Mujeres de la Antigüedad

Aspasia, la mujer que conquistó la Atenas clásica

Extranjera y hetera —un tipo de cortesana muy refinada—, Aspasia jugó un papel inaudito para las mujeres de su tiempo en la vida social de Atenas. Dotada de gran inteligencia, cautivó al líder político ateniense Pericles y se rodeó de hombres tan destacados como Anaxágoras, Eurípides y Sócrates. Con este último mantuvo una gran amistad y, de hecho, gracias a su habilidad retórica, llegó a convertirse en su maestra.

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Primero amante y luego pareja oficial de Pericles, uno de los gobernantes más importantes de Atenas, Aspasia de Mileto (470 a. C. – 400 a. C.) fue una de las mujeres más fascinantes de la Grecia Clásica. Llegó a la capital griega con apenas veinte años y permaneció en la polis hasta el fin de sus días. Debido a la excelente educación que había recibido —algo fuera de lo común para las mujeres de la época—, Aspasia pronto destacó más allá de su belleza. Era hetera, una especie de cortesana ilustrada, y su presencia desataba alabanzas y críticas a partes iguales. Gracias a su personalidad sobresaliente, Aspasia se movió en un círculo extraordinario y adquirió una notoriedad muy superior a la del resto de mujeres que vivieron en su misma época.

Llegada a Atenas

Procedente de una familia adinerada, Aspasia viajó en barco hasta Atenas con su hermana y su cuñado, Alcibíades el Viejo, en torno al 450 a.C. Se desconocen los motivos por los que abandonó su polis jonia natal, Mileto, pero ciertamente Aspasia llegó a la principal ciudad griega para quedarse. Por aquel entonces, Atenas estaba viviendo su momento de máximo esplendor. Su líder político, Pericles, llevó a cabo numerosas obras públicas y mejoró la calidad de vida de los ciudadanos, promocionando también la cultura.

Aspasia llegó de Mileto a Atenas en el periodo de mayor esplendor de la capital griega. El Siglo de Oro fue conocido por el gobierno de Pericles, quien llevó a cabo numerosas obras públicas, entre ellas la mayoría de los edificios de la Acrópolis. Este cuadro de Leo von Klenze muestra una visión idealizada de la misma. 

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Gracias a sus grandes dotes de comunicación, Aspasia empezó a codearse con algunos de los hombres más ilustres y poderosos del momento. Debido a que era hetaira, la milesia vivía libremente —al contrario que el resto de mujeres, que estaban apartadas de la vida pública— y ejercía una gran influencia y poder en la polis valiéndose de su gracia e ingenio. Aspasia tenía los cabellos rubios y una agradable voz melodiosa que deleitaba a hombres de todas las edades y oficios. Pero las moiras, que tejían el destino de los mortales, habían hilvanado un encuentro que cambiaría el rumbo de su vida.

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Relación con Pericles

No se sabe con exactitud en qué momento Aspasia conoció al político más prestigioso e importante de Atenas. Armand D’Angour, en su obra Sócrates enamorado, plantea que el primer encuentro entre ambos pudo haber tenido lugar en el 447 a.C. en la casa del líder ateniense. Nada más verla, Pericles, que le doblaba la edad y tenía dos hijos de un matrimonio anterior, se quedó prendado de su belleza y de su extraordinaria habilidad retórica. Ella, por su parte, debió sentir fascinación por aquel hombre que estaba alzando Atenas a la gloria. Aspasia tenía un gran interés por la política, pero la poderosa fuerza que unió a la insólita pareja fue el amor.

Pericles, que le doblaba la edad y tenía dos hijos de un matrimonio anterior, se quedó prendado de su belleza y de su extraordinaria habilidad retórica

Al principio fueron amantes y Plutarco nos indica que la estima que sentía Pericles por ella era tal que “al salir y entrar, de vuelta del ágora, cada día la saludaba con un beso”. Pero ambos pagaron un alto precio por el amor que se profesaron. Los ciudadanos de Atenas no vieron con buenos ojos que su principal político tuviese encuentros con una cortesana que, además, era extranjera. Algunos comediógrafos de la época llegaron a tildar a Aspasia porné (prostituta) y pallaké (concubina).

A pesar de todo el revuelo que provocó su relación, Aspasia se convirtió en esposa de facto del político. Ambos vivieron juntos y tuvieron un hijo, Pericles el Joven, que probablemente nació a mediados del 440 a.C. Como excepción a la ley promulgada por su padre, que prohibía la ciudadanía a los hijos de madres extranjeras, Pericles el Joven fue reconocido como ciudadano ateniense. Sin embargo, fueron muchos quienes consideraron a aquel niño un bastardo.

Este cuadro de Lawrence Alma-Tadema (1868) muestra al gobernante ateniense Pericles admirando los frisos del futuro Partenón junto a Aspasia. 

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A lo largo de los años que compartió junto a su amado, Aspasia tuvo que hacer frente a numerosos ataques, críticas y burlas. Algunos de sus coetáneos la hicieron responsable de la guerra de Samos —que se originó por la intervención ateniense en una disputa territorial entre Samos y Mileto— y de la batalla de Mégara. Asimismo, el poeta cómico Hermipo la acusó de impiedad y de conducir a la prostitución a mujeres libres que tenían citas con Pericles. Pero el político defendió con fervor a Aspasia en su juicio y consiguió su absolución ante aquella falsa acusación.

Gracias a sus amplios conocimientos, la milesia enseñó retórica a Pericles y fue tal su influencia que incluso se dice que le ayudaba a elaborar sus discursos. Algunos autores y pensadores como Platón le atribuyen la redacción de la célebre Oración Fúnebre, cuyo final estaba dedicado a las mujeres de los caídos.

Maestra de Sócrates

Maestra de la elocuencia, Aspasia también tuvo a otro alumno destacado: Sócrates. El pensador acudía frecuentemente a verla, a veces acompañado de sus amigos, para mantener diálogos con ella y recibir clases de retórica. Según nos narra Jenofonte, cuando a Sócrates le preguntan cómo puede ser instruida una mujer, su respuesta es tajante: “Te presentaré a Aspasia, porque ella sabe mucho más que yo del asunto”. Al parecer, tal era la admiración que el filósofo sentía por la milesia que, siempre que tenía ocasión, este la recomendaba como maestra.

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En El banquete de Platón, Sócrates menciona a una enigmática mujer que fue su maestra en cuestiones de amor: Diotima. Sin embargo, hay quienes cuestionan su existencia y afirman que, en realidad, quien se oculta tras ese personaje ficticio no es otra sino Aspasia. El profesor de estudios clásicos Armand D’Angour se acoge a que Pericles recibió el sobrenombre Zeus para plantearnos lo siguiente: el nombre de Diotima significa “honrada por Zeus” y ¿acaso alguien duda que Pericles honraba a su amada? Por otro lado, Plutarco también nos cuenta que Sócrates acudió a ver a Aspasia alguna vez con sus amigos y las esposas de estos para escuchar sus consejos en cuestiones de amor.

Este cuadro del siglo XVIII fue pintado por Nicolas-André Monsiau y titulado 'El debate de Sócrates y Aspasia'. 

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Sea como fuere, Aspasia estuvo muy presente en la vida de Sócrates y contribuyó en su formación oratoria. Se dice, incluso, que la milesia acabó creando una escuela en Atenas concebida para formar a otras mujeres. Probablemente, los maridos les dieron permiso a sus esposas para recibir clases pensando más en su formación en las artes amatorias que en el terreno político o filosófico. Pero, si tenemos en cuenta las palabras de la profesora de filosofía Catalina Aparicio, “existen muchas probabilidades de que el programa de estudios diseñado por esta excepcional mujer fuese más amplio de lo que en un principio se pudiese pensar; y quién sabe si no fue una estrategia pensada para engañar a los hombres y conseguir así que le fiasen a sus esposas”.

“Existen muchas probabilidades de que el programa de estudios diseñado por esta excepcional mujer fuese más amplio de lo que en un principio se pudiese pensar"

Vida después de la peste

Pericles murió en el año en el 429 a.C. a causa de una terrible peste que asoló Atenas. Ese mismo año, Aspasia se unió a un acaudalado político llamado Lisicles, con quien tuvo otro hijo. Pero Lisicles murió luchando en Asia Menor tan solo un año más tarde. Desde entonces, apenas hay nada escrito sobre la vida de Aspasia. Al parecer se retiró de la vida pública y vivió en una casa de campo, donde impartía lecciones a otras mujeres con el fin de transmitirles sus conocimientos. Murió en torno al año 400 a.C. con setenta años, una edad muy avanzada para la época.

Aspasia fue una mujer que, a pesar de las adversidades, supo moldearse a sí misma. Más allá de su vínculo con Pericles, destacó por su excepcional capacidad intelectual. Su papel activo en la vida cultural ateniense la convierte en una figura clave de la historia antigua que ha quedado empañada por el momento que le tocó vivir. Afortunadamente, pensadores como Platón y Jenofonte supieron apreciar sus virtudes en algunas de sus obras. Pero Aspasia merece que frotemos con más esmero para desvelar todo su brillo.

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