En la capital del Imperio

Así fue la "escandalosa" estancia de Cleopatra en Roma

Tras seducir a Julio César en Alejandría, la reina de Egipto fue a reunirse con él en Roma en el año 46 a.C. Alojada en una mansión de su amante, Cleopatra escandalizó a muchos romanos con su porte altivo y sus intrigas políticas.

La reina Cleopatra con sus doncellas en el templo de File, en Egipto. Óleo por Frederick Arthur Bridgman. 1896. 

La reina Cleopatra con sus doncellas en el templo de File, en Egipto. Óleo por Frederick Arthur Bridgman. 1896. 

La reina Cleopatra con sus doncellas en el templo de File, en Egipto. Óleo por Frederick Arthur Bridgman. 1896. 

PD

Como Pascal escribió, la faz de la Tierra hubiera sido totalmente diferente si la nariz de Cleopatra hubiera sido más corta. En otras palabras: la historia mundial habría cambiado si Cleopatra no hubiera metido su nariz, y el resto de su cuerpo, en la alcoba de César. Y, sin embargo, el encuentro entre ambos tuvo más motivos políticos que personales. 

Es sabido cómo César, tras vencer a Pompeyo en Farsalia en 48 a.C., siguió a su derrotado enemigo hasta Egipto, un país que había sido escenario en los últimos años de una guerra civil entre los partidarios del rey Ptolomeo XIII y los de su hermana Cleopatra VII. El faraón expulsó a esta del trono y pasó a gobernar en solitario, acompañado por una camarilla de ambiciosos tuercebotas, mientras Cleopatra estaba en Palestina con un ejército mercenario.

conflicto entre hermanos

Ptolomeo, mal aconsejado, ajustició a Pompeyo para congraciarse con César, quien montó en cólera, probablemente enojado por haber perdido la oportunidad de mostrarse magnánimo con el gran general derrotado. Pero, sin duda, César no hubiera apoyado a una candidata al trono egipcio con tan endebles apoyos como Cleopatra si ella no lo hubiera seducido, no solo físicamente (que también), sino intelectual y políticamente. 

Ptolomeo, mal aconsejado, ajustició a Pompeyo para congraciarse con César, quien montó en cólera.

Cleopatra comparece ante Julio César. Jean-Léon Gérôme. 1866. 

Cleopatra comparece ante Julio César. Jean-Léon Gérôme. 1866. 

Cleopatra comparece ante Julio César. Jean-Léon Gérôme. 1866. 

PD

En esta historia de seducción poco importa el debate académico sobre si Cleopatra era bella o no: los "poderes" de Cleopatra no eran sus prendas físicas sino, probablemente, su juventud, su inexperiencia y la falta de una camarilla ambiciosa a su alrededor, que la hacían, a los ojos de César, más manipulable que su rival Ptolomeo XIII. Cleopatra había utilizado un truco teatral para conseguir el apoyo de César, instalado en el palacio de Alejandría: burlando el bloqueo del recinto que había impuesto su hermano, se presentó ante el general romano envuelta en un lienzo, y rodó hasta sus pies, para así seducirle y compartir su cama. 

César se implicó de lleno en el conflicto entre los dos hermanos, una guerra sorda, urbana y traicionera, que acabó en una batalla indigna en el delta del Nilo y en la también indigna muerte de Ptolomeo, hundido literalmente en el río bajo el peso de su coraza de oro. Tras la desaparición del rey, César decidió entronizar como reyes a Cleopatra y a su hermano menor, también llamado Ptolomeo, con el que la reina contrajo matrimonio según la tradición de su dinastía. 

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César y Cleopatra

Durante algunos meses del año 47 a.C., César y Cleopatra vivieron su historia de amor (sexual y político), durante la cual Cleopatra concibió un hijo: Ptolomeo César. Los alejandrinos, siempre chistosos, le apodaron "Cesarión", es decir, "pequeño César" o, más literalmente, "Cesarín". Tras esos meses de pasión, César se embarcó en nuevas guerras, y dejó a Cleopatra en Alejandría.

No se sabe gran cosa de la actividad de Cleopatra durante el año y pico que estuvo lejos de César. Mientras este batallaba a diestro y siniestro, la reina estuvo ocupada gobernando su país en solitario (ya que su hermano y marido, Ptolomeo XIV, tenía diez u once años), cuidando al pequeño Cesarín y erigiendo un templo "al César que desembarca" en pleno puerto de aquella ciudad.

Sin embargo, había muchos asuntos que tratar con César. Egipto había sido aliado y amigo de Roma durante el reinado del padre de Cleopatra, el rey Ptolomeo XII, época en que la isla de Chipre, hasta entonces dominio de Egipto, fue puesta bajo soberanía romana. Había que renovar dicha alianza, discutir el estatus de Chipre y también tratar sobre la embarazosa presencia de tres legiones romanas en territorio egipcio. Por ello, cuando Cleopatra recibió una invitación de César para una visita de Estado a Roma (porque el historiador Suetonio especifica que la invitación partió de César), se embarcó con su real marido y, probablemente, con su hijo rumbo a la capital.

Cuando Cleopatra recibió una invitación de César para una visita de Estado a Roma se embarcó con su real marido y, probablemente, con su hijo rumbo a la capital.

La liberación de Arsínoe, por Tintoretto. 1556. Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos, Dresde.

La liberación de Arsínoe, por Tintoretto. 1556. Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos, Dresde.

La liberación de Arsínoe, por Tintoretto. 1556. Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos, Dresde.

PD

Es posible que César deseara que Cleopatra asistiera a los cuatro triunfos que celebró en Roma en septiembre del año 46 a.C. para conmemorar sus victorias en las Galias, Egipto, Asia y el norte de África; en el triunfo "alejandrino" iba a desfilar, encadenada, la efímera reina de Egipto Arsínoe IV, medio hermana de Cleopatra y enemiga de César. Este esperaba acentuar la imagen de sumisión del país del Nilo ante Roma con una reina egipcia encadenada y otra asistiendo a la celebración como convidada de piedra.

Pero a César le salió mal la jugada, no sólo porque Cleopatra, posiblemente, llegó a Roma después del triunfo, sino también porque la plebe romana se conmovió ante la imagen inédita de una reina vencida desfilando en un triunfo, y pidió a César que liberara a Arsínoe. César la perdonó y la mantuvo con vida, en el exilio, como una espada de Damocles sobre la corona de Egipto, ya que con ella podía reemplazar al ocupante del trono egipcio que no fuera de su gusto.

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Una soberana egipcia en Roma

Los historiadores discuten aún hoy en día sobre la duración real de la estancia de Cleopatra en Roma. Sabemos que llegó a la urbe en otoño de 46 a.C., y Cicerón afirma que la abandonó a mediados de abril del año 44 a.C., un mes después del asesinato de Julio César. Sobre lo que no existe acuerdo entre los expertos es sobre si Cleopatra estuvo en Roma durante todo ese tiempo. Suetonio dice que César no dejó partir a Cleopatra hasta que la hubo colmado de presentes y honores, poniéndole su nombre al hijo de la reina.

Si César dejó marchar a Cleopatra es porque, evidentemente, estaba vivo cuando lo hizo. Y si Cleopatra estaba en Roma en abril del año 44 a.C., con César ya muerto, es porque, sin duda, se fue y volvió luego a la ciudad. Ello explica que César acudiera a la campaña en Hispania en enero del año 45 a.C. sin temor a dejar sola a Cleopatra, pues la reina ya había partido hacia Egipto unos días antes. Se puede, pues, hablar de dos estancias de Cleopatra en Roma: la primera, y más importante, de sólo unos meses, entre octubre y diciembre de 46 a.C., y la segunda, posiblemente, después del regreso a Roma de César tras su victoria en Munda (cerca de Osuna, Sevilla), entre octubre de 45 y abril de 44 a.C.

En la primera visita, de apenas tres meses, debió de firmarse el tratado de alianza de Roma con Cleopatra, a la que se declaró, según Dión Casio, "aliada y amiga del pueblo romano". También se inauguró el Foro de César y el templo de Venus Genitrix, donde se erigió, al lado de la diosa, una estatua de oro de la propia Cleopatra con los rasgos de la diosa Isis. Y también se dio el plácet para llamar César al hijo de la reina, aunque sin reconocerlo como hijo más que en privado. 

En la primera visita a Roma, de apenas tres meses, debió de firmarse el tratado de alianza de Roma con Cleopatra.

Detalle de algunas columnas y parte del entablamento del templo de Venus Genetrix en Roma.

Detalle de algunas columnas y parte del entablamento del templo de Venus Genetrix en Roma.

Detalle de algunas columnas y parte del entablamento del templo de Venus Genetrix en Roma.

iStock

La segunda visita, tras la vuelta de César de Hispania, tuvo lugar durante el otoño e invierno de los años 45 y 44 a.C., hasta el 15 de abril. Cicerón dice que junto a Cleopatra se hallaba Amonio, encargado de asuntos eruditos, y Saras, a quien se suele identificar con Serapión, más tarde gobernador egipcio de Chipre. Si tales personajes fueron a Roma con Cleopatra sería, seguramente, por el gran interés de la reina en llegar a acuerdos culturales y sobre Chipre con César.

Sabemos que Cleopatra se alojó en una villa con jardines perteneciente a César (los horti Caesaris), situada en la ladera sur del Janículo, en pleno Trastévere. La presencia de la soberana egipcia en la ciudad suscitó enseguida comentarios desfavorables entre los soldados, el pueblo y el mismo Senado. César estaba casado con Calpurnia, y alojar a su querida en una villa de su propiedad (aunque Cleopatra estuviera convenientemente acompañada de su complaciente e infantil marido) era una afrenta a la moralidad tradicional. 

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Ocio y política

Podemos imaginar los eventos que marcaron la vida de Cleopatra en la ciudad: la asistencia a actos públicos como la inauguración del Foro de César y el templo de Venus, o las reuniones de alto nivel con mandatarios romanos, junto con actos más lúdicos como la representación de danzas por parte de artistas como Tigelio Hermógenes, o los debates filosóficos con el sofista Filóstrato, con quien gustaba departir.

Seguramente Cleopatra asistió en Roma a actividades lúdicas como  la representación de danzas o los debates filosóficos.

Posible retrato de la reina Cleopatra. Pintura mural procedente de una domus en Herculano. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

Posible retrato de la reina Cleopatra. Pintura mural procedente de una domus en Herculano. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

Posible retrato de la reina Cleopatra. Pintura mural procedente de una domus en Herculano. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

PD

De su estancia, desde luego, no queda rastro arqueológico. A menos que se considere, como nosotros proponemos, que la desaparecida estatua de oro de Cleopatra del templo de Venus fuera tomada como modelo de otros retratos de la reina que sí han llegado hasta nosotros. Sabemos por Dión Casio que en la época en que escribía, casi trescientos años después de los hechos, la estatua de Cleopatra seguía aún en el templo de Venus y era muy conocida.

Pues bien, los expertos han identificado como representaciones de Cleopatra dos estatuas halladas precisamente en Roma: una en la villa de los Quintilios en la vía Apia, actualmente en los Museos Vaticanos, y otra cerca del santuario de Isis en la vía Labicana, hoy en los Museos Capitolinos. Es posible que los escultores de esos retratos tomaran como modelo a la propia reina o a su estatua de oro del templo de Venus.

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La "prostituta egipcia"

La presencia de Cleopatra en Roma tuvo una consecuencia importante: el calendario juliano, que entró en vigor en el año 45 a.C., se promulgó con asesoramiento egipcio. Algunas fuentes dicen que César consiguió la información astronómica necesaria del calendario egipcio durante su visita a Alejandría, entre los años 48 y 47 a.C.

Plinio nos cuenta, en su Historia natural, que fue el famoso Sosígenes, el astrónomo real de Cleopatra, el que ofreció a César el calendario egipcio con sus correcciones. Y Apiano y Plutarco comentan que a ese calendario le añadió César sus propias enmiendas. En todo caso, el calendario juliano estuvo en vigor durante dieciséis siglos y, con algunos cambios, es el que usamos hoy día. Sólo por esto mereció la pena la historia de César y Cleopatra.

Un mes después del asesinato de César, Cleopatra, que al fin y al cabo ocupaba una villa que había sido cedida por César al pueblo romano en su testamento, partió de Roma junto con su marido y su hijo. Cicerón, que confesaba odiar a la reina y no le deseaba ningún bien, dice en una carta que esperaba que Cleopatra "y su César" tuvieran el mismo fin que Tértula, que había muerto de un aborto. Lo que nos lleva a preguntarnos si Cleopatra estaba embarazada de nuevo. 

Un mes después del asesinato de César, Cleopatra partió de Roma junto con su marido y su hijo.

 

Asesinato de Julio César en los idus de marzo. Óleo por Jean-Léon Gérôme. 1859-1867. Museo de Arte Walters, Baltimore.

Asesinato de Julio César en los idus de marzo. Óleo por Jean-Léon Gérôme. 1859-1867. Museo de Arte Walters, Baltimore.

Asesinato de Julio César en los idus de marzo. Óleo por Jean-Léon Gérôme. 1859-1867. Museo de Arte Walters, Baltimore.

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Desde luego, la soberana hizo algunos enemigos más en Roma. Los poetas Propercio y Horacio se refirieron más tarde a la "reina prostituta de Canope", comentarios que probablemente ya estaban en el aire en época de César, pero que cobraron más fuerza como armas de la guerra propagandística desatada unos años después por Octavio (el futuro emperador Augusto), cuando trataba de contraponer la virtuosa vida en Roma con la degeneración de la corte egipcia, en la que había quedado atrapado Marco Antonio, el segundo y más profundo amor de Cleopatra.

Porque tras la muerte repentina de su marido Ptolomeo XIV (a quien posiblemente asesinó) y la proclamación de Cesarín como rey de Egipto, Cleopatra tardó poco en seducir al triunviro Marco Antonio, sobrino segundo de César. Una nueva relación escandalosa que esta vez les resultó fatal a ella y a su reino.