Un navegante histórico

Américo Vespucio, el explorador que "dio nombre" a América

El nombre de América deriva del navegante Américo Vespucio, que supuestamente fue el primer europeo en identificar el Nuevo Mundo como un continente distinto y no como parte de Asia. Sin embargo, Vespucio nunca afirmó tal cosa y en su obra se mezcla la información real presente en sus cartas con numerosas invenciones apócrifas.

Américo Vespucio

Américo Vespucio

Foto: Galleria degli Uffizi

Pocos personajes de la Era de los Descubrimientos están envueltos de tanta leyenda como Américo Vespucio, el hombre en honor del cual se bautizó a América como tal. Este comerciante florentino se reinventó como navegante en los primeros años de exploración del Nuevo Mundo, y supuestamente fue el primero en señalar que las tierras a las que había llegado Cristóbal Colón no eran el extremo oriental de Asia sino un continente distinto, que años después sería bautizado con su nombre.

Sin embargo, en la vida y la obra de tan importante personaje resulta complicado separar la verdad de la invención. Esto se debe a que sus crónicas y observaciones, escritas originalmente en forma de cartas, fueron editadas comercialmente y, con el fin de incrementar las ventas, los editores añadieron numerosos pasajes inventados o extraídos de otras fuentes, entre ellas del propio Colón. Actualmente sigue siendo objeto de debate qué partes de su obra son suyas y cuáles son una falsificación, e incluso si realizó todos los viajes que se le atribuyen.

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De comerciante a navegante

Amerigo -tal era su nombre de nacimiento- nació el 9 de marzo de 1454 en el seno de una antigua familia noble de Florencia, los Vespucci, y en principio su destino no parecía llevarle a embarcarse en una nave. Recibió una formación humanista y administrativa, puesto que aunque no era el primogénito, demostraba más aptitudes que sus dos hermanos mayores para tomar las riendas de la familia en el futuro.

Además, los Vespucci contaban con buenas conexiones con los Medici, gobernantes de facto de la República de Florencia, y Amerigo podía aspirar a un buen puesto en los órganos de gobierno. Pero a finales de 1491 recibió un prometedor encargo de parte de Lorenzo de Pierfrancesco de Medici, primo segundo del famoso Lorenzo el Magnífico: viajar a Sevilla como ayudante de su agente comercial en Castilla, Gianotto Berardi. Este último se dedicaba a armar y aprovisionar barcos para expediciones marítimas, y en aquel entonces se estaba preparando una destinada a cambiar la historia: el primer viaje transatlántico de Cristóbal Colón. Amerigo le conoció en persona y sin duda sintió un gran interés por el proyecto, puesto que la geografía era una de sus pasiones.

Amerigo se embarcó hacia el Nuevo Mundo no solo por su pasión por la geografía, sino también para encontrar productos interesantes para el comercio.

En 1499 se embarcó él mismo en su primera expedición (aunque originalmente se creía que participó en otra anterior en 1497, hoy en día los historiadores consideran que se trata de una de las tantas invenciones introducidas en la edición comercial de sus cartas). Esta expedición estaba capitaneada por Alonso de Ojeda y debía cartografiar las costas de las Indias Occidentales, como así eran llamadas entonces. Al margen de sus conocimientos de geografía, Amerigo se había embarcado por intereses personales, para valorar qué productos podían resultar interesantes para el comercio y traer algunas muestras. En este sentido el viaje fue muy provechoso, puesto que regresó con varias perlas de las cuales sacó un buen beneficio. En este viaje recorrieron la costa norte de Sudamérica, llegando al delta del Orinoco, donde encontraron nativos que vivían en unos pueblos de palafitos que a Amerigo le recordaron a una “pequeña Venecia” (Venezziola, en florentino) y que Ojeda hispanizó como Venezuela.

Grabado que representa a Vespucio observando la Cruz del Sur

Grabado que representa a Vespucio observando la Cruz del Sur

Vespucio aplicó la astronomía a sus cálculos geográficos, si bien con importantes errores debido a la poca precisión de los instrumentos de la época.

Foto: CC

Entre 1500 y 1505 fue contratado por la Corona portuguesa para participar en dos expediciones de exploración de la costa sudamericana, aunque existen dudas sobre si realmente tomó parte en la segunda de ellas. En cualquier caso, a raíz de sus observaciones, llegó a la certeza absoluta de que aquellas tierras que estaba recorriendo no eran el extremo oriental de Asia sino un continente distinto, al que se refirió como Nuevo Mundo. Realmente no era el primero en hacer tal afirmación, pero él pudo demostrarlo mediante cálculos astronómicos.

En 1505 regresó a Sevilla para trabajar para la Casa de la Contratación de Indias, una institución creada por la Corona de Castilla para ocuparse del comercio de ultramar y de los beneficios derivados de este. En 1508, Fernando el Católico lo nombró Piloto Mayor de Castilla, un cargo que tenía entre otras responsabilidades la de formar a los pilotos en la escuela naval y elaborar el Padrón Real, un mapa que debía servir de modelo para las cartas de navegación. El rey lo naturalizó como súbdito castellano, cambiando su nombre en Américo Vespucio; y se casó con María Cerezo, una mujer con la que mantenía una relación desde su primera época en Sevilla. Algunas de las fuentes hablan de un quinto viaje, pero aunque participó en los preparativos este nunca llegó a realizarse. Vespucio murió en Sevilla el 22 de febrero de 1512 y fue enterrado en el panteón familiar de su esposa.

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Las cartas de la discordia

Después de cada viaje Vespucio refería, en forma de carta dirigida a sus patrones de Florencia, la expedición con todo lujo de detalles, desde la ruta hasta relatos sobre sus habitantes y observaciones astronómicas, pasando por datos de interés práctico como los productos que podían ser interesantes para el comercio. Dos de ellas fueron editadas y publicadas en 1504 de forma comercial bajo el nombre de Mundus Novus (correspondiente al primer viaje con los portugueses, en 1501-1502) y Carta a Soderini (una especie de antología de sus cuatro viajes confirmados).

Portada de la primera edición de la Carta a Soderini (1505)

Portada de la primera edición de la Carta a Soderini (1505)

La portada y probablemente parte del texto (incluso, con palabras en castellano) se extrajeron de la "Carta de Colón anunciando el Descubrimiento de las Indias".

Foto: CC

Estas ediciones son el motivo de toda la discordia respecto a los viajes de Vespucio y a sus descubrimientos, por diversos motivos. El primero es que contienen datos contradictorios entre sí, especialmente la Carta a Soderini. El segundo es que, como han demostrado los estudios posteriores, no son textos originales escritos por el explorador, sino que fueron notablemente alterados por quienquiera que los editase por primera vez, seguramente con el objetivo de hacer más espectacular el relato y aumentar las ventas. Finalmente, al no conservarse las cartas en las que se basan, resulta muy difícil esclarecer qué datos son reales, aunque sí es posible eliminar algunos claramente falsos al no ser coherentes con los datos históricos.

Uno de los puntos más disputados es, precisamente, si fue él o Colón el primer explorador en darse cuenta de que el Nuevo Mundo no era Asia sino otra tierra. En 1507, el geógrafo germano Martin Waldseemüller publicó un mapa titulado Universalis Cosmographia, en el que por primera vez aparecía el nuevo continente separado de Asia – si bien muy incompleto – y nombrado como América, en honor a Vespucio. Hacía pocos años que el Mundus Novus y la Carta a Soderini circulaban por Europa y muchos asumían que había sido el primer europeo en darse cuenta de la existencia de ese “Nuevo Mundo”, pero en realidad no era así; es más, el propio Vespucio, en sus cartas, nunca afirmó dicha primacía.

Edición original de Universalis Cosmographia (1507)

Edición original de Universalis Cosmographia (1507)

Originalmente, el nombre de América se utilizó solo para designar a América del Sur.

Foto: Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

Los errores fueron evidentes cuando, en el siglo XVII, empezaron a publicarse las cartas redactadas de puño y letra del propio Vespucio, que entraban en contradicción con las versiones editadas. Se trata de cuatro documentos principales, conocidos como la Carta de Sevilla, la Carta de Cabo Verde, la Carta de Lisboa y el Fragmento Ridolfi; a los que hay que sumar numerosa correspondencia privada y documentos personales.

Ya en el siglo XVI hubo quien puso en duda la veracidad de estas ediciones; algunos, como el teólogo y cronista Fray Bartolomé de las Casas, llegó a acusar a Vespucio de intentar usurpar los logros de Colón; algo improbable, puesto que ambos mantuvieron una buena relación y Américo hace mención de él en sus cartas privadas. Al publicarse Universalis Cosmographia, Bartolomé de las Casas, dejándose llevar por su admiración por Colón, montó en cólera y afirmó que el “Nuevo Mundo” debía llamarse Columba; pero – ironía para un fraile – llegó tarde al bautizo: alguien ya había dado nombre a América, y con ese se quedó.

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