Amistad sin reservas

Alejandro Magno y Hefestión

El apoyo incondicional que Hefestión ofreció a Alejandro generó una fuerte complicidad entre ambos, lo que propició las especulaciones sobre la verdadera naturaleza de su relación.

Bodas de Susa

Foto: Bridgeman / ACI

Cuentan las crónicas que tras la victoria sobre el rey Darío III en Issos, Alejandro y Hefestión fueron a la tienda donde estaban prisioneras las mujeres de la corte persa. Al verlos entrar, Sisigambis, madre del soberano, hizo las reverencias acostumbradas ante Hefestión, quien tenía una planta más apuesta que la del monarca macedonio. Alertada por sus eunucos, la mujer se arrojó a los pies de Alejandro suplicándole perdón por el error, pero él, ayudándola a levantarse, le dijo: «Madre, no te has equivocado: también éste es Alejandro». Desconocemos si el episodio fue real, pero pone de manifiesto la intensa complicidad que existía entre ambos personajes. El historiador Diodoro de Sicilia afirmó con rotundidad que Alejandro amó a Hefestión más que a ningún otro de sus amigos.

Cronología

El amigo del rey

343 a.C.

Aristóteles llega a Macedonia para educar a Alejandro, a quien formará junto con otros jóvenes nobles, como Hefestión.

332 a.C.

Durante la invasión del Imperio persa, Hefestión ejerce su primera misión: nombrar a los nuevos reyes de Tiro y Sidón.

331 a.C.

En la batalla de Gaugamela contra Darío III, Hefestión es herido en un brazo mientras dirige la guardia.

330 a.C.

Juicio y ejecución de Filotas; Hefestión juega un papel activo de acusador. Tras la muerte de Amintas es nombrado hiparco.

324 a.C.

Hefestión se casa con Dripetis, hermana de Estatira, la segunda esposa de Alejandro, quien se convierte en su cuñado.

324 a.C.

Hefestión fallece en la ciudad de Ecbatana (Hamadán, Irán) a causa de la ingesta descontrolada de alcohol.

El culto a Hefestión como héroe

El culto a Hefestión como héroe

En el Museo Arqueológico de Tesalónica se conserva este relieve votivo dedicado a Hefestión por Diógenes, quizás un veterano del ejército de Alejandro. Hacia 320 a.C.

Foto: AKG / Album

Juventud compartida

Hefestión era hijo de Amíntor, noble macedonio perteneciente a una familia de posible origen ateniense. Desconocemos la raíz de su profunda amistad con Alejandro, ya que las fuentes son parcas en datos. Entre las cartas escritas por Aristóteles, que recogió en su obra Diógenes Laercio, hay una dirigida a Hefestión, lo cual quiere decir que éste y el filósofo se conocían. Es probable que su relación se remontara a los tiempos en que Alejandro y otros jóvenes nobles se educaron con Aristóteles en Mieza. Si fue así, la amistad
entre ambos se habría iniciado a una edad muy temprana. Estaríamos, por tanto, ante casi veinte intensos años de compañerismo, confidencias y mutuo apoyo en un entorno convulso, hostil y a veces desconocido.

La amistad entre Alejandro Magno y Hefestión se habría iniciado a una edad muy temprana.

Relieve de caza

Relieve de caza

Crátero (a la izquierda) y Alejandro en el relieve de la caza del león. Museo de Pella.

Foto: DEA / Album

Pese a todo, en los primeros años de la invasión del Imperio persa, durante las operaciones del ejército macedonio en las costas de Asia Menor, Hefestión desempeñó un papel muy discreto, reducido en la práctica a tareas diplomáticas. Sabemos que Alejandro le encargó nombrar a los nuevos gobernantes de Tiro y Sidón tras la conquista de ambas plazas y que fue herido en un brazo durante la batalla de Gaugamela, en la que dirigía la guardia personal del rey. Fue tras este decisivo enfrentamiento, en plena persecución de Darío, cuando se produjo un hecho determinante para el futuro del mando del ejército macedonio: la conspiración de Filotas.

Hefestión

Hefestión

Cabeza en bronce de Hefestión fechada en el siglo IV a.c. Museo del Prado, Madrid.

Foto: DEA / Album

Un punto de inflexión

Tras la conquista de las ciudades más importantes del Imperio persa, muerto ya Darío III, el ejército macedonio se internó en Asia Central. Entonces se desveló una conjura contra Alejandro Magno: Filotas, un aristócrata, fue acusado de no transmitir al rey las noticias que le habían llegado sobre la supuesta traición. Hefestión fue uno de sus más activos denunciantes y, según el historiador Quinto Curcio, propuso someterlo a tormento para obtener toda la información posible. La costumbre macedonia dictaba que en caso de conspiración contra el rey no sólo era ejecutado su autor, sino también toda la línea masculina de su familia, de manera que también fue asesinado Parmenión, padre de Filotas. Otro acusado, Amintas, hiparco o jefe de los hetairoi, la caballería de élite, salió indemne del proceso, pero murió poco después en el asedio de una aldea. Alejandro dividió entonces el mando de los hetairoi entre Hefestión y Clito.

Hefestión y Alejandro

Hefestión y Alejandro

Charles Le Brun recreó en este óleo el momento en que la reina Sisigambis, madre del rey persa Darío III, se postró ante Hefestión creyendo que era Alejandro. Siglo XVII. Palacio de Versalles.

Foto: Album

Poco después de este impactante suceso, se produjeron otras dos ejecuciones en el entorno próximo del rey: la del propio Clito y la de Calístenes, cronista de la expedición. Todo apunta a una purga en los mandos del ejército de la que salieron beneficiados los miembros del círculo íntimo de Alejandro.

La carrera de Hefestión adquirió desde entonces un ritmo vertiginoso. Había manifestado su apoyo incondicional al monarca en momentos tan críticos como el de la adopción de costumbres persas en la corte, sobre todo cuando Alejandro intentó implantar la ceremonia de la proskynesis, un gesto reverencial persa de sumisión al rey que los macedonios no estaban dispuestos a admitir.

Yelmo

Yelmo

Yelmo de bronce empleado por la infantería macedonia. Siglo IV a.C. Instituto de Arte, Chicago.

Foto: Album

Su fulgurante ascenso despertó los recelos de comandantes como Crátero, uno de los generales con más peso en el ejército, y ambos estuvieron a punto de cruzar sus espadas. A propósito de este conflicto, Plutarco nos ha dejado una frase lapidaria: «Hefestión era el mejor amigo de Alejandro, y Crátero el mejor amigo del rey», lo que parece sugerir que la posición de Hefestión no se debía a sus méritos personales, sino a su amistad con el soberano. La propia madre de Alejandro, Olimpia, escribió a su hijo para advertirle de que no dispensara tantos honores a sus amigos porque los hacía iguales a él.

Según Plutarco, Hefestión era el mejor amigo de Alejandro.

Cada vez más importante

En Sogdiana, región comprendida entre las actuales Uzbekistán y Tayikistán, Hefestión comenzó a asumir un mayor protagonismo en las operaciones militares. Alejandro se vio obligado a dividir su ejército con frecuencia, tanto a causa de la guerra de guerrillas de la población local como por la amplitud que habían alcanzado sus conquistas. En este contexto, su amigo más próximo asumió encargos de mayor calado, como someter el territorio de los peucelotas, ya fuese por la vía diplomática o por las armas.

Ruinas de la antigua Tiro

Ruinas de la antigua Tiro

La ciudad de Tiro entró en la órbita persa en el siglo VI a.C. Alejandro la conquistó en el año 332 a.C. y cuando le encargó elegir un nuevo monarca tirio, Hefestión escogió a Abdalónimo, un jardinero descendiente de reyes.

 

Foto: Gavin Hellier / AWL images

El mayor protagonismo de Hefestión en el terreno militar no hizo que Alejandro dejase de confiar en él para tareas diplomáticas y logísticas. Cuando el ejército se encontraba en la región de Bactria, Hefestión aparece como responsable de su avituallamiento; y cuando el ejército abandonó la India para regresar a Babilonia, se encargó de fortificar la ciudad de Orobatis; de acometer las obras del puerto y los astilleros de Patala, en la desembocadura del Indo, donde el rey quería establecer una base para su flota, y de desplegar todos los preparativos para la travesía de vuelta a Mesopotamia.

La muerte de Hefestión

La cada vez más estrecha relación entre el rey y su camarada se materializó en las multitudinarias bodas de Susa, en 324 a.C., cuando nobles y soldados macedonios tomaron por esposas a mujeres persas. Alejandro se casó con Estatira-Barsine, la hija mayor de Darío III, mientras que Hefestión se casó con la hermana menor de aquélla, Dripetis; de este modo, ambos se convirtieron en cuñados.

Ninfeo

Ninfeo

Con 13 años, Alejandro se instaló en Mieza junto con otros jóvenes, como Hefestión, para  asistir a las clases que Aristóteles impartía en el ninfeo que aparece en la imagen.

Foto: CSP-Karapas / Age fotostock

En el invierno de ese mismo año, de camino a Babilonia, el ejército macedonio paró unos días en Ecbatana (la actual Hamadán, en Irán). Allí murió Hefestión como consecuencia del consumo excesivo de alcohol durante uno de los banquetes que se celebraban aquellos días de tranquilidad. Alejandro se encontraba asistiendo a una carrera de jóvenes en el estadio cuando recibió la noticia del grave estado de salud de su amigo, que murió antes de que llegase el soberano. Las fuentes muestran a un rey fuera de sí, echado sobre el cadáver de su amigo, llorando sin consuelo e incluso privado de apetito durante varios días. Algunas crónicas afirman que mandó colgar a Glaucias, el médico que había atendido a Hefestión, bien por equivocarse con la medicación, bien porque había dejado que su amigo siguiera bebiendo a pesar de su estado.

Tras la muerte de Hefestión, Alejandro Magno mandó colgar al médico que atendió a su amigo.

El dolor de Alejandro

Diodoro relata que Alejandro mandó trasladar el cadáver hasta Babilonia para que allí recibiera un funeral digno, aunque se ha planteado la hipótesis de que éste se celebrara en Ecbatana. Plutarco cuenta que el rey mandó cortar las crines de caballos y mulos en señal de duelo, derribó almenas de ciudades vecinas, hizo callar a los músicos del campamento, se dedicó a cazar hombres, acosándolos con perros, y sometió al pueblo de los coseos, degollando a todos sus jóvenes, acto que algunos han considerado un enagismos, enorme sacrificio sangriento.

La capital persa

La capital persa

Tras derrotar a los persas, Alejandro adoptó poco a poco el ceremonial de sus soberanos, algo en lo que Hefestión le secundó. La imagen muestra la escalinata del palacio de Darío I en Persépolis (Irán).

 

Foto: Alamy / ACI

El rey también envió una embajada al templo del dios Amón en el oasis egipcio de Siwa para preguntar si debía dispensar a Hefestión honores de héroe o de dios, y escribió a Cleómenes, el gobernador de Egipto, a quien prometió que le perdonaría todas las tropelías que había cometido mientras desempeñaba ese cargo si construía sendos templos dedicados a Hefestión en Alejandría, uno en la misma ciudad y otro en la isla de Faros.

Sin embargo, la muestra más fastuosa del dolor de Alejandro fue la descomunal pira funeraria que dedicó a su camarada en Babilonia, cuyo coste osciló entre 10.000 y 12.000 talentos. Cada uno de los generales y amigos de Alejandro, buscando complacer al rey, mandó construir estatuas de marfil, oro y otros materiales admirables. También se derribó una importante sección de la muralla para crear un espacio lo bastante grande donde construir la pira. En la parte superior del monumento se ofrecieron armas macedonias y persas, de oro y plata, quizá como señal de duelo de todos los pueblos que formaban el imperio de Alejandro. No hay que olvidar que, en el momento de su muerte, Hefestión era quiliarco, un cargo que lo convertía en el hombre más poderoso de Asia después del propio Alejandro.

Babilonia

Babilonia

Las murallas de Babilonia (Irak), como todos los edificios de Mesopotamia, estaban hechas con ladrillos de barro. Alejandro pudo aprovecharlos para construir la pira funeraria de su amigo.

 

Foto: Fb Fischer / Age fotostock

¿Más allá de la amistad?

Alejandro murió poco tiempo después, en el verano del año 323 a.C. Ese acontecimiento reforzó los paralelos que se habían establecido entre la pareja que formaban él y Hefestión y la compuesta por Aquiles y Patroclo en la Ilíada. Desde que Alejandro puso los pies en Asia, su maquinaria propagandística se había esforzado en presentar la campaña contra los persas como una nueva guerra de Troya. Y él, como descendiente de Aquiles por vía materna, tenía en Hefestión su Patroclo particular: al llegar a las ruinas de Troya, Alejandro realizó una ofrenda floral ante la tumba de su antepasado, y Hefestión ante la de Patroclo. Este contexto permite entender mucho mejor el episodio de la enorme pira con la que el rey homenajeó a su amigo, equivalente a la que Aquiles dedicó a su camarada cuando murió. El ideal funerario de los tiempos heroicos, cantado por Homero, seguía vigente en Macedonia.

No tenemos suficiente información para asegurar que Alejandro y Hefestión fueron amantes. Los paralelismos con la pareja formada por Aquiles y Patroclo sirven de poco, pues ya en la Antigüedad existía una amplia controversia sobre la naturaleza de la relación entre estos dos personajes míticos. Diógenes de Sínope afirma en una de sus cartas que el rey estaba controlado por los muslos de Hefestión, aunque es un fragmento que ha sido considerado espurio. Sólo Claudio Eliano afirma explícitamente en su obra Historias curiosas que eran amantes. Pero, como ha señalado la profesora Jeanne Reames, la estrecha amistad de Alejandro y Hefestión iba mucho más allá de la clásica relación entre el erastés y el erómenos propia del homoerotismo griego para entrar en el terreno de la philia, un tipo de amistad basado en un amor fraterno y una lealtad incondicional.

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Alejandro y Hefestión cazando

Alejandro y Hefestión cazando

Mosaico de la caza del ciervo, cuyos protagonistas han sido identificados con Hefestión (a la izquierda) y Alejandro (a la derecha). Museo arqueológico, Pella.

Foto: WHA / ACI

Sabemos que Hefestión superaba en estatura y belleza a Alejandro. Quinto Curcio incidió en ello al compararlo con Euxenipo, considerado el favorito del rey por su juvenil belleza, pero inferior a Hefestión por su carácter «afeminado». En Pella se conserva un mosaico de guijarros de colores en el que aparecen dos hombres semidesnudos y armados cazando un ciervo.

Ambos tienen complexión atlética y pelo castaño claro. El de la derecha, que agarra la cornamenta del animal mientras esgrime su espada, ha sido identificado con Alejandro. Su compañero, con hacha de doble filo, sería Hefestión, ya que su arma es característica de Hefesto, dios al que el joven debía su nombre. El perro que completa la escena podría ser Peritas, la mascota del rey.

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Olimpia

Olimpia

Olimpia, madre de Alejandro, temía que su influencia sobre su hijo disminuyera a medida que crecía la de Hefestión. En la imagen, Olimpia en un relieve del taller renacentista de Andrea del Verrocchio.

Foto: Album

La cercanía de Hefestión y Alejandro generó recelos entre ciertos miembros de la corte. El secretario personal del rey, Eumenes de Cardia, protagonizó uno de esos choques. Pero los más sonados se produjeron con Crátero, general macedonio, y con Olimpia, la madre del rey.

En la india Hefestión llegó a las manos con Crátero. Alejandro intervino de inmediato y reprendió a su amigo en público: «¡Estúpido y loco! ¿No te das cuenta de que no eres nada si te apartan de mí?», pero a Crátero le recriminó su actuación en privado. Olimpia escribió a Hefestión amenazándole por aprovecharse de su hijo, a lo que Hefestión respondió: «Deja de acusarnos y no te enojes o amenaces. Y si no, nos preocupará poco; pues Alejandro es el más poderoso».

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Bagoas

Bagoas

El eunuco Bagoas, ataviado como una mujer, hace una genuflexión ante Alejandro, sentado en su trono. Miniatura del siglo XV.

Foto: Alamy / ACI

La posible relación amorosa entre Alejandro y Hefestión ha suscitado gran interés, pero las fuentes están muy marcadas por su paralelismo propagandístico con la pareja formada por Aquiles y Patroclo. El rey y su amigo tenían casi la misma edad, lo que supone un inconveniente para aceptar una relación homosexual típica de los griegos, que solía implicar a un adulto (el erastés) y un efebo (el erómenos).

Plutarco menciona otro candidato a las atenciones de Alejandro: el eunuco Bagoas, antiguo amante de Darío III. Se dice que Alejandro lo besó en público a petición de sus soldados después de que el eunuco ganara un concurso de coros. Un tercer candidato es Euxenipo, del que sólo sabemos que era joven y favorito del rey.

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Este artículo pertenece al número 202 de la revista Historia National Geographic.