Segunda guerra mundial

Alfred Liskow, un comunista en las filas de la Wehrmacht

Convertido en desertor poco antes de dar comienzo la Operación Barbarroja, el soldado alemán Alfred Liskow cruzó a nado la frontera soviética para avisar a los rusos del inminente ataque del ejército del Tercer Reich. A pesar de ser bien acogido, al final su decepción con algunos líderes comunistas y su denuncia de algunas actitudes pudo costarle muy cara.

Infantería alemana siguiendo un tanque durante su avance Moscú en 1941.

Foto: Cordon Press

Sábado 21 de junio de 1941. Son las nueve de la noche cuando un soldado alemán llamado Alfred Liskow cruza a nado el río Bug, considerado entonces la frontera natural entre la Unión Soviética y el Tercer Reich. Sin entrar a valorar las consecuencias que sus actos podrían tener, Liskow decide informar a la Guardia Fronteriza Soviética del inminente ataque alemán, y es aquí cuando empieza su dramática e increíble historia.

Un comunista convencido

Alfred Liskow nació en 1910 en el pueblo de Drenow, cerca de Kohlberg, en la actual Polonia. A pesar que se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, sí se sabe que su padre fue granjero y su madre se dedicaba a la limpieza. Alfred trabajó como carpintero en una fábrica de muebles en Kohlberg, y desde 1930 era miembro del Partido Comunista Alemán de la localidad así como del Roter Frontkämpferbund (Alianza de Luchadores del Frente Rojo), una organización paramilitar de extrema izquierda afiliada al Partido Comunista de Alemania (KPD) durante la República de Weimar. Según el doctor en Historia Jerome Kroczyński, "Liskow creía profundamente en los ideales del comunismo y era un poeta talentoso, aunque sus poemas nunca llegaron a publicarse".

Alfred Liskow trabajó como carpintero en una fábrica de muebles en Kohlberg y desde 1930 era miembro del Partido Comunista Alemán de Kohlberg.

El ejército alemán cruza la frontera con la Unión Soviética durante la Operación Barbarroja el 22 de junio de 1941.

Foto: PD

Tropas alemanas atrapadas con sus vehículos en la nieve durante su avance hacia Moscú. 

Foto: Cordon Press

En realidad se sabe muy poco de la vida de Alfred Liskow y casi todo se reduce a su actividad militar en el frente oriental. En 1939, Liskow se encontraba en la reserva cuando fue reclutado por el ejército. Sirvió como cabo en el 221º regimiento de zapadores de la 15ª división en Tselezha, un pequeño pueblo situado a 5 kilómetros al norte de la población ucraniana de Sokal. El 21 de junio de 1941, su unidad recibió la orden de avanzar cruzando el río Bug en dirección a la Unión Soviética. Aquella orden alarmó al cabo Liskow, ya que significaba un ataque directo al país al que él tanto admiraba. Liskow de hecho era un comunista convencido, aunque también era considerado un radical por sus compañeros de la Alianza de Luchadores del Frente Rojo. Así, mientras la artillería soviética empezaba a tomar posiciones para disparar a la infantería alemana que iba a cruzar el río en botes, el futuro desertor ya había tomado la decisión de llegar a territorio enemigo cruzando el río a nado.

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Una noticia sorprendente

A las nueve de la noche, y sin pensárselo dos veces, Liskow se lanzó al agua en dirección a las posiciones soviéticas que se encontraban en la otra orilla. Nadie en su unidad advirtió su desaparición. Mientras cruzaba el río en la oscuridad, no pudo evitar pensar que para cuando su unidad se diese cuenta y advirtiera a las autoridades de que había un desertor, la maquinaria de la Gestapo se pondría en marcha de inmediato interrogando a su familia y poniendo precio a su cabeza. Pero los soviéticos detuvieron a Liskow nada más poner un pie en la orilla. Una patrulla soviética advirtió de inmediato que alguien salía del agua y que además iba vestido con el uniforme alemán. Mientras Liskow era conducido a un puesto de avanzada soviético para ser interrogado por la NKVD, la policía secreta de la URSS, el cabo no paraba de repetir a sus captores que durante la madrugada del 22 de junio el ejército alemán invadiría su país.

Sin pensárselo dos veces, Liskow se lanzó al agua en dirección a las posiciones soviéticas que estaban en la otra orilla. Eran las nueve de la noche y nadie en su unidad advirtió su desaparición.

Soldados de infantería alemanes durante su avance hacia Moscú.

Un soldado alemán a punto de lanzar una granada. 

Foto: Cordon Press

Durante el interrogatorio, un atemorizado Liskow no paraba de asegurar que "soy de una familia de trabajadores de Kolberg. Mis padres y yo odiamos a Hitler y su régimen. Para nosotros, la URSS es un país amigo, y no queremos luchar contra el pueblo soviético. Hay muchas familias de este tipo en Alemania. No quieren una guerra con ustedes". Pero para cuando se había comprobado la identidad del desertor y la increíble historia que les estaba contando llegó por fin al Estado Mayor Soviético y también a Stalin, la artillería alemana ya había empezado a descargar sus obuses en territorio soviético. Aquello acabó de convencer al alto mando, que más tarde utilizaría la imagen de Liskow en unos carteles de propaganda en los que se podía leer: "Este soldado alemán, que no quería luchar contra el pueblo soviético, desertó y se unió a nosotros". A partir de entonces, el papel que jugaría Liskow en el engranaje de la propaganda soviética sería el de difundir proclamas antifascista en toda la URSS, incluso entre los prisioneros de guerra alemanes.

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Un final misterioso

Desde ese momento, la figura de Liskow empieza a difuminarse en la historia. Tras unirse al Komintern, nombre que recibe la Internacional Comunista fundada en 1919 y cuyo objetivo principal era extender la revolución por el mundo, Liskow se enfrentó a sus líderes, Palmiro Togliatti, Dmitri Manuilski y Gueorgui Dimítrov, a quienes acusó de "traicionar los verdaderos ideales comunistas y de trabajar para los nazis". Liskow estaba decepcionado. El tiempo y su estancia en la Unión Soviética le habían convencido de que los comunistas con los que había compartido sus ideales no eran los héroes que él creía. Desafortunadamente para él, aquellos tres hombres a los que se enfrentó eran protegidos de Stalin por lo que Liskow, acusado de fascista y antisemita, fue arrestado el 22 de enero de 1942 por el NKVD. Durante su cautiverio fingió sufrir algún tipo de enfermedad mental para intentar librarse. Al final fue puesto en libertad y trasladado a Siberia, donde su rastro se pierde definitivamente. Algunos historiadores creen que Alfred Liskow, el desertor de la Wehrmacht, murió en circunstancias muy poco claras cerca de Novosibirsk a finales de 1943.