tampoco esta vez fue posible sacar el pecio del fondo del lago. Por otro lado, el 18 de noviembre de ese mismo año, se encontró un segundo casco a unos cientos de metros del primero, del cual emergió una viga con el relieve de un brazo y una mano. Muchos hallazgos encontrados en esa ocasión fueron adquiridos por el Museo Nacional Romano, pero otros terminaron en todos los rincones del mundo. Parecía claro que este patrimonio extraordinario tenía que ser protegido.

Un rescate sensacional

Aun así, a pesar de un tímido intento de recuperar los dos pecios a principios del siglo XX, para pasar a la acción fue necesario esperar hasta 1926, con la llegada del fascismo y la protección de todo lo que tenía que ver con la antigua Roma. Corrado Ricci, arqueólogo, historiador del arte y senador del Reino de Italia, fue nombrado presidente de una comisión de estudio que adoptó la propuesta del ingeniero militar Vittorio Malfatti: vaciar parcialmente el lago para recuperar los barcos.

En 1927 Benito Mussolini anunció el inicio de los trabajos para recuperar los pecios: se haría uso de un antiguo túnel de drenaje romano que conectaba el lago con las tierras de cultivo circundantes y que, seguramente, también había sido utilizado para reducir el nivel de las aguas cuando amenazaban con sumergir el santuario de Diana, construido en la orilla del lago. La recuperación de los dos barcos fue una tarea muy compleja: duró cinco años, de 1928 a 1932, y fue probablemente el trabajo de rescate submarino más importante que se hubiera llevado a cabo hasta entonces.

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En el centro de la foto Benito Mussolini, apoyado contra la balaustrada y con el sombrero en la cabeza, observa el vaciado del lago de Nemi. 20 de octubre de 1928

Archivo fotográfico histórico del Museo de la Ciencia y la Tecnología Leonardo da Vinci / CC

Obras maestras de ingeniería

El estado de conservación de los pecios -deteriorados debido a la acción del agua y los intentos de rescate anteriores que habían mutilado los cascos- ciertamente no era ideal, pero aun así permitió una reconstrucción imaginaria de cómo deberían haber sido estos dos colosos flotantes.

“Eran palacios rodeados de logias, con triclinios, habitaciones donde dormir, capillas para el culto, ninfeos, jardines: todo ricamente decorado con mármoles preciosos, metales, marfil, (...) madera perfumada, esculturas, con velas de lino fino, pabellones de púrpura, telas doradas en las paredes”, habría escrito Corrado Ricci en su libro Figuras y fantasmas (1931).

Básicamente, el barco más grande tenía la apariencia y funciones de un palacio flotante, equipado con todas las comodidades en boga en la época romana: decorado con mosaicos y pavimentos de mármol, estaba equipado incluso con baños y calefacción. También sabemos que, debido a la falta de espacio, solo podría moverse si era remolcado por otros barcos, porque no había lugar para los remeros.

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En el segundo pecio se encontraron objetos sagrados, como un sistro, lo que sugeriría una función de culto. Este espléndido barco tenía más de setenta metros de largo y veinticinco de ancho.

El incendio

Los restos fueron transportados al Museo de Barcos Romanos, donde permanecieron durante 12 años. Mientras tanto en Europa estalló la Segunda Guerra Mundial, que en 1944 había alcanzado una de sus etapas más sangrientas. A principios de ese año, un destacamento de tropas alemanas se atrincheró en Nemi. Parece que fueron estas, en la noche entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1944, quienes prendieron fuego a las naves, causando la destrucción de los barcos y de todo el museo, un incendio por el cual ahora el Ayuntamiento de Nemi pide a Alemania que rinda cuentas.

A continuación, un vídeo con algunos clips del Istituto Luce que muestra la recuperación de las naves:

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