Grandes inventos

1827. La hélice revoluciona la navegación

El austríaco Josef Ressel ideó la primera hélice de tornillo para propulsar barcos de vapor, aunque el mérito de la invención se atribuyó a inventores ingleses posteriores

Hélice 2

Foto: SSPL / Age Fotostock

A inicios del siglo XIX, la invención de la locomotora demostró las extraordinarias posibilidades que la máquina de vapor patentada por James Watt en 1769 ofrecía al transporte. Si en pocos años el ferrocarril revolucionó el transporte terrestre, ¿no sería posible hacer lo mismo en la navegación? Numerosos ingenieros navales se lanzaron a desarrollar sistemas de propulsión mediante motores de combustión para sustituir las velas de toda la vida.

Cronología

Los primeros barcos de vapor

1801

William Symington, ingeniero escocés, fabrica el primer barco movido por una pala de ruedas a vapor.

1819

El barco Savannah atraviesa el océano Atlántico propulsado a la vez por velas y por una máquina de vapor.

1829

Josef Ressel hace en el navío Civetta el primer trayecto marítimo con una hélice de tornillo como propulsor.

1836

Francis Pettit Smith elabora un nuevo modelo de hélice de tornillo que desde 1839 se usa en navíos.

1845

El SS Great Britain es el primer navío impulsado exclusivamente por vapor que cruza el Atlántico.

Los logros llegaron pronto. En 1819, el Savannah cruzó el Atlántico impulsado a la vez por el viento y por una rueda de palas a vapor. El viaje, sin embargo, demostró las limitaciones del sistema, pues la rueda de palas era ineficiente en alta mar, al sumergir tan sólo su mitad inferior en el agua y quedar completamente en el aire con mala mar. Por esta causa, la rueda de palas quedó relegada rápidamente a buques fluviales o a la navegación en bahías resguardadas.

Guardabosques e inventor

A principios de la década de 1820, un joven austríaco, Josef Ressel, trabajaba como guardabosques en la región de Istria, perteneciente por entonces al Imperio austrohúngaro. Había estudiado mecánica, hidráulica y química en la Universidad Técnica de Viena, pero la ruina de su familia le obligó a abandonar los estudios y trasladarse a Trieste. El sueldo de guardabosques apenas le daba para mantener a su familia. Ressel, sin embargo, era un ingeniero brillante y lleno de inventiva. En 1825, durante el transcurso de una travesía de 19 horas en el ruidoso e incómodo vapor de ruedas que unía Trieste con Venecia, comenzó a desarrollar una idea revolucionaria para propulsar un navío: sustituir la pala de ruedas por un tornillo de Arquímedes.

En 1827, Ressel patentó el primer prototipo, una hélice de bronce de 45 centímetros de diámetro que montó en un bote de madera. Creyó que el mejor lugar para ubicar la hélice debía ser la proa, puesto que a popa se vería afectada por la corriente del casco. Accionando él mismo la hélice a mano, el bote consiguió navegar por el río Krka, en la actual Croacia.

josef ressel

Josef Ressel (1793-1857). Retrato del inventor al final de su vida.

Foto: Alamy / ACI

Dos personajes que serían claves en su vida asistieron al acontecimiento: Octavio Fontana, quien quedó fascinado por el diseño y ofreció a Ressel financiar más pruebas a cambio de compartir la patente, y el inglés William Morgan. Este último, dueño del vapor Trieste-Venecia, enseguida temió la competencia que suponía aquel invento, hasta el punto que denunció a Ressel ante las autoridades y logró paralizar las pruebas. Entretanto, Ressel recibió la visita de un francés, Louis Bauer, que dijo hablar en nombre de inversores franceses y británicos. El desprendido Ressel le hizo entrega de todos los planos de su hélice.

El primer trayecto

Finalmente, Fontana y Ressel consiguieron la autorización para probar la hélice en un barco a vapor, el Civetta, construido ex profeso para la prueba. La única condición que pusieron las autoridades fue que la máquina fuese de fabricación austríaca, pese a que Ressel habría preferido un modelo inglés. En octubre de 1829, el austríaco introdujo una nueva innovación: situó la hélice a popa, entre el timón y el casco. Durante la primera prueba, la máquina austríaca se averió tras media milla de navegación y el Civetta fue llevado a puerto.

A pesar de que el problema no fue la hélice, que se demostró eficiente, Fontana abandonó a Ressel sin devolverle los derechos de su invento y forzándole a largos litigios. Por si fuera poco, Ressel se enteró de que los inversores franceses encabezados por Bauer habían patentado su diseño en Francia e Inglaterra sin mencionarlo ni darle nada a cambio.

Hélice 1

El Civetta. Sección del primer navío impulsado por una hélice de vapor, construido por el austríaco Josef Ressel en 1829.

Foto: The National Technical Museum, Prague
Detalle de la hélice

Detalle de la hélice

Foto: The National Technical Museum, Prague

Pronto surgieron nuevos modelos de hélice basados directamente en las innovaciones de Ressel. En 1836, Francis Pettit Smith experimentó con el tornillo de hélice y al sufrir una rotura se percató de que así funcionaba de manera más eficiente. Su modelo, una vez patentado, llegó a ser utilizado en el SS Great Britain, el primer buque hecho íntegramente de hierro.

Por su parte, Josef Ressel nunca abandonó su idea de la hélice y continuó mejorándola, creando un sistema de propulsión horizontal que hoy utilizan los grandes buques de crucero. Cuando en 1852 el Almirantazgo británico ofreció la suma de 20.000 libras a quien demostrase ser el inventor de la hélice de tornillo, Ressel, seguro de que por fin se haría justicia, envió toda la documentación, pero al final el gobierno británico repartió el premio entre cinco ingleses. El gobierno austríaco interpuso una protesta, pero las autoridades británicas finalmente adujeron que la documentación se había perdido. Ressel murió de malaria en una humilde pensión de Liubliana, en la actual Eslovenia, en 1857, y sus méritos no fueron reconocidos hasta bien entrado el siglo XX.

Hélice 3

El navío de guerra británico HMS Sans Pareil durante su construcción en los muelles de Londres en 1887. La fotografía, de Henry Taunt, muestra la popa y una de sus dos hélices.

Foto: Heritage / Getty Images

Este artículo pertenece al número 203 de la revista Historia National Geographic.

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