Los crímenes más famosos de Nueva York

El asesinato del barril a principios de siglo XX

Las bandas criminales actuaban a sus anchas y cometían toda clase de atrocidades en una ciudad tan inabarcable como Nueva York. El superpoblado barrio de Little Italy fue testigo y refugio del crimen organizado en pleno Manhattan y crímenes como el del barril pasaron a la historia.

En los albores de la Mano Negra, los gánsteres se deshacían de los cadáveres como el de Beneditto Madonia embutiéndolos en barriles, una práctica que estuvo vigente muchos años.

En los albores de la Mano Negra, los gánsteres se deshacían de los cadáveres como el de Beneditto Madonia embutiéndolos en barriles, una práctica que estuvo vigente muchos años.

Foto: NYC Municipal Archives

Pocos casos ilustran como este lo difícil que era para la policía obtener condenas contra los criminales italianos a inicios del siglo XX. En abril de 1903, el Servicio Secreto desplegó varios agentes en Little Italy, el gueto superpoblado y pobre de Lower Manhattan, para desactivar una banda siciliana de falsificadores. Con el fin de recoger pruebas contra tres sospechosos —Ignazio el Lobo Lupo, Tomasso el Buey Petto y Giuseppe Morello—, los agentes llevaron a cabo la vigilancia encubierta de una carnicería de Stanton Street que el trío solía frecuentar.

Mientras observaban sus idas y venidas, la tarde del 12 de abril entró en la tienda un extraño que habló con los sospechosos. Los agentes lo apodaron "el recién llegado" y supusieron que formaba parte de su red de distribución. Cuando salió, lo siguieron hasta una pastelería y a continuación hasta el pequeño restaurante de Morello. Esperaron un rato y, al ver que no salía, se fueron.

A la mañana siguiente se avisó a la policía del hallazgo de un cadáver embutido en un barril en Little Italy.

La víctima tenía la garganta rajada de oreja a oreja. La cadena de su reloj de bolsillo continuaba prendida a su chaleco, pero el reloj faltaba. Entre los detectives asignados al caso se encontraba el sargento Joseph Petrosino, uno de los pocos policías del NYPD que hablaba italiano.

Para saber más

A mediados de la década de 1800, Wall Street ya era el centro financiero de Nueva York y objetivo favorito de delincuentes.

Los crímenes más famosos de Nueva York

El famoso robo del City Bank de 1831

Cuando nadie mira, Nueva York se vuelve un lugar oscuro. La Gran Manzana encarna los dos lados de la misma moneda; dinero y robo; fama y delito. El crimen se esconde entre las luces de una urbe a la que los límites se los pone Jacob Hays.

Leer artículo

El cuerpo no llevaba encima ni un pedazo de papel que lo identificara, y la policía no supo que el Servicio Secreto estaba trabajando en la zona hasta que su agente se presentó. Este reconoció a la víctima como "el recién llegado" al ver su foto en la prensa. La policía seguía sin saber quién era, pero el barril le proporcionó ciertas pistas: contenía azúcar, serrín y colillas de puros, y llevaba el nombre del fabricante estampado en la base. Por entonces, el East River estaba jalonado de refinerías de azúcar. El barril pertenecía a una distribuidora de azúcar de Manhattan cuyo dueño ignoraba a dónde se había enviado, pero confirmó que solo tenía un cliente en Little Italy, la pastelería de Pietro Inzarillo, que como supo después la policía, era la misma en la que el agente del Servicio Secreto había visto entrar al "recién llegado".

Entre el contenido del estómago de la víctima se halló una segunda pista que, según Petrosino, era típica de Sicilia.

Una visita al restaurante de Morello confirmó que el suelo estaba cubierto de serrín, pero no había nadie en Little Italy que se pronunciara en su contra. Petrosino decidió visitar a Giuseppe de Priemo, un preso siciliano de Sing Sing al que habían detenido por falsificación, para que identificara el cuerpo a partir de la fotografía. En un primer momento, De Priemo se negó a cooperar, pero cuando Petrosino le enseñó la foto, dijo que la víctima era su cuñado, Beneditto Madonia. Vivía en Búfalo y movía dinero falso, pero había oído que había tenido un altercado con la banda. Eso era todo cuanto estaba dispuesto a decir.

La policía disponía de suficientes pruebas circunstanciales para detener a Lupo el Lobo, Petto el Buey, Morello e Inzarillo, el dueño de la pastelería, así como a otros miembros de la banda. Petto tenía un recibo de la casa de empeños por el reloj que faltaba. Petrosino creía que el móvil del asesinato estaba relacionado con el intento de Madonia de abandonar el negocio.

Durante el juicio ocurrió algo realmente sospechoso: todos los testigos cambiaron su testimonio.

El propio hijo de Madonia fue incapaz de identificar el inconfundible reloj de su padre. Morello, Lupo, Petto e Inzarillo fueron declarados no culpables del cargo de asesinato, pero Morello y Lupo fueron condenados por falsificación a una larga temporada en la cárcel federal. Inzarillo cumplió una breve condena por modificar sus documentos de identidad. Paradójicamente, los dos que acabaron en la cárcel vivieron más. A Petto y a Inzarillo los cosieron a balazos dos años más tarde.

*Este artículo pertenece a la recopilación "El crimen en Nueva York: Los casos más famosos de la historia de la ciudad", escrita por Robert Mladinich, Philip Messing y Bernard J. Whalen, editada y publicada por RBA Libros.

El crimen en Nueva York

El crimen en Nueva York

Compártelo