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Pan troglodytes verus.

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Desenterrando el pasado: episodio 51

La arqueología primate, una disciplina para conocer a nuestros parientes más cercanos

El comportamiento de los chimpancés es muy similar al de los humanos: no solo son seres sociales, sino también tecnológicos. Viajamos a la sabana de Senegal para estudiar cómo estos primates usan las herramientas de su entorno.

El comportamiento de los chimpancés es muy similar al de los humanos: no solo son seres sociales, sino también tecnológicos. Viajamos a la sabana de Senegal para estudiar cómo estos primates usan las herramientas de su entorno.

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TRANSCRIPCIÓN DEL PODCAST

En el capítulo de hoy nos dirigimos a la sabana senegalesa a convivir con unos parientes lejanos: los chimpancés. Hoy viajamos a Dindefelo, en Senegal, a la sabana donde habitan los chimpancés del género Pan troglodytes verus.

En la aventura de este capítulo, descubriremos todo lo que hay que saber sobre estos grandes primates con los que compartimos mucho más de lo que podríamos imaginar. Además, nos disponemos a estudiar la tecnología que estos parientes lejanos nuestros utilizan para relacionarse con su entorno, porque, como descubriremos hoy, el uso de herramientas no está limitado a nuestra especie, no.

Aprenderemos más sobre el concepto de la arqueología primate, acuñado por una de las investigadoras de nuestro proyecto de hoy. Y, por si fuera poco, viviremos un día en la vida de un chimpancé. Adentraos en la sabana en este nuevo capítulo de Desenterrando el Pasado.

Antes de encontrarnos con los chimpancés, conozcamos a nuestros investigadores de hoy. Ellos son Adrián Arroyo y Adriana Hernández-Aguilar.

Ella, Adriana, es doctorada en Antropología Biológica por la Universidad del Sur de California, hizo un posdoctorado en Cambridge, ha trabajado en la universidad de Oslo, y actualmente es profesora Serra Húnter en la Universidad de Barcelona (UB).

Él, Adrián, por su parte, es Doctor en Arqueología Prehistórica por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), hizo un posdoctorado en el Instituto de Arqueología de la University College de Londres, ha sido becario de Juan de la Cierva en el Ministerio de Ciencia y actualmente tiene un contrato de investigación con el Instituto de Paleoecología y Evolución Humana de Tarragona.

Ahora que ya conocemos a nuestros investigadores podemos ponernos manos a la obra. El proyecto que hoy nos ocupa está financiado por el Instituto Jane Goodall (IJG) global y también por diferentes Institutos Jane Goodall de diversas partes del mundo. Es apoyado, también, por la Fundación Palarq, por otras fundaciones, por la Universidad Autónoma de Barcelona y el IPES. Una buena cantidad de patrocinadores, sin duda.

De viaje a Senegal

Y no es para menos, puesto que el proyecto destaca por su novedoso planteamiento… Pero no adelantemos acontecimientos, primero situémonos. Nos hallamos en Senegal, en el sureste, en un hábitat de sabana. Adriana nos cuenta más sobre ello:

“Es una zona de hábitat de sabana, lo que llamamos sabana. Que no nos imaginemos que es una sabana como la del Serengueti, Hay muchos diferentes tipos de sabana. Sabana quiere decir un hábitat que es sumamente estacional, con una estación de seca muy pronunciada. En nuestro caso son 7 meses donde no llueve".

7 meses sin lluvias, debe ser un lugar difícil para la vida. De hecho, este es el hábitat más seco en el que habitan los chimpancés, muchos otros viven en zonas de selva lluviosa.

Pues bien, nuestro proyecto de hoy comienza cuando Adrián, en busca de un proyecto post-doctoral, se pone en contacto con Adriana para desarrollar actividades de investigación en la zona de Dindefelo. Dindefelo es una gran reserva natural con chimpancés en estado salvaje y que, a diferencia de otros lugares como el Parque de Gombe en Tanzania, donde Jane Goodall había iniciado sus investigaciones, no ha sido exhaustivamente estudiado.

Si bien el Instituto Jane Goodall ha hecho algunas pesquisas en la región, el objeto de estudio de nuestros investigadores, el del uso de herramientas por parte de los chimpancés, aún no ha sido ampliamente abordado. ¿Cuáles son, en concreto, los objetivos del proyecto?

Digamos que la pregunta inicial es: ¿cuándo surge la tecnología? Lo que siempre se ha dicho, se ha enseñado, en arqueología es que los homininos, a medida que el ambiente de sabana se iba extendiendo, empezaron a caminar sobre dos piernas, se volvieron bípedos, y entonces empezaron a utilizar tecnología. Pero, ¿cómo puede probarse esta teoría más allá de la arqueología clásica? Esa en la que se va, se prospecta, se excava y se encuentran nuevos homininos. Pues a través de nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, que viven en múltiples medios, no solo de bosque si no también de sabana, una sabana muy parecida a esas en las que habitaron los homininos. A partir de aquí, sus objetivos tienen tres puntos. Adrián nos cuenta:

“Y fue ahí cuando nos empezamos, pues eso, a plantear el primer objetivo y a decir, vale: pues, vamos a estudiar chimpancés de sabana. ¿Cómo es su tecnología? ¿Qué comportamientos tecnológicos llevan a cabo? Sobre todo, las características de esas herramientas. Esto es algo de lo que muy poco se habla".

"O sea, por regla general se sabe que los chimpancés utilizan herramientas para alcanzar termitas u hormigas, pero no sabemos cómo son esas herramientas. Que ese es otro de los objetivos: conocer las características tecnológicas, desde un punto de vista arqueológico de esas herramientas".

"Y luego está el tercer punto que es: ¿cómo se distribuyen a lo largo del paisaje estas herramientas? O sea, si, en lugar de chimpancés fueran homininos, ¿dónde hacen sus actividades? ¿En qué puntos del paisaje? ¿Están relacionados con los sitios donde hay más abundancia de un determinado recurso?”.

La arqueología primate

¿Y por qué hacer estos estudios a través de los chimpancés? Pues por diversos motivos: el primero de ellos por la similitud entre nuestras especies y en segundo lugar porque, a diferencia de lo que siempre se ha creído, los homininos no son los únicos que utilizaron herramientas. Dicho de otra forma:

“Es intentar conocer distintos aspectos que en el registro arqueológico no lo vemos, porque el comportamiento no fosiliza, pero que gracias a los chimpancés podemos hacer algo así como si fuera una especie de arqueología viva, algo que no tenemos en el registro”.

De hecho, esto que dice Adrián es lo que se conoce como arqueología primate, un término acuñado por Adriana, junto a otros investigadores. Y esta disciplina, la arqueología primate, postula que se puede unir lo que se sabe del comportamiento de los primates con técnicas arqueológicas.

En un principio, como suele suceder con todo aquello demasiado novedoso, o con todo punto de vista visionario, varios investigadores se opusieron al uso de este término, puesto que consideraban que el concepto de arqueología se concebía como puramente humana, es decir, para estudiarnos a nosotros mismos o a nuestros ancestros evolutivos, los homininos, pero no para otra especie primate, aunque utilizara herramientas. Andrea nos cuenta por qué es, en efeto arqueología, y cómo lo demostraron:

“Entonces lo que dijimos en el 2009, en un artículo de Nature es que, siempre y cuando los primates dejen evidencias materiales de sus actividades y esas evidencias materiales, incluidos artefactos y herramientas, las podamos analizar con técnicas arqueológicas, estamos haciendo arqueología, y la nombramos arqueología primate”.

Absolutamente irrefutable, sin duda. Antes de proseguir con el proyecto, resulta imprescindible abordar una cuestión importante: ¿Qué es lo que entendemos por tecnología? Adrián nos da su definición:

“Para definir tecnología tenemos que mirar su significado más amplio. Y es cualquier objeto que tu utilices para algo, bien sea para obtener una hormiga o fabricar otra herramienta, o construir una nave espacial para llegar a la luna. No podemos cerrarnos a un concepto de tecnología tal y como la conocemos hoy en día, si no que tenemos que abrirlo mucho más, y gracias a eso vemos cómo en el mundo animal hay mucha tecnología”.

Es decir, que cualquier herramienta que se utilice para un fin determinado puede considerarse tecnología. Adriana agrega un matiz importante a la cuestión:

“Yo creo que también hay que hacer la diferencia entre el uso de herramientas y el hacer herramientas. Hay animales que usan herramientas, pero no las hacen. En el caso de los chimpancés ellos usan herramientas y también hacen herramientas. Hacen artefactos y también herramientas. La diferencia en primatología es que las herramientas pueden ser movibles, no son parte de su cuerpo y además las pueden mover, y el artefacto no siempre se puede mover”.

Por lo tanto, por un lado tendríamos la tecnología “de herramientas”, como por ejemplo los palos usados para obtener hormigas, o las piedras para picar nueces, y, por el otro, tendríamos los artefactos. Un ejemplo de artefactos serían los “nidos” de los chimpancés, que son las estructuras en las que duermen. Adriana nos cuenta más sobre estos nidos:

“Todos los días ellos tejen, en los árboles, las camas para dormir, que les llamamos nidos, porque la primera persona que los estudió les llamó nidos, pero en realidad son camas. Hacen como colchones, como cestas, en las ramas de los árboles e, incluso, les ponen almohadas. Van incluso a coger ramas con hojas de otros lados del árbol o incluso de otro árbol, y las traen hasta su nido para que sea más confortable. Esto generalmente lo hacen cada día, porque duermen cerca de donde comen o de donde van a desayunar por así decirlo, pero también pueden ser reutilizados”.

Los chimpancés, seres tecnológicos

Así que lo de dormir bien confortablemente tampoco es exclusivo nuestro. ¿Y cómo estudian nuestros investigadores los grupos de chimpancés? Adriana nos lo cuenta:

“Nosotros observamos a los chimpancés, pero solamente indirectamente. Es decir, ponemos cámaras trampa donde sabemos que va a ocurrir la actividad de uso de herramientas y grabamos a los chimpancés haciéndolo, sin nosotros estar ahí. Porque los chimpancés de esa zona no están habituados a los humanos, ni queremos habituarlos, porque viven cerca de comunidades humanas".

"Y entonces no es bueno ni para los humanos ni para los chimpancés. Entonces lo hacemos todo a través de evidencias indirectas. Uno con los vídeos, que es la parte observacional digámoslo así, pero indirecta porque son videos y la otra con técnicas arqueológicas que son las que se usarían si estuviéramos estudiando comunidades humanas que han dejado ahí las evidencias materiales de sus actividades”.

Una forma fascinante de usar las cámaras ocultas, ¿verdad? Pero, ¿cómo saber cuál es la mejor posición para esas cámaras? Pues muy sencillo: las zonas que se monitorean son lugares donde se han hallado excrementos o nidos de chimpancé y si en las inmediaciones hay un árbol frutal, o termitero u hormiguero entonces seguro que hay premio. Pero no solo eso, además, los investigadores del Instituto Jane Goodall tienen bastante práctica en la zona. Adrián nos lo cuenta:

“Lo bueno que tiene Dindefelo es que como la gente del IJG lleva muchos años trabajando allí se conocen muy bien el terreno. Entonces saben más o menos qué sitios tienen más probabilidad de encontrar herramientas o de que los chimpancés lo visiten más frecuentemente que otros”.

Y no solo eso, si no que tienen a investigadores y voluntarios recabando datos y trabajando en la zona durante todo el año. Y en lo arqueológico, ¿cuáles son los hallazgos más relevantes que han hecho?

“Yo creo que uno de los principales resultados que estamos teniendo es la gran variedad de marcas que podemos ver en los palos. Es decir: una de las preguntas que le puede surgir a alguien cuando le decimos que estudiamos palos es: ¿bueno y cómo sabes que es natural en lugar de haber sido una herramienta utilizada por chimpancés? Entonces somos capaces de distinguir cuando un simple palo en mitad del bosque con mogollón de palos alrededor ha sido utilizado por chimpancés por las marcas que han dejado ellos, de cuando la cogen del árbol, de cuando la modifican para quitarle las hojas y hacer una herramienta propiamente dicha. De cuando la utilizan, las marcas de utilización que han dejado”.

Bien, esto es muy importante, porque si son capaces de identificar cuándo un palo ha sido utilizado por un chimpancé sin verlo utilizarlo, tal vez también sean capaces de determinar para qué los utilizan. Y, en última instancia, puedan hacer toda una categorización de las herramientas y de las actividades para las que se utilizan.

Un día en la vida de un chimpancé

Llevamos mucho rato hablando de los chimpancés, de sus actividades y del uso que hacen de las herramientas. Pero ¿cómo es la vida de estos simios? Averigüémoslo en primera persona.

Nos hemos levantado muy temprano por la mañana, con la salida del sol. Nos hallamos en el nido que ayer construimos para dormir. Lo primero que hacemos al despertar es hacer nuestras necesidades, pero vamos a buscar el lugar idóneo para ello. No quisiéramos ensuciar nuestro nido.

Bajamos del árbol y decidimos que justo a los pies es un buen lugar para nuestra descarga matutina (sin saberlo, les estamos haciendo un gran favor a los investigadores al dejar nuestros excrementos tan cerca de las zonas donde dormimos, luego ellos podrán obtener innumerables informaciones sobre nuestro estado de ánimo, de salud, a través de estos “regalitos matutinos”).

Bien, ahora que ya hemos soltado lastre podemos dirigirnos a lo siguiente: el desayuno. Somos animales omnívoros, así que comemos de todo, pero solemos frecuentar los buenos árboles frutales de la región. A veces dormimos cerca de uno para tenerlo al alcance por la mañana, pero no siempre. O sea, que no es extraño que tengamos que desplazarnos durante unos minutos, a veces incluso una hora o más, hasta llegar a nuestro ansiado desayuno.

Después del desayuno nos iremos a la peluquería, bueno, a la peluquería de la comunidad. Los chimpancés somos seres sociales, y nuestra forma de socializar está centrada sobre todo en el acto de acicalarnos unos a otros, así que nos sacamos unos cuantos piojos y nos deshacemos unos cuantos nudos, mientras comentamos con tal o cual lo que hemos estado haciendo.

Luego, hacia el mediodía, solemos descansar un rato, una buena siesta siempre es de agradecer. Nos despertamos de la siesta con hambre, y nos vamos en busca de la comida. Como ya hemos dicho, solemos preferir la fruta, pero también comemos carne (de hormigas, termitas o monos).

Al ser chimpancés de sabana tenemos que desplazarnos mucho más que nuestros parientes que habitan en selvas lluviosas, puesto que la densidad de alimentos es mucho menor aquí. Hoy hemos cazado un mono, así que nos disponemos a compartirlo con toda la comunidad.

Después del banquete nos vamos a preparar para ir a dormir, no sea que nos pille la noche, y con ella los depredadores de la zona: principalmente hienas y leopardos. Es por ello por lo que construiremos nuestros nidos en los árboles: para descansar tranquilos. Recogemos todo lo necesario y montamos nuestro nido en un árbol bien situado, y, finalmente, nos dormimos viendo el inmenso cielo estrellado.

La naturaleza de los chimpancés

Y así es un día en la vida de estos simios. Vale la pena mencionar que los chimpancés se organizan socialmente en lo que se conoce como fusión/fisión, esto significa que forman parte de comunidades bastante grandes, pero que pueden dividirse y atomizarse en facciones mucho más pequeñas, siendo la menos de ellas la de una madre con su cría.

Además, son seres muy promiscuos, con lo cual suelen identificarse por línea materna. Y también son muy xenófobos, así que no es extraño que se den conflictos entre diversas comunidades, lo que da lugar a algo parecido a las guerras de los humanos.

Fascinantes criaturas, ¿verdad? Y no tan diferentes a nosotros. De hecho, compartimos un 97% de ADN con ellos, lo cual no es moco de pavo. Lamentablemente, este animal se halla en agudo peligro de extinción, principalmente por la destrucción de sus hábitats a raíz de la acción antrópica.

Esto, per se, ya es una tragedia, pero, por si fuera poco, los chimpancés, como nosotros, son seres culturales, es decir, que cada población de chimpancés tiene sus costumbres y herramientas. Esto quiere significa que cuando perdemos una comunidad de chimpancés, estamos perdiendo también diversidad cultural: formas únicas de hacer las cosas y de relacionarse con el entorno.

Conociendo a los investigadores

Bien, vamos llegando al final de este episodio, pero antes de pasar a las conocidas preguntas, averigüemos cuáles son los próximos pasos de nuestros investigadores. Adriana nos cuenta:

“Una de las cosas que nos gustaría hacer es empezar a mapear todas las actividades de los chimpas en el terreno. O sea, no solamente de una actividad, si no, digamos, por ejemplo, ¿dónde obtienen las termitas?¿Dónde están los termiteros? ¿Qué relación tiene eso con los nidos? ¿Dónde están obteniendo hormigas? Si en algún momento encontráramos que obtienen miel, por ejemplo, pues ¿dónde está eso?¿Qué relación tiene con el terreno?

Y sobre todo, ¿qué impacto tiene el medio ambiente de sabana en las actividades que están desarrollando y en la forma en que estas actividades están dispersas en el terreno? Porque esto nos puede decir a nosotros mucho sobre cómo los primeros homininos crearon sitios de herramientas que ahora son yacimientos arqueológicos”.

Fascinante esta fusión del pasado y el presente que hace la arqueología primate, ¿verdad? Vamos ahora con las preguntas de rigor.

En primer lugar: ¿Qué es lo que más te fascina de la evolución humana? Adriana empieza.

“Lo que más me fascina de la evolución humana es pensar cómo de una especie muy parecida a un chimpancé llegamos hasta nosotros. Y daría todo por estar en una máquina del tiempo, irme a 6 o 7 millones de años y ver qué hicieron los ancestros humanos para en algún momento ser diferentes de los chimpancés. También me fascina porque no creo que seamos tan diferentes de los otros animales, entonces yo creo que estudiar la evolución humana nos ayuda precisamente a eso, a entender por qué no somos tan únicos ni tan diferentes".

Nos encantaría subirnos en esa máquina del tiempo, la verdad. ¿Y qué opina Adrián?

“Yo creo que, lo que más me fascina es lo diversa que ha sido. Tendemos a pensar que la evolución humana ha sido lineal de una especie a otra y lleva siendo así durante X millones de años, pero en realidad no es así. Prestas atención a cómo hemos evolucionado, hay tantas ramas, y hoy vemos que en realidad no es una evolución lineal si no que es como una especie de árbol frondoso con múltiples caminos que aparecen desaparecen y se cruzan. Lo cual complica las labores de la investigación, pero a la vez lo hace más interesante”.

Bello concepto el del árbol. Pasemos ahora a la segunda pregunta: ¿Por qué elegiste tus estudios? Adriana responde primero:

Yo soy originaria de México y de grado estudié arqueología porque en México si haces un hoyo detrás de tu casa seguro encuentras algo. Cuando estaba en el 2º semestre de la carrera leí por primera vez el libro de Jane Goodall que me había dejado un amigo, lo terminé sin dejar de leerlo y cuando lo cerré decidí que quería estudiar chimpancés en África”.

Una investigadora de ideas fijas, sin duda. ¿Y Adrián?

“Pues yo creo que fue por curiosidad, claro yo vengo de un mundo puramente arqueológico, de estudiar distintos yacimientos y me daba cuenta de que conforme iba haciendo más estudios más preguntas iba teniendo y fue cuando empecé un poco a meterme más en este mundo de la arqueología primate cuando vi como un mundo nuevo de posibilidades para intentar dar respuesta a esas preguntas que yo tenía en el registro arqueológico”.

Desde luego no hay nada más fascinante que dar respuesta a las preguntas que uno se plantea. Y vamos ahora con la tercera y última pregunta: ¿Cómo crees que tu investigación puede ayudarnos a repensar nuestro futuro como especie? ¿Adriana?

“En estos momentos que estamos viviendo con, precisamente con los cambios climáticos y con todo el calentamiento global y con todo el daño que le estamos haciendo al planeta, yo creo que nos hace mucha falta una lección de humildad; de decir que ni somos tan inteligentes, ni somos tan únicos, ni estamos hechos a imagen y semejanza de algo diferente que no sean los otros animales con los que compartimos el planeta".

Entonces, poder demostrar, poner nuestro granito de arena para demostrar que los chimpancés son casi tan inteligentes como los humanos nos puede servir para cambiar esta perspectiva de decir: no somos los únicos animales que merecemos todo y merecemos acabarnos el planeta solamente por nuestro propio beneficio. Debemos de ayudar a las otras especies con las que compartimos como los chimpancés, casi el 99% de los genes”.

¿Y Adrián?

“Yo creo que una de las cosas que, al menos desde mi punto de vista, querría aportar es que la gente, o el público en general, se quede con la idea de que ahí fuera, en medio del bosque un simple palo o una simple piedra nos recuerdan que hay toda una cultura primate, que hoy en día se está aprendiendo. La aprenden los infantiles de sus madres, se transmite de generación en generación. O sea, toda una verdadera cultura en medio del bosque está ante nuestros ojos y, si no hacemos nada, es probable que eso desaparezca en 50 o 100 años".

Funestas predicciones sin duda. Hasta aquí nuestra incursión en la sabana y en la vida de estos parientes no tan lejanos. Esperemos que nuestros investigadores puedan seguir recabando datos y reconstruyendo, a través del presente, nuestro pasado ancestral. Y, con algo de suerte, consigan que sus pesquisas nos convenzan a todos para proteger y velar por la diversidad cultural de otros animales, que, al final, no deja de ser de un modo u otro, la nuestra propia.