Griegos contra persas

Artemisia, la mujer que combatió en la batalla de Salamina

La reina de Caria, Artemisia I, fue la única mujer que participó en las batallas navales de cabo Artemisión y de Salamina en el año 480 a.C. Su gran valentía y determinación le valieron una gran reputación como estratega, de tal modo que fue la única mujer comandante de una flota en el ejército del Gran Rey persa Jerjes I. Llegado el momento, y a pesar de que Artemisia le ofreció el mejor consejo para derrotar a los griegos, el monarca no la escuchó y envío a toda su flota a una derrota segura.

Efigie de Artemisia en una medalla del libro iconográfico Promptuarii Iconum Insigniorum realizado en 1553 por Guillaume Rouille´.

Efigie de Artemisia en una medalla del libro iconográfico Promptuarii Iconum Insigniorum realizado en 1553 por Guillaume Rouille´.

Efigie de Artemisia en una medalla del libro iconográfico Promptuarii Iconum Insigniorum realizado en 1553 por Guillaume Rouille´.

Foto: PD

Artemisia I de Caria está considerada la primera mujer que fue almirante de una flota de la historia, además de hacer gala en situaciones difíciles de un gran sentido común. Y es que tal vez si el rey persa Jerjes I, en el año 480 a.C., le hubiera hecho caso la historia hubiera seguido otros derroteros.

En un mundo eminentemente masculino, Artemisia llegó a comandar una flota de cinco barcos que se enfrentarían a los griegos en el cabo Artemisión y en Salamina. Pero Jerjes I decidió hacer caso omiso del sabio consejo que le dio su comandante antes de la batalla y, en consecuencia, los griegos hundieron sin compasión la flota persa.

Origen desconocido

Algunos historiadores, como el macedonio Polieno o el romano Justino, ya hacían referencia a aquella mujer legendaria por su astucia y por su valentía, de la que, sin embargo, se sabe muy poco. Se cree que Artemisia nació en la ciudad de Halicarnaso en una fecha incierta del siglo V a.C. A pesar de sus orígenes helenos, la costa de Caria, en Asia Menor, fue anexionada al Imperio Aqueménida por el general Harpago, al servicio del soberano persa Ciro II, tras sofocar una rebelión dirigida por el rey lidio Creso en el año 545 a.C. Tras la conquista, las ciudades estado de Asia Menor disfrutaron de cierta autonomía, pero no dudaron en levantarse en armas contra Darío I, que acabó por convertir Halicarnaso en una satrapía del Imperio, gobernada por el padre de Artemisia, Lígdamis I.

La mayoría de historiadores opina que Artemisia nació en la ciudad de Halicarnaso en una fecha incierta del siglo V a.C.

Mapa que muestra el mundo griego durante las Guerras Médicas.

Mapa que muestra el mundo griego durante las Guerras Médicas.

Mapa que muestra el mundo griego durante las Guerras Médicas.

Mapa: Juan Jose Moral (CC BY-SA 2.5 )

A día de hoy, el origen del nombre de Artemisia sigue sin estar muy claro. Hay investigadores que creen que hay que buscar su procedencia en la región de Frigia, en Asia Menor, y otros consideran que sus raíces proceden del persa, en cuyo caso la raíz arta, art o arte podría significar "grande" o "sagrado", en clara relación a la diosa griega de la caza, Artemisa. De hecho, muchos expertos se inclinan a aceptar una etimología cuyo significado sea "pura" o "doncella", como lo era la divinidad helena, una de las más antiguas y veneradas del panteón.

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Una hábil estratega

En sus Estratagemas, el macedonio Polieno dice que Artemisia heredó la personalidad de su madre, que era cretense, y que desde muy pronto se sintió atraída por la estrategia militar. Dio claras muestras de su habilidad en este terreno, según sigue narrando Polieno, cuando urdió un original plan para tomar la ciudad de Latmos: Artemisia encabezó una procesión religiosa y marchó a Latmos con la excusa de llevar a cabo allí un sacrificio ritual. Los habitantes, deseosos de contemplar el espectáculo, salieron en masa de la ciudad, y, mientras disfrutaban de la actuación, los hombres de Artemisia tomaron Latmos.

Pero más allá de esa anécdota, el episodio por el cual la estratega ha pasado a la historia fue por su participación en la Segunda Guerra Médica, cuando Jerjes I quiso invadir Grecia como castigo por la derrota que los griegos habían infligido a los persas en la batalla de Maratón en el año 490 a.C.

Jerjes I quiso invadir Grecia como castigo por la derrota persa en la batalla de Maratón en el año 490 a.C.

Relieve que representa al rey persa Jerjes I en el Museo Nacional de Irán, Teherán.

Relieve que representa al rey persa Jerjes I en el Museo Nacional de Irán, Teherán.

Relieve que representa al rey persa Jerjes I en el Museo Nacional de Irán, Teherán.

Foto: Darafsh (CC BY 3.0)

Ante la inminente invasión, las polis griegas se unieron para hacer frente al colosal ejército persa, que trasladó la contienda a mar abierto. No era una sorpresa. De hecho, era lo que había previsto el general ateniense Temístocles, quien había impulsado la construcción de una enorme flota de más de 200 trirremes. El primer choque entre ambas escuadras tuvo lugar en el cabo Artemisión, donde Aquemenes, hijo de Darío I y hermano de Jerjes, había perdido un tercio de sus barcos a causa de una terrible tempestad. Aun así, la flota persa triplicaba en número a la de los griegos.

El valor de Artemisia

Y aquí entraría en acción Artemisia. Su protagonismo aumentó justo en el momento en que los griegos parecían estar perdiendo la batalla. La retaguardia griega había conseguido retrasar el avance de los persas en el desfiladero de las Termópilas, pero, a pesar de ello, los griegos se vieron obligados a replegarse hacia el istmo de Corinto y la isla Salamina. El ejército del Gran Rey persa logró tomar y destruir Atenas, pero Jerjes dudaba entre librar un combate naval contra los griegos en Salamina o, por el contrario, concentrar sus esfuerzos en tierra firme, con su infantería apoyada por su inmensa flota.

El protagonismo de Artemisia aumentó justo en el momento en que los griegos parecían estar perdiendo la batalla.

La batalla de Salamina según una ilustración del siglo XIX realizada por Walter Crane.

Foto: PD

Jerjes consultó a sus comandantes qué decisión tomar. Todos estuvieron de acuerdo: había que aprovechar que la flota griega se había retirado a Salamina para atacar y hundirla. Todos menos Artemisia. Aún a sabiendas de que su opinión contraria podía costarle la vida, la comandante se armó de valor y desaconsejó a Jerjes entrar en aquella bahía tan estrecha con la flota. También le instó a resguardar sus naves. Artemisia era consciente de que los marinos griegos eran superiores a los persas, como "lo son los hombres a las mujeres". Una apreciación que puede resultar curiosa en boca de una mujer que demostraba en aquellos decisivos momentos una sensatez mayor que la de sus pares masculinos. 

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El fin de una leyenda

A pesar de tener a sus compañeros en contra, Artemisia insistió en su idea de no entablar combate en Salamina mientras todas las miradas estaban puestas en Jerjes, temiendo su reacción. El Gran Rey no montó en cólera, pero tampoco hizo caso de la sugerencia de Artemisia, sino que prefirió tener en cuenta la opinión mayoritaria que abogaba por atacar a los griegos sin saber que aquello les conduciría al desastre. Y es que, tal como había profetizado Temístocles, la enorme cantidad de barcos persas que se adentraron en esa bahía de reducidas dimensiones hizo que se estorbasen continuamente los unos a los otros, lo que provocó que su superioridad numérica quedara reducida a la nada.

Artemisia insistió en su idea de no entablar combate en Salamina, pero Jerjes no hizo caso de su sugerencia.

La Batalla de Salamina. Cuadro pintado por el artista Wilhelm von Kaulbach en 1868 en el que puede verse a Artemisia en el centro, disparando con su arco.

La Batalla de Salamina. Cuadro pintado por el artista Wilhelm von Kaulbach en 1868 en el que puede verse a Artemisia en el centro, disparando con su arco.

La Batalla de Salamina. Cuadro pintado por el artista Wilhelm von Kaulbach en 1868 en el que puede verse a Artemisia en el centro, disparando con su arco.

Foto: PD

En medio de la cruenta batalla en aguas de Salamina, Artemisia, a cuya cabeza los griegos habían puesto precio, se encontró aislada del resto de la flota. Advirtiendo cómo se acercaba hasta su nave un barco enemigo para embestirla, la comandante prefirió adelantarse y atacar a uno de sus aliados para hacer creer a lo griegos que realidad era uno de los suyos. Cayendo en el engaño, los helenos dejaron de acosarla y Artemisia pudo escapar. Finalmente, tras la debacle de Salamina poco más se sabe de Artemisia. De hecho, su rastro se pierde en Caria, su patria, adonde al parecer regresó.

Siglos más tarde, el patriarca de Constantinopla, Focio el Grande, plasmó una historia sobre el final de Artemisia en su obra Myrobiblion. Según se cuenta en ella, la reina de Caria se enamoró de un hermoso joven llamado Dárdano, pero, al no ser correspondida, la despechada Artemisia se arrancó los ojos. Posteriormente, y siguiendo los dictados de un oráculo, la reina saltó desde lo alto de una roca en la isla de Léucade perdiendo de este modo la vida en el acto.