El legado final de una dinastía

Anna Maria Luisa de Medici, la última gran mecenas de Florencia

Última representante de una dinastía que durante tres siglos gobernó Florencia y la Toscana, la Gran Duquesa dejó a su ciudad un legado artístico inestimable que hoy la convierte en uno de los destinos más visitados del mundo. Fue gracias al llamado "Pacto de familia", por el que los futuros gobernantes se comprometían a dejar en Florencia y el resto de la Toscana todos los bienes artísticos de los Medici.

Anna Maria Luisa de Medici en vestido de caza

De carácter fuerte y orgulloso, la última Gran Duquesa de los Medici luchó para que el patrimonio artístico de su familia permaneciera en Florencia.

Jan Frans van Douven (ca. 1695). Anna Maria Luisa de Medici con vestido de caza [óleo]. Florencia, Galeria Palatina. CC

El 18 de febrero de 1743, recluida en su ala reservada del Palacio Pitti en Florencia, moría Anna Maria Luisa de Medici, la última Gran Duquesa de una casa que durante casi 300 años -con algunos paréntesis- había llevado las riendas de la Toscana, primero de facto a través de un gobierno oligárquico y desde 1537 con el título de Grandes Duques. La dinastía se extinguía, pero su última representante dejó un último y valioso legado a su ciudad: la gran colección de arte que los Medici habían reunido a lo largo de tres siglos.

Anna Maria Luisa era la segunda hija del Gran Duque Cosimo III y de Margarita Luisa de Orléans. De ella se decía que había heredado el carácter orgulloso de las dos grandes casas de las que provenía su padre, los Medici y los Della Rovere, duques de Urbino. Este rasgo de su personalidad se manifestó en su preocupación por los asuntos de la familia y del Estado.

Palacio Pitti

Cosimo I, el primer Gran Duque de Toscana, trasladó la residencia de los Medici al Palacio Pitti, que había comprado su esposa Leonor de Toledo. Hoy en día alberga varias galerías de arte y los aposentos nobles. Los Medici deseaban una residencia acorde a su nueva posición aristocrática y Cosimo I hizo construir los magníficos Jardines de Bóboli junto al palacio.

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Una difícil sucesión

Aunque no llegara a gobernar directamente, Anna Maria Luisa tuvo un papel decisivo en el final de la dinastía Medici. Ni ella ni su hermano menor Gian Gastone, el heredero tras la muerte del primogénito Ferdinando, tenían hijos. El nuevo Gran Duque, abiertamente homosexual, culpaba a su hermana de haberle obligado a un infeliz matrimonio con una princesa sajona a la que detestaba; y por su parte, Anna Maria Luisa era estéril. Con la muerte de Gian Gastone en 1737, ella se convertía en la última de una dinastía abocada a extinguirse.

El emperador Carlos VI consideraba que ocuparse de las sucesiones sin herederos directos era prerrogativa suya y vio la ocasión de ligar por completo la Toscana al Sacro Imperio ofreciendo la sucesión a su yerno Francisco de Lorena

En previsión de esa situación, Cosimo III había intentado modificar las leyes de sucesión de la Toscana para que también las mujeres pudieran gobernar con plenos derechos. Sin embargo, esto no fue aceptado por el emperador Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, del que dependía el Gran Ducado. El emperador consideraba que ocuparse de las sucesiones sin herederos directos era prerrogativa suya y vio la ocasión de ligar por completo la Toscana al Imperio ofreciendo la sucesión a su yerno Francisco de Lorena, quien más adelante le sucedería en el trono imperial como Francisco I.

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El pacto de familia

A Anna Maria Luisa se le permitió conservar el título de Gran Duquesa, aunque sin ningún poder efectivo, y seguir viviendo en un ala reservada del Palacio Pitti, la residencia principal de los Medici. Gran amante del arte, dedicó los últimos años de su vida a la inmensa colección de obras y bienes muebles que su familia había acumulado. Precisamente su gran temor era que, a su muerte, Florencia sufriera el mismo destino que otros territorios italianos anexionados al Sacro Imperio, que habían sido despojados de sus tesoros al extinguirse sus dinastías gobernantes.

Galería de los Uffizi

A lo largo de su historia, los Médici patrocinaron a un gran número de artistas como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel o Botticelli. Su extensa colección adorna los principales museos de Florencia como la Galería de los Uffizi (en la imagen) o el Palacio Pitti. También financiaron grandes obras públicas como la cúpula de la catedral de Santa Maria del Fiore, obra del arquitecto Filippo Brunelleschi.

Foto: AgeFotostock

Conservar este patrimonio fue el mayor hito de su vida: tras la muerte de Gian Gastone, y usando su posición como noble del Sacro Imperio, estipuló con sus sucesores los Lorena un acuerdo al que se llamó “Pacto de familia”, por el cual se establecía que:

La Serenísima Electora cede, da y transfiere por la presente a Su Alteza Real, para él y sus sucesores como Grandes Duques, todos los muebles, efectos y rarezas de la sucesión de su hermano, el Serenísimo Gran Duque, tales como galerías, cuadros, estatuas, bibliotecas y otros bienes preciosos (…), que Su Alteza Real se compromete a conservar, con la condición expresa de que nada de lo que es para ornamento del Estado, para utilidad del público y para atraer la curiosidad de los forasteros, será llevado fuera de la Capital y del Estado del Gran Ducado.

Es gracias a Anna Maria Luisa de Medici que hoy Florencia conserva sus tesoros artísticos y es considerada la ciudad del arte por excelencia.

Un legado inestimable

Su deseo se cumplió y los Lorena no solo conservaron las colecciones artísticas de los Medici, sino que las abrieron al público: nació así la Galería de los Uffizi, el museo más antiguo de Florencia y uno de los más ricos. La importancia del Pacto de familia se demostró de nuevo durante la invasión de Napoleón: Tommaso Puccini, director de las Galerías Florentinas durante la invasión francesa, escondió la mayoría de las obras de arte y rehusó entregarlas a las tropas napoleónicas alegando que estas pertenecían a los ciudadanos y los Lorena se habían comprometido a conservarlas para ellos.

Es gracias a Anna Maria Luisa de Medici que hoy Florencia conserva sus tesoros artísticos y es considerada la ciudad del arte por excelencia. Su nombre no es muy conocido incluso para muchos florentinos, eclipsada por figuras de la talla de Lorenzo el Magnífico, pero lo que este empezó no habría llegado hasta nuestros días de no ser por ella. La Gran Duquesa merece ser considerada por derecho propio como la última gran mecenas de Florencia.

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