Camboya

Angkor, la gran capital jemer

La capital del Imperio jemer, en Camboya, fue una ciudad cosmopolita que acogió visitantes y mercaderes durante siglos. Tras caer prácticamente en el olvido, fue recuperada para el mundo por los viajeros europeos del siglo XIX

Angkor Wat lago

Foto: Ashit Desai / Getty Images

A orillas del lago Tonle Sap, en el corazón de Camboya, yacen las ruinas del antiguo Imperio jemer de Angkor, cuya existencia discurre entre los siglos IX y XV d.C. De fuerte influencia india, su territorio se extendió por gran parte del sureste asiático continental (Tailandia, Laos y el sur de Vietnam) a través de rutas fluviales y una red de carreteras elevadas de tierra apisonada. Gracias a un clima propicio marcado por el período cálido medieval, caracterizado por altas temperaturas y lluvias favorables que incrementaron la productividad agrícola, los jemeres alcanzaron su apogeo en el siglo XII. Esta centuria comienza con el reinado de Suryavarman II (1113-1150), fundador de Angkor Wat, y acaba con el de Jayavarman VII (1181–1218), cuyo rostro se cree que fue el modelo de las enigmáticas caras que decoran el templo de Bayón. En esa época, Angkor llegó a alcanzar los 750.000 habitantes.

Cronología

La sede del poder

1140

El rey Suryavarman II inicia la construcción de Angkor Wat, una magna obra que tardará cerca de cuarenta años en llegar a su fin.

1177

El vecino estado de Champa (en el actual Vietnam) aprovecha un período de debilidad de Angkor para invadir y saquear la capital jemer.

1181-1220

El nuevo rey Jayavarman VII vence al ejército de Champa y retoma el control de Angkor. Su reinado supone la época de mayor esplendor del imperio.

Siglos XIV-XV

En este período se dan dos cambios climáticos importantes que afectan gravemente las infraestructuras de Angkor.

1431

Los ataques del reino de Ayutthaya obligan a trasladar la capital jemer a la zona de Phnom Penh, hecho en el que se ha visto el fin de Angkor.

1550-1600

Soldados y misioneros españoles y portugueses llegan por primera vez a Camboya, donde se maravillan ante las ruinas de Angkor.

Abandono y recuperación

El empeoramiento del clima hizo que Angkor pronto entrara en declive. Tras padecer numerosos ataques por parte del vecino reino de Ayutthaya, en 1431 la corte de Angkor se trasladó cerca de la actual capital, Phnom Penh. La jungla no tardó mucho en reclamar su espacio, y la mayor parte de Angkor quedó sepultada bajo una densa vegetación, con árboles coronando torres caídas y sus raíces plateadas desplazando pilares y muros hasta convertirse en parte indivisible de las ruinas. Sólo uno de sus templos nunca fue abandonado: Angkor Wat. Entre finales del siglo XIV y principios del XV se reestructuró el recinto de Angkor Wat coincidiendo con su transformación en un centro de peregrinación budista, cuya relevancia era bien conocida en la región siglos después de su supuesto abandono, como atestiguó el misionero francés Louis Chevreuil en 1668.

Imperio Jemer

Imperio Jemer

Cartografía: eosgis.com

Pese a este abandono casi total, en Camboya se mantuvo el recuerdo del fabuloso reino de Angkor. Una historia local contaba que hacia 1550 o 1551 el rey de Camboya, Ang Chan I (1476-1566), estaba cazando elefantes cuando se topó con unas ruinas y, tras hacer que miles de hombres retirasen la maleza, descubrió los restos de Angkor y ordenó su repoblación. Así lo recoge uno de los primeros europeos que visitaron la zona a finales del siglo XVI, el fraile portugués António da Madalena.

Los portugueses habían llegado a Camboya hacia 1555. Primero vinieron los comerciantes, y luego los misioneros dedicados a difundir el catolicismo en la región. Madalena visitó Angkor hacia 1586 y comunicó sus impresiones a otro portugués, el mercader y escritor Diogo do Couto (h. 1543-1616). Couto explicó que en la jungla de Camboya se alzaba una ciudad abandonada cuyos muros «estaban construidos en piedra labrada, tan perfecta y tan bien montada que parece estar hecha de una sola pieza».

Templo de Preah Khan

Templo de Preah Khan

El templo de Preah Khan, cuyo nombre significa «espada sagrada», fue levantado en 1191 por Jayavarman VII en honor a su padre, Dharanindravarman II. De grandes proporciones, su interior está recorrido por laberínticos pasadizos que enlazan patios y salas.

Foto: Alain Schroeder / Gtres

Tras los portugueses llegaron a la zona mercaderes y religiosos españoles, de quienes tenemos noticia gracias a una obra de fray Gabriel Quiroga de San Antonio, publicada en 1604. San Antonio recuerda la llegada anterior de los portugueses ­–«en el año de 1560 se descubrió en este reino una ciudad nunca antes vista ni conocida de los naturales»– y ofrece una admirativa descripción: «Esta ciudad está en la playa del río Meccon, ciento y setenta leguas de la mar; llegan a ella las crecientes y mareas de este río, como a Sevilla las de Guadalquivir, es de maravillosa hechura [...], las casas son de piedra, muy hermosas, repartidas en calles con mucho orden, y la labor de sus portadas y patios, salas y cámaras, parece romana».

Una ciudad de mercaderes

Aparte de portugueses y españoles, Camboya acogía a numerosos comerciantes del sureste asiático, sobre todo musulmanes malayos, así como viajeros de otras partes de Asia oriental, algunos de los cuales llegaron a visitar Angkor. De este período provienen los cerca de catorce grafitos realizados por viajeros japoneses budistas en las paredes de Angkor Wat, datados entre 1612 y 1632. Destaca el nombre de Morimoto Ukondayu Kazufusa, quien celebró el año nuevo jemer en Angkor Wat en 1632. Uno de estos visitantes debió de ser el creador del primer mapa que se conoce de Angkor, del que sobrevive una copia realizada en 1715.

Angkor Wat

Angkor Wat

Esta vista aérea del gran templo de Angkor Wat permite apreciar la estructura y la magnitud del complejo, rodeado por una muralla de 4,5 m de alto con una entrada monumental en cada punto cardinal.

Foto: Michele Falzone / AWL Images

Mermada la presencia ibérica en el siglo XVII, los holandeses establecieron en Camboya un puesto de su Compañía de las Indias Orientales (VOC) para exportar pieles de ciervo. Se ignora si visitaron Angkor, pero el descubrimiento de un barco de la VOC pintado en las paredes de la entrada principal del templo de Angkor refleja el impacto de los holandeses en la vida local. Quizás el dibujo haga referencia a una gran batalla fluvial que en 1644 enfrentó a varios barcos de la VOC con fuerzas camboyanas cerca de Phnom Penh.

Hay pocas noticias del siglo XVIII referentes a Angkor. Fue en la centuria siguiente cuando se redescubrieron las ruinas del gran imperio camboyano de la Edad Media, que suscitaron un interés apasionado, primero entre los estudiosos de la historia del Extremo Oriente y luego entre el público general.

Dibujo Angkor

Dibujo Angkor

Dibujo de un barco holandés de la Compañía de las Indias Orientales descubierto en un muro de Angkor.

Foto: V. Walker

El primer peldaño de este redescubrimiento se debe al misionero francés Charles-Emile Bouillevaux. Hacia 1850, durante su campaña de apostolado en la región, visitó las ruinas de Angkor. Impresionado, en el relato de su viaje que publicó al volver a Europa escribió: «Angkor Wat se eleva solitario en la jungla, en un estado demasiado perfecto como para llamarlo ruina». Esta impresión de que Angkor Wat se conservaba «demasiado bien» se debe a que aún vivía allí una comunidad de monjes budistas encargados del mantenimiento del templo, así como de la celebración de ritos religiosos, por lo que este recinto nunca cayó en el estado ruinoso que caracterizaría al resto de la grandiosa capital jemer.

En Angkor Wat aún vivía una comunidad de monjes budistas encargados del mantenimiento del templo, así como de la celebración de ritos religiosos.

Éste fue el paisaje con el que se encontró el naturalista francés Henri Mouhot cuando visitó Angkor a finales de 1859. Mouhot había estudiado filología griega con la intención de convertirse en maestro, pero desde su juventud cultivó el interés por las ciencias naturales y la literatura de viajes. Con el patrocinio de la Real Sociedad Geográfica de Londres, Mouhot puso rumbo a Bangkok en abril de 1857 acompañado de su perro, el pequeño Tine-tine, con el fin de recolectar especímenes de animales y plantas de la región para coleccionistas europeos. Fue hacia finales de su segunda expedición cuando Mouhot se encontró a orillas del lago Tonle Sap, y tras andar varias horas a pie por un camino polvoriento pudo ver por primera vez Angkor.

Templo del Bayón

Templo del Bayón

Esta restitución muestra el tercer nivel del templo del Bayón, con el acceso al santuario central (a la derecha) y varias torres axiales (a la izquierda) que delimitan el segundo nivel del recinto. 

Ilustración 3D: Raiden Studio

Mouhot explora Angkor

El naturalista pasó allí tres meses, explorando las ruinas, haciendo bosquejos de sus templos y escribiendo en sus diarios sus impresiones no sólo sobre los restos de Angkor, sino también sobre el pueblo jemer. Mouhot hablaba así de Angkor: «En Angkor hay ruinas de tal grandeza que, a primera vista, uno queda henchido de admiración, y no puede evitar preguntarse qué ha ocurrido con tan poderosa raza, tan civilizada, tan ilustrada, los autores de estos trabajos gigantes». Esta visión íntima de Angkor, acompañada de sus evocadores dibujos, llegó al público europeo en 1864 como obra póstuma, ya que su autor falleció en Laos a causa de unas fiebres en 1861.

Posteriormente se quiso reconocer a Mouhot como descubridor de las ruinas de Angkor, aunque él nunca afirmase tal cosa. Lo que es indudable es que el poder de su pluma logró atraer la mirada sobre la antigua capital camboyana y azuzó el interés de una larga serie de exploradores y estudiosos occidentales que acudieron a conocer aquellos vestigios arquitectónicos tan singulares.

En palabras de Mouhot, «uno no puede evitar preguntarse qué ha ocurrido con tan poderosa raza, tan civilizada, tan ilustrada...»

Seis años después de la muerte de Mouhot llegó a la zona una expedición científica y colonial francesa con la misión de explorar el curso del río Mekong. Los franceses decidieron erigir un monumento sobre la tumba de Mouhot, y durante su estancia allí descubrieron que el pequeño Tine-tine había sido adoptado por una familia local y gozaba de buena salud. Uno de los miembros del equipo era un joven artista, Louis Delaporte, cuyas ilustraciones idealizadas de Angkor, incluidas en las dos publicaciones de la expedición, contribuyeron a cimentar la popularidad de los templos.

Pasión europea por Angkor

A finales del siglo XIX, en pleno auge de la expansión colonial europea, surgió una gran curiosidad por las culturas no occidentales, que generalmente eran presentadas como algo exótico, cuando no primitivo. El fascinante reino de Angkor se dio a conocer a través de libros, de reportajes en la prensa y de las Exposiciones Universales, muy concurridas por toda clase de público. Se exhibieron reproducciones de arte camboyano en varias de estas exposiciones desde 1867 hasta 1922, a las que cabe sumar la Exposición Colonial de París de 1931, para la que se erigió una espectacular réplica del templo de Angkor Wat.

Angkor Exposición Colonial

Angkor Exposición Colonial

En esta imagen se aprecia la espectacular reconstrucción del templo de Angkor Wat realizada para la Exposición Colonial de París de 1931, de tamaño casi real.

Foto: Roger Viollet / Aurimages

Por otra parte, la restauración de los templos a partir de 1907 fomentó el turismo de élite a la región. Uno de los visitantes fue el escritor británico Somerset Maugham, que plasmaba así sus impresiones: «Los patios inmóviles exhalaban un misterio que me hacía desear quedarme en ellos un poco más, pues tenía la impresión de que estaba a punto de descubrir un extraño, pero sutil secreto [...]. El silencio parecía habitar en estos patios como una presencia que puedes ver si das media vuelta, y mi última impresión de Angkor fue como la primera: la de un profundo silencio». Aunque sus muros sigan escondiendo secretos, hoy Angkor se ha sacudido el manto de la jungla y ya no podremos volver a olvidar su existencia.

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El templo de Bayon

El templo de Bayon

Foto: Kosel Salto / Getty Images

Construido en torno a 1200 por iniciativa del rey Jayavarman VII, el Bayón era un templo-montaña formado por una torre central de más de 30 metros de altura y otras 48 repartidas por todo el recinto y que daban la impresión de un bosque de piedra insertado en la jungla. En un principio, los estudiosos creyeron que los rostros de las torres representaban diversos aspectos de Brahma, el dios hindú creador del universo, pero hoy se piensa que en realidad son retratos del propio Jayavarman VII, presentado como Bodhisattva Lokesvara, es decir, Señor del Mundo y Buda de la compasión.

El diplomático chino Zhou Daguan, que visitó la zona en 1296, explicaba que las torres del Bayón estaban cubiertas de oro, las galerías exteriores del recinto estaban bellamente decoradas con filas de ocho figuras de oro de Buda y un puente de oro flanqueado por dos estatuas de leones dorados servía como entrada principal al recinto. En la actualidad no se conserva absolutamente nada del recubrimiento ni tampoco de las estatuas de oro. La imagen junto a estas líneas pretende restituir el aspecto que pudo tener el Bayón poco después de su construcción.

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expedición al Mekong

expedición al Mekong

Seis miembros de la expedición al Mekong (1866-1868). fotografía tomada por Émile Gsell. Museo Guimet, París.

Foto: MNAAG / RMN-Grand Palais
El Bayón

El Bayón

Esta imagen muestra a un monje budista sentado cerca de una de las  caras que decoran el templo budista del Bayón, en Angkor. Émile Gsell tomó esta fotografía en 1866.

Foto: MNAAG / RMN-Grand Palais
Henri Mouhot

Henri Mouhot

Henri Mouhot. Retrato aparecido en la revista Le tour du monde, en 1863.

Foto: Leonard de Selva / ACI

Exploradores y fotógrafos

En 1866, el marino Doudart de Lagrée se puso al frente de una expedición de exploración en el río Mekong, que con pretextos científicos buscaba afianzar el dominio francés de la zona. Siguiendo la pista del viaje anterior de Henri Mouhot, Doudart se dirigió a Angkor, llevando consigo al fotógrafo Émile Gsell, quien tomó algunas de las primeras imágenes fotográficas de la antigua capital camboyana, como las dos que se muestran en esta página.

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El Bayón en la lejanía

El Bayón en la lejanía

Este dibujo de Delaporte muestra el templo budista del Bayón, con sus altas torres decoradas en sus cuatro lados con el rostro de Jayavarman VII. Museo Guimet, París.

 

Imagen: Thierry Olivier / RMN-Grand Palais
Terraza de los Elefantes

Terraza de los Elefantes

Este patio decorado con relieves de elefantes se halla en Angkor Thom y se usaba para ceremonias y desfiles.

Imagen: Thierry Olivier / RMN-Grand Palais
Calzada de los Gigantes

Calzada de los Gigantes

La Calzada de los Gigantes se halla en el templo de Preah Khan, en Angkor. Está decorada con dioses y demonios batiendo el océano de leche.

Imagen: Thierry Olivier / RMN-Grand Palais
Louis Delaporte

Louis Delaporte

La visita a Angkor cambió el curso de la vida de Louis Delaporte. Desde entonces se convirtió en un fiero defensor de la antigua cultura de Camboya, hasta el punto en que afirmaba que los jemeres eran los atenienses de Asia. Profundamente conmovido por la belleza de las ruinas de Angkor, Delaporte pretendía con su arte ofrecer una visión tridimensional de la gran capital jemer.

Imagen: Daniel Arnaudet / RMN-GrandPalais

Angkor vista por Delaporte

Louis Delaporte era un joven oficial de la armada que en 1866 se hallaba destinado en la Cochinchina, recién ocupada por Francia. Sus dotes artísticas le valieron un puesto en la Expedición del Mekong (1866-1868). Durante su visita a Angkor realizó numerosos dibujos científicos, así como representaciones idealizadas de los templos que tuvieron enorme repercusión en Europa y contribuyeron a promocionar el arte jemer.

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Colección Angkor 1

Colección Angkor 1

Molde de un bajorrelieve, galería sur, lado este del tercer recinto de Angkor Wat. Realizado por Joseph Ghilardi.

Foto: Thierry Olivier / RMN-Grand Palais
Colección Angkor 2

Colección Angkor 2

Panel de la pared norte (detalle) en el pabellón de la esquina suroeste de la galería exterior.

Foto: Thierry Olivier / RMN-Grand Palais
Colección Angkor 3

Colección Angkor 3

Dintel de puerta del recinto exterior del Bayón, con apsaras o bailarinas celestiales.

Foto: Thierry Olivier / RMN-Grand Palais
Colección Angkor 4

Colección Angkor 4

Moldura de la puerta oeste de la torre central de las Entradas Occidentales de Angkor Wat. Obra de Basset Urbain.

Foto: Thierry Olivier / RMN-Grand Palais
Colección Angkor 5

Colección Angkor 5

Rostro. Parte superior de la restitución de una de las torres del Bayón. Realizado por Basset Urbain.

Foto: Thierry Olivier / RMN-Grand Palais

Angkor en el Museo Guimet

Durante las expediciones que llevaron a cabo por Camboya, Louis Delaporte y sus colaboradores realizaron una serie de moldes de esculturas y bajorrelieves de los templos de Angkor. Estos moldes, de excelente calidad, se conservan en el Museo Guimet de París.

Este artículo pertenece al número 198 de la revista Historia National Geographic.