La primera expedición global

Alejandro Malaspina, explorador y artistócrata

En 1789, Alejandro Malaspina, un capitán italiano al servicio de España, lideró durante cinco años la primera expedición científica que tenía la intención de dar la vuelta al mundo. A su regreso, el erudito explorador fue detenido y desterrado por ser considerado un "revolucionario".

El 30 de julio de 1789 partía de Cádiz la conocida como Expedición Malaspina.

Foto: CC

Aunque la Expedición Malaspina lleva el nombre de Alejandro Malaspina, un noble marino italiano al servicio de España y brigadier de la Real Armada, en realidad este famoso periplo no sólo estuvo encabezado por él, sino también por el marino español y gobernador de Montevideo José Bustamante. El principal objetivo del viaje (y dado que en 1789 el Imperio español aún se extendía por Europa, América y Filipinas), era dar la vuelta al mundo y hacer un estudio exhaustivo de la flora, la fauna, las minas y cartografiar todas las posesiones de la Corona, tal como hizo el capitán James Cook en su momento para la Corona británica. La misión resultó todo un éxito, a pesar de no que no completó la vuelta al globo.

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Recursos y una gran tripulación

En tan ambiciosa empresa no se escatimaron recursos. Así, para llevar a cabo la aventura se construyeron dos corbetas: la Atrevida y la Descubierta, equipadas con los instrumentos náuticos más novedosos y avanzados del momento, traídos de París y de Londres. Malaspina se encargó de conseguir todo el material científico necesario para realizar los estudios que se proponía hacer durante la travesía y Bustamante se ocupó de la logística y de contratar a la tripulación necesaria para un viaje que les llevaría a surcar los mares de medio mundo. Aparte de hacerse con una tripulación experimentada, también fue necesario contratar dibujantes y científicos de varias disciplinas para anotar infinidad de detalles y observaciones, y dibujar los mapas de los diferentes territorios por los que iban a pasar, además de hacer mediciones precisas para que todo quedase bien registrado para su uso estratégico una vez de regreso a España.

Aparte de hacerse con una tripulación experimentada, contrató dibujantes y científicos para anotar infinidad de detalles y observaciones.

Así pues, el 30 de julio de 1789 partía de Cádiz la conocida como Expedición Malaspina. Su objetivo era recorrer la costa americana: Montevideo, las islas Malvinas, el cabo de Hornos, Concepción, Santiago de Chile, América Central, México e incluso Alaska. Desde Acapulco, las dos corbetas partieron hacia el Pacífico pasando por Nueva Zelanda, Australia y Filipinas. A su regreso al puerto peruano del Callao se dirigieron al cabo de Hornos, arribando a Cádiz el 21 de septiembre de 1794.

Un gran éxito a pesar de todo

Ese día, tras cinco años de travesía, y en medio de una densa neblina, las corbetas Descubierta y Atrevida fondearon en la bahía de Cádiz acompañadas por una fragata de guerra (para evitar un ataque de la armada francesa). Durante su periplo, la expedición atracó en treinta y cinco puertos, y algunos, como el de Acapulco, El Callao, Talcahuano o las Malvinas, fueron visitados en más de una ocasión.

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A pesar de que el cometido de la expedición, que era dar la vuelta al mundo, no se había cumplido (como sí lo hicieron Cook o el marino francés La Pérouse), sí llevó a cabo buena parte de su programa. Durante la expedición se recogieron gran cantidad de información y de material científico. Se realizaron observaciones astronómicas, geográficas, etnológicas, lingüísticas, botánicas, zoológicas, cartográficas y de exploración. Además, se elaboraron informes económicos, se trazó un mapa del Imperio Español y se trazaron una gran cantidad de cartas hidrográficas. Los científicos descubrieron más de 357 especies de aves, 124 de peces, 36 cuadrúpedos y 21 anfibios desconocidos hasta la fecha, trajeron muestras de 14.000 plantas y una gran cantidad de semillas, la mayoría de las cuales se encuentran hoy en el Jardín Botánico y en el Museo de Ciencias Naturales de Cádiz.

Los científicos descubrieron más de 357 especies de aves, 124 de peces, 36 cuadrúpedos y 21 anfibios desconocidos hasta la fecha.

Celos del éxito

A bordo de las naves también llegaron un gran número de animales, y los dibujantes de la expedición realizaron un gran trabajo artístico pintando casi un millar de imágenes de plantas, animales, paisajes y escenas descriptivas de las costumbres y tradiciones de los pueblos que visitaron. Todos estos dibujos, junto con el diario de Malaspina, se conservan digitalizados en la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa.

A bordo de las naves también llegaron un gran número de animales, y los dibujantes de la expedición pintaron casi un millar de dibujos.

A su llegada, los expedicionarios fueron recibidos como héroes y se elaboró un detallado informe de la expedición, el cual fue presentado al nuevo rey, Carlos IV. Pero el éxito conseguido por Malaspina no fue bien visto por todo el mundo. El valido del débil monarca y hombre fuerte de la corona, Manuel Godoy, sintió celos de su éxito e intentó desacreditarlo. Entre los dos hombres surgió una profunda enemistad. Hasta el punto de que el navegante participó en un complot para derrocar a Godoy, pero fue descubierto.

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La intercesión de Napoleón

El 23 de noviembre de 1795 por la noche, Alejandro Malaspina fue arrestado en su casa de Buenavista, en Madrid. La noticia corrió como la pólvora por la ciudad y el gobernador, temiendo tumultos dada la gran popularidad del marino, lo trasladó al castillo de San Antón (La Coruña) donde pasaría los siguientes diez años acusado de revolucionario y conspirador (aunque se cree que los motivos exactos del arresto fueron por la venta de una isla descubierta por él en el Pacífico). Gracias a la intercersión de Napoleón, Malaspina fue desterrado a La Toscana, aunque tras ser tentado por el emperador para que trabajase para él, el marino declinó la propuesta.

Gracias a la intecersión de Napoleón, Malaspina fue desterrado a La Toscana, aunque se negó a trabajar para el emperador.

Alejandro Malaspina se involucró en política y llegó a ser nombrado miembro del Consejo de Estado del napoleónico Reino de Italia. Años más tarde, en 1809, Alejandro Malaspina, el famoso marino y explorador, moriría en Pontremoli (Italia), a unos 75 kilómetros al suroeste de Parma, tras sufrir un infarto.

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