Choque de imperios en el mar negro

El asedio de Sebastopol, el fin de la guerra de Crimea

​De 1854 a 1855, un ejército combinado de franceses, británicos y turcos sitió la ciudad rusa de Sebastopol durante la Guerra de Crimea. Las potencias europeas pretendían acabar así con el expansionismo ruso a costa del Imperio Turco Otomano y mantener el equilibrio de poderes en Europa.

Ataque a la colina Malakoff, guerra de Crimea.

El ataque y conquista de la fortaleza de Malakoff fue uno de los movimientos clave para la llegada de las tropas aliadas a Sebastopol. 

Foto: CC

Las incesantes guerras entre turcos y rusos en los Balcanes y el Cáucaso no eran ninguna novedad, pero parecía que la de 1853 podía ser la última. Las tropas del zar habían aplastado a los ejércitos otomanos, habían tomado Bucarest y parecían dispuestas a cruzar el Danubio para acabar de una vez por todas con su ancestral enemigo.

El expansionismo ruso era visto con preocupación por las cortes y gobiernos de Europa, la aparición de un coloso en el este podía desestabilizar la situación política, y dar al traste con la larga paz conseguida en 1815 tras las Guerras Napoleónicas. A esto se añadía el deseo de Francia y Gran Bretaña de mantener a sus rivales divididos en débiles naciones enfrentadas entre ellas, para tener de este modo las manos libres en sus conquistas coloniales por África y Asia.

Objetivo: Crimea

Así pues, ambas potencias dieron apoyo económico a los turcos, al tiempo que preparaban una fuerza expedicionaria conjunta para atacar a los rusos en su territorio. Crimea, sede de la flota rusa del Mar Negro, sería el objetivo de la fuerza de invasión. Mediante su conquista se obligaría al enemigo a sacar tropas del frente danubiano e incluso a firmar la paz por el temor a perder una de sus provincias más importantes.

Los aliados obtuvieron su primera gran victoria en la batalla del río Alma y prosiguieron el avance hacia Sebastopol.

Las operaciones de la fuerza expedicionaria en el Mar Negro convencieron al zar para que renunciara a sus conquistas y se retirara a la frontera pero, deseosos de castigarlo, los aliados desembarcaron en Crimea en septiembre de 1854. Allí derrotaron al grueso del ejército ruso en la batalla del río Alma, para luego marchar hacia la capital de la provincia: Sebastopol.

Esta era la situación de la península de Crimea y los territorios alrededor del Mar Negro en 1853, poco antes del inicio del conflicto.

Esta era la situación de la península de Crimea y los territorios alrededor del Mar Negro en 1853, poco antes del inicio del conflicto.

Foto: CC

Empieza el asedio

Sebastopol se levantaba en la orilla sur de un grandioso puerto natural. Dos fuertes guardaban la entrada a esta bahía y un semicírculo de fortificaciones cubría todos los accesos por tierra. Con una población de 45.000 personas y una imponente presencia militar, era la tercera ciudad más importante de Rusia solo por detrás San Petersburgo y Moscú.

45.000 personas y un amplio destacamento militar formaban la población de Sebastopol, una de las ciudades más importantes del Imperio ruso.

La defensa de la plaza fue preparada a conciencia. Las personas que no iban a combatir fueron trasladas fuera de la ciudad para ahorrar provisiones, parte de la guarnición se unió a los restos del ejército ruso en el exterior y las naves de guerra fueron hundidas en la boca del puerto para impedir el paso de los barcos enemigos.

Los aliados empezaron a excavar sus líneas de asedio el 9 de octubre y pronto la plaza quedó cercada por tierra y mar. El día 17 empezó el bombardeo, que fue respondido por la artillería rusa: más de 400 cañones arrojaron sus proyectiles a un lado y otro de las fortificaciones. Empezaba así un largo y cruento asedio que duraría cerca de un año.

Las tropas rusas se preparan para soportar el asedio en Sebastopol en este cuadro de Konstantin Filippov.

Las tropas rusas se preparan para soportar el asedio en Sebastopol en este cuadro de Konstantin Filippov.

Foto: CC

Primeras tentativas

Las formidables defensas de Sebastopol impedían un asalto directo, por lo que los comandantes aliados decidieron ablandar primero la plaza con un bombardeo combinado por tierra y mar. Mientras los cañones intercambiaban disparos en tierra, las naves de la flota aliada avanzaron contra los fuertes costeros. El bombardeo naval causó pocos daños en las defensas rusas, que en cambio hirieron o mataron a 340 marineros y obligaron a dos naves a retirarse a Estambul para realizar reparaciones.

El ataque por tierra tampoco dio resultado, ya que los rusos reparaban por la noche todos los daños hechos por la artillería aliada durante el día. Tras este inútil bombardeo, los mandos comprendieron que la ciudad tendría que ser tomada a pala y bayoneta.

Las condiciones en los campamentos de las tropas aliadas fueron muy malas debido al clima, a lo que se unió el hambre sufrida tras un temporal

El ejército ruso intentó levantar el asedio durante el mes de octubre, pero tras ser derrotado en las batallas de Balaclava e Inkerman (octubre y noviembre de 1854), se retiró a la ciudad tras fracasar en su ataque contra las bases enemigas de la costa. Franceses e ingleses continuaron con el ataque a la ciudad, pero el bombardeo tuvo que ser interrumpido a causa de una terrible tormenta que devastó el campamento y hundió 21 naves aliadas cargadas con la mayoría de las provisiones y la munición.

El ilustrador y corresponsal de guerra escocés William Simpson realizó esta imagen en la que se puede ver las precarias condiciones en las que el ejército británico transportaba los suministros hasta el frente. En el margen nevado del camino se aprecian los restos de un caballo muerto.

El ilustrador y corresponsal de guerra escocés William Simpson realizó esta imagen en la que se puede ver las precarias condiciones en las que el ejército británico transportaba los suministros hasta el frente. En el margen nevado del camino se aprecian los restos de un caballo muerto.

Foto: CC

La pérdida de su impedimenta condenó a los atacantes a sufrir un hambre atroz durante el invierno. Muchos soldados famélicos llegaron al extremo de sacrificar a sus monturas para no morir de inanición, mulas y caballos desaparecieron paulatinamente del campamento para terminar en los pucheros de la tropa.

Guerra de trincheras

El fracaso de estos primeros ataques confirmó de nuevo que la fortaleza debía ser tomada desgastando poco a poco al enemigo. El objetivo de la campaña del año siguiente sería capturar uno de los reductos de la línea de defensa, con ello los atrincheramientos enemigos serían vulnerables a ataques por el flanco, y se podría realizar el asalto a la ciudad.

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El principal ingeniero militar británico, John Fox Burgoyne, determinó que el Gran Reducto y la colina Malakoff serían el mejor lugar para realizar el ataque, pues su gran altura los convertía en las dos posiciones dominantes de las defensas rusas. Sin embargo, delante de ellos se erigía otra colina fortificada, apodada por los franceses el Mamelon ('pezón' en castellano), cuya captura era esencial para poder atacar los dos reductos.

Así pues, los aliados extendieron sus trincheras de aproximación hacia la colina, a la vez que construían baterías para bombardear desde cerca las posiciones enemigas. A lo largo del invierno y la primavera se produjeron numerosos asaltos contra el Mamelon, que cambió de manos muchas veces. En las trincheras los hombres morían a diario, víctimas de la enfermedad, los bombardeos y de los certeros disparos que efectuaban los francotiradores.

De izquierda a derecha, Lord Raglan, Omar Bajá y Aimable Pélissier, tres de los jefes militares del asalto a Sebastopol, reunidos organizando una estrategia conjunta para llevar a cabo una de las operaciones más importantes de la guerra de Crimea.

De izquierda a derecha, Lord Raglan, Omar Bajá y Aimable Pélissier, tres de los jefes militares del asalto a Sebastopol, reunidos organizando una estrategia conjunta para llevar a cabo una de las operaciones más importantes de la guerra de Crimea.

Foto: CC

Trenes y logística

Las desalentadoras noticias que los corresponsales enviaban a los periódicos de Londres sobre el estado del campamento aliado impulsaron a un grupo de empresarios ferroviarios, liderado por Samuel Morton Peto, a ofrecer sus servicios al gobierno para la construcción de un tren que uniera el puerto de Balaclava con Sebastopol. De este modo se podría aprovisionar adecuadamente al ejército y traer armas y municiones para terminar con el asedio de una vez por todas

La construcción se inició el 8 de febrero de 1855. Dirigidos por James Beatty, los operarios trabajaron a una velocidad vertiginosa, y la vía fue avanzando a ritmo de 500 metros al día. El 26 de marzo la línea de 23 kilómetros quedaba terminada.

En tan solo un mes y medio y en pleno siglo XIX, los británicos construyeron una línea de tren de 23 kilómetros clave para el abastecimiento de suministros

Los aliados sacaron partido inmediatamente del tren. Desde los depósitos de la costa transportaron centenares de armas y miles de proyectiles, hasta acumular la fabulosa cifra de 500 cañones para el bombardeo de la ciudad. En el viaje de vuelta, el ferrocarril transportaba a los heridos, que eran embarcados en Balaclava y trasladados por mar hacia los hospitales de campaña.

Desde una perspectiva posterior, se ha considerado la guerra de Crimea como uno de los primeros conflictos modernos por la utilización de avances tecnológicos como el tren y el barco de vapor. Además, fue el primer conflicto que pudo inmortalizarse con imágenes, pues los fotógrafos que se desplazaron a esta guerra fueron los primeros en documentar un enfrentamiento bélico. Sin embargo, Roger Fenton, considerado el primer reportero de guerra de la historia, se vio obligado a fotografiar escenas destinadas a componer un reportaje blanqueado, pues su trabajo debía evitar la desmoralización de los británicos que recibían las noticias del frente. La técnica fotográfica era incipiente, pero las posibilidades en la transmisión de un mensaje determinado que prometía fueron utilizadas desde el principio.

Esta imagen es una de las fotografías más famosas de la guerra de Crimea. Tomada por Roger Fenton en 1855, en ella solo se puede ver una extensión de tierra yerma repleta de balas de cañón. Fue titulada El valle de la sombra de la muerte.

Esta imagen es una de las fotografías más famosas de la guerra de Crimea. Tomada por Roger Fenton en 1855, en ella solo se puede ver una extensión de tierra yerma repleta de balas de cañón. Fue titulada El valle de la sombra de la muerte.

Foto: CC

El asalto final

Gracias a la cobertura proporcionada por la artillería, los aliados pudieron extender sus obras de asedio hasta las fortificaciones rusas. En mayo, los aliados recibieron además el refuerzo de 15.000 piamonteses, cuyo gobierno deseaba aliarse con Francia para expulsar a los austríacos de Italia.

El 7 de junio caía el Mamelon, tras pagar los aliados su captura con 6.000 bajas. Ahora el terreno quedaba despejado para el ataque a los dos reductos, hacia los cuales fueron serpenteando las trincheras de aproximación a lo largo de julio y agosto.

Los británicos no habían podido llevar sus excavaciones hasta el Gran Reducto al toparse con una capa de roca, por lo que fueron arrasados por la artillería rusa tan pronto como salieron de sus trincheras.

Más efectivo fue el ataque contra Malakoff: los franceses se lanzaron al ataque en el momento justo en el que se levantó la barrera de artillería y llegaron al reducto relativamente intactos. A medida que más y más refuerzos se unían al combate, este se decantaba hacia los asaltantes, y los rusos terminaron por ser expulsados de la posición.

El 8 de septiembre de 1855 tuvo lugar el ataque a la fortaleza de Malakoff. Comandados por el general Patrice de Mac Mahon, 9.000 soldados hicieron caer el baluarte ruso que daba acceso a la ciudad de Sebastopol. Óleo de Adolphe Yvon de 1857.

El 8 de septiembre de 1855 tuvo lugar el ataque a la fortaleza de Malakoff. Comandados por el general Patrice de Mac Mahon, 9.000 soldados hicieron caer el baluarte ruso que daba acceso a la ciudad de Sebastopol. Óleo de Adolphe Yvon de 1857.

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Con su principal bastión en manos enemigas, los defensores consideraron que la defensa de la ciudad era insostenible y el 9 de septiembre cruzaron la bahía para retirarse al norte a través de las líneas de asedio turcas. Tras la pérdida de su principal base en el Mar Negro, y sin nada que ganar de la prolongación del conflicto, el Zar pidió la paz, que se firmó en Paris al año siguiente.

El Tratado de París

Más de 200.000 soldados perdieron sus vidas en el asedio. Sin embargo, este terminó resultando un sacrificio inútil, ya que la ciudad fue devuelta a los rusos en aras de mantener el equilibrio militar entre las potencias europeas.

Firmado el 30 de marzo de 1856, el Tratado de París puso fin a las hostilidades entre rusos y otomanos, certificando la derrota del zar Nicolás I y la victoria de Francia, quien se alzó como la principal beneficiada al término del conflicto. Según el pacto firmado entre las potencias aliadas, las aguas del Mar Negro se convertían en territorio neutral y Rusia fue obligada a retirar su influencia del principado de Moldavia y Valaquia, así como de los territorios serbios.

En un encuentro que se alargaría desde el 25 de febrero hasta el 30 de marzo de 1856, los aliados firmaron la paz en el Tratado de París. Así lo representó Édouard Louis Dubufe en esta obra de 1856.

En un encuentro que se alargaría desde el 25 de febrero hasta el 30 de marzo de 1856, los aliados firmaron la paz en el Tratado de París. Así lo representó Édouard Louis Dubufe en esta obra de 1856.

Foto: CC

En líneas generales, a pesar de que no supuso grandes cambios territoriales, el panorama internacional tras la guerra allanó el camino para las unificaciones italiana y alemana, confirmó la pérdida de poder de Rusia en Europa y ratificó a la Francia de Napoleón III como gran potencia europea. En los ya de por sí desestabilizados Balcanes, las tensiones entre nacionalismos y religiones se intensificaron, creando un peligroso caldo de cultivo que preparaba el terreno para los grandes conflictos del siglo XX.

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