Mujeres pioneras

Anaïs Nin, pionera de la literatura erótica

Esta escritora vanguardista del siglo XX destacó como autora de novelas y cuentos con impronta surrealista, psicoanalítica y erótica. Alcanzó el reconocimiento mundial en 1966, tras la publicación de sus diarios compuestos por más de 35.000 páginas manuscritas, una obra a la que dedicó toda su vida.

La escritora Anaïs Nin.

La escritora Anaïs Nin.

Foto: Cordonpress

Anaïs Nin llegó al mundo el 21 de febrero de 1903 en Neuilly-sur-Seine, una ciudad francesa ubicada en el área metropolitana de París. Su padre, Joaquín Nin, era un pianista y compositor habanero. Su madre, Rosa Culmell, una cantante franco-danesa de formación clásica, también nacida en Cuba.

Así, Anaïs vivió sus primeros años de vida en Francia, en el corazón de una familia de artistas completada por sus dos hermanos, Thorvald Nin y el compositor Joaquín Nin-Culmell. Desde muy pequeña, Anaïs sintió curiosidad por el arte y la necesidad de unirse, de alguna manera, a ese fascinante mundo en el que trabajaban sus padres.

A los diez años, la familia se trasladó a Barcelona dónde, tiempo después,el padre los abandonó. Al verse sola y al cargo de tres hijos, la madre de Anaïs decidió ir a vivir a Nueva York, donde parte de su familia cubana los esperaba. En ese viaje, Anaïs se vio obligada a dejar la infancia atrás e iniciar una nueva etapa. Fue entonces cuando la joven escribió una carta a su padre, expresando el dolor y la desesperación que le había causado su abandono. Anaïs nunca llegó a enviar esa carta, sin embargo, ese acto marcó el inicio de algo que la acompañaría durante toda la vida:la escritura de su diario.

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En Nueva York, Anaïs convirtió su literatura íntima en un hábito. Acudía al diario con la urgente necesidad de plasmar sus emociones y su perspectiva sobre la vida. A los dieciséis años, la joven dejó la escuela para empezar a trabajar como modelo de artista y bailadora de flamenco y, así, ayudar económicamente a su madre.

París y los primeros relatos

Anaïs Nin conoció al poeta y banquero Hugh Guiller en 1923. Pronto, Nin y Guiller se enamoraron y contrajeron matrimonio en La Habana. Un año más tarde, los artistas se trasladaron a París, donde Hugh trabajó en un banco y Anaïs encontró el tiempo y el espacio para volcarse en su escritura.

Fue entonces, entre 1929 y 1930, cuando Nin completó su primer libro titulado La intemporalidad perdida. Esta vez, Anaïs se alejaba de la escritura diarística para crear dieciséis historias con tintes oníricos y psicoanalíticos que emanaban el espíritu del París de los años veinte. Nin envió la obra a varias editoriales, pero todas rechazaron esos cuentos en los que ya aparecían algunos de los elementos característicos de su literatura, como la ironía o los indicios de feminismo. El primer libro que vio publicado con su nombre fue D. H. Lawrence: Un estudio no profesional, el breve ensayo crítico que escribió en 1932 sobre la obra del escritor inglés D. H. Lawrence.

Durante su época en París, Anaïs conoció al escritor Henry Miller y a su esposa June Miller. Nin quedó completamente fascinada por la pareja e inició una relación erótica y literaria con Henry (que se prolongó como amistad y romance durante años) y, al mismo tiempo, con June quien, tanto para ella como para Henry, encarnaba la viva imagen de una femme fatale.

Anaïs Nin durante su juventud.

Anaïs Nin durante su juventud.

Foto: Cordonpress

Anaïs y Henry compartieron su vocación literaria, intercambiando ideas y manuscritos. Cuando Miller la leyó por primera vez, le dijo: “Cuando trato de imaginar de quién es deudor tu estilo, no recuerdo a nadie con el que tengas el más ligero parecido. Me recuerdas únicamente a ti”. A su vez, Anaïs ayudó a Henry en la creación de sus dos únicas novelas Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio.

Al mismo tiempo, arrastrando la sombra del dolor producido por el abandono de su padre, Nin se interesó profundamente por el psicoanálisis, estudiándolo primero con René Allendy y luego con Otto Rank (compañero de Sigmund Freud), maestros que también fueron sus amantes.

Nueva York, entre la literatura erótica y el psicoanálisis

Esta idílica vida parisina terminó en 1939 cuando, asustados por el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Anaïs y Hugh decidieron trasladarse a Nueva York. En la ciudad, Anaïs se instaló en una buhardilla y decidió imprimir y publicar sus propios escritos, prescindiendo del beneplácito de las editoriales. El primer libro que editó fue La casa del incesto, una novela que había empezado a escribir en París en la que alude a una breve relación incestuosa que tuvo con su padre cuando se reencontraron, en 1933.

En Nueva York, también se reunió con Otto Rank y ejerció el psicoanálisis, atendiendo a sus pacientes en la habitación contigua a la de Rank. Sin embargo, la escritora pronto advirtió que era incapaz de seguir ese camino. Ella misma afirmó: “Descubrí que no era buena porque no era objetiva. Me atormentaban mis pacientes. Quería interceder”.

En su novela Corazón cuarteado, Anaïs aseguró: “Debo ser una sirena, no me asustan las profundidades pero sí temo la vida superficial”.

Durante los años cuarenta, Anaïs empezó a escribir relatos eróticos para un lector anónimo. El encargo llegó a través de un bibliógrafo y coleccionista que decía representar a un millonario interesado en la literatura erótica, que contactó con Henry Miller para hacerle llegar su petición a Nin. Instalada en el West Village de Nueva York, Anaïs redactó las historias sexuales que luego completarían el volumen Delta de Venus y Pajaritos.

Como el lector misterioso pagaba un dólar por página, este trabajo le sirvió a Nin para resolver su propia manutención y la de varios de sus amantes. A menudo, sus amigos escritores y poetas se reunían junto a ella para idear caricaturas extremas que luego Anaïs incluía en los relatos, por eso ella definió al grupo como “un burdel literario esnob”. En esa década, Anaïs también publicó su libro En una campana de cristal, que fue ampliamente alabado por la crítica de la época.

A los 44 años conoció al ex actor Rupert Pole cuando se dirigía a una fiesta en un ascensor de Manhattan. En 1955, Nin se casó con Pole (dieciséis años menor que ella) en Arizona y fue a vivir con él a California. Durante un tiempo, Nin mantuvo dos matrimonios en paralelo: en Nueva York, le esperaba Hugh (quien no sabía del otro esposo), y en Los Ángeles, estaba Rupert. De estas vivencias nació Ciudades interiores, una serie de novelas en las que Nin ficcionó sus experiencias.

La publicación del diario y el auge feminista

A lo largo de toda su vida, Anaïs Nin desafió a las convenciones sociales y literarias del momento. Estuvo abierta al poliamor, mucho antes de que la palabra se acuñara, y escribió literatura erótica despojándose de cualquier tipo de pudor, explorando el deseo femenino y la sexualidad tan censurada durante esa época. Indagó en su laberinto interior con una profundidad excepcional, analizándose y cuestionándose continuamente, y dejando por escrito todo este torrente vital en sus diarios, difuminando las fronteras entre la poesía y la prosa. En su novela Corazón cuarteado, Anaïs aseguró: “Debo ser una sirena, no me asustan las profundidades pero sí temo la vida superficial”.

Anaïs Nin tras la publicación de sus diarios.

Anaïs Nin tras la publicación de sus diarios.

Foto: Cordonpress

Habiendo dedicado tantos años a completar las 35.000 páginas manuscritas que componen sus diarios, Anaïs Nin decidió dar a conocer ese universo que, hasta entonces, había sido únicamente para ella. Así, publicó los primeros volúmenes diarísticos bajo el título El Diario de Anaïs Nin, censurando algunos fragmentos y los nombres de las personas que aparecían entre las páginas y que aún vivían.

La publicación de los diarios en 1966 fue un éxito absoluto y, tras toda una vida dedicada a la literatura, Anaïs Nin alcanzó la fama a los 63 años. Coincidiendo con la segunda ola del feminismo, la escritora pronto se vio reivindicada como icono feminista y fue invitada a dar conferencias en universidades de diversos países. En la década de los setenta recibió el doctorado honorífico del Philadelphia College of Art (1973), fue elegida miembro del instituto Nacional de Artes y Letras de Estados Unidos (1974) y obtuvo el premio a la Mujer del Año de Los Angeles Times en 1976.

El legado literario de Anaïs Nin

Anaïs falleció en Los Ángeles el 14 de enero de 1977, tras luchar contra un cáncer de cuello de útero. Durante los años 90, Rupert Pole, que fue nombrado su albacea literario, publicó los siguientes volúmenes de los diarios de Anaïs Nin, así como las versiones sin expurgar. Pole respetó la voluntad de Hugh Guiller y no incluyó los pasajes en los que este aparecía hasta después de su muerte. También se encargó de que las cenizas de Hugh fueran esparcidas en el mismo lugar que las de Anaïs, un paraje llamado Mermaid Cove, en California, frente a la costa del Pacífico.

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En la actualidad, Anaïs Nin es aclamada por muchos críticos como una de las mejores (y primeras) escritoras de literatura erótica, género del que fue pionera junto a autoras como Kate Chopin. Tanto sus dieciséis volúmenes de diarios como sus cuentos, novelas, estudios críticos, ensayos y erótica se siguen editando, traduciendo y publicando en países de todo el mundo.

En octubre de 1929, Anaïs escribió en su Diario: “Tengo la ambición, y sé que lo conseguiré, de escribir de forma clara acerca de cosas impenetrables, sin nombre y habitualmente indescriptibles; de dar forma a pensamientos evanescentes, sutiles y cambiantes; de dar fuerza a valores espirituales que suelen mencionarse de manera vaga y general, una luz que mucha gente sigue, pero no puede comprender de verdad. Miraré dentro de ese mundo con ojos claros y palabras transparentes”.

Tras toda una vida dedicada a la literatura, Anaïs Nin lo consiguió. Por eso sus palabras siguen resonando hoy en el interior de los lectores y las lectoras de su singular y fascinante obra.