Maestro de la ciencia ficción

Arthur C. Clarke, el escritor visionario del futuro

A caballo entre la ciencia y la filosofía, el escritor británico, creador de la mítica "2001: una odisea espacial", llevada posteriormente al cine por Stanley Kubrick, creó un mundo en el que sus historias impactantes fueron precursoras de un futuro del que ahora somos testigos.

Sir Arthur C. Clarke recibió el título de caballero de la Orden del Imperio Británico en 1998..

Foto: CordonPress

Isaac Asimov, uno de los grandes maestros de la ciencia ficción de todos los tiempos, consideraba al británcio Arthur C. Clarke, nacido el 16 de diciembre de 1917 en la localidad inglesa de Minehead, el adivino más atinado del futuro, y el cineasta Stanley Kubrick dijo de él: "Clarke se las arregla para manejar bien el admirable deseo humano de saber cosas que nunca podremos saber". Como escritor de ciencia ficción, Clarke no solamente impactó al mundo con sus historias, sino que sus previsiones de futuro se han hecho realidad en la sociedad actual.

La ciencia "empoderará" al hombre

Aparte de escritor de ciencia ficción, físico, matemático, inventor, futurista y explorador, Arthur C. Clarke fue un gran optimista que estaba seguro de que la ciencia empoderaría al ser humano en el futuro. Desde muy joven, Clarke ya debatía acerca de viajes y naves espaciales en artículos publicados en la revista de astronomía Urania. En el mundo de la ciencia ficción, Clarke fue conocido como "Ego" por la capacidad que tenía de absorber los temas que le interesaban –con el tiempo llegó a llamar a su oficina "Cambra Ego"–.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Clarke sirvió como especialista de radar en la Royal Air Force (RAF) británica. En esa época, el radar era una tecnología en pleno desarrollo y eso estimuló al joven Clarke para investigar las posibilidades que tenían las telecomunicaciones. Ya entonces Clarke hizo alarde de su gran imaginación y capacidad de trabajo escribiendo un centenar de libros y multitud de relatos cortos y ensayos.

Arthur C. Clarke en una visita al set de rodaje de la película 2001: una odisea espacial.

Arthur C. Clarke en una visita al set de rodaje de la película 2001: una odisea espacial.

Foto: CordonPress

2001, un eterno clásico de la ciencia ficción

Las arenas de Marte (1951), El fin de la infancia (1953), Cita en Rama (1972), Las fuentes del paraíso (1979) o Greetings, Charbon based Bipeds!, una colección que comprende sus ensayos desde 1934 hasta 1998 (publicada en 1999), son algunos de los títulos de su extensa obra. Aunque sin duda la que ha pasado a la historia tanto de la literatura de ciencia ficción como del cine del mismo género es 2001: una odisea espacial. La obra original llevaba por titulo The Sentinel (1951), pero el éxito cinematográfico de Stanley Kubrick (1968) obligó a Clarke a poner el título de la película a su libro.

2001: una odisea espacial fue una obra que abrió las puertas a un nuevo concepto de la ciencia ficción.

El libro de Clarke planteaba una historia totalmente diferente a todo lo que se había escrito hasta entonces. Desde cuestiones filosóficas básicas sobre el origen del hombre hasta cuál es su destino y su lugar en el universo, todo ello explicado desde la realística visión de los años sesenta. La visión de Clarke quedó plasmada en la película incluso desde el cartel promocional, en el que se podía ver el nacimiento de una estrella simbolizada en un bebé que flotaba en medio del espacio, reflejo de la íntima unión entre el ser humano y el universo. En la novela aparece un personaje llamado HAL 9000. HAL es el ordenador de a bordo y es el encargado de controlar las funciones vitales de la nave. HAL está representado por sus "ojos" rojos, unas pequeñas cámaras de vídeo que están presentes por toda la nave. La naturaleza "heurística" de HAL, su capacidad de aprender y de evolucionar, hace que el pensamiento del ordenador sea similar al del ser humano, pero cambia drásticamente de comportamiento durante la novela, ya que está programado para no recibir respuestas que puedan generar algún tipo de duda. Los que dudan o son escépticos deben ser eliminados.

Un viaje espiritual por el espacio

En los libros de Clarke no hay batallas épicas, ni teletransportadores, ni torpedos de fotón, y las naves espaciales no hacen un ruido ensordecedor –en el espacio reina el más absoluto de los silencios debido a la falta de aire–. Lo suyo es tanto ciencia como ficción. Clarke busca un sentido espiritual a la existencia humana y su gran esperanza es que el hombre pueda ir más allá de sí mismo, aunque es consciente de que es muy difícil que esto se pueda producir de forma natural. En 2001, Clarke simbolizó este proceso en el extraño monolito que Kubrick inmortalizó en la que tal vez sea la escena más icónica de la película, donde se yuxtapone la pieza musical de Strauss Así habló Zaratustra con una unas maravillosas imágenes en las que un homínido inventa la primera arma con un hueso.

Arthur C. Clarke formuló tres leyes que fueron conocidas como "las tres leyes de Clarke", todas ellas relacionadas con el avance científico.

Al igual que Asimov formuló sus famosas tres leyes de la robótica, Clarke formuló asimismo tres leyes relacionadas con el avance científico. Clarke creía en el progreso y en las infinitas posibilidades que el futuro depararía al ser humano: "Cuando un científico eminente, pero anciano afirma que algo es posible, es casi seguro que tiene razón. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente está equivocado / La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible / Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es totalmente indistinguible de la magia".

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Las eternas preguntas del ser humano

Arthur C. Clarke se caracterizó por tener una visión bondadosa de la ciencia y del progreso, y consideraba que el hombre habría llegado a la mayoría de edad cuando pudiera dar respuesta a las eternas preguntas que se viene haciendo desde el principio de los tiempos: "¿Qué somos?", "¿de dónde venimos?" y "¿hacia dónde vamos?". Para Clarke, lo importante de la vida no es saber adonde ir, sino el viaje en sí mismo, y al igual que Isaac Asimov, Clarke hizo accesible al público en general las ideas más profundas y los avances científicos más complejos.

En 1986, a Clarke le fue diagnosticado un problema neuromotor conocido como enfermedad de Lou Gehrig. Esta dolencia le impedía moverse con normalidad y los médicos le auguraron cinco años de vida. Clarke, decidido a vencer la enfermedad, se trasladó a vivir a Sri Lanka para someterse a un tratamiento de fisioterapia rigurosa que pareció mejorar su salud. Un año después de iniciar el tratamiento, los médicos del hospital John Hopkins de Baltimore le diagnosticaron síndrome pospolio, una enfermedad más benigna y descubierta recientemente que le permitió vivir veinte años más, aunque confinado en una silla de ruedas. En 1996, la International Astronomical Union bautizó al asteroide 4923 con el nombre del autor inglés; en 1998 fue nombrado sir por la reina de Inglaterra, y en el año 2003, científicos de la Universidad australiana de Monash dieron su nombre a una nueva especie de dinosaurio: Serendipaceratops Arthurcclarkei.

Clarke pidió que, tras su muerte, su ADN fuera enviado al espacio en un viaje eterno.

El 19 de marzo de 2008, y sin haber visto cumplido su deseo de obtener pruebas inequívocas de la existencia de vida extraterrestre, Arthur C. Clarke moría a los 90 años de edad a causa de un fallo cardiorrespiratorio. Tras dar instrucciones de que una muestra de su ADN viajara al espacio, dejó dicho: "Un día, una supercivilización podría encontrar esta reliquia de una especie desaparecida y yo podría existir en otro tiempo".

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