Empieza la Primera Guerra Mundial

Atentado en Sarajevo

El 28 de junio de 1914 el nacionalista serbobosnio Gavrilo Princip disparó mortalmente al archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona del Imperio austrohúngaro, y a su esposa, la condesa Sofía Chotek, en Sarajevo. El atentado fue el pretexto usado por Austria-Hungría para comenzar las hostilidades de la Gran Guerra.

El archiduque y su esposa abandonan el Ayuntamiento de Sarajevo; los asesinarán poco después, a bordo del automóvil al que van a subir, como recrea en su portada La Domenica del Corriere de comienzos de julio.

Foto: Look and Learn / Bridgeman / ACI

En la soleada mañana del domingo 28 de junio de 1914, los destinos de dos hombres se cruzaron trágicamente en la ciudad de Sarajevo, capital de la exótica y montañosa provincia balcánica de Bosnia-Herzegovina. Nada podría haber hecho pensar que sus caminos se encontrarían alguna vez. Uno, el archiduque Francisco Fernando, era a sus 50 años el heredero del Imperio austrohúngaro y poseía una inmensa fortuna; el otro, Gavrilo Princip, de 19 años, era hijo de una humilde familia de campesinos de aquella región, carecía de recursos económicos y alentaba una única determinación: asestar a la monarquía austrohúngara –que seis años atrás se había anexionado Bosnia-Herzegovina– un golpe que sacudiera sus cimientos y despertara la conciencia de los eslavos bosnios, ya fueran serbios, croatas o musulmanes, incitándolos a rebelarse contra los ocupantes austrohúngaros. Y ese golpe no era otro que el asesinato del archiduque.

Cronología

1914, una fecha decisiva

Marzo

Gavrilo Princip concibe la idea de asesinar al heredero de la corona de Austria-Hungría.

Mayo-junio

La Mano Negra, organización ultranacionalista serbia, presta su apoyo a Princip.

28 de junio

En Sarajevo, Princip asesina al archiduque Francisco Fernando y a su esposa.

Octubre

Tiene lugar el juicio por el atentado. Princip es condenado a cadena perpetua.

Las razones de un atentado

Francisco Fernando no estaba destinado al trono, y parecía que tampoco a una larga vida: durante un tiempo se creyó que moriría de tuberculosis. Pero sobrevivió a la enfermedad, al hijo del anciano emperador Francisco José –su primo Rodolfo, heredero del trono y que se suicidó por amor– y a su propio padre, hermano del emperador, que era el siguiente en la línea sucesoria y falleció de fiebres tifoideas en 1896. Con ello, el archiduque se convirtió inopinadamente en el sucesor de Francisco José en una época en que el Imperio empezaba a enfrentarse a una crisis existencial.

Su soberano regía un Estado dividido entre Austria y Hungría, territorios que, además del monarca, sólo tenían en común los ministerios de Guerra, Exteriores y Finanzas. Esa frágil unidad, basada en el dominio político de austríacos y magiares sobre los otros pueblos que poblaban el Imperio, se hallaba amenazada por el auge de los nacionalismos eslavos, con el foco de Bohemia al norte, y de Serbia al sur. Este último había convertido Bosnia-Herzegovina en un polvorín.

Portada 'La Domenica del Corriere' de comienzos de julio de 1914.

Portada 'La Domenica del Corriere' de comienzos de julio de 1914.

Foto: Stefano Bianchetti / Getty Images

Para comprender las raíces de esta situación debemos remontarnos a casi cuarenta años atrás, cuando la victoria del Imperio ruso sobre el otomano, combinada con una gran revuelta de los pueblos balcánicos sometidos a los otomanos –en la que combatieron el abuelo y el padre de Princip– permitió a Bulgaria, Rumania, Montenegro y Serbia alcanzar la independencia. Los dirigentes serbios acariciaban el sueño de una Gran Serbia que incluyera en sus fronteras a todos los eslavos de los Balcanes bajo su hegemonía, pero este ideal sufrió un durísimo golpe en 1908, cuando el Imperio austrohúngaro se anexionó Bosnia-Herzegovina, que seguía siendo formalmente otomana, pero que los acuerdos internacionales habían puesto bajo tutela austrohúngara desde 1878. Sobre aquel territorio, cuya población estaba formada por musulmanes, croatas y en torno a un 43 por ciento de serbios –como la familia de Princip– se proyectaban las ambiciones de Serbia.

En este país, la anexión fue considerada una afrenta y dio lugar a una furibunda reacción nacionalista que en 1911 llevó a la fundación de la organización Unión o Muerte. Más conocida como la Mano Negra, esta sociedad tenía como líder al oficial Dragutin Dimitrijevic, llamado Apis, con un enorme ascendiente en el ejército, y su fin era conseguir la unificación de todos los serbios sin importar los medios.

Francisco José I. En 25 años, el emperador vivió el suicidio de su hijo Rodolfo, el asesinato de la madre de éste, Sissi, y el del nuevo heredero de la corona, Francisco Fernando.

Francisco José I. En 25 años, el emperador vivió el suicidio de su hijo Rodolfo, el asesinato de la madre de éste, Sissi, y el del nuevo heredero de la corona, Francisco Fernando.

Foto: Alamy / ACI

En la propia Bosnia-Herzegovina, la anexión levantó un gran rechazo. Princip, que en 1907, con 13 años, había llegado a Sarajevo desde su aldea natal para estudiar en la capital de la provincia, también experimentó una indignación que se iría convirtiendo en rabia por las precarias condiciones de vida de la población campesina, a la que él mismo pertenecía (seis de sus hermanos murieron en la infancia), y la falta de derechos políticos. Como él, cientos de jóvenes se oponían al dominio colonial austrohúngaro y anhelaban pasar a la acción. Muchos formaban parte de Joven Bosnia, una constelación de grupos que promovían la resistencia contra las autoridades de Austria-Hungría.

La acción directa

Para muchos miembros de Joven Bosnia, la violencia era un instrumento legítimo con que responder a la opresión, y fue justamente el acto violento de uno de ellos el que marcaría el camino a seguir por parte de Princip. El 15 de junio de 1910, Bogdan Zerajic, de 23 años, disparó cinco veces contra el gobernador de Bosnia-Herzegovina en el puente del Emperador, sobre el río Miljacka, en Sarajevo. Pero falló, y con la última bala se suicidó. Zerajic se convirtió para Princip en el impactante ejemplo de devoción a la causa de la liberación de Bosnia.

En Sarajevo, Princip devoraba todo tipo de literatura revolucionaria (socialista, anarquista, nacionalista) y asistía a las manifestaciones estudiantiles contra el dominio extranjero, aunque siempre mantuvo un carácter más bien retraído y solitario. A medida que aumentaba su interés por la política decayeron sus notas, mientras que los profesores, sabedores de sus inclinaciones políticas, lo trataban mal. Por fin, en 1912 decidió marchar a Belgrado, la capital serbia, para completar su formación. Fue durante su estancia allí cuando el joven rebelde se transformó en un asesino.

Una edición extraordinaria del 'Bosnische Post', de Sarajevo, da cuenta del atentado el mismo día.

Una edición extraordinaria del 'Bosnische Post', de Sarajevo, da cuenta del atentado el mismo día.

Foto: Elvis Barukcic / Getty Images

Serbia se había convertido en la campeona del paneslavismo balcánico y el refugio de todos los perseguidos en Bosnia; Belgrado era un imán que atraía a decenas de jóvenes que acudían allí para estudiar tanto como para expresar libremente sus anhelos políticos. Muchos de ellos se alistaron como combatientes irregulares en las guerras balcánicas de 1912 (contra los otomanos) y 1913 (contra Bulgaria), de las que Serbia salió con el doble de población y territorio.

Princip quiso alistarse en 1912, pero fue rechazado por su débil complexión, y pasó a malvivir en Belgrado junto con otros muchos estudiantes y excombatientes bosnios de las dos guerras pasadas. Fue entonces cuando le llegó la oportunidad de demostrar quién era en verdad, y no ese «tipo debilucho» por el que le tomaba la gente, «alguien completamente malogrado debido al estudio inmoderado de la literatura. Y yo fingía que era una persona débil, a pesar de que no lo era», diría a los investigadores tras el atentado.

El complot

A mediados de marzo de 1914, Princip estaba sentado con su amigo Nedeljko Cabrinovic en uno de los cafés donde se reunían estudiantes y excombatientes de origen bosnio, cuando Cabrinovic le enseñó un recorte de periódico que le acababan de enviar, en el que se anunciaba que el heredero de la corona visitaría Sarajevo el 28 de junio, tras supervisar las maniobras militares que tendrían lugar allí aquel mes. Inmediatamente, Princip concibió el proyecto de atentar contra su vida.

Un triunfo serbio. Esta medalla de oro conmemora la victoria de Serbia sobre los otomanos en la primera guerra balcánica, de 1912.

Un triunfo serbio. Esta medalla de oro conmemora la victoria de Serbia sobre los otomanos en la primera guerra balcánica, de 1912.

Foto: Dragan Ilic / Alamy / ACI

Para ello necesitaba cómplices, armas, dinero y cobertura para entrar clandestinamente en Bosnia desde Serbia. Sus cómplices serían dos camaradas serbobosnios en Belgrado: el también estudiante Trifko Grabez y Cabrinovic, que trabajaba como tipógrafo. Todo lo demás procedería de la Mano Negra. Aunque se suele afirmar que fue esta organización la que tramó el atentado, más bien se puede decir que dio apoyo a un complot presidido por el amateurismo, del que lo más asombroso es que triunfara.

Princip consiguió las armas a través de Milan Ciganovic, excombatiente serbobosnio vinculado a la Mano Negra, quien antes de entregárselas reclamó la aquiescencia del comandante serbio Voja Tankosic, un jefe de esa organización, cuyo líder, Apis, afirmaría más tarde que toda la conjura había sido obra de esta sociedad. También se diría que Princip pertenecía a ella; sin embargo, los objetivos políticos de la Mano Negra (la unificación de los eslavos del sur bajo hegemonía serbia) eran muy distintos de los de Princip, que creía en un Estado que acogiera a serbios, musulmanes y croatas en pie de igualdad.

Ciganovic les facilitó seis bombas y cuatro pistolas, y les enseñó a usar estas últimas en un bosque; también les proporcionó dinero para pagar el viaje hasta Sarajevo. Dejaron Belgrado el 28 de mayo. Gracias al apoyo de la Mano Negra contaron con la complicidad de agentes de aduanas serbios para cruzar el río Drina, que constituía la frontera con Bosnia, y de campesinos serbobosnios que, en el otro lado, les ayudaron en un viaje campo a través hasta Tuzla, desde donde siguieron por ferrocarril hasta llegar a Sarajevo el 4 de junio.

La ciudad donde empezó todo. Sarajevo sufrió un atroz asedio durante la guerra de Bosnia, entre 1992 y 1996. El antiguo Ayuntamiento visitado por los archiduques fue destruido por las bombas y se reconstruyó acabada la contienda.

La ciudad donde empezó todo. Sarajevo sufrió un atroz asedio durante la guerra de Bosnia, entre 1992 y 1996. El antiguo Ayuntamiento visitado por los archiduques fue destruido por las bombas y se reconstruyó acabada la contienda.

Foto: Kemal Becirevic / Getty Images

Antes, Princip había escrito a su antiguo amigo Danilo Ilic, que vivía en Sarajevo y era miembro de la Joven Bosnia, para pedirle que buscara más cómplices para el atentado, a fin de asegurar su éxito. En mayo, Ilic reclutó a tres personas más: un carpintero bosnio musulmán de unos 26 años, Muhamed Mehmed-basic, que ya había estado implicado en un plan de la Mano Negra para matar al general Potiorek, entonces gobernador de Bosnia-Herzegovina, y dos estudiantes: Cvetko Popovic, de 18 años, y Vaso Cubrilovic, de 17.

El 14 de junio, Ilic fue a recoger las armas, que Princip había confiado a un hombre de negocios de Tuzla, pero conforme pasaba el tiempo experimentaba cada vez más dudas acerca del atentado, puesto que creía que iba a traer mayor sufrimiento a los serbios sometidos a los austrohúngaros, y pensaba que la acción política era más efectiva que el terrorismo. Discutió sobre esto con Princip, pero finalmente decidió seguir adelante con el plan porque no quiso abandonar a su amigo.

El atentado

El 28 de junio, un domingo, brillaba el sol en Sarajevo. Francisco Fernando y su esposa, la condesa Sofía Chotek, asistirían a una recepción en el Ayuntamiento y luego visitarían el museo local. Llegarían a Sarajevo desde Ilidza, una población balnearia cercana, y para cumplir con el programa deberían recorrer dos veces el muelle Appel, una amplia avenida junto al río Miljacka, que divide Sarajevo en dos: primero, para ir desde la estación al Ayuntamiento y luego para ir desde allí hasta el museo.

Un Graf & Stift descapotable. El vehículo en que viajaban los archiduques era propiedad del conde Harrach, que iba junto a ellos; se conserva en el Museo de Historia Militar de Viena.

Un Graf & Stift descapotable. El vehículo en que viajaban los archiduques era propiedad del conde Harrach, que iba junto a ellos; se conserva en el Museo de Historia Militar de Viena.

Foto: Ian G. Dagnall / Alamy / ACI

Los seis hombres armados –Mehmedbasic, Cubrilovic, Cabrinovic, Popovic, Princip y Grabez– se emboscaron a lo largo de la avenida, mezclándose con la multitud que aclamaba a los archiduques. Para escenificar la cercanía de la Corona y el pueblo bosnio, el recorrido no estaba acordonado por el ejército, y las autorizades locales sólo habían movilizado a 150 policías. La posibilidad de un atentado flotaba en el ambiente, y eso era lo que había impulsado a la condesa a acompañar a su marido a Bosnia. Cuando la comitiva de seis vehículos pasó por delante de Mehmedbasic, el primer terrorista, éste creyó que tenía detrás a un policía y no sacó su bomba, pero sí lo hizo Cabrinovic, que la lanzó hacia el stulphut, el casco coronado de plumas de buitre teñidas de verde del archiduque, que iba en el tercer automóvil. La bomba rebotó en la capota plegada del coche y cayó al suelo, explotando al paso del siguiente vehículo e hiriendo a varias personas. Eran las 10:10. Los automóviles aceleraron, los otros implicados no pudieron apuntar y Cabrinovic fue detenido tras saltar al Miljacka para huir (en verano, el caudal del río era escasísimo) y tras tomar el cianuro que todos los terroristas tenían para suicidarse, que sólo le quemó la boca y la garganta.

El archiduque no quiso mostrar temor y asistió con su esposa a la recepción en el Ayuntamiento, aunque se decidió modificar el recorrido posterior. Los archiduques no entrarían en la ciudad para ir al museo, sino que recorrerían el muelle Appel parair al hospital a fin de visitar a los heridos en el atentado, hacia donde partieron a las 10:45. Sin embargo, nadie informó del cambio de planes al conductor del coche del archiduque, que al llegar a la altura de la calle Francisco Fernando giró a la izquierda, como estaba previsto. Y allí, en la esquina con Appel, junto a la pared del café Moritz Schiller, estaba Princip, que aguardaba pacientemente el paso de la comitiva según el programa que se había publicado.

En prisión. Princip y Cabrinovic, junto con otros implicados, son conducidos a la sala donde se celebró el juicio por el atentado, cuatro meses después.

En prisión. Princip y Cabrinovic, junto con otros implicados, son conducidos a la sala donde se celebró el juicio por el atentado, cuatro meses después.

Foto: Maidun Collection / Alamy / ACI

Potiorek gritó al conductor que diera marcha atrás, lo que no era algo automático, porque el chófer tenía que invertir las correas de transmisión. Princip vio su oportunidad y disparó dos veces: una contra el archiduque y la otra contra Potiorek, pero la duquesa recibió la bala destinada al general. Ambos estaban heridos de muerte: una bala había seccionado la yugular del archiduque, aunque quienes lo rodeaban no eran conscientes de ello porque la sangre corría bajo la túnica de su uniforme; la otra bala había perforado el abdomen de la duquesa. Murieron en minutos. Princip se tragó el cianuro, que no lo mató, y dirigió la pistola hacia su cabeza, pero se la arrebataron de las manos.

Menos Mehmedbasic, que logró huir a Montenegro, todos los participantes en el atentado y quienes los habían ayudado en Bosnia serían arrestados. La ley impedía aplicar la pena capital a los menores de 20 años, y de los conjurados sólo superaban esa edad Mehmedbasic e Ilic, que fue colgado. Cabrinovic y Princip morirían en la cárcel a causa de la tuberculosis.

Edición extraordinaria del periódico vienés 'Wiener Zeitung' con la declaración de guerra de Austria-Hungría a Serbia, el día 28 de julio de 1914.

Edición extraordinaria del periódico vienés 'Wiener Zeitung' con la declaración de guerra de Austria-Hungría a Serbia, el día 28 de julio de 1914.

Foto: Picture Alliance / Getty Image

No se puede afirmar que el atentado fuera la causa de la primera guerra mundial. Lo que precipitó la contienda fue la decisión de Austria-Hungría de utilizar el crimen como coartada para atacar a Serbia y eliminarla como foco de agitación entre los eslavos del sur, pues con ello activó el sistema de alianzas de las potencias europeas, cuyo automatismo fue lo que precipitó a Europa en el conflicto más pavoroso conocido hasta entonces.

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Sarajevo, en una fotografía tomada hacia el año 1914.

Sarajevo, en una fotografía tomada hacia el año 1914.

Foto: Alamy / ACI

Sarajevo, la capital de Bosnia

Desde que Bosnia quedó bajo control austrohúngaro en 1878, los colonizadores convirtieron Sarajevo en un escaparate de la modernidad y eficiencia de su gestión: perduraron el bazar y las mezquitas, pero se levantó una nueva ciudad con juzgados, colegios, otro Ayuntamiento... Incluso tuvo un tranvía eléctrico antes que Viena. El Miljacka fue canalizado y en su orilla norte se creó un amplio paseo, el muelle Appel, con nuevos edificios a su vera; aquél sería el escenario del atentado.

El puente latino, en Sarajevo, y, a la derecha, la esquina donde Princip disparó.

El puente latino, en Sarajevo, y, a la derecha, la esquina donde Princip disparó.

Foto: Elvis Barukcic / Getty Images

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La monarquía del Danubio. El mapa impreso en 1902, muestra el Imperio de Austria y el reino de Hungría; Bosnia aún no ha sido anexionada.

La monarquía del Danubio. El mapa impreso en 1902, muestra el Imperio de Austria y el reino de Hungría; Bosnia aún no ha sido anexionada.

Foto: The Print Collector / Age Fotostock

El proyecto político del archiduque

Francisco Fernando preveía transformar la monarquía dual de Austria-Hungría incorporando a los eslavos como iguales junto a austríacos y magiares, a fin de evitar que la explosión del nacionalismo eslavo la destruyera. A este esquema, conocido como trialismo o monarquía trial, se oponían buena parte de las élites austríacas; los húngaros, que verían disminuir su peso en la toma de decisiones en el Imperio, y Serbia, que aspiraba a unificar bajo su égida a todos los eslavos de los Balcanes.

El águila imperial. Emblema de la doble monarquía, el águila bicéfala sostiene en sus garras el cetro, la espada y el orbe, símbolos de poder.

El águila imperial. Emblema de la doble monarquía, el águila bicéfala sostiene en sus garras el cetro, la espada y el orbe, símbolos de poder.

Foto: Heritage / Getty Images

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Miembros de la resistencia serbobosnia, con Zerajic entre ellos.

Miembros de la resistencia serbobosnia, con Zerajic entre ellos.

Foto: Alamy / ACI

Bogdan Zerajic, el mártir sin cabeza

El 15 de junio de 1910, Bogdan Zerajic intentó asesinar al entonces gobernador de Bosnia-Herzegovina, Marijan Varesanin, tras la apertura del Sabor, el parlamento provincial de Sarajevo. Éste había nacido de la anexión de aquel territorio un año y medio atrás, y ocupaban sus asientos notables locales a quienes los miembros de Joven Bosnia, considerándolos cómplices de la opresión de los eslavos, llamaban despectivamente «mamelucos» (el nombre de los esclavos al servicio de los antiguos sultanes de Egipto). Aquel día, Zerajic estaba de pie hacia la mitad del puente del Emperador, sobre el río Miljacka, cuando pasó el carruaje de Varesanin; como el puente era estrecho, tenía a su blanco muy cerca, pero erró los cinco disparos y entonces se pegó un tiro. Algunas fuentes dicen que Varesanin se acercó al cuerpo del suicida y le dio una patada; otras, que le escupió.

Zerajic fue enterrado en una tumba sin nombre en Sarajevo, pero el lugar donde estaba sepultado no tardó en conocerse y devino un punto de peregrinación para los jóvenes rebeldes bosnios: Gavrilo Princip, Nedeljko Cabrinovic y Danilo Ilic se recogieron ante su tumba la noche antes del atentado. Sin embargo, los restos que descansaban en la sepultura no estaban completos: el cráneo fue cortado y en junio de 1914 estaba en poder de Viktor Ivasjuc, jefe de la policía de Sarajevo que investigó el atentado. Tras el asesinato del archiduque y su esposa, ordenó que se lo trajeran mientras interrogaba a uno de los jóvenes terroristas, puso tinta dentro y le dijo «Si no lo admitís todo, haré tinteros con vuestros cráneos, como hice con el de Zerajic». Esta forma de humillación del enemigo pudo haberse repetido un tiempo después: cuando Nedeljko Cabrinovic murió de hambre, frío y soledad el 23 de enero de 1916 en la cárcel de Theresienstadt, el Departamento Criminal de la policía de Sarajevo envió un requerimiento para que se le cortara la cabeza y se le remitiera su cráneo, lo que finalmente no se hizo.

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Batalla entre los turcos del sultán Murad I y los serbios. Miniatura de las Grandes crónicas de Francia. Hacia 1470-1475. Biblioteca Nacional, París.

Batalla entre los turcos del sultán Murad I y los serbios. Miniatura de las Grandes crónicas de Francia. Hacia 1470-1475. Biblioteca Nacional, París.

Foto: Heritage / Getty Images

Una fecha infausta

El 28 de junio de 1384, las tropas del sultán otomano Murad I derrotaron a las del príncipe serbio Lazar en el Campo de los Mirlos, en Kosovo. Lazar murió en combate y Serbia fue incorporada a los dominios otomanos. Pero Murad no pudo disfrutar de su victoria: un noble serbio atravesó las líneas turcas con una añagaza, se presentó ante el sultán y lo degolló. El folclore serbio ensalzó al mítico asesino del sultán, Milos Obilic, y convirtió su figura en la encarnación del espíritu de sacrificio por la patria. La gesta de Obilic se convirtió en fuente de inspiración para quienes lucharon contra el dominio otomano en el siglo XIX, así como para los jóvenes que a comienzos del siglo XX se enfrentaban al dominio austrohúngaro. El 28 de junio era el día de san Vito o Vidovdan, una fecha que recordaban todos los serbios, y el hecho de que la visita del archiduque tuviera lugar esa jornada no pudo dejar de verse como una afrenta. Cabrinovic, el terrorista que lanzó la bomba al archiduque, escribió crípticamente a un amigo la víspera de aquel día: «Mañana es el día de san Vito y veremos quién es leal y quién no. ¿Recuerdas el gran juramento de Milos Obilic?».

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Francisco Fernando y Sofía con sus hijos Maximiliano (de pie junto a su padre), Ernesto y Sofía, en una fotografía tomada hacia 1914.

Francisco Fernando y Sofía con sus hijos Maximiliano (de pie junto a su padre), Ernesto y Sofía, en una fotografía tomada hacia 1914.

Foto: PA Images / Getty Images

Francisco Fernando y Sofía

El archiduque Francisco Fernando tenía 50 años y mal genio, era un católico ferviente y odiaba a los húngaros, con los que los austríacos se habían visto obligados a compartir el gobierno del Imperio. Como sobrino del emperador Francisco José no estaba destinado a heredar el trono imperial, sino a la carrera militar, y a los 12 años ya era teniente de infantería; en tanto que miembro de la dinastía imperial, su ascenso en la milicia fue fulgurante y en 1914, además de almirante y general de caballería, era inspector general del ejército. En 1896, tras la muerte del hijo del emperador y de su propio padre, se convirtió en sucesor del soberano que ocupaba el trono desde 1848. Desde esta posición logró imponer su boda con la condesa checa Sofía Chotek von Chotkowa und Wognin, un enlace que resultaba inaceptable en la corte, que exigía que un futuro emperador se casara con una reina o, cuanto menos, con alguien de rango superior: una princesa o archiduquesa. A pesar de la presión del entorno imperial, Francisco Fernando no dio su brazo a torcer, y el 28 de junio de 1900 contrajo matrimonio morganático con Sofía, renunciando al trono en nombre de su esposa y de los hijos que ambos pudieran tener; entonces Sofía recibió el título de duquesa de Hohenberg.

La pareja no era especialmente querida ni por el anciano Francisco José ni por la engreída y refinada aristocracia de los Habsburgo, que rechazaba aquel matrimonio desigual entre un príncipe de sangre, sobrino del emperador, y una noble de segunda fila. Daba igual que el archiduque tuviera que heredar el trono a la muerte de su augusto tío: Sofía siempre debía permanecer detrás de él, más allá de otros personajes de mayor rango en cualquier ceremonia oficial, del mismo modo que no podía montar en la misma carroza que su esposo. De ahí que durante su estancia en Bosnia, lejos de la corte de Viena y su asfixiante protocolo, los dos esposos pudieran experimentar algo parecido a la felicidad el día que celebraban el decimocuarto aniversario de su boda (se ha dicho que quizá Sofía estaba embarazada de su cuarto hijo). En aquella agreste y exótica provincia, adonde Francisco Fernando había ido para supervisar unas maniobras militares, ambos recibieron los máximos honores por parte de los notables locales y del reaccionario general Oskar Potiorek, gobernador de Bosnia-Herzegovina. Los tres días anteriores al domingo 28 de junio se habían hospedado en Ilidza, una encantadora localidad balnearia a diez kilómetros de Sarajevo, la capital de la provincia. Nada en esas jornadas había empañado la felicidad de la pareja; el jueves 25 incluso habían hecho una visita relámpago al bazar de Sarajevo, caminando por sus callejas atestadas de puestos de artesanía y visitando una tienda de alfombras. Pero comportarse casi como una pareja más de turistas en Sarajevo no era una buena idea para el heredero del Imperio y su esposa: quienes aspiraban a una Bosnia-Herzegovina liberada de los Habsburgo veían a los archiduques como los representantes de un odioso poder opresor extranjero, contra el que había que luchar hasta la muerte.

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Dragutin Dimitrijevic en una fotografía tomada hacia 1900.

Dragutin Dimitrijevic en una fotografía tomada hacia 1900.

Foto: Alamy / ACI

La oscura sombra de Apis

En 1914, Dragutin Dimitrijevic aún albergaba en su cuerpo tres balas que había recibido en 1903, cuando él y otros militares asesinaron y mutilaron al impopular rey Alejandro I y su esposa, poniendo en el trono a Pedro I Karageorgevic. Desde entonces, los conspiradores se habían convertido en un poder fáctico dentro del Estado serbio, más aún tras fundar en 1911 la Mano Negra, cuyo primer objetivo tras las guerras balcánicas era la liberación (o, en otras palabras, la incorporación a Serbia) de Bosnia y Herzegovina, donde fomentaba la actividad guerrillera contra los austrohúngaros.

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La avenida de los asesinos

La estancia del archiduque tenía que discurrir forzosamente por el muelle Appel, la avenida donde se apostaron Princip y sus compañeros. La visita comenzó con una breve parada en los cuarteles militares de la ciudad (1), para luego seguir por el muelle Appel hasta el Ayuntamiento (2). En el trayecto fueron víctimas del primer atentado contra su vida (3), junto al puente Cumurija; luego, tras abandonar el Ayuntamiento, caerían ante el puente Latino (4), víctimas de las balas de Princip.

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Los curiosos se agolpan ante el agujero de la bomba de Cabrinovic.

Los curiosos se agolpan ante el agujero de la bomba de Cabrinovic.

FOTO: BPK / Scala, Firenze

Con ayuda de la fortuna

El éxito de los conjurados no se debió precisamente a su experiencia en el manejo de las armas. De todos ellos, Princip, Cabrinovic, Mehmedbasic y Grabez habían recibido un entrenamiento básico en el uso de las pistolas. Por su parte, Danilo Ilic enseñó a Popovic y Cubrilovic a disparar dentro de un túnel y les entregó otras dos pistolas la noche antes del crimen. Y ninguno de ellos había practicado con las bombas.

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El atentado, recreado por el pintor Felix Schwormstädt.

El atentado, recreado por el pintor Felix Schwormstädt.

Foto: Leemage / Getty Images

Asesinato a quemarropa

Cuando el vehículo de los archiduques se detuvo ante Princip, éste, rodeado de gente, decidió no desatar la bomba que llevaba en la cintura; sacó la pistola y disparó dos veces casi a quemarropa. La primera bala atravesó la puerta del coche y penetró en el abdomen de la duquesa, seccionando la arteria gástrica. La segunda dio en el cuello del archiduque y desgarró su yugular; éste aún pudo susurrar a su esposa: «¡Sofía, Sofía, no te mueras, sigue viviendo, hazlo por nuestros hijos!».

Princip, detenido, en una fotografía muy retocada.

Princip, detenido, en una fotografía muy retocada.

Foto: UHA / Getty Images

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Arresto de un sospechoso de participar en el complot contra los archiduques justo tras el asesinato de éstos, el 28 de junio de 1914.

Arresto de un sospechoso de participar en el complot contra los archiduques justo tras el asesinato de éstos, el 28 de junio de 1914.

Foto: UHA / Getty Images

No es Princip

La detención de Gavrilo Princip, que tuvo lugar en segundos, dio lugar a una confusión que todavía hoy perdura en relación a esta fotografía, sin duda la más famosa de las tomadas aquella jornada en Sarajevo. Habitualmente se señala que su protagonista, el hombre al que los policías llevan detenido, es Princip, pero se trata de un error: es un transeúnte que no estaba relacionado con el crimen, llamado Ferdinand Behr, al que se llevan para interrogarlo; el propio Behr (más alto y de complexión más sólida que Princip) escribió en 1935 una declaración al respecto.

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Francisco Fernando y Sofía Chotek reposan en sus ataúdes en el palacio de Konak, en Sarajevo, antes de su traslado a Viena.

Francisco Fernando y Sofía Chotek reposan en sus ataúdes en el palacio de Konak, en Sarajevo, antes de su traslado a Viena.

Foto: STR / Getty Images

Las víctimas

Cuando Francisco Fernando no tenía deberes militares que cumplir, disfrutaba de su portentosa riqueza cazando en sus numerosos parques y residencias. De hecho, su afición por la caza era más bien una obsesión rayana en lo patológico: en un día llegó a abatir 2.140 animales, y hasta 1913 había abatido más de 5.000 ciervos; su médico, el doctor Eisenmerger, estimaba que el archiduque había terminado con más de medio millón de animales. Resulta paradójico que este experto tirador, de quien se comentaba que podía acertar a una moneda lanzada al aire, muriera a manos de alguien como Gravrilo Princip, con tan escasa experiencia en el manejo de las armas. Sus dos disparos hirieron de muerte al archiduque y a su esposa, que cayó de lado sobre las rodillas de su esposo mientras el conde Harrach –propietario del automóvil en el que viajaba la pareja–, de pie en el estribo del vehículo, mantenía erguido al archiduque sujetándolo por el cuello de la camisa durante el trayecto a toda velocidad hasta el palacio de Konak, la residencia oficial del gobernador de Bosnia-Herzegovina. Cuando llegaron, Sofía ya había muerto y el archiduque estaba en coma. Falleció a las once.

Sus cuerpos fueron llevados hasta la costa dálmata, y desde allí viajaron por mar hasta el puerto de Trieste, desde donde fueron trasladados por tren hasta Viena. Allí se celebraron sus funerales el 3 de julio, e incluso en esa circunstancia se dejó sentir la rigidez del protocolo: el ataúd de Sofía se colocó a medio metro por debajo del de su esposo, los hijos del matrimonio fueron excluidos de la ceremonia fúnebre, los soldados no presentaron armas al paso de los ataúdes... Dado que Sofía sólo era condesa –aunque la suya era una de las más antiguas familias de la nobleza checa– no podía ser enterrada en la cripta imperial de los Habsburgo, en la iglesia de los capuchinos de Viena, por lo que habría permanecido separada de su esposo en la muerte si éste no hubiera tenido la previsión de establecer que, en caso de morir ambos, debían ser enterrados en la iglesia de su castillo de Artstetten, en cuya cripta descansan.

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Las armas utilizadas por los conjurados en Sarajevo, fotografiadas en el Museo de Historia Militar de Viena el 28 de junio de 2004, junto con las fotografías de los terroristas.

Las armas utilizadas por los conjurados en Sarajevo, fotografiadas en el Museo de Historia Militar de Viena el 28 de junio de 2004, junto con las fotografías de los terroristas.

Foto: Dieter Nagl / Getty Images

Las armas del atentado

Entre el escaso público al que se permitió asistir al juicio por el atentado de Sarajevo se encontraba el jesuita austríaco Anton Puntigam, el miembro más importante de su orden en esta ciudad, que había administrado los últimos sacramentos al archiduque y su esposa en el palacio de Konak. Puntigam, extremadamente conservador, consideraba que tras el crimen estaba la masonería internacional, e intentó agredir a alguno de los acusados cuando pasó cerca de él durante el proceso. Bajo su influencia, el presidente del tribunal, Luigi von Curinaldi, ingresó en un monasterio después del juicio. Cuando éste terminó, Puntigam recibió las armas de los participantes en el asesinato, que debían exhibirse en un futuro museo dedicado a la memoria de Francisco Fernando. Pero la primera guerra mundial dio al traste con este proyecto, y en el año 2004 los jesuitas austríacos, que custodiaban las armas, las entregaron al Museo de Historia Militar de Viena con motivo del sexagésimo aniversario del atentado. La pistola de Princip que se exhibe en el Museo de Sarajevo es una réplica del original.

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Una red de intrigas y complots

Tras el atentado se planteó la cuestión de cuánto sabía el gobierno serbio sobre el complot. Parece seguro que el primer ministro Nikola Pasic conocía el plan y, entre otras actuaciones, intentó avisar a Austria-Hungría por medio de Jovan Jovanovic, el embajador serbio en Viena, quien el 21 de junio se entrevistó con Leon Bilinski, ministro austrohúngaro de Finanzas, pero su advertencia fue de lo más ambigua: comentó que tal vez algún recluta bosnio de las tropas imperiales «pusiera un cartucho con bala en su fusil o revólver en vez de un cartucho de fogueo», y Bilinski, que no dio importancia a la observación, se limitó a decir: «Esperemos que no ocurra nada».

Princip (a la derecha) y Trifko Grabez (a la izquierda) con un excombatiente de las guerras balcánicas, Djuro Sarac, en Belgrado.

Princip (a la derecha) y Trifko Grabez (a la izquierda) con un excombatiente de las guerras balcánicas, Djuro Sarac, en Belgrado.

Foto: Roger Viollet / Aurimages

En Belgrado

La fotografía muestra a Princip (a la derecha) y Trifko Grabez (a la izquierda) con un excombatiente de las guerras balcánicas, Djuro Sarac, en Belgrado. Sarac, antiguo estudiante serbobosnio, fue guardaespaldas del comandante Voja Tankosic, líder de la Mano Negra.

Nikola Pasic, primer ministro serbio, hacia 1904.

Nikola Pasic, primer ministro serbio, hacia 1904.

Foto: Alamy / ACI

El gobierno serbio

En junio, el ejecutivo encabezado por Nikola Pasic, ya alertado sobre la conjura, ordenó a los guardias fronterizos en Bosnia detener todo tipo de tráfico de armas y explosivos, pero ya era tarde: Princip, Grabez y Cabrinovic estaban en Bosnia.

El emblema de la Mano Negra era la calavera con tibias cruzadas.

El emblema de la Mano Negra era la calavera con tibias cruzadas.

Foto: SZ Photo / Bridgeman / ACI

La Mano Negra

Esta organización no habría planeado el complot, sino que habría facilitado los medios para llevarlo a cabo. Su infiltración en el ejército y la policía serbias era tal que desbarató los intentos del gobierno de Pasic para evitar que las armas y los terroristas pasaran a Bosnia.

Fotografía del juicio por el asesinato de los archiduques. Empezó el 12 de octubre, duró 11 días y hubo 25 acusados entre ejecutores y cómplices.

Fotografía del juicio por el asesinato de los archiduques. Empezó el 12 de octubre, duró 11 días y hubo 25 acusados entre ejecutores y cómplices.

Foto: STR / Getty Images

La investigación

Las pesquisas de los austrohúngaros no demostraron que el gobierno serbio estuviera implicado en el magnicidio ni hasta qué punto conocía el plan; tampoco llegaron a esclarecer el papel que la Mano Negra había desempeñado en el asunto, aunque sí detectaron el papel relevante de Ciganovic y deTankosic.

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Gavrilo Princip, demacrado, en la prisión de Theresienstadt.

Gavrilo Princip, demacrado, en la prisión de Theresienstadt.

Foto: Photo 12 / Getty Images

La última fotografía

Ésta es la última imagen conocida de Gavrilo Princip; debió de tomarse poco antes de que le amputaran el brazo derecho, roído por la tuberculosis, en 1916. Fue condenado por asesinato y alta traición, delitos que se castigaban con la muerte; pero como según la legislación austríaca no se podía ejecutar a los menores de veinte años, y Princip no los tenía cuando cometió el crimen, fue condenado a veinte años de cárcel, a ayunar un día de cada mes y a pasar cada 28 de junio (el aniversario del atentado) en una celda completamente a oscuras. Debía cumplir su condena en el otro extremo del Imperio: fue enviado junto con Nedeljko Cabrinovic y Trifko Grabez a la antigua fortaleza de Theresienstadt (la actual terezin, en la república Checa), a más de mil kilómetros de Sarajevo, convertida en prisión militar; más tarde se les sumarían otros tres condenados por el atentado.

Encadenado día y noche con grilletes que pesaban unos diez kilos, la condición física de Princip se fue deteriorando progresivamente debido a la mala alimentación, a la escasa higiene y al frío, pues las celdas no contaban con calefacción y en invierno el metal helado de las cadenas penetraba en el cuerpo. Cabrinovic murió de hambre, frío y soledad en enero de 1916.Princip cayó enfermo hacia la misma época, aquejado de tuberculosis ósea, aunque seguramente ya era portador de esa enfermedad antes de entrar en la cárcel. La falta de cualquier tipo de lectura y de material de escritura, la prohibición de hablar con cualquiera y su aislamiento aumentaron su desesperación y le indujeron a intentar ahorcarse con una toalla en enero de 1916, año en que los médicos le amputaron el brazo para detener el avance de la tuberculosis.

Buena parte de lo que sabemos de la estancia de Princip en la cárcel y de lo que pensaba entonces se lo debemos a un psiquiatra, el doctor Martin Pappenheim, que lo pudo visitar cuatro veces entre octubre de 1915 y junio de 1916; el 12 de mayo de este último año le diría que no podía creer que la guerra mundial fuera consecuencia del asesinato, y que no se podía sentir responsable de la catástrofe. Murió el 28 de abril de 1918, a las seis y media de la tarde, en el hospital de la prisión.

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El descanso definitivo. La capilla que acoge los restos de Princip y otros conjurados se encuentra en el cementerio de San Marcos, en Sarajevo.

El descanso definitivo. La capilla que acoge los restos de Princip y otros conjurados se encuentra en el cementerio de San Marcos, en Sarajevo.

Foto: Sean Gallup / Getty Images

Una capilla para el recuerdo

Los restos de Princip, fallecido en una prisión austrohúngara, fueron trasladados a Sarajevo en 1920 para un entierro oficial en una tumba. En 1939 fueron llevados a la capilla donde reposan hoy, junto con los de Trifko Grabez, Nedeljko Cabrinovic, Danilo Ilic y otras seis personas que les ayudaron a llegar a Sarajevo; también se encuentran aquí los restos de quien les inspiró, Bogdan Zerajic.

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El vehículo en el que viajaban Francisco Fernando y Sofía Chotek, en el Museo de Historia Militar de Viena.

El vehículo en el que viajaban Francisco Fernando y Sofía Chotek, en el Museo de Historia Militar de Viena.

Foto: Joe Klamar / Getty Images

Una coincidencia asombrosa

El Museo de Historia Militar de Viena conserva numerosos elementos relacionados con el atentado, como el uniforme y el casco que llevaba el archiduque cuando fue asesinado, las armas que emplearon los terroristas y el vehículo en el que iban las dos víctimas. Se trata de un lujoso automóvil descapotable Gräf & Stift, de fabricación austríaca, que era propiedad del conde Harrach, quien iba a bordo del vehículo en el momento del atentado. Cuatro años más tarde, cuando cesaron los combates de la primera guerra mundial, alguien señalaría una pasmosa coincidencia: la matrícula del coche era AIII118, en lo que parecía un presagio, puesto que el armisticio (A) que puso fin a la lucha entró en vigor el día 11 del mes de noviembre (11) de 1918 (18).

Este artículo pertenece al número 210 de la revista Historia National Geographic.

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